Demasiado azúcar en los yogures: Vuelven a saltar las alarmas a nivel mundial

Solo el 2% de los yogures infantiles son adecuados

Es posible que hayáis oído hablar de un estudio inglés que ha analizado cerca de 900 yogures y postres lácteos diferentes para ver su contenido en azúcares. Si es así, sabréis de qué os hablo. Si no, seguid leyendo, que os lo cuento. Pero antes un resumen rápido: vuelven a saltar las alarmas a nivel mundial; hay demasiado azúcar en los yogures.

El resultado del estudio en cuestión es el siguiente: solo el 9% de ellos yogures y postres lácteos analizados eran bajos en azúcares. Y si nos centramos sólo en aquellos que van destinados a los niños el resultado es aún más alarmante, ya que en esto casos el porcentaje se reduce al 2%.

¿Cómo es posible? ¿Esto no se sabía?

La realidad es que para nosotros, los que nos dedicamos a la nutrición, no es ninguna sorpresa. Que los yogures azucarados no deben ser la fuente láctea de elección es algo que venimos diciendo desde hace “muuuuucho” tiempo. Que los yogures de sabores, los petit, los flanes y natillas y los yogures de beber no se deben tomar de forma asidua es una recomendación que damos a diario en nuestro trabajo. Y que vivimos desde hace años en algo así como los mundos de Charlie y la Fábrica de Chocolate y lo hemos normalizado, también hace tiempo que se viene diciendo.

Vamos, que con el estudio y los resultados no hemos descubierto América. Simplemente hemos puesto cifras a esto que ya sabíamos y claro, por el poder mediático de la prensa y las redes sociales, esta información ha llegado a casi todos los hogares y parece que se ha generado un gran revuelo. Pero repito, esto no es nada nuevo.

Tampoco es algo que se esconda, tan solo tenemos que darle la vuelta al yogur, leer bien su etiquetado y así sabremos si estamos delante de un buen yogur o delante de uno azucarado que debamos evitar.

El problema está cuando no sabemos interpretar las etiquetas; entonces nos dan gato por liebre y caemos en la “trampa”. Acabamos comprando yogures o postres lácteos que, por su envase o su “mensaje”, consideramos que es un producto saludable (a veces incluso más que un yogur convencional). Por eso, vamos a tratar en este post de enseñaros a distinguir cuándo un yogur es bueno y cuándo no lo es tanto.

No te fijes en la parte frontal de la etiqueta

En primer lugar debemos olvidarnos del mensaje que nos encontramos en la etiqueta. Mensajes o palabras como: “kids, eco, bio, bifidus, flora, etc”.

Lo único de la etiqueta que realmente nos importa es: la lista de ingredientes y la tabla de valor nutricional.

La tabla de la información nutricional nos va a decir cuántos azúcares tiene ese yogur y la lista de ingrediente nos va a decir de dónde proceden.

Debemos saber que de la cantidad de azúcares que aparecen en la tabla de información nutricional no todos son azúcares añadidos, ya que el yogur tiene azúcares naturalmente presentes en él. Me refiero al azúcar propio de la leche, la lactosa. Un yogur al que no se le ha añadido azúcar suele tener entre un 4 o 5% de azucares, correspondientes a la propia lactosa de la leche. Esta es la cantidad ideal que debe llevar de azúcares un yogur o lo que es lo mismo, 4 o 5 g de azúcar por cada 100 g de producto (así es como viene expresado en la información nutricional).

 

azúcar en los yogures
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Todo aquel yogur que lleve más cantidad de azúcar es porque les han puesto más (lleva “azúcares añadidos”). Para saber qué es lo que lleva el yogur y qué es lo que se le ha añadido tendremos que dirigir la mirada hacia la lista de ingredientes.

Un yogur natural (sin azúcar añadida) tan solo debe tener en su composición (es decir, en su lista de ingredientes), leche y fermentos lácticos. En ocasiones puede llevar también algo de leche en polvo para aumentar su consistencia. Si encontramos azúcar en su lista de ingredientes, es que le han añadido azúcares. Lo mismo ocurre si lleva azúcar de caña o lactosa añadida (en ambos casos aparecerá en el listado). Todo esto no deja de ser azúcar enmascarado con otro nombre.

Los yogures con azúcar añadido suelen tener entre 10 y 13 gramos de azúcar total y si hablamos de postres lácteos tipo natillas o similares, la cantidad se dispara hasta los 20g por cada 100g de producto.

Si tenemos en cuenta que la OMS recomienda un consumo máximo diario de 25 g de azúcar libre (en niños la cantidad es aún menor),  con estos productos se podría decir que casi nos pasamos, pues aunque 4 g sean los propios del yogur  y no contarían como azúcar libre, el resto son añadidos y como un yogur suele tener más de 120 g, y las natillas por el estilo, al final, fácilmente superaremos esas recomendaciones de 25 g.

Y ojo, que solo estamos contabilizando el azúcar del yogur, no estamos contando los gramos de azúcar del Colacao de por la mañana, de las galletas que lo acompañan, del bollito de la merienda, las dos onzas de chocolate, los cereales del tigre, la rana, la abeja o que llevan leche por dentro… Que ojo, el yogur no es el único producto azucarado que consumimos, cuidado.

¿Entonces qué yogur compro?

La respuesta es sencilla: un yogur natural en cuya lista de ingredientes solo encontremos leche y fermentos lácticos y a lo sumo algo de leche en polvo añadida.

Estos yogures naturales tendrán solo el azúcar naturalmente presente en la leche y por tanto tendrá una cantidad de entre 4 y 5 g de azúcar por cada 100g, además de unos 3 gramos de grasa y otros 3 de proteínas.

 

azúcar en los yogures
Imagen de www.nutricionistasdietistas.com

 

Si no estamos acostumbrados a consumirlos así puede que al principio nos resulten un poco ácidos. Para acostumbrarnos a su sabor podemos hacer un cambio progresivo mezclando yogur azucarado con yogur natural y cuando el paladar se acostumbre, pasar a tomarlo sólo natural, sin azucarar. Otra opción para endulzarlo es añadiendo algunos trozos de fruta.

¿Y qué hay de los yogures griegos?

Los yogures griegos tienen más grasa que los convencionales, casi el triple. Los podemos encontrar en su versión azucarada y en su versión natural sin azucarar. Mejor elegir estos últimos, aunque debemos tener en cuenta que por su mayor porcentaje de grasa proporcionan más calorías, y parece lógico no abusar de ellos.

¿Son los productos bífidus o ecos mejor que el yogur convencional?

Un yogur, para que pueda denominarse “yogur” debe llevar fermentos lácticos, es decir, las bacterias: Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Los llamados “Bífidus”, no están fermentados por estas bacterias, si no por otras llamadas Bifidobascterias. En su día estos productos bífidus comenzaron a comercializarse con el reclamo de ser más beneficiosos para el sistema digestivo, pero diversos estudios posteriores han demostrado que estas bifidobacterias no aportan ningún beneficio para nuestro intestino superior al de las bacterias Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus propias del yogur convencional. Por lo tanto, ¿para qué pagar más comprando un producto bífidus cuando podemos comprar un yogur natural?

 

azúcar en los yogures
Yogur activia desnatado con azúcar (fructosa) y un montón de ingredientes más.

 

Además en muchas ocasiones, estos bifidus llevan azúcares añadidos y muchas otras sustancias y aditivos, que hacen que el producto no sea tan saludable como puede serlo un yogur natural.

¿Y que hay de los cero %? ¿Y los edulcorados?

Los yogures 0% grasa son yogures desnatados. Realmente, a no ser que estemos tratando de limitar la grasa de nuestra dieta por algún motivo, no son necesarios. Es importante decir que un yogur desnatado no tiene que estar necesariamente libre de azúcar; es decir, hay en el mercado muchos yogures desnatados, con etiquetado que los orienta a la vida sana y el adelgazamiento, que llevan azúcar en los yoguresr.

Cuando nos encontramos frente a un yogur “0,0”, es decir, 0% grasa y 0% azúcares añadidos, tenemos que mirar si lleva o no edulcorante. Lo ideal es tomarlo sin edulcorar. Si eres de aquellas personas a las que aún le resulta muy ácido un yogur sin endulzar, puedes hacer lo que dijimos anteriormente de mezclar uno edulcorado con uno natural al principio, para que finalmente acabes tomándolo sin edulcorar, porque tampoco debemos acostumbrarnos a consumir las cosas edulcoradas: lo mejor para nuestra salud es acostumbrar a nuestro paladar a no depender del dulce, reeducándolo para que no necesitemos endulzar las cosas de forma artificial.

¿Entonces va a enfermar mi hijo por comerse un yogur azucarado?

Por supuesto que no, ni por comerse tres. De lo que se trata es de hacer ver a la gente que consumimos mucho más azúcar de la que deberíamos y que productos que parecen inofensivos e incluso saludables, como pueden ser el Colacao, las galletas y los yogures azucarados, son productos que deberíamos consumir solo de forma esporádica.

Y de forma esporádica no es una vez al día, si no de forma menos frecuente. Lo ideal es no tenerlos en casa, acostumbrarnos y acostumbrar a nuestros hijos a alimentarnos de otra forma; elegir frutas de postre, reducir el consumo de alimentos ultraprocesados (como los yogures de bebé y todos aquellos que tienen un montón de ingredientes que no comprendemos), y si algún día nos vamos a un cumple, a una celebración, a una excursión o algo puntual, entonces comerlo si nos (y les) apetece, pero siempre siendo conscientes de que no deben forma parte de nuestra alimentación habitual.

PS: En la SER hablé sobre este tema en el programa «La Ventana» de Carles Francino. Podéis escuchar el audio en la misma página de radio SER, a partir del minuto 47.

 

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2 comentarios en "Demasiado azúcar en los yogures: Vuelven a saltar las alarmas a nivel mundial"

  1. Una visión muy clara de lo que sucede con los yogures y con el azúcar. La misma situación se puede extrapolar a muchos alimentos del supermercado.

    Además, como bien recomiendas, siempre hay que leer las etiquetas, la letra pequeña, y no dejarse guiar por la publiciadad y los mensajes frontales del producto que lo único que buscan es enganchar al cliente.

    Enhorabuena por el artículo.

  2. Gracias Natalia por abrir un poco los ojos a tanta gente, que no nos preocupamos de leer la composición de los alimentos que damos a nuestros hijos, siendo estos lo que más queremos en la vida. Leyendo tu artículo, me has retrotraído hasta mis abuelos. Muchas veces les escuché decir que lo más sano son los productos naturales. Ellos apenas conocieron los añadidos, ni los aditivos, ni los colorantes o conservantes, a no ser los que nos proporciona la misma madre Naturaleza.
    Gracias por tu información.

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