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Cómo enseñar a los niños a que disfruten con prudencia en el agua

Recomendaciones y trucos para que nuestros hijos se familiaricen y disfruten del agua con prudencia

Muchos padres comparten la misma preocupación: a sus pequeños les da miedo el agua o bien sucede todo lo contrario, resultan ser demasiado temerarios dentro de ella. Ambas actitudes son normales tratándose de niños pequeños. Lo que a algunos les divierte y estimula, a otros les causa pavor.

Lo ideal es conseguir que los niños tengan una relación de respeto y confianza con el medio acuático. El objetivo es que los niños se acerquen al agua desde que son bebés o muy pequeños, sin miedo pero de forma segura y controlada. ¡Conseguirlo es más fácil de lo que parece!

Entre los 0 y los 36 meses, la edad clave para familiarizarse con el agua

El agua tiene muchísimos beneficios físicos, emocionales y cognitivos para los bebés y los niños pequeños. El movimiento en el agua potencia los tres ejes: vertical, horizontal y transversal (este último no es posible conseguirlo en tierra firme). Por ello, el medio acuático potencia el sentido del equilibrio y la orientación en el espacio.

Desde el nacimiento y hasta los 3 años es cuando más incidencia debemos hacer para familiarizar al pequeño con el agua y conseguir que su relación con ella sea placentera. Durante su primera infancia, los niños están descubriendo su entorno. Si sus primeras experiencias son positivas, ¡tendremos hecho prácticamente la mitad del camino!

Es fundamental que los padres supervisen y acompañen a sus hijos durante sus primeros baños y chapoteos. Así conseguimos estrechar la complicidad y el vínculo con ellos, fomentar el contacto positivo con el medio acuático y el bienestar del niño en el agua.

 

 

Además, cuando son muy pequeños no podemos dejarles solos en el agua ni un segundo. Un par de centímetros de agua son más que suficientes para causar accidentes con fatales consecuencias. En el mejor de los casos, un buen susto puede condicionar toda la futura actitud del niño frente al agua, incluso en la edad adulta.

El baño en casa, el mejor centro de aprendizaje

Los ejercicios para el baño diario en casa que fomentan el contacto positivo con este medio hacen que la experiencia de los peques con el agua sea divertida y relajante desde el primer momento.

Diferenciar la prudencia del miedo (que en los bebés y niños más pequeños es bastante evidente, ya que se manifiesta en forma de llanto fuerte e insistente y fuertes pataleos) y no forzarles nunca, son dos pilares para que confíen en nosotros. Cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje que los adultos debemos respetar. Los hay muy confiados y también muy prudentes. Ambas actitudes son perfectamente normales y revelan mucho de la personalidad de nuestros hijos.

 

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También debemos distinguir entre el baño higiénico y relajante, y el baño estimulante. Ambos son importantes para que el pequeño establezca una relación positiva con el agua, pero en tanto el primero es tranquilo y promueve el relax del niño; el segundo se basa en juegos y ejercicios para potenciar la actividad acuática.

Jugar con los pequeños a chapotear y hacer burbujas en la bañera o enseñarles a respirar correctamente, pidiéndoles que cojan aire por la nariz y lo expulsen por la boca; son ejercicios básicos de prenatación que les vendrán muy bien posteriormente, cuando tomen sus primeras clases.

 

 

Para ellos será un juego, pero estarán practicando una respiración fundamental para aprender a nadar. Un poco más tarde, cuando dominen la técnica, les podemos enseñar a meter la cabeza bajo el agua. ¡Y todo esto sin salir de casa!

En la piscina: perder el miedo al agua

A partir de los 3-4 meses los bebés pueden bañarse en la piscina. Y a partir de los 6, comienzan a perder los reflejos al agua con los que nacen. Por eso es recomendable que su primer contacto con la piscina sea justo en este periodo intermedio. Si el pequeño tiene más de 4 meses, su sistema inmunológico ya se habrá fortalecido bastante, por lo que consultando siempre a su pediatra podemos aprovechar para familiarizarles con una piscina.

Pero paso a paso… Tras la bañera, el siguiente paso lógico es enseñar a los niños una piscina. Al principio, puede que la piscina les imponga un poco… ¡Es una masa de agua mucho mayor que la bañera de casa! El primero objetivo es que le pierdan el miedo. Si el primer contacto del bebé con el agua de la piscina es junto a sus padres, sentirá confianza y seguridad.

Empezaremos bañándonos en donde no cubre. Si se trata de una piscina infantil, tanto mejor. Cuando el niño ya es más mayor, debemos asegurarnos de que empieza en una zona en donde hace pie. Esto le ofrecerá seguridad. Uno de los principales problemas de los niños al aprender a nadar es el miedo a hundirse. Si sabe que puede apoyar los pies, el miedo desaparecerá.

Después jugaremos con ellos a chapotear y a hacer burbujas, una actividad con la que se sienten familiarizados ya que la hemos practicado anteriormente en casa. Una vez que ya se divirtió con el juego de las burbujas, es hora de dar un paso más. Podemos pedirles que al hacer las burbujas, metan la cara en el agua. Así les enseñaremos a meter la cabeza en el agua.

 

 

Bastará un segundo y la primera vez les sorprenderá, pero al ver que las burbujas siguen saliendo y que no les ocurre nada, perderán el miedo. Poco a poco, intentaremos que metan toda la cabeza en el agua utilizando el mismo juego. Si se asusta por el ascenso de las burbujas por la nariz, podemos pedirles que lo intenten con la cabeza ladeada.

Cuando el peque domine y disfrute con estas actividades, le enseñaremos a flotar. Todo esto son ejercicios de prenatación, ya que hasta los 3 años los niños no tienen el desarrollo motor adecuado para hacer movimientos de natación, pero sí para aprender a defenderse en el medio acuático y a disfrutar de él bajo supervisión.

Enseñar a flotar antes que nadar

Flotar y chapotear, además de divertirle mucho, reporta muchos beneficios a nuestros hijos. Además de favorecer su desarrollo psicomotor, ganará confianza en sí mismo al comprobar que se defiende en el agua. Enseñar a flotar es importante porque, antes de aprender a nadar, debemos asegurarnos de que en caso de caída accidental, el pequeño sabe darse la vuelta en el agua solo y ponerse boca arriba.

Para ello les enseñaremos primero a mover las piernas sujetándoles con la mano por la barriga y ayudándoles a mantenerse en horizontal, de forma perpendicular al suelo de la piscina. Los niños tienden a hundir las piernas y el cuerpo al principio, por eso chapotear es básico para enseñarles cómo mantener a flote al menos la cabeza.

Después, enseñaremos a coordinar los dos ejercicios anteriores: el de las burbujas y el movimiento de piernas. De esta forma los pequeños sabrán respirar acompasadamente mientras se mantienen a flote en el agua. Para ello les sujetaremos por las axilas y les pediremos que hagan burbujas mientras mueven las piernas. También podemos sostenerles por el estómago mientras ellos chapotean.

 

 

Cuando ya tenga confianza en sí mismo y esté practicando burbujas y movimiento de piernas, le soltaremos unos segundos para que se de cuenta de que puede hacerlo solo. No aprenderá de inmediato, ni tampoco en un solo día. Hay que tener paciencia y a practicar a diario o tanto como se pueda.

Cuando coordine movimiento y respiración le pediremos que se tumbe sobre nuestro brazo con la cabeza en dirección a la superficie del agua. Sin soltarle, le ayudaremos a girar sobre sí mismo hasta quedarse boca arriba en el agua. Practicaremos con ellos tanto como sea necesario, respetando sus deseos y su necesidad de descanso, hasta que sean capaces de hacerlo solos.

Es muy importante que nunca les engañemos dentro del agua diciéndoles, por ejemplo, que no les vamos a soltar y después soltándoles por sorpresa. Si pierden la confianza en nosotros, en un medio en el que todavía se sienten inseguros, no valdrá de nada lo anteriormente aprendido.

En la playa, seguridad ante todo

En la playa se imponen medidas de seguridad mucho más férreas. Manejarse bien dentro de una masa de agua salada, con el vaivén de las olas, la resaca y las corrientes, requiere un nivel de maestría que los niños no alcanzarán hasta llegar a la edad adulta.

Por ello, es conveniente insistirles (y no dar por hecho que van a recordar siempre lo que les decimos) sobre lo necesario que es que nunca se alejen de la toalla ni de nosotros, que no se acerquen a la orilla solos y que no se suelten nunca de nuestra mano cuando vayan acompañados por un adulto.

 

 

En la piscina, mientras estamos nosotros con ellos, podemos prescindir de elementos flotatorios como chaleco o manguitos (sobre todo cuando practicamos los ejercicios con ellos), en la playa son absolutamente necesarios.

El oleaje puede hacernos perder el equilibrio incluso a nosotros, y no es conveniente que soltemos ni un solo instante a nuestros pequeños durante el baño ni que nos introduzcamos en el mar de forma que el agua nos cubra más allá de la cintura.

Bajo nuestra supervisión, los pequeños pueden jugar con la arena, disfrutar de las olas en la orilla de la playa, jugar a saltarlas y hasta darse sus primeros chapuzones en el mar. Ellos mismos se darán cuenta de que, aunque muy divertido, es también mucho más difícil controlar los movimientos.

 

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2 comentarios en "Cómo enseñar a los niños a que disfruten con prudencia en el agua"

  1. Yo apunté a mi hijo de dos años a clases de supervivencia en el agua. Fue un gran error, lo tiraban una y otra vez al agua para que aprendiera a subir y quedarse flotando. Lloraba constantemente por lo que al final le sacamos de las clases. Ha pasado ya un año y sigo sin poder lavarle la cabeza del pánico que le da.

    • Hola María, tu intención era lógica. No fue un error. El error fue de las personas que consideraron que un buen método para ayudar a un niño era enseñarle de esa manera. Por suerte hay profesionales mucho más pacientes y respetuosos con los niños y el agua.
      Un abrazo!

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