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Segundo hijo: el amor no se divide, se multiplica

Cuando crees que no puedes querer a nadie más que a tu primer hijo llega el segundo hijo y te demuestra lo equivocada que estás

Al primer hijo se le quiere como al primer amor, con la pasión desmedida y la convicción absoluta de que no ha existido nunca en el mundo un amor ni siquiera parecido. Al segundo hijo se le quiere como al amor maduro, con la certeza de que existen otras muchas historias de amor parecidas, pero esta es única porque es la nuestra.

Cuando nació tu hermana me dediqué en cuerpo y alma a maternar, las veinticuatro horas de cada uno de mis días eran para ella, para bailar esa danza del puerperio en la que solo importábamos nosotras dos y el mundo, ahí fuera, podía hacer lo que quisiera. Cuando te pensé antes de concebirte ya intuía que vendrías a ponerme la vida patas arriba y, aún así, no imaginaba cuánto iba a crecer de tu mano, compañerito mío.

A ti te tocó, desde el segundo cero, tenerme compartida; no sé si a medias porque siento que en cada beso me he dado entera, pero sí compartida. Ya antes de que nacieras pude sentir la maldita culpa de la bimaternidad, cuando dejamos a tu hermana con los abuelos para ir al hospital. Desde ese momento supe que me pasaría los siguientes meses anhelando poder duplicarme para estar con los dos en cada momento.

Pero la vida no deja nada al azar, o quizás lo deja todo, ya no lo sé; y los segundos hijos venís a demostrarnos, si es que alguna vez lo creímos, que no somos diosas ni tenemos superpoderes (ni los necesitamos).

 

Segundo hijo
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Porque así de humanas y de imperfectas lucimos nuestras ojeras cuando los brazos no dan para más pero el corazón se ensancha para albergar más amor del que jamás habíamos imaginado.

Y donde una vez asomó la duda de si seríamos capaces de querer tanto como al primer hijo, descubrimos que, como si de una magia exponencial se tratase,  somos capaces de querer, no solo tanto, sino aún más, tanto al primero como al segundo.

Llevo dos años ya haciendo malabares sobre la cuerda floja de los días, intentando encontrar el equilibrio, balanceando a izquierda y derecha, para atenderos a los dos lo mejor que sé. Sobre la cabeza el peso de la responsabilidad.

En el horizonte los sueños que comparto con vosotros. Y si tuviera tiempo de mirar atrás no sé si reconocería a esa mujer que era antes de ser la que soy: vuestra madre.

A ti te tocó heredar los juguetes, pero a cambio tuviste desde el primer día a la mejor compañera de juegos en casa. Te tocó una mamá con menos tiempo pero también con más experiencia; no sé si con menos miedos o con menos ocasiones para dedicarles tiempo.

Un cumpleaños con menos decoración de revista pero una madre que se permite dormir una siesta contigo antes de que lleguen los invitados. Una casa más desordenada porque puse en orden mis prioridades y construir recuerdos juntos ganó la partida.

A veces cuando paso frente al espejo y me veo de reojo pienso que necesito teñirme las canas, o un nuevo corte de pelo, o maquillarme un poco para disimular las ojeras… pero entonces me miras tú, con esa sonrisa que enciende tus ojos y exclamas “mamáaaaaaa” y sé que ni el mejor de los cirujanos podría hacerme más bonita de lo que ya soy para ti.

Tú, que conoces cada una de las arrugas que me van saliendo porque las acaricias mientras te alimentas de mi pecho. Tú, que juegas con las estrías que dibujé para hacerte hueco en mi cuerpo. Tú, que me ves como una torre inquebrantable sin intuir cuántas veces me siento a punto de romperme.

Si supieras cómo tu risa llena la casa de vida, cómo tu caos me ordena, cómo tus retos me empujan a crecer. Si supieras que ya tenía una vida plena antes de ti y, sin embargo, ahora sé que faltabas tú.

 

Segundo hijo

 

Gracias por enseñarme a controlar menos para fluir más. A quererme más para quereros mejor. A soñar mejor y a jugar más en serio. Porque soy consciente de que un día amanecerá y ya no estarás en mi cama prendido de mi pecho; y volarás en busca de nuevos rumbos y yo te coseré unas alas y me pintaré una sonrisa forzada para esconder la nostalgia de estos días en los que creo volverme loca porque no me da la vida para más.

Y entonces tendré tiempo de sobra para ordenar las estanterías y quitarle el polvo a algún sueño que he dejado aparcado en algún rincón dentro de mí. Pero ahora solo quiero seguir bailando con la locura de tus besos y perderme en la frescura de tu risa inocente. Solo quiero disfrutar del camino que hacemos cada día juntos.

Ser y estar, aquí y ahora, con vosotros, siempre.

 

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