Cómo elegir el colchón y la almohada de tu bebé

El colchón y la almohada del bebé influyen directamente sobre su descanso. Para elegirlos hay que tener en cuenta ciertas variables

Artículo publicado el 7 Abr 2022 - Este artículo ha sido revisado y actualizado con fecha 18 junio, 2022

El descanso del bebé es una de las cuestiones que más nos preocupa a los padres desde el nacimiento de nuestro hijo. Que duerma las horas suficientes, que tenga una rutina de sueño, que su sueño sea reparador… Pero, ¿le estamos dando suficiente importancia al lugar donde pasan la mitad del día descansando? El colchón y, en caso de necesitarla, la almohada ¿son como realmente necesita mi bebé?

La importancia de un buen descanso

Descansar el tiempo necesario en cada etapa de la vida es muy importante. No voy a entrar en el número de horas que tienen que dormir los niños, ya que cada uno es un mundo, pero es importante que nos fijemos en la cantidad y la calidad del sueño de nuestros hijos.

 

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Aspectos como la irritabilidad, la disminución de la actividad por el día y la falta de concentración, nos van a decir que es posible que nuestro hijo o hija no esté descansando correctamente.

Durante el sueño, los niños fijan el aprendizaje del día anterior y recargan energías para el día siguiente. Darle un lugar donde reponer fuerzas es esencial para su desarrollo. Un buen colchón y una buena almohada son necesarios para su descanso. Pero, ¿cómo los elegimos?

¿Cómo son un colchón y una almohada por dentro?

Lo primero que tenemos que tener claro es que hay multitud de colchones en el mercado. Tantos que nos perdemos. Un colchón estándar consta de varias partes:

  • Núcleo. Es la parte central del colchón. Los materiales más frecuentes que nos encontramos son: muelles, espuma y látex.
    • El núcleo de muelles aporta firmeza y durabilidad, pero suelen ser algo más incómodos. Hay personas que al dormir los notan y necesitan algún material más blando.
    • El núcleo de espuma o HR suele ser más transpirable y cómodo, pero menos firme y algo menos duradero. Para medir su durabilidad hay que fijarse en la densidad del núcleo, cuanto más denso sea, más dura porque se «aplasta» menos.
    • El núcleo de látex hace que el colchón sea más adaptable. Puede ser natural, más suave o sintético, que también es más duradero.

 

 

 

  • Acolchado. Son las capas que recubren el núcleo. Generalmente son varias y de diferentes materiales. Son responsables de la mayoría de las características del colchón. Hay muchísimos tipos de acolchado y cada uno da una característica concreta. Por eso, a la hora de comprar, habrá que tenerlos todos en cuenta.
    • Viscoelástica. Aporta adaptabilidad, es decir, el colchón se va a adaptar a la forma de la personita que se tumbe encima. Aguanta más el calor. No es muy recomendable si sudan mucho.
    • Látex. Se fabrica a partir de resina. Aporta firmeza y es transpirable.
    • Algodón y lana. Son menos firmes, pero transpiran bastante al ser elementos naturales. Suelen ser más difíciles de limpiar y se acumula más el sudor, etc. También tienen una menor durabilidad.
    • Espumación HR (high resilience). Es más fresco que la viscoelástica y un poco menos adaptable que esta. La resilencia es la capacidad que tiene de volver a su estado original.
    • Micromuelles. Los pequeños muelles van divididos cada uno en su bolsita, de forma que se adaptan mejor al cuerpo. Es un sistema que aporta una firmeza media y bastante transpirabilidad. Su durabilidad es mayor.

 

 

  • Laterales. Son la protección del interior del colchón en las zonas laterales del mismo. Aumentan la superficie del colchón. Se puede comprobar su calidad sentándose en el lateral del mismo y viendo cuándo se hunde (cuanto menos se hunda, más densidad y más durabilidad). Pueden llevar válvulas para la correcta ventilación del colchón, y agarres laterales para darle la vuelta.
  • Funda o tapicería. Es el material que recubre todo el colchón, lo que va a estar en contacto con nuestro cuerpo. Puede ser fija o extraíble para su lavado (mejor opción si el peque suda mucho o se hace pis y llega hasta el colchón).
  • Tratamientos. Son los procedimientos a los que se somete el colchón para darle ciertas características que aportan un extra a la hora de comprarlo:
    • Antiácaros.
    • Antialérgico.
    • Hidrófugo (repele el agua y cualquier elemento líquido que caiga encima).
    • Antibacteriano, etc.

 

 

La almohada está fabricada de un mismo material, de manera que siempre va a ser reversible, porque es igual por ambos lados. Básicamente se compone del núcleo, la funda y los tratamientos (que son los mismos que los del colchón).

Los materiales pueden ser iguales a los del colchón (aportando las mismas características). También estos otros (que son más específicos de almohadas de niño):

  • Viscoelástica perforada. Posee el efecto memoria de la viscoelástica, pero con agujeros para que aumente su transpirabilidad.
  • Fibra hueca siliconada. Es un tejido más blandito y transpirable, ideal para primeras almohadas.
  • Plumas. Es transpirable, pero fácilmente deformable. Tiene menos durabilidad, pero suelen resultar muy cómodas y suaves. No son muy recomendables si se tienen alergias.
  • Poliéster. La parte buena del poliéster es que dura mucho, pero suele ser menos agradables al tacto que el resto de opciones

¿Cómo tiene que ser el colchón de mi bebé?

Lo primero a tener en cuenta en relación al sueño del bebé es que hay que colocarlo boca arriba, con la cabeza girada hacia un lado (e ir alternando lados) para prevenir el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). También hay que saber que es importante no colocar absolutamente nada en su zona de sueño, es decir, evitaremos colocar almohadas, juguetes, doudous a su alrededor… para evitar posibles asfixias.

 

 

No taparlo en exceso, porque podría sudar mucho, y siempre por debajo de las axilas. Si lo hacemos por encima es posible que se mueva un poco y la sábana o manta le tape la cara. Con esto vemos que en los primeros meses de vida el colchón sobre el que duerme el bebé, sea en su cuna o colechando, tiene que ser lo suficientemente firme para que no se le hunda la cara y pueda asfixiarse.

También hay que buscar que sea transpirable ya que los bebés tienden a sudar, sobre todo al principio, porque su sistema termorregulador no está del todo desarrollado. En cuanto al grosor del colchón, va a depender del material con el que está fabricado.

No os fiéis de que a más grosor, mejor es el colchón, aunque sí que debe tener un mínimo. Yo suelo aconsejar apoyar la mano (no muy fuerte) y ver cuánto se hunde para hacerte una idea de la firmeza y la sensación que va a tener tu pequeño al descansar.

 

 

Pasado un tiempo, cuando el riesgo de SMSL disminuya, tu peque va a empezar a dar vueltas por la cama. En este momento ya no necesitaría un colchón tan firme, sino uno un poquito más adaptable a su cuerpo, para asegurar que no hay puntos de presión y su descanso sea mejor.

¿Quiero decir con esto que entonces habría que cambiar de colchón? No. Es simplemente que a la hora de comprarlo no tengas en cuenta solo un momento, sino todo tiempo que ese colchón te va a servir. Lo lógico sería buscar un colchón intermedio, ni muy duro, ni que parezca una cama de agua, tirando siempre a algo más de firmeza, sobre todo por la seguridad del bebé.

 

 

Cuando ya crecen un poco más, hay que guiarse por el tamaño y el peso de niño. No es lo mismo una niña de 2 años y 12 kilogramos de peso, que una de 8 y 25 kilos. También hay que valorar la postura en la que duerme. Los primeros años se pasan dando vueltas durmiendo, pero llegado el momento se quedan paralelos a la dirección de cama. Hay que observar qué postura es la que suelen adoptar más mientras descansan.

Esto va a ser importante para elegir el colchón y la almohada. Si suele dormir de lado o boca arriba, optaremos por un colchón firme para mantener la postura correcta de la espalda. Si duerme boca abajo, elegiremos un colchón algo más blando para que se amolde mejor. También hay que mirar otras características individuales de cada niño: si suda mucho, si vomita, etc. Todos ellos son aspectos a tener en cuenta a la hora de decantarse por uno u otro.

¿Cuándo le pongo la almohada?

El momento para ponerle almohada es cuando empieza a estar incómodo sin ella. Tan simple como eso. Lo notaréis si colecháis porque empieza a buscar y se sube a vuestra almohada. Una buena referencia es cuando empiezan a dormir de lado y su cabeza no queda bien alineada con su espalda, es decir, se le cae hacia el colchón.

 

 

¿Y cómo elegirla?

Pues igual que con el colchón, hay multitud de variables. Para una primera almohada se suelen recomendar las de algodón, que son blanditas y de bajo espesor, unos 5 centímetros. A partir de ahí, las características a tener en cuenta son:

  • Grosor. Dependerá del tamaño del pequeño, e irá aumentando a medida que este crezca.
  • Firmeza baja-media, que se adapte a su cabeza. Que no les obligue a mantener postura, que no sea dura. Cuando son un poco mayores se les puede pedir que se tumben en la tienda a probarla.
  • Transpirable.
  • Funda extraíble y lavable.
  • Funda hidrófuga. Así, si cae algún líquido, no traspasa al núcleo de la almohada.
  • Tratamientos anteriormente comentados (sobre todo si hay alergias).

 

Adorable Baby Boy Infant In White Sunny Bedroom Lying And Looks At Munari Montessori Mobile.

 

Un extra es que algunas vienen sin cremallera, con un sistema de cierre diferente, para que el niño no se haga heridas al dormir.

Cómo cuidar el colchón y la almohada para prolongar su vida útil

Existen ciertas recomendaciones que podemos seguir para cuidar el colchón y la almohada de nuestro bebé y que así nos duren mucho más tiempo:

  • Ventilar la habitación 5 o 10 minutos antes de hacer la cama.
  • Si el colchón es reversible, darle la vuelta cada mes para que se deforme menos y dure más tiempo. También para airearlo y que no se acumule humedad, polvo, etc.
  • Aspirar el colchón cada cierto tiempo, para eliminar suciedad que se pueda acumular.
  • Si hay que limpiar una mancha, hacerlo lo antes posible y utilizar jabón neutro. Se puede frotar con un cepillo de dientes limpio y dejarlo secar al aire.
  • Se puede usar una funda de algodón debajo de la ropa de cama, para evitar que llegue el sudor.
  • Dar la vuelta a la almohada con frecuencia.
  • Airearla diariamente.
  • Aspirarla con un aspirador de mano de vez en cuando.
  • Lavar la funda según las indicaciones del fabricante cuando se ensucie. O cada dos o tres meses si no hay accidentes.
  • Si es una almohada lavable, hazlo solo lo necesario y, si es posible, a mano. En la lavadora suelen estropearse más rápido. Si tienes secadora, ayúdate de ella para secar el interior y no dejar nada de humedad dentro.

 

 

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Hay muchas variables a tener en cuenta dependiendo de la edad, el tamaño, el peso y las características individuales de tu hijo. Mi recomendación es que al ir a comprar, te informes de los materiales de los que están compuestos colchón y almohada, ver las características que aporta cada material y decidir si es lo adecuado para tu peque de manera individual.

Si quieres más información o necesitas asesoramiento, en la Tribu CSC puedes consultar con nuestro equipo de expertos en salud materno-infantil y crianza respetuosa. 

 

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