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Diez motivos para no decir a los niños que los Reyes Magos están mirando 

Por qué hay que acabar con los chantajes en Navidad

Con la llegada de las fiestas navideñas vuelven las tradiciones y costumbres propias de estas fechas. Hay quienes adoran esta época del año y hay quienes desearían poder viajar en el tiempo para despertarse mañana y que fuera ya 7 de enero. Nos guste o no, entramos en el último mes del año y se acerca el tiempo de las reuniones familiares, las comidas de empresa, las calles inundadas de luces de colores y los regalos.

En casi todas las culturas existen tradiciones relacionadas con personajes envueltos de un halo mágico que visitan las casas repartiendo regalos.

Tradiciones navideñas

En España, tradicionalmente, han sido sus Majestades los Reyes Magos de Oriente quienes traen regalos a los niños y niñas el día 6 de enero. Es una tradición cristiana que rememora la Adoración de los Reyes Magos al niño Jesús.

También de origen cristiano, aunque no bíblico, es el mundialmente conocido Santa Claus. Esta tradición centroeuropea exportada a América tiene su origen en San Nicolás de Bari. El actual Santa Claus o Papa Noel, reparte regalos en las casas el día de Navidad.

En Italia es la Befana, una viejecita que vuela en una escoba quien entra por la chimenea a dejar dulces y regalos para todos la noche del 5 de enero. Mientras que en Grecia es San Basilio quien reparte sus regalos el primer día del año.

Si te portas mal los Reyes Magos te traerán… ¿carbón?

Prácticamente todas estas tradiciones tienen tras de sí un condicionante. Los regalos no salen gratis. Son el fruto del buen o mal comportamiento acumulado durante todo el año. “Tienes que portarte bien para que los Reyes Magos te traigan los regalos”. “Como te sigas portando así van a traerte carbón”.

¿Quién no ha escuchado alguna vez estas frases en su infancia? ¿Quién no paró de saltar en el sofá cuando escuchó aquello de que “los Reyes Magos te están mirando”? Seguro que hay incluso quien recuerda con cierta inquietud esa sensación de sentirse observada en cualquier lugar.

Y aún hoy son muchas las familias que siguen recurriendo a estas frases para intentar que sus hijos se “porten bien” cuando llegan estas fechas. Es un recurso fácil y rápido para conseguir que tu hijo haga lo que le pides sin rechistar. Pero, ¿deberíamos usarlo?

Diez motivos para dejar de decir que “los Reyes te están mirando”

1. Los regalos no deberían ser el motivo de tomar decisiones correctas

Ya hablamos de la importancia de no condicionar los regalos a la conducta. Si enseñamos a los niños a actuar de forma correcta a cambio de regalos estamos fomentando que piensen que hacer las cosas bien merece un premio.

 

 

No deberíamos extrañarnos si después nos piden algo a cambio de hacer sus tareas, por ejemplo. Si la motivación es el regalo, una vez que desaparece la posibilidad de recibirlo se evaporan también los motivos para hacerlas. Y el año tiene 11 meses más antes de que llegue el próximo diciembre.

2. Es fácil caer en la manipulación

Es una fórmula tan útil a corto plazo que corremos el riesgo de usarla no sólo cuando están teniendo alguna conducta que puede o debe ser corregida sino cada vez que queremos que hagan lo que les pidamos con rapidez: “Vamos, recoged los juguetes, rápido, que los Reyes os están mirando”.

Ni siquiera les hemos dado la oportunidad de cooperar cuando ya hemos soltado la frase de marras. Y la idea es enseñarles a vivir en sociedad no convertirles en personas sumisas que obedecen ciegamente cualquier orden que reciban.

3. Les enseñamos a esconderse cuando cometan un error

Cuando les decimos que deben portarse bien porque los están mirando, ¿cuál es el mensaje que les estamos dando? Que lo importante no es lo que somos ni lo que hacemos sino lo que los demás ven y piensan de nosotros. Que pueden seguir actuando mal pero a escondidas, siempre que no les vea nadie. ¿Seguro que es eso lo que queremos que hagan? ¿Es eso lo que queremos enseñarles?

Más allá de la incomodidad que a cualquiera nos produciría la idea de ser espiados en nuestra intimidad, si el motivo para actuar de forma correcta es que pueden vernos no estamos enseñando valores, sino miedo al castigo o al juicio externo, cuando lo que deberíamos buscar es que la satisfacción de hacer las cosas bien y formar parte de la familia (o de la sociedad) fueran suficiente motivo para “portarse bien”.

4. Es mentira y te hace perder credibilidad

Tienes todos los regalos comprados y empaquetados aguardando en un altillo a que llegue la noche de sacarlos y colocarlos junto al árbol. Si la amenaza no se cumple perderás credibilidad ante sus ojos. “Mamá me dijo que si hacía tal cosa no me traerían nada pero lo hice y me han traído todo lo que pedí. Mamá me miente (o no sabe nada o no cumple sus amenazas)”.

 

 

Si sabemos de antemano que no lo vamos a cumplir, ¿para qué decirlo? Es importante ser consecuentes con nuestros mensajes. Si vas a cumplir la amenaza, no perderás credibilidad, pero hay más motivos para pensárselo, sigue leyendo.

5. Las comparaciones son odiosas

Es injusto decirles que si se portan bien tendrán juguetes y si se portan mal, carbón; cuando en cada casa tendrán según las posibilidades y la decisión de cada familia, sin que exista siempre una relación directamente proporcional entre el número de regalos y la “calidad” del comportamiento.

En la mente infantil, con su particular forma de percibir la realidad, enfrentarles a semejante afirmación puede hacer mella. “Con lo que yo me he esforzado por sacar buenas notas… y al vecino de enfrente que ha suspendido cinco le han traído la Play y a mí no”.

¿Qué conclusión extraerán? ¿Que los Reyes Magos no han mirado bien? ¿Que son injustos? ¿Qué tienen preferencia por el vecino?

6. Traspasamos nuestra responsabilidad

¿Dónde queda nuestra labor como padres? Nos pasamos el año buscando la forma de educarles lo mejor posible, transmitirles unos valores, unas normas básicas para vivir en sociedad… y, ¿de pronto llega Navidad y les pasamos el bastón de mando a los Reyes Magos?

¿Dónde estarán los Reyes cuando en agosto haga un berrinche porque quiere volver a bañarse cuando ya habéis recogido todas las cosas de la playa? Sé que es agotador, pero no debemos eludir nuestra responsabilidad por estar a finales de año. Los Reyes están para repartir ilusión. Para educar seguimos estando nosotros.

7. El fin no justifica los medios

Queremos que nuestros hijos dejen de saltar en el sofá o de pelearse o que hagan los deberes… y tenemos la responsabilidad de enseñarles todas estas cosas mientras llevamos una vida cargada de prisas y estrés.

 

 

Pero eso no justifica que utilicemos las amenazas para conseguir nuestro objetivo. ¿Lo haríamos para conseguir que nuestra compañera de trabajo cumpliera con sus funciones? ¿O para que nuestra pareja acceda a alguno de nuestros deseos? Si utilizas las amenazas con tus hijos también durante el resto del año, quizás no tenga mucho sentido dejar de hacerlo ahora. Pero si apuestas por una educación respetuosa vale la pena tomar conciencia de lo que se esconde detrás de estas frases tan utilizadas en esta época del año.

8. Rompemos la magia

Todas estas tradiciones en las que participan personajes mágicos son historias que pueden mantenerse en la infancia solo durante unos años. Mientras dura el pensamiento mágico. Después, cambiarán de etapa, el pensamiento lógico se instalará en sus cabecitas y comenzarán a hacer preguntas que pondrán fin a la fantasía.

Nuestros hijos no han pedido que les contemos esta historia ni les hagamos regalos. Pero, ¿de verdad queremos convertir al personaje mágico en un guardián del comportamiento al que temer más que esperar con ilusión? ¿Queremos romper la magia que hemos creado sin que nos lo pidieran?

9. Sin saberlo podemos estar mermando su autoestima

Si nos pasamos el día recordándoles que los Reyes Magos les están mirando o que no les van a traer nada si siguen portándose así, estamos contribuyendo a crear un concepto negativo sobre sí mismos. Te portas mal y tengo que recordártelo todo el tiempo.

 

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La sombra de la amenaza de estar en la lista de los niños malos que recibirán carbón en lugar de regalos se cierne a cada instante sobre ellos. Esto no es algo que debamos evitar solo en estas fechas, también el resto del año es importante no pasarnos el día resaltando lo que hacen mal o cuáles son los errores que cometen. Pero en esta época parece que equivocarse implica una etiqueta mucho más evidente: la de caer en la temida lista negra de los niños malos.

Habría mucho que debatir sobre qué es ser malo para un niño que está aprendiendo a vivir, pero si eso es lo que asumen que son, niños malos, así es como se comportarán, según lo que creen que esperamos de ellos. Y pensar que “soy malo” no es la mejor forma de construir una autoestima saludable.

10. Acabarán sabiendo la verdad

Y cuando llegue el momento es imposible saber cómo se sentirán. Hay niños que se enfadan porque piensan que les han mentido, otros que siguen conservando la ilusión intacta… pero estamos a tiempo de evitar que las amenazas, los chantajes y la manipulación, formen parte de la decepción al final de la historia.

No es lo mismo pensar que me mintieron para crearme una ilusión que pensar que lo hicieron para conseguir que hiciera todo lo que me pedían.

“Esto se ha hecho toda la vida…”

La mayoría de la gente repite frases de este tipo por costumbre, sin ninguna mala intención. Pero en los niños van calando gota a gota todas estas ideas.

Habrá quién opine que somos catastrofistas y que ya no se les puede decir nada a los niños. No, no se convertirán en delincuentes ni nos odiarán toda la vida por haberles dicho que los Reyes les estaban mirando. Pero a largo plazo deberíamos aspirar a algo más que eso cuando se trata de la crianza de nuestros hijos.

Yo también quiero que mis hijos aprendan a convivir en sociedad; pero quiero que entiendan que así es como nos relacionamos porque nos hace sentir bien a todos, sin más premio que ese, el bienestar que nos produce convivir en paz. Que no es poco.

Y que lo hagan por la satisfacción de sentirse bien; no porque les están vigilando. Y los Reyes les traerán más o menos juguetes según los que les quepan en el saco porque tienen que repartir a muchos niños.

Podemos mantener las tradiciones sin renunciar a una educación respetuosa. Podemos vivir unas Navidades libres de chantajes y amenazas.

 

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