Se «abre» la puerta del confinamiento infantil: cómo preparar a los niños para volver a salir a una calle que ya no es como recuerdan

Es importante preparar psicológicamente a los niños para la vuelta a la calle y concienciarles para cumplir las medidas preventivas

Llevamos ya casi seis semanas de confinamiento. Empezamos explicándole a nuestros hijos que debían quedarse en casa durante dos semanas y han sido seis las semanas que llevan la mayoría de ellos sin pisar la calle. Ahora, en muy breve tiempo, debemos prepararnos para volver a salir con niños a la calle.

Se flexibiliza el confinamiento infantil

Se ha debatido mucho sobre el confinamiento de la infancia. Argumentos a favor y en contra no han faltado en todos los ámbitos. Como medida inicial para garantizar el distanciamiento social, una amplia parte de la población aceptó de buen grado esta decisión del gobierno.

Ante una pandemia mundial de tal magnitud, el encierro durante dos semanas nos parecía un “sacrificio” necesario y asumible. Con las sucesivas prórrogas del estado de alarma comenzaron a aparecer, cada vez más, las voces críticas con esta medida por parte de quienes destacaban que el confinamiento estaba afectando de manera desigual a los distintos sectores de la población y que la infancia se estaba llevando la peor parte.

 

 

La comparativa con el resto de países europeos, donde el confinamiento infantil no estaba siendo tan duro, añadía fuerza al movimiento que pedía que se rebajaran las condiciones de confinamiento para niños y niñas.

Con toda la información que nos llega, puesta también en cuarentena (ya que las investigaciones siguen desarrollándose cada día), parece que la infección por Covid-19 afecta de forma muy reducida a la población infantil y, generalmente, cursan infecciones de escasa gravedad.

Más allá de los datos o certezas médicas, hay ciertas diferencias entre la población adulta y la infantil que no podemos obviar a la hora de analizar esta situación y de gestionarla.

Consejos para la vuelta a la calle de niños y niñas 

La capacidad de los niños para entender e interpretar la realidad está condicionada por su edad. Esta situación es, ya de por sí, bastante compleja de asimilar incluso para los adultos. Es por eso que sería aconsejable tener varios aspectos en cuenta a la hora de volver a salir a la calle con nuestros hijos y nuestras hijas. 

1. Anticipa la “nueva” normalidad

Muchos niños están deseando volver a la calle; pero es probable que la mayoría de ellos esperen volver a la calle que recuerdan: a los parques llenos de familias, a las calles llenas de gente, a los bares abarrotados y las tiendas abiertas. La realidad que se van a encontrar cuando salgan es otra muy distinta.

 

 

Anticiparles, sin dramatizar ni ser alarmistas, lo que van a encontrar al volver a la calle puede ayudarles a gestionar la nueva realidad. Podemos explicarles lo que consideremos que puede llamarles la atención, según la zona donde vivamos: que van a ver gente con mascarillas, que las tiendas y bares estarán cerrados, etc.

No es necesario que les anticipemos cuándo saldremos exactamente, ya que esto puede ponerles aún más nerviosos esperando a que llegue el momento; pero sí hablar con ellos de qué es lo que ha cambiado en la calle en estas seis semanas que llevan sin salir. 

2. Planifica la salida

No se trata de tener una ruta cerrada e inflexible, sino de explicarles y consensuar qué es lo que vais a hacer y a dónde vais a ir. Es probable que os pidan ir al parque o a casa de algún familiar, por ejemplo. Si hablamos de esto con ellos antes de salir, les damos la oportunidad de contarnos cuáles son sus deseos o expectativas y así podemos dar respuesta a esas preguntas con antelación.

 

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Así evitamos la rabieta o el disgusto por este motivo justo en el momento de salir o, peor aún, una vez que estemos en la calle. A qué sitios podremos ir, qué cosas podremos hacer, cuánto tiempo podremos estar… son cuestiones que podemos manejar con antelación y que pueden ayudarnos a evitar que la vuelta a la calle se convierta en una decepción absoluta.

3. Explica las “normas”

Además de no poder ir a cualquier sitio que les apetezca y de encontrarse una realidad en la calle distinta a la que recuerdan, los niños y las niñas deben guardar unas medidas de seguridad cuando salgan a la calle que, en muchos casos, van en contra de su naturaleza infantil.

Debemos ser cuidadosos para no asustarlos al hablar de todas estas medidas de precaución. No se trata de que vean la calle como un sitio peligroso, sino de que cumplan con las normas más básicas para minimizar los riesgos de contagios.

Puedes convertirlo en un juego. Vamos a salir a la calle como si fuéramos espías, no podemos dejar huellas para que no nos descubran, así que no podemos tocar nada. Podemos hacer hincapié sobre todo en las superficies que toca todo el mundo: el interruptor de la luz, el botón del ascensor, el pomo de la puerta del edificio… Si son mayores, podéis hacer incluso una lluvia de ideas sobre cómo podéis abrir la puerta de la calle sin tocar el pomo o cómo salir a la calle sin tocar el interruptor del ascensor.

 

 

Otro aspecto que es fundamental y que debemos explicarles bien es que no se pueden acercar a jugar con otros niños que se crucen por la calle. Podemos inspirarnos en la peli de “La vida es bella” y convertirlo en parte del juego, o explicarles que ahora mismo no podemos acercarnos a otras personas para evitar contagios.

Dependiendo de la edad de cada peque y las características de cada familia, la forma de abordar este tema puede ser diferente; pero sigue siendo fundamental, desde un punto de vista médico, mantener el aislamiento social, por lo que si pensamos que este tema puede costarnos más trabajo con nuestros peques, otra opción que podemos barajar es intentar salir a la calle en una hora poco concurrida. 

4. Habla en su idioma

A la hora de explicarles las normas de las que hemos hablado, es fundamental que tengamos en cuenta la edad de cada peque y su capacidad de comprensión. Un niño de 10 años es probable que necesite poca información y concreta, ya que es capaz de procesarla con mayor facilidad; y es probable que ya esté al tanto de las noticias.

 

 

Por el contrario, decirle a un niño de 4 años que hay que mantener una distancia de seguridad de 2 metros, es lo mismo que hablarle en ruso. Si queremos especificar tan detalladamente, tendremos que mostrarles físicamente cuánto son 2 metros, aunque lo mejor es adaptar el lenguaje y el mensaje a su edad y, sin necesidad de mentirles ni de ocultarles información relevante, contarles todo lo que necesitan saber en un lenguaje adecuado y accesible para ellos.

5. Utiliza el juego simbólico

Una buena forma de saber si han entendido todo lo que les hemos explicado es jugar a “salir de casa”. El juego simbólico es una herramienta fantástica para preparar esta nueva vuelta a las calles, ya que puede permitirnos comprobar si nuestros peques han entendido las normas e incluso anticiparles qué pasa si se nos olvida alguna.

 

 

Podemos hacerlo utilizando muñecos y escenarios con juguetes o haciendo una dramatización nosotros mismos. Esto puede ser muy útil sobre todo con peques de entre 2 y 6 años de edad, ya que puede ayudarles mucho a representar la realidad que, mediante una explicación más abstracta, aún les cuesta entender.

6. Respeta su decisión

Es probable que haya niños que no quieran salir. Puede que, simplemente, no lo necesiten. Para algunos niños puede que la situación que están viviendo les resulte de lo más cómoda: dejar de ir al cole y poder pasar más tiempo en familia puede que fuera el sueño de muchos.

También puede suceder que, siendo conscientes de la situación, tengan miedo de salir a la calle y contagiarse. En ningún caso deberemos forzar esta decisión. Debemos respetar que esta es su manera de afrontar la situación, del mismo modo que los adultos estamos manejando de formas muy diversas el confinamiento.

 

 

Lo que sí es importante es que validemos su emoción. Podemos decirle que es normal sentir miedo, que nosotros también lo sentimos. Si tienen edad para profundizar un poco más, podemos hablar con ellos sobre la función del miedo, que es una emoción muy necesaria para protegernos de los peligros, pero que puede convertirse también en una emoción que nos paralice y nos impida disfrutar de cosas que nos gustaría hacer.

Podemos alentarles a trabajar juntos en nuestros miedos con la mejor herramienta que podemos tener, que es la información. En este caso puede ser interesante también el juego simbólico para visualizar qué pasaría si… y afrontar esos miedos. Pero en ningún caso debemos forzar la situación ni presionarles. Si deciden salir y, al ratito (o al llegar al portal), se arrepienten; pues no pasa nada, volvemos a casa y validamos sus emociones.

7. Ocuparnos sin preocuparnos

¿Y qué pasa si deciden salir y tocan algo que no deben o salen corriendo hacia otros niños? Ante todo, calma. Siguen siendo niños y es normal que se comporten como tal. Es conveniente que llevemos una solución de gel hidroalcohólico o una mezcla de agua y jabón por si fuera necesario lavarles las manos.

 

 

Pero, sobre todo, evitemos caer en la histeria porque no queremos que desarrollen una fobia a salir a la calle o a tocar cosas. El riesgo cero no existe, se trata de minimizar los riesgos al máximo, sin caer en la psicosis. Por lo tanto, si tocan algo que consideramos que no deberían tocar, con calma, les decimos que vamos a lavarnos las manos y recordamos las normas de no tocar ciertas superficies.

Si intentan acercarse a otros peques, nos tocará intervenir como adultos para evitar el contacto y, según la edad de cada peque y cómo se lo tome, podremos distraer su atención con otra actividad y/o validar sus emociones.

8. Y, ¿el tema de las mascarillas?

Ni siquiera a nivel médico hay un consenso claro sobre el uso de las mascarillas en niños. La escasez de las mismas y la prioridad de su uso hospitalario ha dificultado el acceso de la población a las mismas, por lo que es probable que muchas familias ni siquiera dispongan de ellas.

Parece posible, de todas formas, que a medio plazo se recomiende su uso generalizado por parte de la población, incluidos los niños y niñas. Por lo que, si disponéis de ellas o habéis podido adaptar las de adulto al tamaño adecuado para vuestros hijos, podéis explicarles a vuestros hijos cómo usarlas, sobre todo si en vuestra salida, va a ser difícil mantener la distancia de seguridad todo el tiempo.

 

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Del mismo modo que hemos hecho con el resto de normas, es importante que les expliquemos con un lenguaje adecuado para su edad las cuestiones más importantes: lavarse las manos antes de ponérsela, ajustarla bien, no tocarla durante su uso, lavarse las manos antes de quitársela y retirarla tirando de las tiras de sujeción sin tocar el cuerpo de la mascarilla.

Es probable que sea difícil para la mayoría de niños y niñas cumplir con todas estas recomendaciones. También lo es para los adultos. Si van a usarlas es importante que les transmitamos tranquilidad con nuestro ejemplo. 

9. Y, ¿si no cumple las normas?

Como siempre recomendamos desde la Disciplina Positiva: amabilidad y firmeza. Si la situación no nos permite estar en la calle con seguridad y debemos volver a casa, es importante mantener la calma y no utilizar las amenazas ni los castigos.

 

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Los niños llevan seis semanas sin salir de casa y lo último que necesitan es un adulto autoritario y enfadado, alejado de sus emociones y sus necesidades. Eso no quiere decir que debamos permitir que incumplan las normas poniendo en riesgo la seguridad propia o ajena, pero en esta situación tan excepcional es probable que necesiten más que nunca nuestra empatía.

Esta situación no está siendo fácil para nadie y, en el caso de los niños, su capacidad para interpretar la realidad está sesgada por las características propias de su edad. 

10. Al volver a casa

Una vez que volvamos a casa, llevamos a cabo las medidas de higiene que hayamos decidido. En principio, lavarse bien las manos, debería ser suficiente. Si hemos decidido ducharnos, podemos establecer esa rutina y hacer coincidir la hora del baño con la vuelta del paseo.

Podemos preguntarles a los peques qué les ha parecido la salida. Es importante que practiquemos la escucha activa y respetemos lo que tengan que expresar. Está bien si les ha encantado la experiencia, y también está bien si les ha defraudado. Si no muestran interés en hablar del tema, tampoco es necesario insistir en analizar al detalle la experiencia.

 

 

Podemos preguntarles qué cosas creen que hemos hecho bien y cuáles podemos mejorar para la próxima salida, evitando poner el foco de atención en los posibles “errores” que hayan podido cometer; y fomentando la confianza y la conexión del adulto con el niño o la niña. 

La vuelta a la normalidad es, en realidad, una adaptación a una nueva realidad y, como todo periodo de adaptación, requiere de entrenamiento, empatía, paciencia y respeto. No hay una fórmula mágica para conseguir que la vuelta a la calle sea una experiencia fantástica, pero seguro que desde el respeto y con amor, como siempre, será una experiencia enriquecedora que nos permitirá seguir creciendo juntos en familia.

 

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