Diario de una madre de juncos (XIX): Vamos a comprar

Lo que nunca nos dijeron es que una de las cosas que más íbamos a necesitar era el apoyo de una tribu

Cuando una se entera de que está esperando un bebé, de repente se encuentra en un punto crítico en el que, una de dos, o eres muy fuerte mentalmente y te atas las manos, o eres muy rica.

UN ALUVIÓN alucinante de nuevas necesidades (a veces realistas, a veces impuestas por anuncios y publicidad o envidia cochina) llama a nuestra puerta y nos encontramos como Indiana Jones en la peli… Corriendo por la cueva y con una bola gigante detrás compuesta de productos que creemos que necesitamos mientras nos taladran el cerebro con cuñas de publicidad por todas partes… Pero no… ¡Todo una farsa! ¡Huid! ¡¡Es una trampa!!

Tú estás tan tranquilamente con tu barriga ojeando las redes sociales y, de repente, ves que los anuncios anteriormente de vacaciones a lugares paradisíacos, productos de belleza y de cosmética han empezado a cambiar sutilmente: de repente te sale un anuncio de patucos, unos días después se incluye entre la publicidad un par de anuncios de pañales, una semana después un anuncio de carritos, y finalmente cuanto más te acercas a tu fecha de parto, el algoritmo enloquece y TODOS los anuncios que te salen tienen que ver con bebés, pañales, tetas, pises y cacas y demás…

Desde aquí un llamamiento a los que arreglan los logaritmos esos: las mujeres embarazadas, las madres y las mujeres en general seguimos siendo eso, ¡¡mujeres!! Y ¡OH CHORPRECHA! ¡¡Nos siguen gustando las mismas cosas que antes de tener bebés y liarnos a procrear!! Es más, hay algunas que nos gustan aún más (a mí, por ejemplo, el gusto por Henry Cavill en su traje de Superman no me ha ido disminuyendo con la maternidad, sino más bien lo contrario, lo mono que estaría porteando mientras surca los cielos… jijijij)

Pero en fin, el aluvión de publicidad al que nos enfrentamos los padres en cuanto empiezas a buscar cositas por internet, es épico. Claro, con lo cual es MUY difícil que una pare quieta y no se le antoje todo, aunque no sepa para lo que vale. Yo misma caí en las redes (nunca mejor dicho) de esa publicidad enloquecedora y acabé con ciertos artilugios que pensé que iban a ser de una utilidad y practicidad sin fin… Y sí, lo son, pero no exactamente para lo que fueron concebidas. Por poner un ejemplo (y en todo momento hablo de mi propia experiencia, Dios me libre de hacer generalizaciones):

La cuna de colecho

Así a bote pronto puede parecer el invento más útil del mundo. Salvo si el modelo que has elegido tiene pinchos ocultos únicamente detectables por el culito de tu bebé, que es lo que, por mi experiencia, y lo que diariamente veo en la Tribu, es lo que suelen tener el 95% de ellas. No hubo santa manera de que mi hijo durmiese más de un mes y medio en ella. En cuanto empezó a poder girarse, el niño descubrió tener una habilidad innata para rular desde la cuna de colecho hasta mi teta en cuestión de décimas de segundo, magneTetismo que lo llaman.

De manera que, finalmente, hubo que darle otro uso: el almacenaje. Cuando el bebé era muy pequeño la utilizábamos de almacén de pañales, toallitas, pomada, muda de cambio, el agua de mamá, los restos de la cena que me tuve que comer en la cama porque mi querido retoño no consentía que me separase de él ni un milímetro, el termómetro, una mantita por si refresca, el móvil, el cargador, el mando de la tele, el gato… Ahí menos el niño, se metía to dios… De manera que si lo que buscas es un espacio de almacenaje estupendo, te la recomiendo, si lo que buscas es meter un bebé, asegúrate de que no tenga esos famosos pinchos invisibles que sólo tu hijo y su culete podrán percibir…

La hamaca

Y cuando leo hamaca, me vienen siempre a la mente dos cocoteros, una playa paradisíaca y alguien meciéndose en la brisa de la tarde, mojito en mano. Pues no, es que ni por asomo eso es algo cercano a lo que para un bebé es una hamaca. Para la mamá promedio (osease, la que suscribe) es ese espacio donde dejar más o menos seguro al bebé (siempre con vigilancia, of course) mientras haces tus necesidades y llora mientras te observa, cocinas y llora mientras te observa, barres y llora mientras te observa, comes y llora mientras te observa o, simplemente, le sientas y llora mientras te observa. Vale, no te observa porque sí. En realidad con sus ojitos intenta que te enteres de que si tuviese que estar en brazos del mismísimo Belcebú, lo preferiría antes que ese invento del demonio, el llanto desgarrador es la pista

Luego las hay que intentan recrear el leve vaivén de la brisa de la hamaca en la playa de los cocoteros con unos aparatos super modernos que hacen que se mezan solas, y sí, parece un inventazo, pero… digámoslo así: ese vaivén se asemeja a la brisa de la playa meciéndote lo mismo que tirarse dentro de un carrito de supermercado cuesta abajo, es decir, NADA. Mi hijo de hecho hasta se mareaba, ¡y tiene el First Certificate en hacer la croqueta! Así que SPOILER: no, la hamaca tampoco la usó para relajarse. Ahora bien, el gato sigue siendo muy feliz con mis decisiones de compra, otra cama que se ha agenciado.

El cambiador

En mi cabeza todo era perfecto: ¡¡qué bonito, qué grande, qué adornado, cuántos cajones!! ¡Me encanta! ¡Lo quiero! ¡Lo necesito! En la cabeza de mi hijo: “buena plataforma para salto base, al menos una vez al día hay que intentar tirarse para que la portadora de tetas se lleve un jamacuco”. A mi hijo el cambiador aparte de no gustarle un pescao, le resultaba el lugar idóneo para practicar sus habilidades motrices como el salto, el puente o la posesión infernal.

Ahora, teniendo más edad, lo hemos tenido que clavar a la pared porque le ha parecido un sitio estupendo por el cual escalar… Supongo que para luego volver a tirarse, el muy kamikaze…así que, mejor cambiar al nene en sitios bajitos y exentos de peligro como el santo suelo. De nuevo, mi gato aprueba esta compra, es el rascador más caro y más bonito en el que nunca ha tenido el placer de afilarse las uñas….

Pero no todo va a ser nefasto en las compras prematernidad…

Al fular de porteo le dimos mucho uso, sobre todo cuando nos dimos cuenta de que toda superficie alejada a más de 2 cm del pecho de mamá o de sus brazos producía un efecto “endemonizador” en mi pequeño cachorrito.

Los encajables de madera han sido el top de éxito, sobre todo ahora como armas arrojadizas. Y también vienen genial para levantarte espabilado por la mañana, a la que vas por el pasillo un poco medio dormido y pisas dos, te hacen más efecto que cuatro cafés solos, ¡espabilas echando leches!

¡Ah! Las botellas sensoriales también le divierten un montón, el rollete maraca que pueden llegar a dar es muy tropical, para él claro… ¡para mi gato es el terror en estado puro!

Qué de cosas compramos a lo tonto y luego, al final, lo que nunca nos dijeron es que una de las cosas que más íbamos a necesitar era el apoyo de una tribu, eso lo tuve que descubrir por mí misma cuando las dudas empezaron a taladrarme las meninges y me vi con un bebé y sin tener ni remota idea de qué se hacía con ese ser cuando naciera… Menos mal que encontré la Tribu, aunque a día de hoy sigo pidiéndole a Armando Bastida uno de los servicios que más falta me está haciendo: el de exorcista… Y ahí lo dejo… Os sigo contando otro día… Muahahahahahaaaaaaaaaa 

 

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28 mayo, 2022

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