La vitamina D como suplemento para bebés: todo lo que hay que saber

Las recomendaciones actuales dicen que todos los bebés deberían tomar vitamina D el primer año de vida.

El tema de la vitamina D y de su suplementación en bebés es uno de los que se lleva tratando desde hace años porque mientras algunos profesionales insisten en que los bebés necesitan suplemento de vitamina D, otros defienden que no. De hecho, la mayor polémica a este respecto existe desde hace más de una década, porque se decía que la leche materna tenía poca vitamina D y que los niños amamantados necesitaban suplemento en gotas, como si la leche materna fuera incompleta.

En realidad, como el mayor aporte de vitamina D en los niños procede de la luz solar, somos muchos los que hemos dicho siempre lo mismo: a la leche materna no le falta vitamina D, lo que falta es que los niños salgan más a la calle.

Lo que pasa es que no parece que esto suceda, a pesar de la recomendación, y si sucede, no siempre es suficiente. La leche materna tiene el contenido en vitamina D que debe tener para la vida normal de los humanos (la vida normal es hacer vida en el exterior), y es que la concentración de vitamina D en la leche materna depende de la cantidad de vitamina D que sintetice y consuma la madre, y la cantidad de vitamina D de un bebé depende de la leche materna, pero sobre todo de estar en el exterior.

Es decir, la naturaleza no debía esperar que viviéramos bajo techo, que nos moviéramos en coches con techo, que los niños estudiaran bajo techo y que en las épocas de sol los niños se pusieran cremas con factores elevados que evitan la síntesis de vitamina D (tenemos que usarla porque el sol es más agresivo ahora).

Vamos, que hemos llegado a un punto en que muchos niños españoles tienen déficit de vitamina D, y por más que se nos dice a los padres eso de “sácalo a la calle”, “pasea con él”, etc., los datos no parecen mejorar lo suficiente. De hecho, hasta se ha visto que hay déficit de consumo de vitamina D por la alimentación, y al final pasa lo que suele acabar pasando: como los datos no mejoran, se recomienda dar un suplemento de vitamina D a todos los bebés.

La recomendación fue en todo el país

Desde hace algo más de tres años, los centros de salud del país recomiendan un suplemento de vitamina D a todos los bebés, ya tomen leche materna, ya tomen biberón. Comento esto porque la leche artificial tiene una concentración de vitamina D superior a la de la leche materna, pero igualmente deben tomarla (lo de que tenga una mayor concentración es algo lógico, los fabricantes de fórmulas de bebés pueden decidir aumentar o disminuir la cantidad de sus nutrientes en la receta).

Las causas del déficit son diversas

La fuente principal de vitamina D, como he comentado, es la luz solar. Sólo con la exposición al sol un niño sintetiza el 90% de vitamina D que necesita, recibiendo el 10% restante de la dieta (si está al sol el tiempo necesario para llegar a ese 90%). Hasta nuestra generación, que nos pasábamos el día en la calle, parece que los niveles de vitamina D fueron siempre más o menos correctos (aunque vete a saber, porque tampoco creo que se mirara mucho esto).

Sin embargo, los niños de ahora tienen déficit por el cambio de estilo de vida (ya no juegan tanto en la calle y muchas actividades las realizan bajo techo), por los cambios migratorios y por las campañas de prevención del cáncer de piel.

En referencia a los cambios migratorios, hemos de hablar del color de la piel. Si os fijáis, los nórdicos, que tienen poco sol, tienen un color de piel blanquísimo. Esto es así para que el poco sol que reciben entre “directo” por la piel. Si hablamos de países más centrales como Francia y España, vemos que el color de piel es algo más oscuro que los nórdicos, pero seguimos siendo blancos. Tenemos más sol que ellos.

Si seguimos bajando, llegamos a zona ecuatorial, donde la gente tiene una piel más oscura aún que nosotros.

Si bajamos aún más, llegamos a la zona de África, donde la gente tiene la piel negra, porque allí hay tanto sol que no tienen problemas de vitamina D, sino problemas de quemaduras por el sol. Al ser negros, están protegidos de esto.

Ahora bien, si personas con la piel negra viajan a zonas más nórdicas, tienen muchos números de sufrir déficit de vitamina D. Por más que salgan a la calle, les va a faltar sol. Muchas familias afroamericanas han tenido niños con raquitismo por este motivo. Y como actualmente es relativamente común ver gente con diferente color de piel en todas partes, es cada vez más habitual ver más niños con déficit.

Si a esto le sumamos que a la que llega la primavera y el verano se inician las campañas contra el cáncer de piel y les empezamos a poner crema, el cuadro se agrava: cuando la crema es superior a un factor 8 llega a inhibir la síntesis de vitamina D por la piel hasta en un 95%. Normal que a los niños les falte.

Cuánto sol o cuánta luz tienen que recibir

Según los estudios al respecto, se dice que para lograr la cantidad de vitamina D requerida son necesarios 7 minutos de sol al día durante el verano, o 35-45 minutos 3 veces a la semana durante el invierno con al menos un 20% del cuerpo descubierto y sin protección.

Pero claro, esto es muy relativo. ¿Hablamos del sol de Andalucía o del sol de Cantabria? ¿Hablamos del sol de mediodía o del sol de las seis de la tarde? ¿Hablamos de personas con la piel clara o de personas con piel más oscura? ¿Hablamos de verano o de invierno? Al final es todo tan variable, y el resultado tan decepcionante (son muchos los niños que tienen déficit de vitamina D) que se recomienda suplementar a los bebés con vitamina D.

¿Tan importante es? ¿Por qué necesita mi bebé vitamina D?

Esta es una de las preguntas que se hacen muchos padres, y sobre todo los que tienen más de un hijo: cómo es que ahora hay que dar vitamina D a los bebés, todos los días, si esto antes no se hacía.

La respuesta es clara: porque se pensaba que con recomendar el juego al aire libre era suficiente. Y aunque para muchos niños es así, se ha visto que en muchos casos no, así que se decidió empezar con la suplementación.

Pero igualmente vale la pena explicar por qué. Aunque todavía no se conocen todas las consecuencias de que los niños tengan déficit de vitamina D, se conocen ya unas cuantas que hacen que sí sea recomendable que un bebé no tenga carencias de vitamina D.

Riesgo de raquitisimo

Es la consecuencia más conocida y la que más asusta. El raquitismo es una consecuencia de la falta de vitamina D que hace que no se puedan controlar correctamente los niveles de calcio y fósforo. Ante la falta de estos minerales en sangre, por la carencia de vitamina D, el cuerpo los “roba” de los huesos, desmineralizándolos y provocando que queden débiles y blandos.

Riesgo de caries

Aunque la relación entre el riesgo de caries y déficit de vitamina D tiene que acabar de demostrarse (ahora veréis a qué me refiero), podría ser que, al igual que con los huesos, la carencia afectara también a la dureza de los dientes:

  • En el año 2012 se estudió a 38 niños, la mitad de los cuales tenían caries graves. Al analizar sus niveles de vitamina D vieron que la mayoría los tenían bajos, pero que los niños con más caries tenían los niveles más bajos.
  • En 2013, otro estudio comparó 144 niños con caries graves con 122 niños sin caries, y se vio que los niños afectados tenían una peor salud nutricional y unos niveles de vitamina D más bajos.
  • En 2014 se estudiaron los niveles de vitamina D de las mujeres embarazadas, y se vio que aquellas que tenían los niveles más bajos daban a luz a bebés que, en la infancia, tenían un mayor riesgo de caries.
  • En 2015 se analizaron los datos de 1.048 niños y vieron que aquellos que tenían mejores niveles de vitamina D tenían menos riesgo de padecer caries.
  • Y en 2016 es cuando llega la controversia: un estudio con niños de Canadá volvió a mostrar una asociación entre los bajos niveles de vitamina D y caries, mientras que otro estudio, llevado a cabo con niños estadounidenses, mostró que los niños con caries y sin caries tenían niveles muy parecidos de vitamina D (quizás todos tengan unos niveles parecidos de vitamina D y en este caso las caries se deben a otras cuestiones).

Riesgo de afectación del desarrollo

De nuevo la evidencia no está del todo clara al respecto, pero se ha asociado el déficit de vitamina D de la mujer embarazada con un riesgo mayor (del doble de probabilidades) de que el bebé tenga dificultades en el desarrollo del lenguaje.

Asimismo, se está estudiando la posibilidad de que la carencia de esta vitamina esté relacionada de algún modo con el autismo: en un estudio de 2016 vieron que cuando las mujeres embarazadas tenían menores niveles de vitamina D las probabilidades de que los hijos tuvieran un trastorno del espectro autista eran mayores. Otro estudio probó la suplementación en niños con dicho trastorno (estudio de casos y controles) y vieron que los niños del grupo que tomó vitamina D mejoraron significativamente, mientras que los niños que no la tomaron no lo hicieron.

Riesgo de enfermedades pulmonares

Se ha comprobado que los bebés que nacen con mejores niveles de vitamina D tienen menor riesgo de bronquiolitis a causa del virus respiratorio sincitial (VRS). Además, el riesgo de asma en la infancia también es mayor en los niños que tienen niveles más bajos.

Otros riesgos

Como he comentado, aún se están estudiando todas las consecuencias del cambio de hábitos que estamos viviendo, siempre bajo techo, poniendo crema a los niños para que no se quemen en verano (así debe ser, que el sol es muy peligroso), etc., y como veis no son pocas. A todas las mencionadas hay que añadir un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares en niños y un peor control de la glucosa en niños afectados de diabetes tipo 1.

¿Cuál es la recomendación entonces?

Un artículo publicado en junio de 2016 en la revista ‘Evidencias en Pediatría’ analizó la evidencia y las recomendaciones, y concluyó lo siguiente:

Hasta que se disponga de nuevos datos, parece adecuado que se sigan las recomendaciones de utilizar suplementos de vitamina D a dosis de 400 UI/día en niños de grupos de alto riesgo, como lactantes menores de dos años, lactantes que nacieron prematuros, niños que viven en África, Asia o el Medio Oriente o los niños de piel oscura que viven en regiones con escasa luz solar.

En España, la recomendación actual se basa en la evidencia anterior y está establecida así:

  • Los bebés amamantados menores de un año reciben un suplemento de 400 UI/día de vitamina D. En caso de que acaben tomando leche artificial seguirán con el suplemento hasta que tomen 1 litro diario de fórmula adaptada enriquecida con vitamina D.
  • Los bebés que tomen leche de fórmula enriquecida con vitamina D, pero que no lleguen al litro diario, recibirán 400 UI/día hasta que cumplan 1 año.
  • Los niños mayores de un año o adolescentes que no tengan factores de riesgo de déficit de vitamina D (nutrición pobre, piel oscura, poca exposición al sol por costumbre o por vestir muy tapado, uso reiterado de crema solar con factor superior a 8, enfermedades crónicas o tratamientos que alteren la síntesis de vitamina D) y que no obtengan 400 UI/día de vitamina D con la alimentación (una ración de cereales contiene 40 UI, una yema de huevo 40 UI, un litro de leche enriquecida) deben recibir igualmente un suplemento de 400 UI/día.
  • Los niños prematuros menores de un año de edad corregida deben tomar 200 UI/kg/día hasta un máximo de 400 UI/día.

“Me han dicho que mejor no se la dé, porque se le cierra la fontanela”

Una de las causas por las que muchos pediatras recetaban vitamina D años atrás era el tema del cierre de la fontanela. Si veían que el bebé se acercaba a los dos años y tenía la fontanela todavía bastante abierta, se indicaba para ayudar al cierre por si era una cuestión de carencia.

Esto ha hecho pensar a mucha gente que la vitamina D acelera el cierre de la fontanela incluso más allá de lo que se considera lógico o normal, y a evitar administrarla por este motivo: “No se la doy porque se le puede cerrar la fontanela antes de tiempo y eso es muy peligroso”.

Ciertamente, un cierre prematuro de las fontanelas puede ser indicativo de una craniosinostosis (los huesos del cráneo se fusionan entre sí y se dificulta que la cabeza pueda seguir creciendo), así que no interesa en absoluto que suceda. Sin embargo, no es cierto que la vitamina D acelere el proceso en un niño que tiene unos niveles óptimos.

Dicho de otro modo, el suplemento de vitamina D ayuda a los niños que tienen carencias, que tienen déficit y cuya fontanela se está cerrando muy despacio por esta razón, a que se cierre antes, al paliar dicha carencia. Pero en un niño cuyo cierre se está produciendo correctamente porque no tiene déficit, añadir un suplemento de vitamina D no hará que se le cierre antes la fontanela; si así fuera, habría que aconsejar limitar la exposición a la luz del día a los niños que ya pasan bastante tiempo fuera: “Mejor no lo saquéis a la calle, porque si no se le cerrarán antes las fontanelas”… y este es un consejo que a nadie se le ocurriría dar.

¿La vitamina D produce cólicos?

Aunque son minoría, son varias las madres que explican que tienen la sensación de que al dar vitamina D al bebé aumentan los episodios de cólicos, es decir, de llanto inconsolable del bebé. Es por ello que muchas de ellas han decidido dejar de darlo por iniciativa propia o por indicación de algún profesional, apreciando cierta mejoría tras retirar el suplemento.

Aunque he estado buscando evidencia al respecto, no he dado con estudios que hablen de dicha asociación, así que me he ido a las fichas técnicas de los dos preparados que más se utilizan en España, por ser los que aportan la vitamina de manera aislada.

En la sección dedicada a los efectos secundarios de “Vitamina D3 Kern Pharma 2.000 UI/ml solución oral” leemos:

Al igual que todos los medicamentos, este medicamento puede producir efectos adversos, aunque no todas las personas los sufran. No suelen producirse reacciones adversas a las dosis habituales. La administración excesiva de vitamina D, bien como sobredosis aguda o administrada durante un período largo de tiempo, puede causar toxicidad grave por hipercalcemia. También pueden aparecer hipercalciuria, anorexia (falta de apetito), cefalea (dolor de cabeza), vómitos y diarrea. Los lactantes que reciben cantidades excesivas de vitamina D pueden tener molestias gastrointestinales, fragilidad ósea y retrasos en el crecimiento.

Hablan de molestias gastrointestinales, pero en caso de cantidades excesivas.

Por su parte, en la ficha técnica de “DELTIUS 10.000 UI/ml gotas orales en solución” leemos lo siguiente:

Al igual que cualquier otro medicamento, Deltius puede producir efectos adversos, aunque no todas las personas los sufran. Los posibles efectos adversos asociados al uso de Deltius pueden ser:

Poco frecuentes (afectan a 1 de cada 100 personas): Exceso de calcio en la sangre (hipercalcemia); Exceso de calcio en la orina (hipercalciuria). Raros (afectan a 1 de cada 1000 personas): Rash cutáneo (sarpullido o erupción cutánea); Prurito (picor); Urticaria.

De hecho, en el caso de este último extraña mucho más que se asocie con cólicos del lactante porque su composición es colecalciferol (vitamina D3) y aceite de oliva, y en los bebés se administran solo dos gotas por vía oral, cada 24 horas.

“Pero es que al mío de verdad que le produce cólicos”

Aunque como digo no hay datos de que exista dicha asociación, y parece probable que sea una sensación de los padres, que achacan los cólicos habituales de los bebés al consumo de dicha vitamina (antes de dar vitamina D los bebés ya tenían cólicos en las primeras semanas y meses de vida), hay padres que han visto mejoría en sus bebés al retirarla.

Este dato es poco significativo, en realidad, porque la mayoría de padres no llevan a cabo esa única estrategia, sino que prueban con eso y con muchas cosas más: empiezan a cogerlo más brazos por el día, les dan masajes, utilizan algún portabebé, le dan algún probiótico que les haya podido indicar el pediatra, etc., y al final es complicado saber cuál es la razón de que lloren menos, si el haber dejado la vitamina D, los masajes, el porteo, o un poco de cada estrategia.

Y si fuera cierto, ¿cuál sería la solución?

Lo ideal sería comentarlo con el pediatra, que probablemente indicará retirarla unos días para ver si hay mejoría, y si la hay, volverla a dar para ver si los llantos vuelven a aumentar.

Si se confirma que el bebé llora más al consumir la vitamina D, se puede disminuir la dosis hasta encontrar aquella en que el bebé está bien: del preparado de Kern se recomiendan 6 gotas diarias, así que podría empezarse con una gota al día e ir aumentando; en el caso de dar Deltius, que son 2 gotas al día, sólo se puede disminuir a 1 gota.

Otra opción es, si la mamá amamanta al bebé, asegurar que la madre recibe una cantidad de vitamina D adecuada, que sirva para suplementar a la vez al bebé a través del pecho. En 2015, un estudio demostró que las mujeres que toman un suplemento de vitamina D de 6.400 UI al día logran satisfacer los requisitos de sus bebés amamantados, siendo una alternativa válida al suplemento de 400 UI que se recomienda a los bebés.

Fotos | Angie Garrett, Reinaldo Giudici en Flickr

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3 comentarios en "La vitamina D como suplemento para bebés: todo lo que hay que saber"

  1. Hola, y como podemos las madres obtener ese suplemento para satisfacer mediante la lactancia las necesidades de Vitamina D a nuestros bebes? Me refiero a que cantidad y de que fórmula. Gracias de antemano

    • Hola Cristina. La cantidad que se estima que precisa una madre lactante es de 400-600 U de vitamina D al día, pero aún así hay que continuar suplementando al bebé. La madre puede alcanzar estos niveles exponiéndose al sol unos 10-15 minutos al día, tomando leche suplementada, por ejemplo, o tomando un suplemento de farmacia que aporte esas dosis. Muchas gracias por pasarte y comentar.

      • Lo que comenta Cristina, entiendo, es cómo llegar a conseguir que la vitamina D que toma la madre le llegue al bebé para que no haya que suplementarlo. Según el estudio mencionado en el último párrafo, se consigue con una dosis diaria (para la madre) de 6.400 UI). Pero esto, claro, debería ser mediante prescripción facultativa.

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