Las diez cosas que debes saber si vas a visitar a un bebé recién nacido

Cómo comportarte si vas a visitar a un recién nacido

Ir a visitar a un bebé y a su madre no tiene mucho misterio, nos decimos la mayoría. Vas, das la enhorabuena, les das un detalle, pasas un ratito agradable y te vas. Fácil, ¿no?

Pues no. No es tan fácil, porque la teoría la sabemos todos, pero a la práctica hay quien acaba metiendo la pata, hay quien molesta, hay quien pone en riesgo al bebé y hay quien acaba incluso importunando.

Para evitar que ese «ratito agradable» se convierta en un mal trago para la madre (las madres, los padres…) y el bebé, os dejamos a continuación con las diez cosas que debes saber si vas a visitar a un bebé recién nacido.

1. No vayas sin avisar

Ni siquiera aunque estén en el hospital, sepas el número de habitación y en tu mente estés visualizando tu llegada por sorpresa y una sonrisa por parte de ellos dándote una cálida bienvenida. Cabe la posibilidad de que llegues en un mal momento, con el bebé nervioso, mamá tratando de darle el pecho, duchándose o cambiándose la compresa, o por fin conciliando el sueño, o…

Y es que los bebés no tienen horario. Pero para nada. Así que como el bebé no tiene horarios, la madre tampoco, y por las pocas horas juntos que llevan, se va a dedicar a tratar de adaptarse a esta nueva realidad (es como una realidad alternativa en la que todo funciona a otra velocidad).

2. Ve con intención de echar una mano

Esto depende de la confianza que tengas con ellos, claro. Si es una visita más bien de compromiso, lo ideal es simplemente dedicarte a molestar poco. Estar un ratito, felicitar a quien haya que felicitar y listo.

Si hay confianza, no vayas en plan invitado. Es mejor no pensar en lo que pueden hacer por ti para hacerte sentir a gusto como visitante, sino en lo que tú puedes hacer para mejorar la calidad de vida a quien está cuidando de un bebé.

Puedes ofrecerte, y seguro que lo agradecen, a comprarles algo ya que vas de camino, a llevarles algo de comida para comer o cenar (para que cenen ellos, no para cenar todos juntos), e incluso para recoger algo de la casa (que te van a decir que no, pero si mientras no te ven le das una fregada a los platos seguro que te lo agradecen mogollón). Repito, si hay la confianza como para hacer algo así.

3. Si estás enferma/o, no vayas

La mayoría de recién nacidos no llevan ninguna vacuna aún, y aunque tienen un sistema inmunitario preparado para este mundo, enferman con mucha facilidad, y un virus que a nosotros solo nos produce un ligero resfriado a ellos les puede suponer un ingreso hospitalario de días o semanas.

 

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Digamos que, en resumen, lo menos deseable para una pareja que está tratando de acostumbrarse a un cambio tan evidente como la llegada de un bebé, es que tengan que hacerlo con un bebé enfermo, ingresado en el hospital.

4. Lávate las manos

Siguiendo con lo anterior, es importante que te laves las manos, sobre todo si vas a coger al bebé.

En realidad, lo más lógico y respetuoso para la madre y para el bebé es que no cojas al bebé si no te lo ofrecen. Aunque mucha gente no lo sabe, ni lo tiene en cuenta, hay madres que sufren mucho cuando ven a su bebé en brazos ajenos, aun cuando sean los de personas conocidas, e incluso queridas. Es un instinto de protección muy lógico.

Si aun así vas a tener al bebé en tus brazos, debes haberte lavado las manos antes porque son muchos los microorganismos que pasan por ellas a lo largo del día.

5. Cuidado con los besos

Sé que suena raro, pero hay gente que da besos en la boca a los bebés… Ni se te ocurra. Por higiene y por respeto al bebé y sus progenitores.

En la mejilla hay menos riesgos, pero el bebé puede también llevarse las manos a la cara y luego a la boca. Piénsatelo mucho antes de hacerlo.

 

 

¿Y darle un besito en las manos? Pues lo mismo. Cuando tenga hambre se va a llevar las manos a la boca, por instinto.

6. No es necesario ver el color de los ojos

Hay gente que no soporta irse sin ver los ojos del bebé y llega incluso a pedir que lo despierten, como si en vez de un hijo tengan un mono de circo.

El color de los ojos de los recién nacidos es mayormente gris. A veces sí se aprecia otro color, pero casi nunca es el color que tendrá definitivamente, así que no hay mucho que ver.

7. No des consejos si no te preguntan

Entiendo que los ves ahí tiernecitos, padres recientes, aún torpes, con miedo a hacerle daño a la bebé, nerviosos, acostumbrándose a la nueva situación, y que la tentación de decirles cómo lo tienen que hacer es enorme, pero no lo hagas.

Tu opinión no será la primera, seguro, y lo más probable es que estén un poco hartos de recibir tantas, y además todas diferentes. En ese hartazgo, de necesitar ayuda, la pedirán.

Y cuando la pidan, es importante saber que lo que te van a solicitar es un empujoncito, o la reafirmación de algo que ya hacen. No necesitan que nadie les diga lo que tienen que hacer, sino lo que esa persona haría en su lugar, que no tiene por qué ser igual a lo que ellos acabarán haciendo.

8. Si ya sois muchos, vete

Si ya has llamado para preguntar si les va bien que los vayas a ver en ese momento es probable que no haya mucha gente. Pero también puede pasar que te juntes con los que no llaman. E incluso con los que no llaman y van que parece que se van a quedar para pasar el día (los hay que hasta esperan que les den de cenar).

 

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Si ves que sois unos cuantos ya, lo ideal es marcharte al rato. Incluso puedes enviar alguna indirecta, por si así ayudas a los padres: «Yo ya me voy, que seguro que estáis cansados y querréis estar solos» (aunque aviso, hay quien ni así se da por aludida/o).

9. No hagas fotos

El bebé no tiene ningún interés en salir en ellas, y todas las que necesita ya se las estarán haciendo en casa. Y sus progenitores dudo mucho que tengan ilusión en que en ese momento se inmortalice su imagen.

Si te hace ilusión hacerte una selfie con [email protected], nada como preguntar. Si acceden, no la cuelgues en tus redes sociales, a menos que te digan lo contrario.

10. Be water, my friend

Los bebés son en cierto modo un reflejo de las vivencias de su día a día, de modo que aquellos que tienen días ajetreados, con mucha gente, ruidos, olores, voces, brazos, etc., tienden a reflejar lo mismo por la noche con llantos, inquietud, descanso inadecuado…

Muchos padres piensan que su bebé de pocos días tiene cólicos, y lo único que tiene es que durante el día ha recibido más estímulos de los que puede gestionar.

De ahí que sean muy necesarias y de agradecer esas visitas de personas que llegan con un poco de paz y tranquilidad, esas que llegan más pendientes de escuchar que de contar, esas que hacen que puedan sentirse a gusto todos, en un ambiente distendido, y que hacen que ese rato sea agradable.

 

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