Entrevista a Rafaela López: «Los bebés y los niños necesitan sentirse seguros y cerca de sus padres para dormir tranquilos»

Las exigencias sociales y los mitos nos hacen forzar un comportamiento antinatural antes de tiempo. La realidad es que se puede lograr un equilibrio sin llantos, sin que nadie sufra

Rafaela López es madre de dos hijos que dormían poco (pero ya duermen) y autora del libro Dormir sin Llorar. También es codirectora y docente de la formación en sueño infantil para profesiones que se imparte desde el Centro de Estudios del Sueño Infantil.

Desde 2004 coordina la comunidad de madres con ojeras Dormir Sin Llorar, por la que han pasado miles de familias que compartían experiencias y trucos para dormir a sus hijos sin llantos. Además, es monitora de lactancia y analista clínico. En la actualidad, además, está acabando sus estudios de psicología.

A diario comparte su experiencia en la Tribu de Criar con Sentido Común, donde ayuda a las familias que desean mejorar su descanso y el de sus pequeños. Hoy hablamos con ella sobre la mejor manera de ayudar a nuestros hijos a dormir de forma respetuosa, mejorando así el descanso de toda la familia.

P: ¿Por qué decidiste profundizar en el sueño infantil?

R: Por necesidad. Hace 16 años nació mi primer hijo y no dormía… Me sentía cansada y terriblemente culpable porque era incapaz de seguir las directrices de moda de aquel momento que consistían en enseñarle a dormir dejándole llorar con una tabla de tiempos.

Las directrices de moda hace 16 años consistían en enseñar a los bebés a dormir dejándoles llorar

Se me ocurrió montar un foro para madres y padres que estuvieran pasando por mi situación y quisieran compartir sus trucos y estrategias sin llantos, así nació Dormir Sin Llorar en 2004, y desde entonces no he hecho otra cosa que acompañar a las familias y no dejar de aprender sobre este tema.

P: ¿Niños y adultos no duermen igual?

R: No, de hecho el sueño y las necesidades van cambiando durante toda la vida. Los bebés duermen de una forma, los adolescentes de otra, los adultos de otra y en la vejez también cambia, el sueño se vuelve más inestable y fragmentado de nuevo.

El sueño va cambiando durante toda la vida. Durante el primer año, el sueño del bebé madura y va adquiriendo progresivamente más fases hasta asemejarse a nuestra forma de dormir

Los bebés menores de un año duermen muy distinto de los adultos. Llegan al mundo con dos fases que se reflejan en las polisomnografías, en cambio los adultos tenemos cuatro. Durante el primer año, el sueño del bebé madura y va adquiriendo progresivamente más fases hasta asemejarse a nuestra forma de dormir.

P: ¿Cómo es el sueño de los bebés y los niños? ¿Es normal que los bebés y niños se despierten múltiples veces por la noche? ¿Por qué lo hacen?

R: Los despertares del primer año de los 0 a 8 meses aproximadamente, obedecen a esas cuestiones madurativas del sueño y a la programación instintiva del bebé, que lleva grabado a fuego asegurarse que alguien le cuida, día y noche.

El bebé tiene una programación instintiva, lleva grabado a fuego despertarse para asegurarse que alguien le cuida, día y noche

Más tarde, de los 8 meses en adelante, esta necesidad instintiva se vuelve más psicológica y es cuando el bebé y el niño se despiertan y conscientemente comprueban que sus padres están cerca. O sea, se trata de un hito biológico (maduración fases del sueño), psicológico (reconocerse seguro y atendido) y social (presión social sobre lo que es normal, horarios, etc.).

P: ¿Cómo podemos detectar una posible patología de sueño?

R: En cuanto a las patologías del sueño, nos podemos encontrar los desórdenes relacionados con la respiración, como es la apnea del sueño, cuyos signos serían: el ronquido (los niños no deben roncar), dormir con la boca abierta con una respiración dificultosa, y en niños más grandes múltiples despertares pidiendo agua (por la sequedad de boca) o incluso se les escapa el pis (si ya lo tenían controlado). Este trastorno en principio no es grave, pero es necesario que lo valore el pediatra y el especialista, generalmente el médico otorrinolaringólogo, ya que puede afectar al día a día, especialmente cuando se van haciendo más mayores.

Los terrores nocturnos y el sonambulismo son parasomnias benignas

En cuanto a las parasomnias, tenemos los terrores nocturnos y el sonambulismo, que están relacionados, ya que se dan en el momento del sueño profundo (al principio de la noche) y cursa el primero con gritos y el segundo con acciones o paseos estando dormidos. Cuando cesa el episodio, o a la mañana siguiente, no se recuerda nada. Ambos son benignos, la forma de actuar sería acompañar sin despertar al niño, y revisar que no se esté cansando mucho por el día, ya que el cansancio excesivo los puede propiciar.

El cansancio excesivo puede afectar al descanso nocturno

Las pesadillas en cambio se dan al final de la noche, y el niño es capaz de explicar que ha tenido un mal sueño. En este caso se recomienda consolar y tranquilizar al pequeño. Si son muy intensas y persistentes, conviene consultar a un profesional para que valore si algo le está produciendo ansiedad o estrés.

Si hay pesadillas muy intensas y persistentes, conviene consultar a un profesional para que valore si algo le está produciendo ansiedad o estrés

Otro desorden que puede afectar al sueño, concretamente a la conciliación, es el síndrome de las piernas inquietas, que se manifiesta con movimientos de estas cuando el niño se está intentando dormir, impidiendo que se relaje. Este trastorno tiene relación con niveles bajos de hierro, por lo que si se sospecha de ello es necesario consultarlo con el pediatra para que pueda valorarlo.

La hipersomnolencia debe ser valorada por un neurólogo

Y finalmente está la narcolepsia, que es un trastorno de hipersomnolencia que debe ser valorado por un neurólogo. Los signos son que el niño se queja de sueño por el día, está con poca energía y se queda dormido cuando baja la actividad.

P: Se dice que «todos» los niños deben dormir 10-12 horas diarias, pero en la práctica hay pequeños que duermen mucho menos. ¿Por qué se ha extendido la creencia de que todos los niños tienen que dormir unas horas determinadas? ¿Afectan nuestras exigencias culturales al sueño de nuestros hijos?

R: Lo cierto es que hay una variabilidad enorme de lo que pueden dormir los niños, y además cambia según la edad. Estas recomendaciones parten de la National Seep Foundation en la tabla que adjunto.

 

 

Como se puede ver, el rango es amplio, especialmente durante la infancia, porque las recomendaciones son generales, pero en este tema hay una gran variabilidad individual que, como bien apuntas, también está sometida a una exigencia cultural.

Hay una variabilidad enorme de lo que pueden dormir los niños, y además cambia según la edad

Ni siquiera hay consenso entre los distintos organismos, por su parte la American Academy of Sleep Medicine ofrece estas otras recomendaciones:

  • Bebés de 4 a 12 meses deben dormir de 12 a 16 horas diarias (incluidas siestas).
  • Bebés de 1 a 2 años deben dormir de 11 a 14 horas diarias (incluidas siestas).
  • Niños de 3 a 5 años deben dormir de 10 a 13 horas diarias (incluidas siestas).
  • Niños de 6 a 12 años deben dormir de 9 a 12 horas diarias.
  • Adolescentes de 13 a 18 años deben dormir de 8 a 9 horas diarias

La clave para saber si un niño está durmiendo lo que necesita es ver cómo pasa el día: si está contento, activo, come bien, juega, crece, aprende… está descansando bien

La clave para saber si un niño está durmiendo lo que necesita es ver cómo pasa el día, si está contento, activo, come bien, juega, crece, aprende… está descansando bien. Si un niño duerme menos de 10 horas diarias sería conveniente consultar con un especialista que valore el conjunto, a veces no duermen porque se les está haciendo dormir en unas condiciones que no toleran, incidiendo en su descanso.

A veces los niños no duermen porque se les está haciendo dormir en unas condiciones que no toleran, incidiendo en su descanso

P: Desde el método Estivill hasta los actuales estudios sobre métodos basados en «dejar llorar», ha habido todo un cambio de paradigma… ¿Puede tener efectos nocivos en la salud del niño dejarlo llorar?

R: Es una pregunta difícil de resolver empíricamente, ya que durante la vida de un sujeto hay tantas variables que es difícil demostrar que dejarle llorar le ha derivado en tal consecuencia no deseada. Pero sí que es cierto que hay un cambio de paradigma que se debate en foros científicos.

Se está redefiniendo el concepto de sueño saludable del bebé por parte de algunos especialistas

Por una parte el conocimiento más amplio que se tiene del sueño de los niños, junto con la colaboración de diferentes disciplinas como la psicología evolutiva, la antropología, la biología, etc. están aportando conocimientos y premisas que se están empezando a considerar, y se está redefiniendo el concepto de sueño saludable del bebé por parte de algunos especialistas.

Todavía hay mucha presión para que los bebés duerman solos toda la noche

Este cambio de paradigma también se ve en las familias, aunque todavía hay mucha presión para que duerman solos toda la noche y los métodos que están cayendo en desuso como el de dejar llorar del Método Estivill se están sustituyendo por otras aproximaciones que también fuerzan el sueño en solitario y hacen llorar a los bebés. Lo llaman “protestar” pero es llanto, se trata de un pseudo Método Estivill azucarado.

Las exigencias sociales y los mitos nos hacen forzar un comportamiento antinatural antes de tiempo. La realidad es que se puede lograr un equilibrio sin llantos, sin que nadie sufra

La clave está en comprender la biología y la psicología del sueño de los niños y ver como las exigencias sociales y los mitos nos hacen forzar un comportamiento antinatural antes de tiempo (por eso «protestan», por eso lloran). Y la realidad es que se puede lograr un equilibrio sin llantos, sin que nadie sufra.

P: Si dormimos con nuestros hijos, ¿los malacostumbramos?

R: ¿A qué? Si la familia es feliz durmiendo junto a sus hijos, no hay nada que decir. ¿A qué se pueden malacostumbrar? ¿A dormir felices y sentirse seguros? ¿Eso es malo? No van a dormir toda la vida con los padres, si es eso lo que les preocupa.

Si la familia es feliz durmiendo junto a sus hijos, no hay nada que decir. ¿A qué se pueden malacostumbrar? ¿A dormir felices y sentirse seguros? ¿Eso es malo?

P: ¿Qué ventajas tienen el colecho y el breast-sleeping? ¿Por qué pueden ser útiles para dormir mejor?

R: Los bebés y los niños necesitan sentirse seguros y cerca de sus padres para dormir tranquilos. El colecho, o al menos la cercanía, como dormir en la misma habitación, ayuda porque están más relajados y en el caso de que haya que atenderlos es sencillo porque están al lado.

Los bebés y los niños necesitan sentirse seguros y cerca de sus padres para dormir tranquilos

Y el breast-sleeping es especialmente útil mientras son lactantes porque se suma a las ya muchas ventajas de la lactancia la facilidad de alimentar en la noche y favorecer el sueño tanto de la madre como del bebé. La arquitectura del sueño de la madre que amamanta es diferente que la que no, ya que dormir junto al bebé y lactar aumenta el tiempo de sueño profundo, por lo que el descanso es más reparador.

Dormir junto al bebé y lactar aumenta el tiempo de sueño profundo, por lo que el descanso es más reparador

P: ¿Cómo podemos hacer, de forma respetuosa, la transición a su propia habitación y cuándo sabemos que ha llegado el momento?

R: Si se espera a que sea el propio niño el que abandona la cama familia, puede que nos pongamos allá sobre los siete años o más, ¡pero que no cunda el pánico! Se puede conseguir la transición mucho antes. Por ejemplo, si tiene un hermano es mucho más fácil, ya que a los niños no les gusta dormir solos, pero aceptan de buen grado la compañía de un hermano.

Se puede enseñar al niño a dormir solo sin presionarlo. La clave es establecer el objetivo y caminar hacia él con flexibilidad

También se le puede invitar a dormir en su propio espacio hablando con él, redecorando a su gusto su habitación y, lo más importante, sin presionarlo, ofreciéndole la oportunidad de volver a la habitación de los padres si lo necesita, o bien colocando una camita en su habitación para acompañarle alguna noche, al dormir o en algún despertar si lo pide. La clave es establecer el objetivo y caminar hacia él con flexibilidad.

 

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