Educar para la igualdad

No podemos educar "en" igualdad porque la igualdad, a día de hoy, no existe. Tendremos que educar "para" la igualdad

Estos días se ha hecho viral la publicación de una madre que contaba en sus redes que le había regalado a su hijo una muñeca porque quería ser “el mejor padre del mundo”. Y de nuevo la actualidad nos da pie para reflexionar sobre lo que significa educar para la igualdad.

La noticia que jamás se hubiese viralizado en una sociedad igualitaria

A quienes vivimos conscientes de que el sexismo sigue inundando nuestras vidas, a pesar de todo el camino ya recorrido, nos gustaría que llegara el día en que una noticia como esta pasara desapercibida. Tan desapercibida como si el titular fuera “le he regalado una muñeca a mi hija porque quiere ser la mejor madre de mundo”. Algo que a nadie le llamaría la atención. Porque si se hace viral este tipo de publicación es porque para la mayoría de la gente sigue siendo algo raro, novedoso, el hecho de que un niño juegue a cuidar un muñeco bebé.

 

 

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LE PIDIÓ A SU MAMÁ UNA MUÑECA PORQUE QUIERE SER “EL MEJOR PAPÁ DEL MUNDO” Y SE HIZO VIRAL Roció publicó en su Facebook una reflexión junto a las fotos de su hijo con un nuevo juguete. El pedido del regalo surgió luego de que su hermana le negara jugar con sus muñecas. Según las declaraciones de su madre, el niño quería aprender a ser “el mejor padre del mundo, como su padre”. ✍ “Les cuento que mi hijo, quien juega con su hermana TODOS los días, me pidió que le comprara una muñeca porque su hermana no le presta la suya y “he wants to be a great dad like his daddy”. So, así las cosas, hoy le compré su bebé. Y ha sido lo más adorable del mundo. No solo está super feliz, sino que lleva toda la tarde cuidándola ¿A qué voy con esto? No sé ustedes, pero con enseñarle a mi hijo a cooperar en el hogar y permitirle jugar a ser buen padre, me estoy asegurando de dejarle un excelente hombre a este mundo. Así cambiaremos esta sociedad, mi gente. “, escribió la mujer de Puerto Rico, cuyo posteo se viralizó en las redes sociales. 📸 Rocío Natalia

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Por eso, la realidad es que quienes hacemos el intento de criar a nuestros hijos y a nuestras hijas en un modelo libre de estereotipos de género, solemos encontrarnos con un momento clave en el que sentimos que gran parte de ese trabajo se va al traste. La escolarización. Y no porque en los colegios se transmitan estereotipos sexistas (que en algunos casos, también), sino porque al relacionarse en gran grupo aprenden de sus compañeras y compañeros de clase el sistema de creencias y prejuicios que se vive en cada casa. Y nadie está libre de pecado. Incluso quienes intentamos cambiar esta realidad tenemos vicios aprendidos que aún perduran, y otros que hemos ido eliminando a base de esfuerzo.

La primera vez que mi hija y mi hijo, respectivamente, me dijeron aquello de “eso es de niñas (o de niños)” me dolió como una puñalada en el fracaso. Porque si mis hijos asocian juguetes o ropa a un género concreto, por supuesto, es un fracaso mío, como madre. Léase con ironía y condescendencia al mismo tiempo. En qué mundo viviría yo que pensaba que mis esfuerzos por crear en casa un ambiente educativo libre de estereotipos conseguirían aniquilar toda la ingente cantidad de mensajes sexistas que la sociedad emite a diario en cualquier parte. En mi defensa diré que siempre fui una idealista y aún sigo creyendo que somos capaces de cambiar el mundo, así, a lo grande. 

 

Educar para la igualdad

 

Me sacó de la utopía la dichosa frase. “Eso es de niño (o de niña)”. Se rompió en un instante el sueño de una crianza libre de sexismo. Y, como buena idealista, recordé que donde se cierra una puerta siempre se puede abrir una ventana. Porque para criar a nuestros hijos y a nuestras hijas en un ambiente absolutamente libre de sexismo deberíamos aislarles del resto del mundo. Y esa tampoco es la idea. Pero lo que sí podemos hacer es contrarrestar en la medida de nuestras posibilidades, todos esos mensajes encorsetados y rígidos que van a llegarles, queramos o no. Todos esos mensajes que se cuelan como piedras en sus bolsillos para impedirles volar libres a ser quienes quieran ser.

Educar para la igualdad

A menudo, escuchamos hablar de “educar en igualdad”; y a mí me suena a mentira, porque para educar en igualdad, deberíamos vivir en una sociedad igualitaria. Y no es así. Se debate mucho también sobre si deberíamos buscar la igualdad o la equidad. Es una cuestión semántica porque en el fondo, lo que deberíamos buscar es acabar con la discriminación que supone, en muchos ámbitos, el hecho de ser mujer.

Quienes prefieren el término equidad (cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones), suelen estar en contra de lo que se conoce como políticas de discriminación positiva, lo que conocemos también como paridad. Argumentan que a un cargo directivo, por ejemplo, debería acceder quien esté más preparado/a para ello, con independencia de si es hombre o mujer.

 

Educar para la igualdad

 

Sin embargo, según datos oficiales publicados en la web del INE: “Del total de alumnos matriculados en el sistema universitario (estudios universitarios de primer y segundo ciclo y de grado) en el curso 2019-2020, el 55,6% (dato provisional) fueron mujeres”. Sin embargo, en la misma web del INE, publican que “En el año 2019, el porcentaje de mujeres en el conjunto de Consejos de Administración de las empresas que forman parte del Ibex-35 ha sido del 24,7%, porcentaje sin duda insuficiente, aunque trece puntos más que en 2012, y superior en más de un punto y medio al del año 2018”. 

A la vista de los datos objetivos, la discriminación existe. Y esto es solo un ejemplo, el techo de cristal. En nuestro día a día, suele estar más presente el suelo pegajoso que nos impide avanzar por el exceso de carga, especialmente la mental. Y el miedo a sufrir una agresión sexual es algo que la mayoría de nosotras hemos normalizado tanto que vemos lógico tener que pedir que nos acompañen o avisar de que hemos llegado a casa sanas y salvas.

 

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No podemos educar en igualdad porque la igualdad, a día de hoy, no existe

Hablamos solo de España, porque en otros puntos del planeta el simple hecho de ser una niña te coloca en riesgo de ser mutilada, vendida en matrimonio o explotada como esclava sexual. Por lo tanto, no podemos educar en igualdad porque la igualdad, a día de hoy, no existe.

Tendremos que educar para la igualdad. Para conseguir que en un futuro, esperemos que no muy lejano, no sean necesarias las discriminaciones positivas para paliar las negativas. Para que nos dé igual si se llama X o Y, porque podemos ser, sin más, lo que queramos ser sin encontrarnos piedras en el camino por el simple hecho de ser mujer u hombre, hetero u homo, cis o trans.

 

Educar para la igualdad

 

Y ganaremos todas y todos. Porque en esto del sexismo las mujeres nos hemos llevado la peor parte, pero los hombres también siguen siendo vetados en muchos ámbitos y ahí aún hay menos conciencia social. Porque para que liderar deje de ser cosa de hombres, llorar tiene que dejar de ser cosa de mujeres. Para que dirigir sea también cosa de mujeres, cuidar tiene que ser también cosa de hombres. No solo para compartir las cargas, sino también los placeres. Para que podamos, simplemente, ser quienes somos sin condicionantes sociales que nos corten las alas.

Para mi hija y mi hijo, sin distinciones

Podría pediros perdón por no haberos construido un mundo verdaderamente igualitario y libre. Pero eso implicaría asumir, una vez más, la culpa que pesa como una losa sobre la maternidad. Y ese es otro de los estereotipos a romper. Elijo centrarme en regalaros la oportunidad de cuestionar el sistema establecido. Prometo pintaros las uñas a los dos cuando lo pidáis, sin distinciones. Prometo proponeros los mismos juegos, sin distinciones.

Prometo dejarme la piel en averiguar quiénes sois, de verdad, bajo la piel, sin imposturas. Prometo recordaros incansable que las cosas, los juguetes, las actividades… no tienen género, cada vez que la sociedad haga trampas y os intoxique con prejuicios absurdos. Prometo regalarte estas navidades el bebé y el carrito que has pedido, hijo. Prometo regalarte el juego de ciencias que has pedido, hija. Prometo intentar cambiar los “guapa” y “buena” por otros adjetivos; procurar sustituir los “fuerte” y “valiente” por otros calificativos.

 

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No porque no lo seáis, que a lo mejor sí, sino para intentar compensar la cantidad de veces que lo escucharéis ahí fuera, condicionando la imagen que os forjáis de quienes sois o debéis ser. No debéis ser nadie más que quienes queráis ser. Podéis ser valientes o cobardes, fuertes o débiles, atrevidos o tímidos… Podéis permitiros no estar bien todo el tiempo, pedir ayuda, decir que no.

Yo intentaré acompañaros la infancia y la vida para que vuestra voz interior hable más fuerte que el ruido de fuera. Y como no puedo evitar que alguien os diga u os haga sentir que no podéis o debéis hacer algo solo por el hecho de ser niña o niño, solo espero que las experiencias que vivimos juntos os ayuden a contestar que no existen cosas de niñas ni de niños, que cada persona puede hacer lo que le gusta. Porque entonces sabré que estamos cambiando el mundo, criando a personas un poco más libres de prejuicios con cada generación. 

 

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1 comentarios en "Educar para la igualdad"

  1. Suscribo CADA PALABRA de este articulo!!! Un gran abrazo!!!

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