Meltdown, Shutdown y Burnout: Tres consecuencias de la sobrecarga sensorial en el autismo

Los niños y niñas con TEA tiene un procesamiento sensorial diferente que les lleva a veces a verse superados en determinadas situaciones

Los niños y niñas con trastorno de espectro autista (TEA) experimentan los estímulos sensoriales externos e internos de una forma diferente. Cuando se sienten sobrecargados por estos estímulos pueden expresarlo de dos formas muy diferentes pero con una misma raíz: hablamos de meltdown y shutdown en el autismo. Dos formas de manifestar estrés sensorial.

Meltdown y shutdown en el autismo

“El meltdown y el shutdown hacen referencia a una sobrecarga sensorial que conlleva una manifestación conductual muy potente. La primera se externaliza y puede ser similar a una rabieta; y en la segunda el proceso es interiorizante“, resumen Jéssica Romero, nuestra terapeuta ocupacional pediátrica a la que podéis consultar en la Tribu CSC.

¿Qué es lo que ocasiona un meltdown en autismo? En el meltdown, se produce una explosión que en los niños pequeños con TEA pueden confundirse con una rabieta. Sin embargo, no hay intencionalidad alguna en esta reacción. Es una respuesta ante los estímulos que los peques no pueden controlar.

En cambio, un episodio de shutdown en el autismo tiene otros síntomas: el episodio puede pasar desapercibido puesto que el menor lo vive de forma interna pero lo expresa estando como ausente.

 

Meltdown y shutdown en el autismo

 

En definitiva, el meltdown y el shutdown son dos consecuencias antagónicas a un mismo proceso. El niño o niña se siente tan abrumado que colapsa. Existe un tercer término, el burnout.

Aunque tiende a confundirse con meltdown o shutdown, es un episodio aún más preocupante porque ese colapso se sostiene en el tiempo y requiere tratamiento psicológico. Es estrés crónico. Hay estudios en los que se considera el burnout autista como “una condición altamente debilitante”.

Este se caracteriza por “agotamiento, retraimiento, problemas en las funciones ejecutivas y, en general, funcionamiento reducido, con una mayor manifestación de rasgos autistas, y distinta de la depresión y el burnout no autista”, según Specialisterne, una organización social nacida en Dinamarca y con presencia en 25 países, dedicada a la inclusión laboral de personas con autismo y otros diagnósticos dentro de la neurodiversidad.

Un procesamiento sensorial diferente

Esto sucede porque las personas con trastorno del espectro autista procesan los estímulos sensoriales de forma distinta. Gracias a los sentidos los seres humanos vamos captando la información relevante de nuestro entorno y nuestro propio cuerpo para hacer uso de ella.

 

Meltdown y shutdown en el autismo

 

Sin embargo, los niños y niñas con TEA realizan ese proceso de forma diferente y eso puede dar lugar a situaciones de hipersensibilidad o hiposensibilidad (dificultad para identificar el dolor, por ejemplo). Los ruidos fuertes, las luces brillantes, los olores intensos, etc. son muy molestos para ellos y cuando se sobrecargan, tienen una crisis. Jéssica Romero explica:

“Una feria, música muy alta, un supermercado, petardos o un centro comercial lleno de gente… En el caso del meltdown el niño o niña se va sobrecargando hasta que explota y tiene una especie de rabieta (aunque sin la intencionalidad de una rabieta tal y como la entendemos) en el caso del meltdown. Y con el shutdown la reacción es interiorizante. La crisis es interior“.

El meltdown y el shutdown pueden darse en la misma persona: primero pierde el control, gritando y expresando su ira, sin poder contenerse conscientemente. Y luego, se bloquea, enmudece y se ausenta por un tiempo determinado.

El meltdown y el shutdown en niños altamente sensibles

Aunque el meltdown y el shutdown es muy frecuente en niños y niñas con autismo y con trastornos del neurodesarrollo, es una alteración que también puede producirse en menores altamente sensibles (NAS). El término PAS (personas altamente sensibles) hace referencia a personas que tienen una mayor sensibilidad y, por tanto, son más sensibles. Es decir, perciben el mundo de una forma mucho más intensa. Y esa capacidad de sentir hiperdesarrollada puede saturarles en algún momento. Otros menores, según Jéssica Romero, también pueden experimentar episodios de meltdown (sobretodo) y shutdown.

“El meltdown, sobre todo, puede afectar a niños altamente sensible e incluso a otros. El llanto desconsolado de los bebés lactantes, por ejemplo, en la ‘hora bruja’ puede ser consecuencia de recibir estímulos durante todo el día, y su manera de descargarse es así. En niños más mayores, pero con una regulación emocional más inmadura, también se puede presentar este problema; sobretodo si a esa sobrecarga se une, por ejemplo, no haber dormido bien”.

 

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Meltdown y shutdown: ¿Cómo les ayudamos?

Según nuestra experta, en el caso de niños con autismo o con otro trastorno similar lo ideal es que se una terapeuta ocupacional evalúe su nivel de sensibilidad a través de un perfil sensorial. Se trata de un instrumento estandarizado que determina los patrones de procesamiento sensorial del niño o niña en el contexto de su vida cotidiana. Esa información “ayuda mucho a conocerlo y a buscar estrategias para ayudarle a regular sus emociones en base a su perfil concreto”.

¿Cómo identificar la sobrecarga sensorial?

La mejor forma de evitar una sobrecarga sensorial es conocer al niño o a la niña y saber qué desencadena la sobrecarga sensorial en su caso concreto. Mediante la observación podemos aprender a detectar las señales de que el peque podría estar experimentando una sobrecarga sensorial (se tapa los oídos, evita ciertos lugares o acciones, cierra los ojos, se cubre la cara con las manos, llora, se aleja, se aisla, se queja de texturas o ruidos…).

¿Cómo trabajar lo sensorial en autismo?

Una vez identificadas las causas, podemos intentar alejarlo de estas situaciones o intentar modificar la situación. A veces no resulta posible hacer nada de esto, por lo que conviene trabajar con el niño o la niña para prepararles para lo que sucederá, anticiparles y proporcionarles herramientas de ayuda y gestión de la situación. Por ejemplo, podemos evitar acudir a fiestas donde se lanzan petardos, hablar con ellos para explicarles lo que va a suceder y/o proporcionarles unos tapones para los oídos o cascos musicales que les acompañen en estas situaciones.

 

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Y es que, como explica Jéssica Romero, una de las claves más importante para ayudar a estos niños que sufren un meltdown o un shutdown es “conocerlos bien” y saber a qué actividades y dónde podemos ir y qué situaciones hay que evitar: “Si andamos llevándolo y trayéndolo de un sitio a otro o tratamos de que participe en actividades pensadas para niños, puede que sea demasiada estimulación sensorial y acabe explotando con una de estas circunstancias.”

Como estrategia, además de evitar situaciones que puedan alterar a nuestro hijo, nuestra experta subraya que es importante tratar de proporcionarles mecanismos para rebajar esa tensión. Hay niños que se relajan con pelotas de goma antiestrés o manipulando objetos.

Si está muy estresado, mejor evitar situaciones que contribuyan a estresarlo aún más. “Y si vamos a una feria, fiesta o ambiente ruidoso podemos amortiguar ese sonido con un gorrito o unos cascos”.

En el colegio, por ejemplo, estos capítulos de meltdown y shutdown pueden ser más habituales porque es un entorno “de exigencia continua, demanda de atención y mucha sobrecarga”. Aquí también se puede recurrir a objetos para manipular, a que tengan libertad de movimiento, o incluso proporcionarles un cojín inflable para que, si están sentados, tengan movilidad. “Pero sobretodo conocer a nuestro hijo y entenderlo”, concluye Jéssica Romero.

 

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