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Querida mamá, querido papá: gracias, os lo debo todo

¡Feliz Día de los Abuelos!

¿Te has fijado en ellos? Están por todas partes.

Cada mañana, cuando voy a dejar a mis hijos al colegio, me cruzo con varios de ellos.

Caminan despacio, con sus dolores o achaques, sus ojos cansados, pero con un punto de nostalgia, alegría y orgullo.

Agarran fuertemente unas manitas pequeñas y escurridizas, las más queridas por nosotros, las de nuestros hijos.

Algunos de ellos van en coche, porque viven lejos. Quizá hace tiempo que conducir les da cierto respeto, pero son conscientes de que se han vuelto un pilar fundamental en la familia y se esfuerzan para hacer todo lo que está en su mano para ayudar.

En la escuela infantil de mi pequeño paro el coche en doble fila, y ellos siempre están ahí. Uno de ellos estaciona despacio, no sin unas cuantas maniobras para pegarse lo máximo posible a la acera. Después sale con cuidado, y con mucho cariño da la vuelta y abre la puerta a su mujer para ayudarla a salir. Ella da la mano al pequeño y lo lleva hasta los brazos de su maestra, él la espera pacientemente.

Otras veces los veo cuidando de bebés, llevándoles al parque empujando los carritos y sentándose después en un banco para descansar. Les dan la merienda (que también se han encargado de preparar). En ocasiones me los cruzo en la mañana porque les ha tocado también cuidar del pequeño que tiene mocos, fiebre o conjuntivitis y no puede ir a la escuela. Algunos días incluso se los tienen que llevar al mercado y hacen malabares para empujar los dos carros, (el de la compra y el del niño). ¡Incluso una vez vi a un atrevido que se animaba a portear!

Hoy 26 de julio se celebra en muchos países el Día de los Abuelos, aunque como otras celebraciones, esta fiesta debería ser todos los días, porque ellos se han vuelto imprescindibles en esta locura de vidas que llevamos.

 

 

Sin ir más lejos, en España siete de cada diez abuelos participan en el cuidado de sus nietos, (tenéis más información sobre esto en el Libro blanco sobre envejecimiento activo del Imserso) e incluso uno de cada cuatro lo hace diariamente dedicándoles una media de siete horas al día, ¿qué sería de nuestra vida sin ellos?

Lo hacen con mucho amor, pero también hay que decirlo: algunos se ven comprometidos y sin derecho a disfrutar de su propia jubilación, de su espacio y del tiempo de ocio merecido tras muchos años de trabajo.

Aceptan de buen grado el cargo y algunas veces las prisas nos hacen olvidar expresar nuestra inmensa gratitud por resolvernos la logística diaria, por crear recuerdos imborrables y por cuidar con tanto cariño a las personitas que más queremos: nuestros hijos.

A veces lo hacen “a su manera”, otras veces se muerden la lengua y aceptan la nuestra, aunque no les guste o piensen que nos equivocamos, pero deciden respetarnos. A veces nos dicen que «Vale» y luego les dan helados a escondidas, les ponen la tele o les engañan un poquito para que “se lo coman todo”, porque realmente les preocupa su salud.

Si ven que les damos alimentos enteros a nuestros niños con apenas seis meses ponen cara de póker, callan o claman al cielo; no han oído hablar de BLW pero sobre todo tienen miedo de que el peque se atragante o directamente no entienden cuál puede ser el beneficio de dejarles comer con las manos.

Les compran el “Mi primer Danone” o las galletas de dinosaurios porque han visto en la tele que tienen “muchas vitaminas” o energía para los niños, o incluso han leído en la etiqueta que está avalado por la Asociación Española de Pediatría, y si lo han dicho en la tele, o lo dicen los médicos, ¿por qué pensar que no pueda ser verdad?

 

 

Ellos lo hacen con todo el amor del mundo y no tienen problema en gastarse el dinero si es en beneficio de sus nietos.

Muchos de ellos se enfrentan a sus propios miedos, son capaces de tomar un avión para dar un abrazo aunque sea la primera vez que lo hacen en su vida y no sepan cómo manejarse en un aeropuerto, (en mi caso, por ejemplo, fueron capaces de “cruzar el charco y viajar más de 9.000 km solo por achuchar a sus nietos»).

Algunos pueden incluso inventar cuentos y crear historias para ayudar a su nieto o nieta a superar sus propios desafíos, (mi madre escribió un cuento sobre la muerte precioso que me gustaría que un día lo llegase a publicar).

Cuentan historias, se entregan de forma desinteresada, aman y a veces consienten…

Pero recordemos que los hijos son de los padres, son nuestra responsabilidad y somos nosotros quienes debemos educar sin olvidar, nunca, de toda la ayuda que nos prestan aquellos que nos dieron la vida.

GRACIAS MAMÁ

 


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