Oftalmología infantil III: Patologías graves

La detección precoz es fundamental para atajar problemas graves que pueden derivar en la pérdida de visión del menor

En una entrada anterior del blog repasamos las patologías de la visión más frecuentes en los peques, pero en esta ocasión nos centraremos en problemas oftalmológicos graves en los niños.

Y es que la detección precoz de cualquier anomalía de la vista en los niños es fundamental. Por eso desde que el bebé nace, los profesionales de pediatría controlarán su vista para asegurarse de que todo se desarrolla correctamente. La vista irá madurando a lo largo de los tres primeros años, principalmente. Entre los seis y ocho años hay defectos visuales que se pueden corregir si se detectan con antelación.

Leucocoria o mancha blanca en la pupila

Procedente del griego (leuko: blanco y coria: pupila), la leucocoria es la presencia de una pupila blanca en lugar del habitual color negro. Existen distintas razones por la que aparece pero algunas de ella son problemas graves que pueden poner en riesgo la visión del pequeño e incluso comprometer su salud. Por eso, es un signo clínico al que hay que prestar atención si lo observamos y acudir al especialista cuanto antes.

 

 

Hay diversas causas de esta patología, de ahí la importancia de que se realice un estudio completo y cuidadoso de manera precoz. En este caso, el oftalmólogo realizará un análisis de los antecedentes y explorará distintos aspectos, como los datos familiares, la agudeza visual, realizará analíticas o realizará pruebas de imagen como una ecografía. Nos pararemos en tres causas distintas de este problema de visión en los niños: las cataratas congénitas, la retinopatía de la prematuridad y el retinoblastoma.

Cataratas congénitas, un problema de visión que afecta a los niños

El cristalino del ojo ha de ser transparente para enfocar en la retina las imágenes y que estas lleguen al cerebro. Si un bebé nace con el cristalino opaco o ha perdido su transparencia se habla de las cataratas congénitas. Una de las señales de alerta es una mancha blanca en la pupila. Este un tipo de problema de visión en los niños que puede provocar desde que el pequeño vea nublado a que no vea en absoluto, en los casos más graves.

 

 

La visión se verá afectada según las cataratas sean totales o centrales y de tamaño importante como para cubrir el área pupilar. Pueden ser unilaterales o bilaterales e ir acompañadas (o no) de otras anomalías, según la Sociedad Española de Estrabología y Oftalmología Pediátrica. Su origen es diverso: pueden ser hereditarias, aunque también hay otras causas como infecciones intrauterinas, síndromes cromosómicos o enfermedades metabólicas y renales.

El tratamiento suele ser una operación que dependerá de si la afectación visual es grave. La cirugía en un bebé no está exenta de complicaciones y riesgos; por eso, en ocasiones se opta por esperar si existe previsión de un desarrollo visual positivo. Puede que la operación no sea necesaria hasta que pasen algunos años o incluso décadas.

Retinopatía de la prematuridad

Se trata de otra patología que se inserta dentro de la leucocoria y que, como su nombre indica, afecta a los bebés prematuros cuya retina no se desarrolla correctamente. Durante el embarazo, los vasos sanguíneos de la retina del feto van creciendo y, a partir de la semana 16, se van ramificando hacia el exterior (aproximadamente a partir de los ocho meses de embarazo). Si el bebé nace prematuramente, ese crecimiento se puede ver alterado. Los vasos sanguíneos no se desarrollan de manera normal y pueden provocar pérdidas de sangre y hemorragias en el interior del ojo.

 

alimentación prematuro

 

La inmadurez es, de hecho, el principal factor de riesgo de este problema de visión infantil. En la mayoría de los casos se resuelve sin necesidad de tratamiento, pero se puede convertir en un problema oftalmológico grave en los niños y pueden provocar pérdida de agudeza visual e incluso ceguera, que se puede prevenir con un tratamiento de cirugía láser en el momento adecuado.

Retinoblastoma

El retinoblastoma es un tipo raro de cáncer que afecta a los tejidos de la retina del ojo. Se suele presentar en los primeros 24 meses de vida y puede ser uni o multifocal y uni o bilateral. Un tratamiento correcto y precoz suele salvar la vida del paciente.

Se presenta como una masa blanca en la cavidad vítrea y cuando crece se manifiesta como una leucocoria. Otros síntomas son el estrabismo, los ojos desalineados, visión doble o falta de visión y agrandamiento de la pupila del ojo afectado, entre otros.

 

 

Su aparición suele estar relacionada con factores genéticos y hereditarios. De hecho, una forma eficaz de prevenirlo es haciendo un seguimiento en personas que están dentro del grupo de riesgo. Existe un porcentaje importante de posibilidades de que los hermanos de un paciente con esta enfermedad oftalmológica grave la puedan contraer. Su tratamiento incluye la radioterapia y la quimioterapia, así como otras técnicas especializadas para acabar con el tumor.

Traumatismos oculares

Al margen de las leucocorias que hemos visto, existen otras situaciones que se pueden convertir en problemas oftalmológicos graves en los niños. Es el caso de los traumatismos oculares, que son lesiones provocadas por un golpe, un corte o una quemadura que afecta al ojo u ojos del menor. En España, la causa más frecuente son accidentes domésticos y actividades de ocio.

 

 

Los síntomas son muy variados y dependerá de la gravedad del accidente. En los casos leves puede haber un enrojecimiento, lagrimeo o dolor. En los casos más graves puede afectar a la visión, a la movilidad, la presencia de sangre o pupila deformada, entre otras. En estos casos es muy importante una valoración por parte del pediatra o el experto para analizar los daños.

De hecho, en la Tribu de Criar Con Sentido Común tenéis acceso a profesionales que os pueden ayudar en caso de duda; aunque si el accidente ha sido grave lo mejor es acudir a urgencias. En traumatismos directos, además, hay que evitar presionar el ojo y que el pequeño se lo manipule (se puede colocar una gasa de manera delicada para evitarlo). El tratamiento dependerá de la causa del traumatismo.

 

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Otros problemas oftalmológicos que pueden ser graves

Existen otros problemas oftalmológicos en los niños que pueden convertirse en graves. Es el caso de la ptosis palpebral, que es el descenso del párpado superior con respecto a su posición normal. Cuando es leve no ocluye la pupila pero en los casos graves la tapa totalmente.

Muchos niños inclinan la cabeza hacia atrás o levantan mucho las cejas para ver, lo que puede derivar en problemas en el cuello. Además, la ptosis puede desembocar en otras patologías como la amblioplía u ojo vago, así como estrabismo o astigmatismo.

 

 

El origen suele ser congénito, aunque hay otras razones como enfermedades musculares o incluso un traumatismo local. En el primer caso, puede aparecer en el nacimiento o en los años siguientes. Lo más frecuente es que solo afecte a un ojo. En algunos casos puede mejorar en los dos primeros años de vida pero el tratamiento definitivo es la cirugía.

Por último, hay que destacar que un problema frecuente como la amblioplía, más conocida como ojo vago, se puede complicar si no se detecta y se trata precozmente. Se trata de una patología en la que la visión de uno o ambos ojos no se desarrolla correctamente. Es una anomalía difícil de detectar porque el ojo sano tiende a compensar lo que el otro no ve, de modo que el pequeño se puede desenvolver bien sin ver correctamente.

Si no se detecta a tiempo, los cambios en las estructuras cerebrales pueden convertirlo en un problema irreversible y puede acabar en ceguera del ojo afectado. De hecho, a partir de los 10 años solo es posible recuperar una parte de la visión.

 

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