Los 10 errores más frecuentes que cometen los padres separados

Sin que esa sea su voluntad, los progenitores separados pueden generar traumas con consecuencias futuras en sus hijos a través de sus conductas

Ante la ruptura de la pareja, los adultos deben velar sobre todo por el bienestar de los hijos. Sin embargo, los terapeutas familiares señalan errores frecuentes que los progenitores separados cometen cuyas principales víctimas son los niños.

Según el Instituto Nacional de Estadística, cada año se separan más de 100.000 parejas en España. Casi la mitad de esas parejas tienen hijos menores de edad. Como enfatiza la Asociación Española de Pediatría, «los padres separados deben velar ante todo por el bienestar de sus hijos». Entre otras medidas, estos expertos destacan la importancia de «ofrecerles la máxima estabilidad y seguridad, conservando en la medida de lo posible sus rutinas y manteniendo la casa y las relaciones sociales como puntos de referencia permanentes cuando todo cambia».

¿Traumatizaré a mi hijo si me separo?

Muchos progenitores al borde de la separación manifiestan este temor y se hacen esta pregunta, y la respuesta es sencilla: depende de cómo te separes. Aunque una separación siempre es compleja y dolorosa para toda la familia, no es el divorcio per se el que puede hacer daño a los hijos-as, sino el cómo los adultos afrontar el proceso y cómo se lo transmiten a los niños-as.

Las parejas separadas con hijos-as menores han de relacionarse con sus exs hasta que sus hijos-as sean adultos independientes. Es decir, muchísimos años. Así que lo mejor será llevarse bien. Lo contrario podría llevarles a una vida llena de tensiones, amenazas, chantajes emocionales, denuncias cruzadas y malestar psicológico que desgastará su vida y la de sus hijos-as.

 

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El principio del proceso es la parte más complicada y también es cuando la herida está abierta. Es cuando más ayuda y soporte de los profesionales van a necesitar los miembros de la familia. Un buen asesoramiento jurídico y psicológico, e incluso una mediación al comienzo, puede ayudar mucho todo el proceso. En la Tribu CSC cuentas con expertos en psicología, leyes y educación respetuosa que pueden ayudarte y asesorarte online. Y es que, una vez pasado el primer «trámite», quedan pequeñas «trampas» del día a día en las que es muy fácil caer

Los 10 errores de los padres separados más frecuentes

A continuación enumeramos 10 de los errores más frecuentes e importantes que cometen las parejas separadas y que afectan directamente al bienestar de sus hijos-as, así como consejos para evitarlos.

1. No hablar con los niños o explicarles las cosas del modo equivocado

La comunicación con los hijos-as es fundamental para su bienestar emocional y, ante una separación, adquiere una importancia vital ya que de esta manera estamos facilitando que los menores comprendan lo que está sucediendo y comiencen el trabajo de aceptación.

También es primordial la escucha. Ricardo Jarast, psiquiatra y psicoanalista, miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, lo explica así: «Si hay ruptura habrá dolor y síntomas, llantos, alteración de conducta. Por eso, es mejor que los niños se expresen, hablen y no que queden callados». Asimismo, en el proceso de duelo, es muy posible que los peques necesiten hablar de ello en varias ocasiones más adelante.

 

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En cuanto a cuándo y cómo contarles lo que está sucediendo, es mejor hablar de la separación antes de que suceda y, sobre todo, en los términos correctos, concretos y sencillos, de forma que ellos-as lo entiendan. El relato debe ser acorde con la edad de los niños-as. También es importante hacerlo juntos presentando ambos una misma versión (acordada previamente de forma conjunta) sin fisuras ni contradicciones.

Dar versiones diferentes a los hijos puede hacerles sentir en la obligación de elegir a quién prefieren creer y a quién culpabilizar, todo lo cual es nefasto para su bienestar emocional. Los niños y niñas no deberían tener que posicionarse nunca. Es muchísimo mejor para su desarrollo y bienestar transmitirles la idea de que la familia no se rompe: se transforma.

2. Hablar mal al niño/a del otro progenitor 

Este es uno de los errores que los padres separados cometen con sus hijos. Es muy frecuente que personas separadas hablen mal de sus exparejas con sus hijos para «ganarse» a los niños. Esto puede hacerse de manera abierta o con sutileza, exagerando motivos de discordia o de la peor de todas las maneras: haciendo que el niño o la niña dude de que el otro progenitor le quiere de verdad.

Frases como «tu padre qué sabrá, si nunca tiene tiempo para ti» o «a tu madre solo le importa ella misma» generan en el niño o la niña inseguridad, angustia y ansiedad. La especialista detalla que los menores necesitan la seguridad y el cariño incondicional de sus progenitores.

Las personas adultas debemos tener la madurez suficiente separar nuestra relación afectiva con el padre o la madre de nuestros-as hijos-as, de la paterno filial entre nuestros-as hijos-as y nuestro-a ex. Los niños y niñas deben quedar al margen de nuestros reproches porque no los van a entender y solo conseguiremos dañarlos de manera gratuita.

 

 

En ocasiones lo hacemos sin darnos cuenta. Estamos dolidos y es fácil caer en la crítica, incluso cuando creemos que nuestros-as hijos-as no nos oyen. No debemos olvidar que nuestro-a ex sigue siendo su padre o su madre y nuestra crítica va a dañar a nuestros-as hijos, incluso aunque a corto plazo parezca que no es así. Tampoco deberíamos permitir que nuestro entorno critique a nuestro delante de los niños. 

3. Usar a los hijos como «espías» 

En ocasiones, para una de las partes la separación es sorpresiva o resulta inasumible. Nos faltan respuestas o sufrimos por la ausencia de nuestra ex pareja en nuestra vida. Así, la curiosidad por saber cosas de la vida actual de la otra persona o la necesidad de «comparar» su sufrimiento con el nuestro, nos puede llevar a cometer el error de usar a los-as hijos-as como «informantes».

Esto puede suceder de dos maneras: aleccionando a los pequeños para que averigüen cosas, o interrogándoles cuando llegan de casa del otro progenitor. No solo es aconsejable evitar ambas acciones, sino que debemos restar importancia cuando el niño o la niña cuente, por iniciativa propia, sucesos del ámbito privado de la otra casa, y explicarle que no lo debe hacer.

Es importante que aprendamos a gestionar nuestras propias emociones, identificar lo que nos hace sentir la separación y buscar apoyo en otros adultos o en un profesional. Pero, en cualquier caso, debemos evitar volcar todo esto en nuestros hijos y no caer en los errores más comunes de los padres cuando se divorcian.

 

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Lo correcto sería esperar a que nuestro hijo-a nos explique lo que le apetezca de lo que ha hecho durante esos días con el otro progenitor, a su ritmo y sin entrometernos en su discurso. Tampoco está mal que les demostremos interés preguntando, de forma general y sin caer en el interrogatorio: «¿Te lo has pasado bien?», pero sin añadir juicios de valor sobre el otro progenitor (como “vaya, ahora va al cine y antes no quería ni pisarlo”) ni emitir reproches hacia el niño o la niña (del tipo «¡vaya, conmigo nunca quieres ir al cine!»).

4. Usar al niño de mensajero

De la misma forma que no debemos convertirlos en espías, tampoco debemos usar a nuestros-as hijos-as como mensajeros. Algunos ejemplos de ello son: “Dile a tu padre que la próxima vez que quiera….”, “Dile a tu madre que me de ropa porque no tengo nada que ponerte”, “Dile a tu padre que tu hora de llegada es a las 20h y no a las 20,15h”, «Dile a tu madre que no te dé tantos dulces», etc.

Debemos ser sensatos, asumir nuestra responsabilidad como adultos y hablar directamente entre nosotros. Además, hoy en día lo tenemos fácil con el correo electrónico y el whatsapp. No es justo hacerles partícipes de nuestras discrepancias.

 

 

5. Criticar la forma de hacer las cosas del otro progenitor o discutir delante de los hijos-as

«Seguro que tu padre no hace los deberes contigo», «Como tu madre te lo permite todo…», «A saber qué comes cuando estás en casa de tu padre», «Seguro que tu madre te acuesta tardísimo», etc. Criticar las decisiones, el estilo de vida o la forma de educar del otro progenitor con nuestros-as hijos-as solo sirve para menoscabar su confianza y respeto tanto en el progenitor atacado, como en nosotros mismos que, a la larga, veremos como se nos vuelve en contra la situación, ya que desautorizar al otro adulto solo genera en el pequeño confusión e inseguridad y hace que acabe perdiendo el respeto a ambos.

Hay que respetar que cada progenitor tenga un estilo de vida y unas costumbres diferentes. En realidad, esto es algo que también sucede cuando vivimos juntos, ya que a veces las opiniones son diferentes, uno tiene más paciencia que otro o se le dan mejor unas cosas y al otro, otras, etc. Esto no es necesariamente malo, ya que puede incluso ser complementario y enriquecedor.

 

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Lo ideal sería estar de acuerdo en las cosas básicas de la crianza y educación de nuestros-as hijos-as y, en caso de haber desacuerdo, saber llegar a un consenso conversando de forma madura y serena entre las partes, respetando la opinión de cada uno. Y si no se consiguiera, se puede recurrir a servicios de mediación.

«Es importante no cuestionar las decisiones del otro cónyuge delante del niño», destaca la Sociedad Española de Psiquiatría Infantil. «Tras la ruptura, cuantas más evidencias tengan los hijos de un comportamiento adulto por parte de sus padres, mayores serán las posibilidades de disminuir el dolor«. Por ello, con el objetivo de preservar el bienestar de los menores, los desacuerdos se deben hablar y resolver entre los adultos, sin que el niño esté presente.

Por supuesto, discutir delante de los-as niños-as es algo que no debería suceder ni siquiera aunque viviésemos juntos, ya que ocasiona gran malestar, ansiedad y estrés a los menores. Las desavenencias de los adultos deben ser tratadas con los adultos como únicos testigos. Y si la discusión se ha dado delante de ellos, sería muy beneficioso que presenciaran también el acuerdo. Así les ofreceremos un modelo sano de resolución de conflictos. No debemos olvidar que somos su ejemplo a seguir.

6. Intentar que sea más nuestro que suyo o que elija entre ambos progenitores

Nuestro propio sentimiento de inseguridad, el resentimiento hacia el otro progenitor, nuestra falta de confianza hacia él/ella, los celos o incluso el temor a perder a nuestros-as hijos-as puede llevarnos a intentar acaparar toda su atención, cariño, tiempo y espacio.

Asumir que no solo nosotros somos necesarios y que ambos progenitores son necesarios para aportar cosas positivas al desarrollo del menor, es de suma importancia para su estabilidad emocional. Ambos progenitores tienen derecho a formar parte de la educación y el desarrollo integral del niño o la niña. El/la hijo-a no es más de uno que de otro. Los cónyuges se separan entre sí, pero no se divorcian de los hijos.

 

 

Que el menor quiera al padre no significa que tenga que querer menos a la madre, ni al revés. El amor hacia los padres no es inversamente proporcional. Los niños y niñas pueden querernos a los dos y no tienen que elegir ni sentir que les obligamos a ello.

Es bueno que los peques tengan tiempo y espacio para disfrutar de ambos progenitores en ambas casas, sin sentirse culpables por ello. Querer a sus dos progenitores es lo más saludable y no significa, para nada, traicionar a ninguno de ellos.

7. Querer controlar lo que sucede en la otra casa en todo momento

Los menores merecen disfrutar del tiempo con cada progenitor sin interferencias que generen angustia y malestar. Es decir, sin que la otra parte esté intentando controlar todo el tiempo lo que el otro hace con nuestro hijo o querer saber qué sucede en cada momento cuando nuestros-as hijos-as no están con nosotros.

Llamar a todas horas cuando está en casa del otro, mandar mensajes por whatsapp a cada momento, opinar sobre lo que están haciendo o manifestar malestar a nuestros hijos por lo que acontece en la otra casa hace que los menores se sientan estresados, hipervigilantes, sin poder disfrutar y culpables por estar bien con el otro progenitor, son algunos de los resultados de este comportamiento.

 

 

No somos mejores padres/madres por estar llamando constantemente y preguntando cómo está y qué hace, ni por decirles a cada momento que les echamos mucho de menos y estamos deseando verles… ¿La necesidad de llamar la tienen ellos o nosotros? ¿Por qué no podemos dejarlos tranquilos en su otra vida? ¿Es realmente preocupación por su bienestar o por el nuestro?

Somos mejores padres/madres cuando respetamos, cuando gestionamos nuestras propias emociones para que estas no afecten al bienestar de nuestros-as hijos-as y cuando les damos la libertad de ser ellos mismos y disfrutar, aunque nos cueste soltar rienda, porque es lo que nos toca. A partir de ahora nuestros hijos van a tener otra vida en la que nosotros no vamos a estar y, aunque cuesta mucho aceptar esto, por su bienestar y el nuestro propio, es mejor trabajar para asumirlo cuanto antes.

8. Hablar de dinero con nuestros hijos

Quién paga la ropa, el colegio o las extraescolares; si nuestro-a ex nos pasa o no la pensión, etc. Son temas de adultos, no de niños. No debemos hablar con ellos sobre este tema. Debe mantenerse al margen de las cuestiones económicas a los-as hijos-as. 

 

 

9. Criticar a la pareja de nuestro ex

A veces, especialmente cuando las heridas no están sanadas, cuesta mucho asimilar que nuestro-a ex rehaga su vida y, sobre todo, cuesta dejar a nuestros hijos en unas manos que no conocemos de nada. En estas ocasiones, es fácil caer en la crítica.

En otras ocasiones sucede que nuestros peques nos dicen “es que la novia de papá me ha regañado porque…” o «el novio de mamá me ha dicho que…» y de repente saltamos como un muelle y contestamos «¡pero quién se ha creído ese/esa que es para decirte nada…» o algo por el estilo. Y ya está, ya hemos caído en otro de los errores más frecuentes de los padres separados.

 

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Nuestro-a hijo-a tiene que aprender a convivir con ese novio o novia y puede que le cueste un poco, sobre todo al principio, así que no se lo pongamos más difícil echando leña al fuego. Si queremos lo mejor para ellos, debemos ayudarles a aceptar la nueva situación: que mamá y papá ya no están juntos y que fulanita o menganito van a formar parte de su vida a partir de ahora. Aunque a veces nos cueste aceptarlo hasta a nosotros-as mismos-as.

10. Recompensar las necesidades de los niños con objetos materiales

A menudo, padres y madres separados intentan compensar el malestar ocasionado por la separación o ganarse el cariño de los peques con la compra de objetos materiales. El resultado es que, sin darse cuenta, las personas adultas acaban por dar un pésimo ejemplo a los pequeños, que además de estar siendo educados en un consumo materialista e irresponsable, pueden empezar a recurrir a frases como: «Mamá/papá sí me lo compra».

Esta actitud además, puede hacer que nuestros hijos se hagan imposibles de contentar. Los progenitores separados debemos dar a los niños lo que necesitan, pero sin excedernos. Por ejemplo, es algo positivo que los peques tengan juguetes, cuentos y ropa que les gusta en ambas casas, para que no se sientan»niños maleta» (acarreando sus cosas de una casa a otra sin acabar de tener un espacio propio), pero esto no significa que tengamos que sobrerregalar sin motivo ni concederles todos sus caprichos.

 

 

Tampoco es conveniente hacer de «escudo» o intermediario

Igual de perjudicial para los-as hijos-as que «malmeter» contra uno de los progenitores, es intentar servir de «coartada» o excusar a los progenitores que se relajan de sus funciones.

Si un peque quiere saber por qué su padre/madre no va a verle, o no asiste a su cumpleaños, no acude a su función escolar o no se presenta el fin de semana pactado o en vacaciones, por ejemplo; debemos facilitarles los medios para que se puedan comunicar directamente con él/ella y preguntárselo ellos-as mismo-as.

«Aunque nos duela, es importante que conozcan todas las caras de sus padres/madres. Si no, es fácil que se atribuyan la causa de que no quieran verles, y sientan que no son válidos y suficientes para ellos», señala la psicóloga Mamen Bueno, miembro del equipo de especialistas de CSC. 

 

 

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