El preajedrez o cómo enseñar ajedrez a niños

El preajedrez es para peques de 3 a 6 añitos y su objetivo es que los niños y niñas se familiaricen con el juego

Cada vez son más las familias que se interesan por enseñar ajedrez a los niños y más los menores que quieren aprender a jugar al ajedrez, pero ¿sabías que los peques pueden aprender a jugar al ajedrez a partir de los 3 años?

Así es, es perfectamente posible enseñar ajedrez a los niños más pequeños a través del preajedrez, clases para peques de 3 a 6 añitos cuyo objetivo es que los niños y niñas se familiaricen con el juego y tengan un acercamiento a él desde su propio cuerpo, expresividad y creatividad.

Cómo enseñar ajedrez a niños de 3 años

Uno de los falsos mitos del ajedrez es que tengamos que esperar hasta los seis u ocho años para enseñar a nuestros hijos a jugar. Lógicamente, a mayor madurez intelectual, mayor capacidad para entender la complejidad del juego, pero su práctica precoz influye directamente en el desarrollo mental de los niños y niñas. Esto, unido a la plasticidad del cerebro de los más peques, les permite alcanzar un mayor dominio del juego más rápidamente.

 

 

De hecho, en la variada oferta de extraescolares que ofrecen muchos centros educativos, cada vez es más frecuente la presencia de un club de ajedrez. Por lo general, suele estar indicado para niños y niñas de primaria (a partir de los 6 años), pero en muchos de ellos ya tienen clases adaptadas para peques en la etapa infantil (de 3 a 6 años).

A este tipo de clases se las denomina preajedrez, ya que el objetivo es que los niños tengan un primer contacto positivo y estimulante que les anime a continuar aprendiendo ajedrez.

Las bases del preajedrez

Debemos tener claro que nuestra meta debe ser coherente con el desarrollo evolutivo de nuestros hijos e hijas. El objetivo en esta primera etapa es familiarizarles con el juego, enseñarles a identificar cada una de las piezas por su nombre, su posición en el tablero, cómo se mueven y cómo capturan las piezas del adversario.

Para conseguir estimularles, han de pasárselo bien y, por tanto, a estas edades las clases deben ser cortas, regulares y divertidas. Si un peque no se divierte; no aprende nada. Por eso debemos elegir bien el momento del día en el que practicar con ellos.

 

 

Un momento de tranquilidad y necesidades cubiertas (en el que la niña no tenga sueño o esté cansada o el niño no tenga hambre) y un estado de ánimo positivo son claves para que nuestras primeras lecciones sean todo un éxito. Para no aburrir ni cansar al peque, lo ideal es que las clases no duren más de 20 minutos o media hora. Asimismo, los primeros 15 minutos son fundamentales para despertar su entusiasmo y «engancharles».

De la misma forma que es importante elegir el momento y el arranque adecuados para enseñar ajedrez a los niños, también lo es estar atentos al interés del niño y saber detectar el momento en que debemos dejar de practicar. Ellos mismos nos indicarán si se aburren, están cansados o han perdido el interés. Si veis que comienzan a evadirse, su atención decae, se centran en otra cosa, se frustran o se enfadan, ha llegado el momento de dar la sesión por finalizada.

 

 

Si los peques se sienten presionados porque le proporcionamos más información de la que son capaces de asimilar, no somos capaces de graduar el nivel de dificultad, se aburren o se sienten «obligados» a aprender; se desmotivarán y perderán el interés por el juego.

También es importante entender que cada niño tiene su ritmo y respetarlo es importante. Habrá niñas que, por ejemplo, aprendan dos o tres piezas cada vez, y otras solo una. O niños que memoricen varias jugadas en una clase, en tanto otros requieran más tiempo para aprender una sola. Está igual de bien en ambos casos. Antes no es mejor, recordadlo. Un niño puede aprender rápido y olvidar igual de rápido, y otro aprender despacio y no olvidar nunca. No les presionéis, tened paciencia con ellos porque son muy chiquitines.

Enseñar ajedrez: empezar con el nombre y los movimientos de las piezas

Durante la primera presentación del juego, le mostraremos al peque todas las piezas en su posición correcta del tablero para que este luzca en todo su esplendor (aunque después a lo mejor ellos decidan «desordenar» todo un poco antes de empezar a jugar). Al comenzar la primera «lección» lo que vamos a hacer en primer lugar, es despejar el tablero de juego. A continuación, iremos practicando la posición y el movimiento de cada pieza, de una en una.

 

 

Como en los niños pequeños predomina la memoria a corto plazo, el repaso es muy importante; así que antes de enseñarles el movimiento de una nueva pieza, debemos recordarles el de la anterior. Las piezas, además, las iremos sacando siguiendo un orden concreto: de menor a mayor dificultad.

1. La torre

Comenzamos siempre con la torre, que es la que mueve de forma más sencilla: recto. La ponemos en su sitio y les enseñamos el movimiento. Después les ponemos diferentes piezas del color opuesto y les enseñamos a capturarlas. Practicaremos estos movimiento el tiempo que sea necesario.

2. El alfil

La siguiente pieza a enseñar es el alfil, que es otra pieza de movimiento recto, aunque en diagonal (lo que puede ser más es complicado de aprender al principio). Volvemos a ubicar un solo alfil en el tablero para que jueguen con él hasta que comprendan este movimiento. Después, volvemos a introducir algunas piezas diferentes del color opuesto para dejar que las capturen.

 

 

3. La Reina

En tercer lugar, enseñamos el movimiento de la Dama (o más popularmente: la Reina), que es una pieza mayor del juego, pero fácil de aprender (recordad que antes habremos repasado el movimiento de las piezas anteriores). Si hemos repasado el movimiento de las anteriores piezas y las han aprendido bien, no les resultará complicado dominar la Reina, ya que se mueve como la torre y el alfil juntos. Y, como siempre, les dejaremos capturar piezas con ella una vez dominen su movimiento.

4. El Rey

Continuamos con el Rey, que también se mueve como una torre y un alfil pero a pasos cortitos. Por el momento, en el preajedrez, dejaremos de lado las jugadas especiales (el enroque, el jaque y el jaque mate), pero sí les podemos transmitir la importancia de cuidar al Rey. Así que les enseñamos su movimiento, cómo captura y lo importante que es. Y después, aquí les podemos animar a jugar un poco libremente con la «pareja real» (animándoles, por ejemplo, a seguirse a través del tablero, ciñéndose a los movimientos correctos para cada uno de ellos).

5. Combinar piezas

Todas las anteriores piezas son las más sencillas de aprender en el ajedrez. En el preajedrez, ahora se impone un repaso general antes de continuar con las demás. Ahora los peques pueden jugar combinando las piezas hasta ahora aprendidas. También debemos recordarles que el objetivo es la captura para que fijen aún más lo aprendido.

 

 

De nuevo haremos hincapié en la figura del Rey, como pieza principal. Y una vez que muestren seguridad moviendo las piezas anteriores (que puede suceder en una sola lección de repaso o en varias), podemos pasar a las piezas con movimientos más complejos, por este orden: caballo y peón.

6. Caballo

El caballo es la única pieza que «salta», por lo que es difícil recordar su movimiento en el tablero, que además es en forma de «L» (3+2 pasos; o 2+3 pasos). Es una pieza clave que debemos repasar bien sin llegar a cansar a los peques para que no cesen en su interés de llegar a aprender el juego. Una vez adquirido el movimiento, enseñamos a capturar piezas y después lo combinamos con el del resto de las piezas aprendidas, jugando con ellos tanto como deseen para que continúen recordando.

7. Peón

Finalizamos el aprendizaje de movimiento de las piezas con el peón.Mucha gente se sorprende de que esta sea precisamente la pieza de ajedrez más difícil de llegar a dominar cuando estamos aprendiendo, pero lo cierto es que así es. Es una pieza que exige memorizar muchos movimientos diferentes en cada ocasión.

Es la única pieza que no mueve hacia adelante y hacia atrás, también la única que puede comenzar moviendo dos casillas y luego solo se desplaza de una en una, mueve como una torre pequeña (recto), pero captura como un alfil chico (en diagonal)… ¡Demasiadas cosas para recordar!

 

 

Para motivarles, les podemos decir que practiquen el movimiento hasta llegar al otro extremo del tablero y entonces ¡como premio puede convertirse en la pieza que ellos deseen! Al igual que el caballo, es una pieza clave que debemos practicar mucho, pero sin llegar a forzar su aprendizaje. Una vez que el peque domine su movimiento, podemos ofrecerle piezas para que las capture y después combinar su uso con el resto de las piezas aprendidas.

Reglas mnemotécnicas para enseñar ajedrez a los niños

Los peques adoran la música y la sonoridad, por lo que aprenderán mejor y más deprisa (y también se divertirán mucho más aprendiendo) si acompañamos el aprendizaje de los movimientos con rimas o canciones que os podéis inventar vosotros mismos. Por ejemplo: «Están en la fila dos y al principio pueden dar un paso o dos, pero nunca retroceder; pues valientes deben ser (los peones)».

También podemos contarles «un cuento» (genial si les gustan las historias y los libros) para despertar su interés. Si comenzamos nuestra narración diciendo, por ejemplo: «Había una vez un castillo muy bonito (la torre), al que se dirigía un caballero muy valiente (el alfil)…», etc.

 

 

Estos trucos no van a convertir a nuestros hijos e hijas en unos genios del ajedrez (¡al menos no de la noche a la mañana!), pero sí conseguirán que retengan más movimientos y memoricen más rápido las reglas del juego.

Jugar una partida y enseñar el Jaque

Ahora ya podemos probar a jugar una partida con todas las piezas. El objetivo sigue siendo la captura de las piezas, pero durante el transcurso del juego podemos explicarles que el Rey es la única pieza que no se captura ni sale del tablero, que cuando lo amenazamos con capturarlo se llama «Jaque» y el Rey puede escapar, cubrirse o capturar la pieza que lo amenace; pero siempre, de una forma u otra, está obligado a responder.

Más adelante les enseñaremos el Jaque Mate y los movimientos especiales. Pero sin prisa. Recordad que son lecciones de preajedrez, lo que significa que siempre debemos estar atentos a la capacidad de recepción de los y las peques y no brindarles más información de la que son capaces de asimilar.

 

 

Colocar las piezas en el tablero

Cuando seamos capaces de jugar una partida simplificada sin apenas cometer errores, podemos enseñarles a colocar las piezas en su lugar correspondiente del tablero (este paso lo podemos combinar con el anterior). Para ello, podemos narrarles un cuento fácil de recordar, para que les sea más sencillo retener cada posición por asociación: «Una torre en cada límite del terreno está vigilada por caballos montados por caballeros…», etc. Y en esta ocasión los peones sí son las piezas más sencillas de aprender.

Última lección: movimientos especiales y control de tiempo

Finalmente, llega el momento de enseñarles los movimientos especiales:el jaque, el jaque mate, tablas por ahogado, enroque, toma al paso, coronación, transformar o entrar Reina… Y como siempre, tocará repasar. Pero las lecciones ya serán mucho más livianas y divertidas, porque el aprendizaje de estos nuevos conceptos se hará a medida que vamos jugando una partida con ellos.

 

 

Después de esto, ya podrán jugar con otros niños o con cualquier otra persona que sepa jugar al ajedrez (y lo haga bien, para no confundirles). En esta fase, también podemos introducir el control de tiempo empleando un reloj de ajedrez para limitar la duración de la partida. Estos relojes contabilizan el tiempo que le lleva a cada jugador realizar sus movimientos por separado. Si te pasas del tiempo, pierdes el juego; así que los niños y niñas aprenderán poco a poco a planear su tiempo.

Repaso y paciencia, dos aspectos clave para enseñar ajedrez a los niños

Como estamos sembrando el placer de disfrutar un hobby que los acompañará toda la vida, es importante no enojarnos con ellos si de repente olvidan un movimiento que ya habíamos dado por dominado (sobre todo si nuestras partidas no son regulares o están distanciadas en el tiempo).

Es importante que los niños no asocien sensaciones negativas a esta experiencia. Si concluyen que son demasiado torpes se volverán inseguros y temerán enojarnos, por lo que evitarán seguir aprendiendo a toda costa. Si un día no les apetece jugar, lo mejor es dejarles tranquilos y no insistir. Si no les apetece, pues no les apetece. Están en su derecho.

Y si finalmente resulta que al niño o a la niña no le gusta jugar al ajedrez o no se le da bien, ¡pues no pasa nada! No a todos se nos tienen que dar bien las mismas cosas, ni estamos obligados a tener los mismos gustos. Nuestros hijos e hijas no tienen que ser lo que nosotros proyectamos en ellos, así que debemos asegurarnos siempre que lo que hacen, lo hacen porque aman hacerlo, no por contentarnos a nosotros. Cada peque tiene sus propias y únicas habilidades personales.

 

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Lo importante es disfrutar de tiempo juntos de forma positiva para reforzar el vínculo familiar, cultivar la confianza y la comunicación entre padres e hijos, crear bonitos recuerdos que perduren en la memoria de nuestros niños e inculcarles hobbies (sean cuales sean) que sean sanos, contribuyan a desarrollar su propia personalidad y puedan incorporar con verdadero gusto a sus propios hábitos de vida el día de mañana.

 

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