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18 meses (por Ángela M.)

No dormimos bien, no comemos caliente... ¡pero qué más da!

Hoy se nos acaba la exterogestación, lo que significa que hace 9 meses, me convertí en madre. Aunque me siguen sobrando 7 kilos en el cuerpo y sigo sin entrar en algunos pantalones, no hay nada que me borre la alegría de esta experiencia que estoy viviendo.

La vida y las circunstancias han retrasado un poco mi maternidad. He parido a mi pequeña a los 37 años y 4 meses. Hubiese querido haberlo hecho antes, cuando era más joven y mi cuerpo era distinto, pero no pudo ser. He parido a miles de kilómetros de mi familia, en otro idioma y otra cultura y ¡lo he hecho bien! Mi niña se tomó un par de años en aparecer, pero llegó pisando fuerte y con su llegada se borraron todos esos frustrantes meses en los que no lográbamos un embarazo, mientras al otro lado del mundo, mi padre batallaba contra un cáncer que finalmente le arrebató el aliento. Han sido meses duros y tristes, pero fueron parte del proceso.

Un 27 de febrero, vimos un positivo borroso en una prueba de embarazo casera. Unas líneas que debían ser rojas apenas llegaban a un rosa claro. Yo sabía que era un positivo, a mi esposo le faltaba aún la confirmación médica para creerlo y festejarlo.

Eran carnavales en Colonia, la ciudad alemana donde vivo, y por ende debíamos esperar un par de días a que la fiesta pasara y los consultorios médicos volvieran a abrir. Fuimos en cuanto pudimos y aún era pronto para ver algo con una ecografía, entonces me tomaron pruebas de sangre. Pasó una tarde eterna hasta que llegó la llamada confirmando que estaba embarazada. ¡Era una hecho!

Entonces empezó mi ilusión, mi alegría y mis temores. Es bastante común que los embarazos se interrumpan antes de la semana 13, por eso no quería contarle a nadie. Todos los días le hablaba a mi bebé y le pedía que se aferrara fuerte a mi útero. Que mamá llevaba esperando toda la vida y que papá estaba muy feliz porque iba a llegar. Le contaba que en Colombia y en Alemania, había corazones felices esperando.

Pasamos la semana 13 y por fin le vimos en una ecografía. Levantaba la mano como saludando y saltaba con su pequeño cuerpo. Ya habíamos oído su corazón antes, pero esta vez le estábamos viendo y descartábamos síndrome de Down y otras malformaciones. ¡Qué descanso cuando le vi su hueso nasal!

Cada consulta con el ginecólogo era una clase magistral. Debía investigar en español y aprenderme la lección en alemán, cada parte del cuerpo, cada término debía ser minuciosamente estudiado, así era más fácil formular preguntas a mi doctor . Tenía que apuntarme las cosas para no olvidarlas.

Como todo iba bien, ¡era hora de contarlo al mundo! ¡Íbamos a ser papás! ¡Nos llegó amor de muchas partes del planeta! Aún nos sigue llegando.

 

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Conocimos el sexo del bebé porque un día tuvimos un choque leve con otro carro. Me llevaron en ambulancia al hospital y tuvieron que revisar que todo estuviera bien. Así nos enteramos que íbamos a tener una niña. ¡La noticia nos hizo muy felices!

El estrés de pensar que algo fuera mal se fue pronto cuando tuvimos la ecografía de la semana 22. Dos pulmones, dos riñones, hígado y un corazón con 4 cámaras. Nuestra niña venía perfecta. ¡Qué paz! Empezamos la carrera por elegir un nombre. Tenía que sonar bien en los dos idiomas, tenía que ser fácil de pronunciar por las dos familias. Mi esposo alemán siempre quiso llamarla Sofía y yo acepté, porque así iba a tener una conexión mucho más fuerte con papá. Aunque sabía que había millones en el mundo, la nuestra sería única.

El resto del embarazo transcurrió en orden. En la semana 38 llegó mi madre de Colombia. Trajo dos maletas llenas de regalos para Sofía. Mi familia no estaba presente físicamente pero los sentía cerca de mí.

El 5 de noviembre, cuando estaba en mi semana 39+7, tuve pérdida de líquido amniótico y me ingresaron en el hospital por protocolo y para evitar infecciones. Mi fecha de parto era el 6 de noviembre y justo ese día tuvieron que inducir.

Fueron 12 horas de duras contracciones y no pude resistirme a la epidural. Con dilatación perfecta gracias a mis bailes y un giro de cabeza en el último minuto. A la 01:26 AM por fin veo la cara de mi niña, que nació hora y media tarde para que su fecha de nacimiento tuviera un número más bonito. Nunca olvidaré ese momento, nunca voy a olvidar ese olor, ese sentimiento y ese instante. ¡Y la cara de mi esposo!

No me canso de ver esa foto que tomó él, cuatro minutos después de nacer Sofía, sobre mi regazo y con esos ojos grandes mirándome. Qué suerte haber parido aquí, con respeto, con tranquilidad, con personal sanitario paciente y entregado. Había parido en alemán, estaba en otro país, tenía que hacerlo todo en otro idioma, ¡y lo estaba haciendo muy bien! ¡Estoy orgullosa de mi misma! Mi niña ha sido un regalo pero también una prueba de fortaleza para mí.

El 07.11.2017 empezó otra vida para nosotros. Cuántas cosas hemos vivido y cuánto hemos aprendido. Ha sido la aventura más grande que hemos emprendido. Claro, ¡ya lo sabes! No volverás a dormir una noche entera, no volverás a comer caliente o en pareja. Tus amigos serán otra cosa y tu mundo cambia de eje. ¡Todo eso es cierto, todo eso y más!

Luego hay un montón de cosas que nadie te cuenta, de las que no se habla. Nadie me dijo que podía haber problemas con la lactancia, que me iba a frustrar y que lloraría por dar un biberón. Nadie me dijo que había bebés de alta demanda, nadie me habló de tendinitis en la muñeca por cargar al bebé, de cambios en las dioptrias de la miopía. Nadie mencionó qué tan jodidas son las hormonas, que iba a volverme adicta a los chocolates, dulces y tortas. Nadie me dijo que los bebés sufrían cólicos y que lloran por horas hasta cumplir los tres meses. Nadie me habló de crianza respetada, de porteo, de crianza con apego.

Hasta que encontré a Armando y a esta tribu con la que aprendo y me identifico. Luché hasta el final por lograr una lactancia exclusiva y lo logré. He porteado a Sofía desde que tenía un mes de vida y espero hacerlo por muchos meses más.

 

 

He defendido a capa y espada, mi idea de no dejarla llorar si quiere estar en brazos. Le llevo la contraria a mi esposo cada noche cuando ella no quiere dormir más en su cuna y le explico una y mil veces las ventajas del colecho, hasta que se resigna a tenerla en la mitad de los dos. Sofía y yo hacemos todo juntas, porque un bebé no significa que debes quedarte en casa aburrida. Se ha abierto un mundo inmenso ante mis ojos, también porque aquí la maternidad se vive distinto. Así que nosotras vamos a Kanga, Pekip, natación, gimnasia con bebés. Tenemos un grupo de madres en español que se ha convertido en mi familia de crianza. La semana se va volando.

Hoy se cumplen nueve meses de haberme convertido en madre y aún no dormimos más de cuatro horas seguidas, madrugamos un montón, nuestra casa parece que le ha pasado un huracán, las horas de comida ya no existen y comer caliente mucho menos. ¡Pero qué más da! ¡Tengo un regalo maravilloso! Y no cambiaría por nada del mundo la etapa que estoy viviendo.

Gracias miles a mi co-equipero, mi socio, mi compañero de vida. ¡Qué suerte estar criando contigo amor de mi vida! Qué suerte la de Sofía de tenerte como papá. ¡Eres el mejor padre del mundo y un esposo inigualable!

 

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2 comentarios en "18 meses (por Ángela M.)"

  1. Que bonito! Me he emocionado mucho leyendo, por qué además me siento identificada con mucho de lo que cuentas y si que es verdad que todo vale la pena x ver una sonrisa de ellos <3

  2. Me encanto leer este post , me identifico tambien en mucho de lo q cuentas y mi bebe nacio en nombiembre 2017 pero dias mas tarde si casi esto en los 9 meses de haber tenido la felicidad mas grande de conocer al amor de mi vida por siempre 🙂 !!

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