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Llevamos años viviendo en el mundo de “Charlie y la fábrica de chocolate” (y nos parece normal)

La historia de cómo nos hicieron creer que el azúcar era bueno (y sus consecuencias)

Hace un par de años se descubrió el pastel. Una investigación realizada en la Universidad de California en San Francisco, publicada en la revista JAMA Internal Medicine, analizó los estudios y documentos publicados en la década de los 50 y 60 que avisaban de cuáles eran los factores que aumentaban el riesgo de enfermedad coronaria, obesidad, etc.

En los estudios de aquella época se concluyó que el consumo de grasas era uno de esos factores y que era mejor disminuir su consumo. Lo que no se pudo leer en ellos era que el azúcar era otro de los factores de riesgo, y esto es lo que descubrieron hace poco: la industria del azúcar sobornó a científicos para que omitieran todo lo relacionado con el azúcar.

Una revisión de estudios manipulada

La industria del azúcar era ya consciente, en los años 50, de que los estudios empezaban a advertir de la posible existencia de un vínculo entre el azúcar y los factores de riesgo de la enfermedad cardíaca: el colesterol y los triglicéridos elevados.

Temerosos de que la gente se enterara y su negocio se fuera al garete, un grupo comercial de la industria azucarera (la Sugar Research Foundation) pidió a científicos de la Universidad de Harvard una revisión de estudios de esas investigaciones (las revisiones de estudios se consideran la mejor evidencia), que omitiera los datos relacionados con el azúcar, por la que percibirían una cantidad equivalente a 50.000 dólares de los de ahora, por cabeza. Esa revisión de la evidencia se publicó en la revista New England Journal of Medicine en 1967, y en ella se echó la mayor parte de la culpa al colesterol.

Esa información caló tanto en la población, llevamos tanto tiempo asustados con el colesterol, que han pasado décadas hasta que en los últimos años nueva evidencia está demostrando que no es tan peligroso como creíamos. Es más, las guías alimentarias de EE.UU. ya no limitan su consumo, pues consideran que el colesterol que se ingiere no tiene tanto que ver con el nivel de colesterol en la sangre, y que, además, el nivel de colesterol en la sangre no parece ser un indicador tan fiable del riesgo de enfermedad.

Al reducir el consumo de grasas aumentó el de los hidratos

Poco a poco las grasas se fueron demonizando más y más, hasta el punto de aparecer cientos de productos desnatados, libres de colesterol y los conocidos 0% grasa, que a todos nos parecían de lo más saludables, tuvieran o no azúcar, porque eso nos daba bastante igual (el azúcar no era considerado malo).

Al reducirse el consumo de grasas aumentó, en consecuencia, el de hidratos de carbono, dulces y azúcares incluidos. Así, la obesidad y las enfermedades asociadas no han hecho más que aumentar de manera alarmante (ayuda además que haya más sedentarismo y que en nuestros platos haya cada vez menos legumbres, verdura, fruta…), y es en los últimos años cuando más hincapié se está haciendo acerca del daño que puede llegar a hacer el azúcar, siendo considerado en muchos círculos médicos como el “nuevo tabaco”.

¿El nuevo tabaco? ¡Qué exageración!

Pues quizás sí suena un poco exagerado, porque el tabaco parece bastante más dañino; pero es que el azúcar no le anda muy lejos:

  • Investigadores de Oxford estimaron que una reducción del consumo de azúcar del 15% prevendría que 180.000 personas de Reino Unido acabaran teniendo obesidad en tan solo un año con dicha medida, y un número aún mayor de personas evitarían tener sobrepeso.
  • Un estudio analizando datos de 175 países reveló que por cada 150 calorías adicionales provenientes del azúcar (en comparación con 150 calorías de la grasa o de las proteínas), la prevalencia de diabetes tipo 2 en la población era hasta 11 veces mayor.

 

 

  • Un tercer estudio concluyó que en los adultos estadounidenses que consumen más del 25% de las calorías diarias en azúcar, el riesgo de mortalidad cardiovascular es del triple en comparación con los que consumen menos del 10%. Esto sucedía independientemente del IMC y de la actividad física que realizaran (incluso los que hacían deporte, por el hecho de comer esa cantidad de azúcar, tenían el triple de riesgo).
  • Un cuarto estudio (y no sigo, porque podría estar horas), muestra cómo la reducción del azúcar es capaz de modificar rápidamente el estado de salud de nuestros hijos. A una muestra de 43 niños latinos y afroamericanos con síndrome metabólico les marcaron una dieta en la que no redujeron el número de calorías que tomaban, ni el porcentaje de hidratos, pero sí bajaron el porcentaje de azúcar del 28% de las calorías totales al 10%. A los 10 días vieron que se habían reducido significativamente los niveles de triglicéridos, de colesterol LDL, la presión arterial y la insulina en ayunas.

Vivimos en los mundos de “Charlie y la Fábrica de Chocolate”

Todo lo que os acabo de explicar es la raíz de la situación actual, de cómo alimentos ricos en azúcares añadidos han pasado de ser un postre puntual, o un capricho de cumpleaños, a ser la norma en el día a día. Nuestros padres, que a menudo nos negaban caramelos, chocolate y todo lo relacionado, se han transformado en auténticos Oompa Loompas, y ahora compran todos esos productos en cantidades ingentes en forma de natillas, huevos de chocolate, barritas energéticas, refrescos azucarados, helados, caramelos, pastelitos varios, galletas, chuchecereales y un largo etcétera.

Cosas que ya no se compran en las tiendas de chuches, sino que ocupan gran parte de los pasillos de los supermercados e hipermercados, y que desde hace décadas aparecen anunciados en televisión con niños muy felices y con un aspecto de lo más saludable… Al final, hasta creemos que nos darán la felicidad, en un momento en que vivimos tan estresados y estamos tan cansados, que nos parece bien premiarnos y premiarlos de ese modo.

 

 

¿Recordáis los false friends de la lengua inglesa, esas palabras que se parecen tanto a una palabra castellana que nos hacen creer que significan eso, pero no? Pues gran parte de los alimentos infantiles son también falsos amigos. Por eso la nutricionista Natalia Moragues nos avisaba de ello en el post “Mis primeros… pasos hacia la adicción al azúcar“, para hacer saltar la alarma de los “Mi primer…” o de los “Kids”. Y es que, curiosamente, cuando un alimento es para niños es menos saludable porque lo más probable es que lleve más azúcar y esté más procesado.

Pero no solo hablo de los alimentos para niños. Sucede con los productos que la mayoría de gente tiene en casa, en general. Vivimos en una fábrica de chocolate y chucherías gigantesca, enorme, llena de personas que han nacido ya dentro y todo ello lo consideran “lo normal”. Hace unas semanas escuchaba en la radio la historia de “ColaCao”, y durante más de una hora recordaron las canciones, los anuncios, y la gente empezó a contar anécdotas relacionadas con un producto, como la Nocilla, que formó parte de nuestra infancia porque, en su momento, alguien consiguió hacernos creer que el azúcar no solo no era malo, sino que nos daba energía y nos ayudaba a ser más inteligentes, porque nuestro cerebro necesita glucosa para funcionar.

Dicho de otro modo: fue un homenaje a un producto poco saludable que consiguió colarse en nuestras vidas y ahora forma parte de nosotros, de la nostalgia, de nuestro pasado y de nuestro presente: el ColaCao, la Nocilla (¡Leche, cacao, avellanas y AZÚCAR… No-ci-lla!), los yogures azucarados y de sabores (Danone, Yoplait…), los Kellogg’s (“los de la rana”, “los de la abeja”, “los del tigre”, que en muchos casos traen la misma cantidad de azúcar que de cereal), las galletas María y las que no son María (¡Qué buenas son, las María Fontaneda!), los Petit Suisse (A mí me daban dos), las tabletas de chocolate con leche, las Príncipe (siempre en la mochila, mi merienda) o los Donuts (¡Ahí va, la cartera! ¡Ahí va, los Donuts!)… y así con decenas de productos más que ahora se consideran comida normal, porque nos hemos acostumbrado a tenerlos en casa y a que estén en todas las casas.

“Siento que todo lo que le doy es malo”

Y así, hemos llegado a un punto, quizás de no retorno, en el que luchar contra décadas de tradición azucarera es casi imposible. Que un día dices que no son saludables las galletas, que no son saludables los yogures azucarados, ni los cereales de bebé con más del 20% de azúcar, ni… y una madre (y tantas otras) te dice que se siente fatal porque no hace más que descubrir que mucho de lo que le está dando a su bebé no es recomendable.

Entonces aparece un padre y dice que qué exageración, que nosotros comíamos de todo eso y no nos ha pasado nada (como si la muerte fuera el baremo que determina qué es recomendable y qué no), y otros dicen que es muy raro que ahora todo lo que hace tiempo era bueno, sea malo… que debe haber algún interés oculto en tanto mensaje anti-azúcar. Y todos ellos se preguntan: “Vale, y si no le puedo dar nada de esto, ¿qué le doy?”, que es la clara muestra de que sí, los de las azucareras hicieron un trabajo impecable.

Y como estas personas, descubres que hay pediatras y enfermeras/os que defienden el consumo de los yogures de bebé azucarados porque los bebés se los comen mejor, que aconsejan los cereales de bebé porque así duermen más (que si aún fuera cierto… pero es que no lo es) y que para merendar las galletas son una muy buena opción porque los niños necesitan consumir cereales, que sí, pero es que no hace falta que sean enriquecidos con azúcar ni llenos de ingredientes de dudosa calidad que, por supuesto, los niños no necesitan. Y también descubres que hay escuelas infantiles que dan natillas, también galletas y un montón de cosas muchos niños/as aún no han probado ni en casa.

Y entonces alguien te dice que “Ni que le estuviera dando caramelos”, o “ni que le estuviera dando veneno”, cuando le ofrece a tu hijo estas cosas y como madre o padre le pides que no lo haga. “Pobrecito… si todos están comiendo de ello. ¿Cómo va a comer solo fruta?”. Y como todas esas personas que persiguen a las embarazadas ofreciéndoles “una copita, que por una copita no pasa nada”, como si el alcohol fuera útil para algo, beneficioso o necesario, van detrás de nuestros hijos ofreciéndoles todo aquello que no queremos que coman, mirándote raro porque le niegas ese alimento “de toda la vida” y acusándote de ser uno de esos “padres helicóptero” que sobreprotegen a los niños porque oye, ¡que vives en la Fábrica de Chocolate!

 

 

Pero aún hay más. Un día aparece una nutricionista contando una anécdota curiosa, mostrando a su hijo desayunando garbanzos y no galletas, y saltan las alarmas en todo el país. La reacción del ejército de Oompa Loompas y de madres y padres habitantes de WillyWonkaLand no se hace esperar, saliendo en defensa de lo de toda la vida, del “los niños tienen que comer de TODO”, “Necesitan cereales, y las galletas están hechas con cereales”, “¿Estás diciendo que mis padres me alimentaron mal?”, “Pues mira, me uno al club de las malas madres”, “Viva entonces las malas madres y los malos padres, que estamos matando a nuestros hijos al parecer”, “Pues pobrecito tu hijo si no puede comer nada de eso”, “¡Menudo castigo!”, “Toma, ahora que tu madre no nos ve… y no se lo digas”, “¡Pero el zumo es fruta!”, “Pues yo se lo doy de premio”, “Se lo tuve que dar, porque todos estaban comiendo y me puso cara de pena”, “Lo tienes en una burbuja”, “Pues yo sé de gente que come muy sano y está siempre enferma”… y así.

Y mientras tanto, las marcas siguen sacando productos con hasta un 70% de azúcar y aquí no pasa nada (como “Mis primeros Lacasitos”), y aún tienen el valor (los santos coj…) de poner en el paquete que no contiene aceite de palma, como clara muestra de que en los últimos tiempos el aceite de palma ha dado un respiro (en forma de cortina de humo) a los mundos y productos de la Fábrica de chocolate de Willy Wonka, porque de nuevo caemos en el error de pensar que lo malo es la grasa y que el azúcar mola.

Un azúcar que pervierte el paladar de nuestros hijos (y el nuestro), haciendo que la comida de verdad “esté mala”:

—Hola, ¿te apetece una zanahoria?

—No sé… creo que no me gustan.

—¿Las has probado alguna vez?

—No, ¿sabe bien?

—¡Claro!

—Vale… probaré un poco…

(instantes después)

—¡Mamá, me han dado de comer algo que está muy malo, sin etiqueta bonita… ¡y no lleva premio dentro!

—Disculpe… gracias por intentarlo, pero es imposible. No le gustan las verduras, ni las frutas, ni las legumbres, ni las hortalizas, ni el agua, ni el pescado, ni…

—¿Y qué come su hijo entonces?

Un azúcar culpable, junto a las pantallas, de que nuestros hijos tengan un mayor sobrepeso, sean más sedentarios de lo que fuimos nosotros y crezcan con menores capacidades físicas que las nuestras a su edad (ya ha sido demostrado que si nuestros yos del pasado hicieran una carrera con nuestros hijos, les ganaríamos).

Que nos parece horrible ver a un niño comiendo garbanzos para desayunar, y tan normal ver a uno desayunando galletas con chucheleche de crecimiento, llevándose al cole un yogur líquido azucarado y una pasta, de postre un yogur con 3 cucharadas de azúcar, para merendar un zumo y un bollito con pepitas de chocolate y para cenar, de postre, un poco de batido casero de frutas con yogur, azúcar y leche, que esta mañana casi no ha bebido leche, y eso que es de las que llevan cereales y cacao.

—¿Y fruta, no come?

—¡Claro! En zumos y batidos… y los miércoles en el cole, que es el día de la fruta.

 

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Lo normal, lo lógico, es que fueran los niños quienes pidieran todos estos productos y que tuvieran muchas dificultades para conseguir comerlos. Y no lo que está pasando ahora, que solo tienen que abrir la boca para masticar lo que familiares y amigos le están ofreciendo a cambio de un besito, “para que veas cuánto te quiero”, o “para hacerte más feliz”. O yo que sé, quizás porque realmente piensan que de verdad esto es lo que tienen que comer los niños y niñas, porque es lo que comemos o comimos nosotros.

 

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11 comentarios en "Llevamos años viviendo en el mundo de "Charlie y la fábrica de chocolate" (y nos parece normal)"

  1. Para mi este articulo es genial! Dice muchas muchas verdades…te agradezco mucho este trabajo…

  2. Muchas gracias por el artículo,está muy bien explicado.Puedo compartirlo en el blog de la AMPA de un colegio?

  3. Genial Armando!! Mi niña tiene 5 meses y medio y ya llevo luchando todo el verano para que no le den a probar helados….imagínate!! Ella, que sólo toma pecho y ahora está empezando a probar la fruta… Y te lo digo Yo, que soy una loca del chocolate y los dulces, pero a Ella, lo evitaré todo lo posible. Gracias por tus artículos, soy fan de todos!!!

  4. Maravilloso artículo, muchas gracias

  5. Has descrito perfectamente los comentarios que siempre oigo. Es una maravilla este artículo. No pensé que nadie lo iba a escribir nunca!! Muchisimas gracias. Lo he compartido con muchos padres. Aunque de seguro me dirán que soy exagerada 🙂

  6. Gracias por el artículo. Después de 7 años de maternidad y 3 hijos nuestra lucha como padres contra el entorno WillyWonkaLand nos resulta tan agotador y nos sentimos a veces tan bichos raros, que artículos como estos nos ayudan a ver que no estamos ni locos ni solos.

  7. Hola Armando, que gran artículo! Mi nena tiene 29 meses y lo intento, intentó reducir el azúcar todo lo que puedo pero es agotador (Sobre todo cuando el padre no pone de su parte y la abuela es del comentario: pues si se come un donut y un zumo ya va bien eso tiene mucho alimento 🙁 ) y parezco la loca del no azúcar. . Es agotador y frustante .. me he pasado desde que me hice vegetariana hace 20 años dando explicaciones y justificando mis decisiones e ir a contracorriente es muy agotador 🙁 y ahora con mi hija pasa lo mismo, que conste que ella come de todo, carne y pescado y cuando ella lo considere que tomé la decisión que quiera.. bueno..muchas gracias por tus palabras!

  8. Tengo que reconocer que de vez en cuando le doy alguna galleta o algún yogur a mi hija… Pero todos los días le llevo fruta para almorzar en la guardería (tienen que llevar, por obligación 2 días a la semana). Lo que me molesta, y mucho, es que las amigas de la abuela (sobre todo, aunque no son las únicas) le den un huevo de chocolate o gusanitos o…. cada vez que la ven. Almacenados están en casa la mayoría 😀

  9. Con el lobby del azúcar hemos topado… Lucha difícil, porque negar doce veces diarias los productos azucarados es agotador, y nos convierte en seres despiadados que no permitimos un capricho.
    Gracias por explicarlo tan bien.

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