La sanidad andaluza indemniza a los padres de un recién nacido fallecido con 190.000 euros “por seguimiento negligente del parto”

La madre avisó de sus síntomas y de antecedentes familiares sin ser escuchada

El Servicio Andaluz de Salud (SAS) ha emitido una resolución mediante la cual indemniza con 189.237 euros a los progenitores de un bebé por su fallecimiento en marzo de 2017, al día siguiente de nacer, por “seguimiento negligente del parto” en el Hospital Comarcal Infanta Margarita de Cabra (Córdoba).

Así lo recoge la resolución emitida en septiembre de 2022 por el SAS, que recoge Europa Press y que se hace efectiva ahora, 6 años después del fallecimiento del bebé.

¿Violencia obstétrica?

La resolución del Servicio Andaluz de Salud incluye, además, una disculpa del SAS, al considerar que “existe un nexo casual entre la prestación asistencial dispensada y el fallecimiento del menor”, siendo este un “hecho que este organismo lamenta profundamente, procediendo a indemnizar a los reclamantes en la cuantía que les corresponde en proporción al daño ocasionado“.

189.237 euros. Es la cuantía en la que el SAS ha estimado el valor de la vida del pequeño y el daño causado a sus padres como consecuencia de la actuación negligente de uno de sus equipos médicos. Una indemnización que además llega 6 años después de la muerte del bebé.

Aunque la resolución del SAS califica de “negligente” el seguimiento de su parto, la madre del recién nacido fallecido avisó al equipo médico del Hospital de Cabra de que podría estar sufriendo un desprendimiento de placenta, “y nos lo negaban de forma prepotente”.

En una entrevista que concedida al diario El Mundo, la madre cuenta la dramática experiencia y explica que aunque tuvo un embarazo perfecto, su hijo nació prácticamente muerto. Ella avisó de los síntomas que estaba experimentando, y alertó de un antecedente familiar que podría estar repitiéndose, pero no la escucharon. Peor aún, la ningunearon y trataron con despotismo.

Posteriormente, cuando perdió al bebé, el centro les asignó un especialista en salud mental para que asistiera a los progenitores en su duelo pero “el psicólogo intentó convencernos de que no denunciáramos”.

“Las matronas se negaron a escucharme, decían que exageraba y mi bebé murió al nacer”

El abogado de los padres del bebé fallecido, Carlos Sardinero García, perteneciente a los Servicios Jurídicos de la Asociación ‘El Defensor del Paciente’, ha señalado en una nota de prensa que fue el 7 de marzo de 2017 cuando “la gestante, de 32 años, con embarazo a término que transcurrió con total normalidad y sin incidencias, acudió al Hospital Comarcal Infanta Margarita de Cabra tras constatar la rotura del saco amniótico y tener contracciones”.

Con 39 semanas y 5 días de embarazo, la madre ingresó para dar a luz en el hospital público de Cabra:

Había roto aguas y empezado a sangrar, de lo que informé al ingresar. Me dijeron que era normal, porque estaba siendo afectado el cuello del útero. Me llevaron a planta para que dilatara, y tras 4 horas de contracciones y dolores, y de vomitar 3 veces, seguía sangrando, mucho. Me tuvieron que tirar las bragas, de hecho. Mi marido les dijo varias veces el antecedente de desprendimiento de placenta, pero insistían en que aquello era normal, relata en primera persona en la entrevista.

El desprendimiento de placenta se produce cuando la placenta se separa de las paredes del útero antes de la expulsión del bebé en el parto. Se trata de una complicación grave del parto que pone en peligro la vida del bebé. Sus síntomas más frecuentes son dolor y sangrado vaginal de color oscuro.

El desprendimiento de placenta afecta al órgano que aporta oxígeno al bebé, pudiendo ocasionar sufrimiento fetal leve, grave o incluso la muerte si el desprendimiento es muy severo. En caso de desprendimiento de placenta, se debe extraer al bebé de forma inmediata, ya sea por parto vaginal si el trabajo de parto ya está avanzado, o por cesárea urgente. Pero no se actuó así en este caso.

El letrado de la familia incide en que su representada “refirió sangrado por vía vaginal desde la rotura del saco amniótico. No obstante, dicha situación fue pasada por alto por los facultativos, que, incluso tras las reiteradas quejas y solicitudes de la gestante y sus familiares, para que el sangrado fuera advertido y examinado, no indicaron prueba alguna para conocer si el bienestar fetal estaba comprometido. Esta situación, lamentablemente, continuó produciéndose en las horas anteriores al parto”.

Le decían a la madre que exageraba y que ellos “sabían muy bien lo que hacían”

A pesar de avisar varias veces, tanto ella como su marido, e incluso su propia madre, la abuela del niño, “le respondieron de forma completamente despótica, que ella podía haber tenido 6 partos, pero que ellos habían hecho 500 y sabían muy bien lo que hacían”.

Al quejarse de los dolores, le pusieron un calmante intramuscular en la espalda. “Eran un opiáceo y un neuroléptico que pueden tener efectos en el feto, pero no nos informaron”, según relata la madre.

Según su relato de los hechos, cuando por fin decidieron llevarla al paritorio le pidieron que fuese caminando hasta allí, a pesar de que en el camino tuvo que detenerse 3 veces dejando un reguero de sangre.

Según la madre del bebé fallecido, al monitorizarla, el ritmo cardiaco del bebé había bajado drásticamente, pero lo atribuyeron a fallos en los cables. Al volver a conectar los cables, se constató que el latido fetal estaba desacelerado. Entonces les anunciaron que iban a hacerle una cesárea porque había sufrimiento en el feto.

Según su abogado, durante el ingreso y el parto, “la gestante fue monitorizada en escasas ocasiones” pero

“en aquellos momentos en los que sí fue monitorizada se registraron deceleraciones prolongadas y profundas de repetición, lo que evidenciaba pérdida de bienestar fetal. Sin embargo, a pesar de estos preocupantes datos, la paciente no fue explorada hasta horas después, cuando, finalmente, y tras una nueva desaceleración, se decidió realizar una cesárea urgente.

Para los reclamantes, y según ha reconocido después el SAS en su resolución,

la indicación de la cesárea fue tardía, pues en el preciso momento en que se percataron de las alteraciones en el bienestar del feto es cuando debería haberse prescrito. No obstante, la falta de vigilancia de los facultativos propició que se tardara más de 20 minutos en tomar la decisión. Así pues, desde que se manifestaron signos de pérdida de bienestar fetal, hasta que se extrajo al feto, transcurrieron 52 minutos“.

El hospital al que fue trasladado el bebé informó de sufrimiento fetal por desprendimiento de placenta severo, pero el hospital donde nació se lo negaba

Según la madre, lo sacaron cuando llevaba casi una hora de sufrimiento fetal. “El niño no lloró y se lo llevaron corriendo, sin que siquiera pudiera verloporque ella estuvo 5 horas en reanimación preguntando por su bebé, “y no me dijeron nada”.

Eran ya las nueve de la noche cuando, al pasar a la madre a planta, les dijeron que el niño había sufrido una falta de oxígeno severa y que le habían trasladado a Córdoba, pero les reiteraron que no ha habido ningún desprendimiento de placenta.

El pequeño recuperó latido a los 20 minutos y lo trasladaron al Hospital de Córdoba donde le informaron que ingresó prácticamente muerto, sin actividad neurológica, fruto de “un desprendimiento de placenta severo y de largo tiempo”. El pequeño no pudo superar la crítica situación y falleció al día siguiente de su ingreso, horas después de nacer. Pero el hospital de Cabra, donde dio a luz, en ningún momento reconoció su error.

El psicólogo asignado por el hospital trató de convencerles para no denunciar al centro

Los padres del pequeño pidieron explicaciones al hospital de Cabra, donde no solamente les siguen negando el asunto de la placenta y siguieron sin reconocer su error, sino que, de hecho, mandaron a los padres a terapia psicológica con un profesional que, “de la hora y media que estuvimos con él, estuvo una hora tratando de convencernos, increíblemente, de que no presentáramos denuncia”.

“Ahí, resulta que una hora de la hora y media de terapia consiste en insistirnos en que la ciencia no es una cosa exacta, y que a veces se cometen errores, y que estas cosas pasan y no es culpa de nadie. Nos fuimos de allí y no volvimos a la atención psicológica, relata la madre al diario El Mundo.

Los padres del bebé fallecido pidieron también su historia clínica, “pero estaba prácticamente sin rellenar. Es más, es que desde que entré en el hospital, las 13 horas que estuve en planta, estuve sangrado, y eso ni siquiera aparece en la historia clínica. Es como si no hubiera pasado”, narra la madre, atendida en la reclamación por el abogado Carlos Sardinero, en representación de la Asociación del Defensor del Paciente.

Según la representación de la familia, el resultado de lo que, según lo ha definido el propio SAS en su resolución fue considerado como un “seguimiento negligente del parto”, es que el feto

nació en parada cardiorrespiratoria secundaria a una bradicardia fetal y a un desprendimiento de placenta. Tras 20 minutos de reanimación, recuperó el latido cardíaco, indicándose su traslado al Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, donde falleció al día siguiente por fallo multiorgánico derivado de hipoxia severa“.

Ahora, casi 6 años después, el SAS indemniza a los padres por la muerte del bebé, reconociendo su responsabilidad en ello.

Un bebé sano que acabó en el cementerio

Finalmente el Servicio de Salud Andaluz reconoció su error e indemnizó a los padres, evitando así ir a los tribunales. Los padres del pequeño inciden en que “no queremos que se entienda que esto se hace por dinero” sino para “que se sepa lo que sufrimos, para que no le suceda a otras personas”.

“Naciste para ser nuestro bebé, pero al final te tenemos como angelito”, reza la lápida en la tumba del pequeño, en el camposanto de Lucena, en Córdoba. Una tumba donde los ramos de flores y las coronas son renovadas cada pocas semanas como señal de amor hacia un bebé sano que debería estar en brazos de su madre, quien en cambio lo visita ahora en el cementerio.

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