Entrevista a Gemma López: “La mayoría de los problemas de sueño son desajustes entre las necesidades de las criaturas y las de la familia”

"No se puede enseñar aquello que ya se sabe. Dormir es una necesidad vital como respirar, y viene de serie: ya dormimos en la etapa fetal"

Gemma López es madre de un hijo que dormía poco y a trompicones y fue él el responsable de que se empapara de todo lo que había publicado en sueño infantil. Fue una maternidad con mucho sueño pero también muy constructiva para ella.

Según explica, su esencia ha sido siempre la misma, pero encontró un nuevo lugar desde el que ser y su naturaleza crítica empezó a cuestionarlo todo. Tanto, que leyó todo lo que cayó en sus manos, hasta que decidió dar un paso más y formarse en el Centro de Estudios del Sueño Infantil, de la mano de Rafi López y María Berrozpe, acompañadas de un equipo de docentes expertos y referentes en diferentes disciplinas, todas ellas interconectadas.

Gemma López ayuda a diario a muchas familias con el sueño de sus peques en la Tribu de Criar con Sentido Común. Hoy hablamos con ella sobre sueño infantil, pero también sobre los despertares, sobre el colecho y sobre las nuevas modas que hablan de enseñar a dormir al bebé.

P: Muchas mamás y papás se quejan de que sus niños duermen mal. ¿De verdad los peques duermen mal o es algo natural de esta edad?

R: La pregunta que me surge es ¿Qué es dormir mal? Porque el sueño es diferente en cada etapa de la vida (infancia, adolescencia, madurez, vejez) y cada cual duerme según sus propias características y necesidades, pero puede parecer que no es un sueño correcto si lo pensamos como un único patrón. Es decir, nos parece que un bebé duerme mal si esperamos que duerma como un niño o como un adulto.
La mayoría de los problemas de sueño son desajustes entre las necesidades de las criaturas y las de la familia, otros tantos son expectativas irreales surgidas de un marketing falaz que nos bombardea constantemente, y el resto son aspectos relacionados con lo que se conoce como higiene del sueño.

La mayoría de los problemas de sueño son desajustes entre las necesidades de las criaturas y las de la familia

Me gustaría citar aquí una frase de Quino, a través del personaje Mafalda: ¿no será acaso que esta vida moderna tiene más de moderna que de vida? Por supuesto que vivimos donde vivimos y nos tenemos que adaptar a ello, pero también debemos entender que esa adaptación no es tan fácil para la biología de un bebé o de un niño.

P: Imagino que una de las consultas más habituales de las familias cuando llegan a tu consulta es si los múltiples despertares nocturnos son normales. ¿Lo son? ¿Por qué se despiertan tanto los bebés por la noche?

R: Los despertares forman parte de nuestra supervivencia. Durante el descanso somos vulnerables y debemos cerciorarnos de vez en cuando de que seguimos en un entorno seguro. También necesitamos movernos, porque permanecer demasiadas horas en la misma postura dificulta la circulación sanguínea, y en el caso de los bebés, además, está la necesidad de alimentación ya que su tolerancia al ayuno es limitada.

Los despertares forman parte de la fisiología del sueño, nadie duerme realmente 8 horas del tirón, el problema estriba en la gestión de esos despertares: en si necesitamos ayuda o no para volver a sentirnos cómodos y en bienestar para volver a dormir.

Los despertares forman parte de la fisiología del sueño, nadie duerme realmente 8 horas del tirón

Sin embargo, a pesar de su funcionalidad, cierta cantidad de despertares o la magnitud de ellos puede salir de la normalidad indicando alguna dificultad extra. Ahí es donde debemos observar cómo llegamos al sueño, qué puede estar afectándolo y qué podemos cambiar.

P: Tu maternidad fue la que te impulsó a leer mucho sobre el sueño infantil y dices que fue muy constructiva. ¿Te ayudó o al contrario, encontraste cosas que no iban con tu forma de pensar y criar y eso te impulsó a seguir investigando?

R: Me ayudó, sin duda. Darme de bruces con todo (cansancio, sueño, soledad) y sentir cómo las teorías más populares entonces me chirriaban por todas partes, me impulsó a cuestionarlo todo y empezar a estudiar, leer, investigar y buscar siempre los porqué y los para qué de la mano del cómo.

Las teorías más populares entonces me chirriaban por todas partes. Eso me impulsó a cuestionarlo todo

Encontré mucha información que me parecía que cojeaba, sostenida en argumentos endebles más basados en opiniones y sesgos que en hechos o evidencia (que no había). También aprendí a entender de dónde salía esa información  y porqué tenía tanto peso a pesar de no tener un buen cimiento. Aprendí a ser muy crítica y a filtrar y finalmente a encontrar aquello que sí estaba en concordancia con mi expresión y donde encontraba también argumentos realmente sólidos. Me quedé con McKnenna, Ball, Pantley, Berrozpe, González, Sears, Jové, Blair, Jenni…

P: Últimamente se escucha mucho lo de entrenar y enseñar al bebé a dormir. ¿Hace falta que un bebé aprenda a dormir? ¿Es posible enseñarle a hacer algo que, en teoría, es parte de nuestro día a día?

R: No se puede enseñar aquello que ya se sabe. Dormir es una necesidad vital como respirar, y viene de serie: ya dormimos en la etapa fetal. Actualmente, aún no se conoce ninguna especie animal que no duerma. Todos dormimos según nuestros requerimientos, nuestro momento vital, nuestras circunstancias.

No se puede enseñar aquello que ya se sabe. Dormir es una necesidad vital como respirar, y viene de serie: ya dormimos en la etapa fetal

Otra cosa es que pretendamos (o necesitemos) que esa función vital se dé de una manera concreta según la sociedad y la cultura en la que estamos, y que eso pueda entrar en conflicto con nuestra biología.

P: ¿Qué riesgos hay cuando tratamos de enseñar a un bebé a dormir sin ver más allá de adoctrinarlos?

R: Tratar de modificar el sueño, es como tratar de modificar la respiración. El sueño se modula no solo según nuestra etapa del desarrollo, sino también según el momento que estemos viviendo (si estamos enfermos, si tenemos más actividad cognitiva que física, …), según nuestras emociones y experiencias (si estamos angustiados, enamorados, tristes, estresados…) y reacciona frente a alteraciones del organismo.
Cuando el sueño es consecuencia de un estado (que lo es la mayoría de las veces) y no la causa de ello, es como barrer debajo de la alfombra. Dejar de tratar la causa sólo empeorará el cuadro, aunque de entrada, la intervención rápida, parezca efectiva. Pero no, la causa sigue ahí y saldrá.

El adiestramiento o entrenamiento de sueño se basa en el conductismo clásico y trata la modificación de la conducta, la expresión de la personalidad, el comportamiento en un entorno, situación o contexto determinado, pero no aborda la causa subyacente.

Si lo que provoca el problema de sueño no se resuelve porque se interviene sólo en que ese problema no moleste al adulto, se ve venir la bola que se puede crear y el efecto rebote que puede surgir de ahí.

Si lo que provoca el problema de sueño no se resuelve porque se interviene sólo en que ese problema no moleste al adulto, se ve venir la bola que se puede crear y el efecto rebote que puede surgir de ahí. Citando a CESI: El sueño infantil no es sólo un tema práctico de organización familiar sino algo más trascendente. La forma de abordarlo es uno de los puntos cruciales en la crianza y tiene una profunda influencia sobre el desarrollo emocional de los niños y sobre el vínculo afectivo que se crea con los padres.

P: ¿Cuándo debemos pensar que algo no va bien o no es “normal”, que puede haber una patología de sueño o de salud que afecta al sueño? ¿Qué se hace en estos casos?

R: Hay varios estados alterados que afectan al sueño, y es lo primero que debemos descartar. Normalmente lo que se escapa de la normalidad es muy llamativo, y las familias ya van con la sospecha de que algo no encaja porque lo observan también en otras esferas. En estos casos hay que acudir al profesional de referencia para que atienda esa disfunción a la vez que vamos trabajando en ayudar a mejorar la experiencia del descanso.

Normalmente lo que se escapa de la normalidad es muy llamativo, y las familias ya van con la sospecha de que algo no encaja

P: Tu intervención ante los problemas de sueño es multidimensional y Cero Llantos. ¿En qué consiste exactamente?

R: Como decía, lo primero es dilucidar en qué contexto estamos: si en un rango de la normalidad o bien hay algo que se debe considerar primero. Tras ello, exploramos la dinámica, la forma de conciliar el sueño y el descanso de toda la familia, abriendo el foco de la criatura ya que un individuo no es solo él, sino todo aquello con lo que convive, interactúa, experimenta…

El núcleo de un niño es la familia. No podemos observar una criatura sin observar también a sus cuidadores, su familia, su ambiente, su ámbito sociocultural

El núcleo de un niño es la familia. No podemos observar una criatura sin observar también a sus cuidadores, su familia, su ambiente, su ámbito sociocultural. Esa mirada amplia nos lleva a atender desde varias dimensiones y escuchando las diversas disciplinas que ofrecen una nueva perspectiva en la investigación y el abordaje del sueño infantil.

P: ¿Es posible lo de “Cero Llantos”?

R: Es posible una comunicación no basada en el llanto. Entender las necesidades y buscar maneras de cubrirlas satisfactoriamente. Es posible desde la empatía, el respeto, la comprensión, y dejando de pensar que la criatura manipula o que pueda tener un comportamiento perverso, dejando de verle como el enemigo a doblegar.

Es posible una comunicación no basada en el llanto. Entender las necesidades y buscar maneras de cubrirlas satisfactoriamente

Es posible si ajustamos expectativas, somos flexibles, entendemos los procesos y buscamos soluciones prácticas para el sueño familiar que sean respetuosas con las necesidades de todos los miembros, siempre basadas en la evidencia y en concordancia con los valores de cada familia. Es una aproximación más lenta, pero no conlleva llantos ni es una solución a corto plazo, sino que establece dinámicas de comportamiento, hábitos y relaciones saludables en la familia.

P: ¿Tiene algún efecto dejar llorar a nuestros peques para que aprendan a dormir?

R: Un niño sometido reiteradamente a desamparo puede ver afectado su hipocampo (por la liberación de una cascada de cortisol, adrenalina y otras hormonas de estrés) generando un estado de activación de la alarma, agudo al principio (como una crisis de ansiedad), luego continuado y generalizado y presentar posteriormente claudicación, que sería similar a una depresión.

Se pueden observar cuadros de ansiedad por una estimulación continua de los sistemas de alerta. Un ejemplo de ello podría ser un miedo excesivo a ir a dormir u a otras cosas totalmente cotidianas. Otra consecuencia sería la indefensión aprendida, que es una apatía originada por la experiencia de incapacidad de lograr aquello que se necesita. Es abandono, rendición, asumir que se haga lo que se haga, no se va a ser atendido. Es una respuesta adaptativa al desgaste energético del llanto y el estrés.

Dejar llorar a los peques puede originar noches con menos despertares, pero a costa de una inhibición psicológica y con consecuencias en el desarrollo emocional

No podemos obviar una afección en el apego, ya que el cuidador deja de ser responsivo a pesar del requerimiento insistente, dando una sensación de rechazo. Y cómo el cuidador celebra que la criatura no le demande, se siembra la idea de que a menos reclamo, menos rechazo, y como no quiere – ni puede – ser rechazado, el niño claudica.

La suma de todo ello – el ahorro energético, la indefensión aprendida y evitar el rechazo – puede originar noches con menos despertares, pero a costa de una inhibición psicológica y con consecuencias en el desarrollo emocional.

P: Se dice que los peques deben dormir entre 10 y 12 horas diarias, pero lo cierto es que pocas veces lo hacen. ¿Es realmente necesario que TODOS duerman lo mismo? ¿Qué puede ocurrir de no hacerlo?

¿Todos comemos lo mismo del mismo modo? ¿Todos tenemos idénticas constantes vitales, y siempre las mismas? ¿Todos dormimos lo mismo y de la misma manera? NO. Nuestras características se ajustan a nosotros y a nuestro entorno. Somos seres únicos, individuos. Reaccionamos al ambiente, a las experiencias; nos amoldamos a nuestra maduración, al estado actual. No somos tablas Excel, somos personas. Somos resilientes, muy adaptativos y eso conlleva una muy alta variabilidad.

En el sueño hay percentiles, igual que los hay de crecimiento, de talla, de perímetro craneal… y tan normal es un percentil 10 como un 90

En el sueño hay percentiles, igual que los hay de crecimiento, de talla, de perímetro craneal… y tan normal es un percentil 10 como un 90. Pero incluso podemos movernos algo más allá de esa gráfica, porque eso es estadística. Y aunque seamos bastante fieles a un percentil, habrá días en los que no sea así, y eso no supone un problema o una alarma.

P: El colecho tiene seguidores y detractores y, entre estos últimos, escuchamos que los hijos/as no se van a ir nunca de la cama. ¿Los malacostumbramos a dormir con nosotros si hacemos colecho?

R: La especie humana tiene por característica ser altricial y social. El sueño en compañía viene impreso en nuestro ADN. Lo que se pretende, en todo caso, es acostumbrarse a la condición contraria a nuestra biología de que es el sueño en solitario.

Los hijos se van de la cama familiar, del mismo modo que se bajan de los brazos, que reclaman su espacio, que buscan (y logran) su autonomía por sí mismos

Los hijos se van de la cama familiar, del mismo modo que se bajan de los brazos, que reclaman su espacio, que buscan (y logran) su autonomía por sí mismos. Lo que puede pasar es que esto no ocurra cuando nosotros creíamos que iba a ocurrir, porque nos han inculcado la idea de que el sueño en solitario es el correcto y el deseable desde muy temprana edad. Pero más allá de estos argumentos, hay algo vital muy sencillo y es que el colecho facilita el sueño y el descanso de la familia, que es el objetivo último.

P: ¿Cómo se consigue que nuestros hijos duerman de forma respetuosa, mejorando el descanso de toda la familia?

R: Viendo en qué momento vital está la criatura y cuál es la dinámica familiar para hacer encajar las necesidades de todos los miembros, modelando todo aquello que podamos. Eso incluye también intervenir en la propia familia, contemplar el núcleo completo, no sólo el sueño ni sólo el del bebé.

Del mismo modo que no podemos separar la criatura de sus cuidadores, tampoco podemos separar el sueño de la vigilia

Y del mismo modo que no podemos separar la criatura de sus cuidadores, tampoco podemos separar el sueño de la vigilia, porque a dormir nos vamos todos con el día a cuestas.

 

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