Povidona yodada: Por qué deberíamos dejar de utilizarla como antiséptico

Embarazas, mujeres lactantes, bebés y niños no deberían utilizar la povidona yodada como antiséptico

Seguro que la mayoría recordáis que, antes de la llegada de la povidona yodada, cuando éramos pequeños/as nos echaban en las rodillas mercromina (que no «micromina» como la llamaba yo de niño), que también se ponía en el ombligo a los bebés.

Nos pasábamos los veranos con las rodillas rojas, hasta que se decidió que no era la mejor opción como antiséptico, entre otras cosas, porque pintaba tanto que no había manera de saber si una herida evolucionaba bien o mal.

Vivimos también los tiempos del agua oxigenada (que cuando llevaba un tiempo abierta ya no servía), y del alcohol, con el que llegamos a tener miedo de caernos (no por el daño que nos pudiéramos hacer, sino porque después nos lo iban a echar en la herida), y eso era un 15 en la escala del dolor del uno al 10.

Quizás por eso se aceptó como uso habitual el de la povidona yodada (más conocida como Betadine® o Topionic®), que ha formado parte del botiquín de nuestras casas durante muchos años y que, en realidad, no deberíamos utilizar porque conlleva ciertos riesgos en mujeres embarazadas, madres lactantes, bebés, niños y niñas.

 

Povidona yodada: por qué deberíamos dejar de utilizarla como antiséptico

 

El uso de la povidona yodada en el paritorio

El problema de la povidona yodada (y de ahí que no se recomiende su uso en las salas de parto), es que contiene una altísima concentración de yodo (nada menos que 10.000 microgramos por ml). Para que tengáis una referencia: durante el embarazo es frecuente que se indique un suplemento de yodo, que se mantiene también durante la lactancia, de unos 200 microgramos al día.

Esa diferencia tan abismal sería poco importante si la absorción a través de la piel fuera mínima. Sin embargo, aplicado sobre heridas, piel inflamada o en mucosas (como la mucosa vaginal), la absorción es significativa hasta el punto de observarse un aumento de la yodemia (yodo en sangre) en el cordón umbilical de hasta un 50%, solo por aplicarlo momentos antes del expulsivo.

 

El parto natural favorece la transmisión de bacterias "buenas" al bebé

 

Y no solo eso; esa aplicación hace, en los días posteriores al parto, que aumente la concentración de yodo en la leche materna hasta en 10 a 20 veces con respecto a la cantidad normal, haciendo que el bebé reciba mucho más yodo del razonable.

La povidona yodada en mujeres que amamantan

Y esto nos lleva a hablar del uso de la povidona yodada en mujeres que dan pecho, siendo el resumen rápido el siguiente: las mujeres lactantes no deberían usar este antiséptico.

Pero os lo explico un poco mejor: en caso de tratarse de una herida pequeña, y de una aplicación puntual, el riesgo para su bebé es muy bajo y no hay que hacer nada especial al respecto (os lo cuento por si llegáis a este post cuando ya os lo habéis puesto); pero si la herida es extensa o la aplicación se repite durante varios días (si te curas la herida de la cesárea con povidona yodada, por ejemplo), aumentará bastante la concentración de yodo en tu leche.

 

Lactancia y Chupete

 

Esto puede ser peligroso, sobre todo si hablamos de bebés recién nacidos o de pocas semanas, pues recibirían una cantidad de yodo elevada, que podría provocar un bloqueo transitorio de su tiroides.

Y ahora os explico esto mejor, porque da un poco de «susto»: la glándula tiroidea o tiroides necesita yodo para sintetizar hormonas. Si recibe demasiado yodo en edades tempranas, inhibe la captación de yodo (deja de captarlo porque hay demasiado), y deja de funcionar como debiera, pudiéndose provocar un hipotiroidismo transitorio.

No es que sea algo grave, porque es transitorio, pero si sucede en los primeros días puede pasar que la prueba del talón dé positiva a hipotiroidismo, que se la repitan, que quizás se decida medicar al/la peque y que sus progenitores se lleven un buen susto, sin necesidad.

 

 

La povidona yodada en bebés y niños

Si el uso en el embarazo y la lactancia ya puede ser nocivo, imagina el uso directo en un recién nacido: está totalmente contraindicado porque se han descrito casos de intoxicación por yodo, bocio e hipotiroidismo. La misma ficha técnica de Topionic® lo menciona:

La utilización en niños menores de 30 meses, si fuese indispensable, se limitará a una aplicación breve y poco extensa, seguida de un enjuague con agua estéril. La aplicación de povidona iodada en neonatos, fundamentalmente prematuros y con bajo peso al nacer, se ha asociado a la aparición de hipotiroidismo.

Es decir, que en peques menores de dos años y medio solo tendría sentido para una aplicación puntual en caso de tener que hacer alguna prueba o intervención. Y sugieren aplicarlo sobre la piel sana, realizar la intervención, y enjuagar enseguida con agua estéril para retirarlo de la piel.

 

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Como nosotros, los padres, no hacemos intervenciones quirúrgicas ni pruebas, pues tendríamos que hablar de curar las heridas que se puedan hacer en el día a día, y entonces estamos en las mismas. Sería ponerlo y al rato retirarlo. Y esto no lo hace nadie, y solo tendría sentido si no dispusiéramos de más antisépticos en el mercado.

De hecho, en caso de uso continuado en bebés y niños/as se ha visto que puede provocar acidosis metabólica, hipernatremia y trastornos de la función renal, hepática y tiroidea. Esto dependerá del tiempo que se usa y de la extensión que se cubre con el antiséptico, claro.

Clorhexidina, la mejor alternativa

El antiséptico más utilizado y recomendable a día de hoy es la clorhexidina (la marca más conocida es Cristalmina®), porque se puede utilizar tanto en la piel íntegra como en heridas y mucosas, y no supone riesgo durante el embarazo, el parto ni la lactancia. En cuanto a su uso en bebés y niños, lo mismo. Es el más seguro, no escuece y además no «pinta» las heridas de ningún color.

 

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