El ahogamiento secundario o seco no existe

Cada año nos asustan avisando de algo que no existe

Como cada verano, empiezan a circular los bulos sobre los casos de ahogamiento secundario o ahogamiento seco. Habitualmente se cuenta la historia de un niño que tras varias horas, incluso días, de haber pasado un rato en el agua, fallece bruscamente por un problema respiratorio.

Atribuir esta muerte a un ahogamiento secundario o a un ahogamiento seco es muy propio de medios de comunicación mal informados, pero que pueden generar gran alarma en la población porque son noticias que a menudo se hacen virales, siendo términos médicamente incorrectos.

Tan incorrectos y desafortunados como el famoso corte de digestión que te da si te bañas sin dejar pasar 2 horas después de comer, que en realidad no te da; que es solo un cuento chino que corrió y se hizo tradición, y que (curiosamente) iba muy bien a nuestros padres para que los dejáramos dormir la siesta.

Por qué no existe el ahogamiento seco o ahogamiento secundario

De la misma manera, no existe el ahogamiento secundario. Si el niño ha salido del agua tosiendo porque se le fue un poco de agua por las vías respiratorias mientras jugaba y reía en la piscina, no va a dejar de respirar bruscamente tres horas más tarde, ni dos días después.

No le va a dar un ahogamiento secundario. Tampoco si le hacen una ahogadilla. Ni siquiera si lo tienes que sacar por los pies porque se cayó al agua mientras gateaba a toda velocidad y cuando salió lloraba con la cara desencajada por el susto.

Solo se puede producir el fallecimiento varias horas o días después de un episodio de ahogamiento cuando el niño ha tenido que ser reanimado tras sacarlo del agua porque al salir no respiraba. Porque después de una reanimación se pueden producir complicaciones.

Pero vamos a explicarlo mejor, porque para entenderlo hay que ver lo que sucede cuando se produce un ahogamiento.

¿Cómo se produce el ahogamiento?

Cuando una persona sumergida en el agua no puede salir, entra en pánico. Contiene la respiración hasta el máximo de sus posibilidades y entonces pueden pasar dos cosas. El sujeto respira y el agua entra a los pulmones (lo que antiguamente se llamaba ahogamiento húmedo) o la glotis se cierra para no dejar pasar el agua (antiguamente, ahogamiento seco).

 

 

En ambos casos lo que sucede es que falla el suministro de oxígeno al pulmón y se produce una asfixia, que es la falta de oxígeno a todo el organismo. Si la asfixia es prolongada, la falta de oxígeno en el cerebro desencadena una pérdida de consciencia y si no se resuelve pronto se produce la muerte.

Si el niño es rescatado cuando el agua ha entrado a los pulmones pero aún no ha perdido la consciencia, toserá para eliminar el agua, como cuando se ahogan con un alimento o un objeto pequeño. En este momento todo lo que tenemos que hacer es animarlo a toser y observar. Si la tos se hace inefectiva o el niño pierde la consciencia, debemos actuar, pero nunca hay que interrumpir al niño que está tosiendo. Darle golpes en la espalda, colgarlo por los pies o apretarle la barriga para que eche el agua no es necesario ni útil y puede ser contraproducente.

Cómo actuar si el niño pierde la conciencia

Si cuando sacamos al niño del agua está inconsciente o la tos es muy débil, tampoco hay que intentar que eche el agua. Hay que iniciar las maniobras de reanimación inmediatamente. Lo ideal en estos casos es que la reanimación la realice un socorrista o persona experta, pero si no hay nadie experto cerca SIEMPRE es mejor hacer algo que quedarnos con los brazos cruzados. Los riesgos de hacer algo mal son mínimos, si los comparamos con el riesgo de no hacer nada.

Si tienes niños, es conveniente hacer algún curso de RCP básica, pero de forma muy resumida la reanimación del niño ahogado requiere seguir los siguientes pasos:

  • Colocar al niño tumbado sobre la espalda tras sacarlo del agua.
  • Traccionar de la mandíbula para colocar la cabeza en posición de olfateo (el gesto que hacemos al echar la cabeza atrás para olfatear).
  • Hacer 5 insuflaciones boca a boca de rescate.
  • Hacer ciclos de 15 compresiones torácicas (al ritmo de “La Macarena” o “Stayin’Alive») seguidas de 2 insuflaciones en la boca de forma ininterrumpida al menos 1 minuto.
  • Avisar al 112 (pronuncia uno-uno-dos , para que incluso un niño pequeño pueda llamar).
  • Continuar la reanimación 15 compresiones / 2 insuflaciones hasta que el niño recupere la consciencia (se mueva, respire o tosa) o hasta que llegue la ayuda.

Si el niño ha tenido que ser reanimado, debe ser trasladado a un hospital donde estará en observación hasta que se recupere completamente.

 

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Es decir, si ha tosido al salir del agua y la tos desaparece completamente  en cuanto se recupera, no hay que hacer nada más. Pero si la tos persiste más allá de unos minutos, hay que acudir a un hospital. En estos casos puede suceder que hayan quedado restos de agua en las vías respiratorias y entonces es conveniente que el niño permanezca en observación para comprobar que no se presentan complicaciones.

Seguro que esta información os da un poco de tranquilidad, que muchas madres y padre temblaban al ver toser a sus hijos al salir de la piscina. Pero no os fiéis. El verano es para disfrutarlo. No lo eches a perder por un despiste. A los niños no se los puede perder de vista cuando están cerca del agua. Un descuido puede desencadenar la tragedia.

 

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