Educación sexual para acabar con la homofobia

Recibir educación sexual en la escuela es un derecho de todo el alumnado, con independencia de las creencias de sus familias

Hace una semana, nos sobrecogía la noticia de que, en Cartagena, un menor de 11 años había sufrido una brutal agresión por parte de otro menor, de 15 años, de tales proporciones que había derivado en una intervención quirúrgica por fractura de tabique nasal. El motivo: la homofobia.

En pleno siglo XXI… falta educación sexual

Leíamos en la noticia publicada en la web del diario Público que «El atacante ‘le decía muchas veces maricón y se metía con él por eso’, ha declarado la hermana de la víctima a la cadena de televisión regional de Murcia.» No hace mucho, conocíamos también la noticia de que jóvenes de toda España acudieron al instituto llevando faldas para luchar contra los estereotipos y el acoso escolar, para apoyar a un joven de Bilbao que contó en una red social que un profesor había interrumpido la clase para llevarle al psicólogo del centro por acudir al instituto llevando puesta una falda.

 

 

Ante estas noticias, especialmente en el caso de la brutal agresión homófoba, mucha gente se pregunta cómo es posible que estas cosas sigan sucediendo en pleno siglo XXI. Y la respuesta es sencilla y dura al mismo tiempo: vivimos en una sociedad que valida la supremacía.

Nuestra sociedad aún legitimiza los ismos y las fobias

En la teoría, la inmensa mayoría de personas afirmarían que no son racistas, ni homófobas, ni machistas… pero nuestro día a día sigue plagado de expresiones como “trabajar como un negro”, “maricón el último” o “mujer tenía que ser”. Algunas expresiones se cuelan de forma más sutil disfrazadas de chistes, y está claro que no podemos coartar la libertad de expresión ni andar examinando con lupa el humor, pero, ¿reiríamos y haríamos bromas con tanta ligereza y frecuencia sobre el abuso sexual infantil?

Afortunadamente, no. Porque socialmente, la pederastia no está aceptada, por suerte. Pero otros ismos y fobias están aún, por desgracia, legitimados en nuestra sociedad. Y nacen, ni más ni menos, que de la sensación de superioridad que da la supremacía histórica. Raza blanca sobre cualquier otra, hombre sobre mujer, heterosexualidad sobre cualquier otra opción sexual…

 

La educación sexual acaba con la homofobia

 

En el caso de las razas y/o culturas las hay que durante siglos han sido oprimidas, esclavizadas e incluso exterminadas; las mujeres hemos sido relegadas del espacio público y el poder, incluso se nos ha vetado el acceso a la educación… pero, en el caso de las personas homosexuales y transexuales, la invisibilización, la estigmatización y la persecución ha sido sistemática hasta hace relativamente poco tiempo.

Recordemos que no fue hasta 1990 cuando la OMS eliminó la homosexualidad del listado de dolencias psiquiátricas. Mientras que la transexualidad, es excluida de la lista de transtornos mentales en la CIE 11 que entrará en vigor en 2022. Queda aún mucho camino por andar.

La educación sexual 

Y el camino para llegar a la meta no es otro que la educación. No se puede respetar lo que no se conoce; y a día de hoy, la diversidad sexual sigue siendo ocultada, encerrada en armarios sin puertas, que construyen quienes creen que lo suyo, la heterosexualidad cisexual, es lo normal, lo correcto. Y que todo lo demás, está muy bien, que tienen derecho a ser lo que quieran, pero que no molesten exhibiendo su diversidad; que no pretendan que en las escuelas se hable de diversidad sexual como si todo fuera igual de válido. La esencia misma de la supremacía. 

 

La educación sexual acaba con la homofobia

 

Hace aproximadamente un año, un partido político, presentó en campaña electoral una medida conocida como pin parental. En la web de dicho partido argumentaban que:

Ante el evidente adoctrinamiento en ideología de género que sufren nuestros menores en los centros educativos, en contra de la voluntad y contra los principios morales de los padres, a través de contenidos curriculares en asignaturas, actividades tutoriales, talleres y clases sobre ideología de género, así como una educación afectivo sexual que incumple flagrantemente el artículo 27.3 de la Constitución Española y los derechos que les asisten a estos como padres; por tal motivo, hemos diseñado una campaña para promocionar, divulgar y poner en las manos de los padres el PIN PARENTAL.

Quienes defendían la propuesta argumentaban, y lo siguen haciendo, que son las familias las que tienen que decidir sobre la educación de su descendencia, amparándose en el artículo 27.3 de la Constitución, que dice así:

Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

Dejando a un lado el tema de la formación religiosa que, en nuestro país, a pesar de ser aconfesional, se reduce en la práctica a la posibilidad de elegir entre religión católica o valores cívicos; el concepto de moral es tan ambiguo y tan subjetivo, que prácticamente cualquier contenido podría ser vetado del currículum con este argumento. Podrían, por ejemplo, las familias veganas, solicitar que cuando se dé la pirámide de alimentos se supriman todos aquellos que son de origen animal, puesto que para ellos no es ético; y su moral, es contraria a este tipo de alimentación.

 

 

El hecho de que este ejemplo nos pueda parecer una tontería, mientras que aceptamos que haya familias que quieran vetar la educación sexual de sus hijas e hijos, no es más que otra muestra de supremacía. Lo mío es lo correcto. Lo tuyo solo es «lo otro», una opción subsidiaria de la normativa.

El derecho a la educación

El derecho de las familias a educar según sus propias convicciones no puede estar nunca por encima de los derechos básicos de sus hijas e hijos. El artículo 27.1 de la Constitución española dice:

Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza. 

Todas las leyes educativas actuales y muchas de sus antecesoras, determinan que la educación debe ser integral y atender a todos los aspectos del desarrollo de las personas; incluyendo la Educación sexual. Y, por lo tanto, todo el alumnado tiene derecho a recibir esta formación, independientemente de cuales sean las creencias o valores de sus familias.

 

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Cada familia decide cómo educar a sus hijos e hijas en su casa. Pero, si las creencias de una familia le dictan que no debe permitir que le transfundan sangre a su hija y su vida depende de ello, desde el juzgado se emitirá una orden para que en el hospital actúen en contra de sus convicciones; porque el derecho de su hija a la vida y a recibir atención sanitaria está por encima de sus convicciones personales. Lo mismo pasa con la educación. Las convicciones de quienes ejercen la tutoría legal de las niñas y los niños no pueden mermar su derecho a recibir una educación integral. 

Los derechos humanos

Pero, sobre todo, los derechos humanos están (o deberían estar) por encima de cualquier convicción moral. El artículo 27.2 de la Constitución dice así:

La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.

Cuando una familia se niega a que su hija o su hijo reciba educación sexual en la escuela, en su afán de ejercer su derecho a decidir sobre la educación de sus descendientes, está faltando a los derechos y libertades fundamentales de parte de la población y nos encontramos, nuevamente, ante un alarde de supremacía.

 

La educación sexual acaba con la homofobia

 

Porque si no quieres que a tus hijas les hablen de homosexualidad o transexualidad, con naturalidad, el único motivo real que hay detrás, es que no aceptas ni respetas la diversidad sexual. Y la falta de aceptación nace del sentido de superioridad.

Si no te importa que a tus hijos les enseñen a jugar al fútbol y al baloncesto es porque ambos deportes te parecen válidos y respetables. Si no te importa que a tus hijas les expliquen raíces cuadradas y análisis morfosintáctico es porque, con independencia de la utilidad de los contenidos, aceptas que el acceso al conocimiento es positivo para ellas.

Cuando te niegas a que a tus hijos e hijas les hablen de diversidad sexual; cuando no quieres que les digan que se pueden enamorar de cualquier persona, con independencia de su sexo; cuando te preocupa que al escuchar hablar de estas opciones quieran probar alguna de ellas…

 

La educación sexual acaba con la homofobia

 

Es porque, en el fondo, no respetas la diversidad sexual, porque hay opciones que te parecen más válidas y respetables que otras, porque estás contribuyendo a perpetuar la tiranía heteronormativa que te lleva a pensar que tienes derecho a seguir encerrando en armarios a quienes sienten de una forma diferente a la tuya, para que tus hijas e hijos sigan viviendo según tu modelo.

Y no solo le estás robando a tus hijos y a tus hijas la oportunidad de expresar libremente su opción, sea cual sea. Esto es muy triste pero, a fin de cuentas, es tu responsabilidad como madre o padre acompañarles y todas las familias cometemos errores con la mejor de las intenciones.

El problema, lo terriblemente grave y triste, es que cuando crees que tu identidad o tu preferencia sexual es mejor que la del resto y que puedes seguir exigiendo que se invisibilice al resto de opciones, estás siendo cómplice del sistema en el que los chavales de 11 años reciben brutales palizas por parte de chavales de 15 años, al grito de “maricón”.

 

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