Elena Mesonero: «No existen varitas mágicas ni recetas magistrales para el autocuidado emocional en niños. Es un viaje de largo recorrido»

"Cuando un bebé crece en un entorno de protección, amor y atención, se desarrolla de manera más saludable a nivel cognitivo y psicológico"

Igual que no dudamos en llevar a nuestro hijo o hija al pediatra si le duele un oído, deberíamos prestar más atención a la salud mental en la infancia. Que no «duela» no significa que no tenga consecuencias, explica la psicóloga infantil Elena Mesonero. Con ella abordamos la importancia del autocuidado emocional en niños.

Elena Mesonero es, además, logopeda y una de las expertas de Criar Con Sentido Común que asesora a diario a las familias de la Tribu CSC.

P: ¿En qué momento deberíamos empezar a cuidar de la salud mental de nuestros hijos?

R: Quizá debería decir que incluso antes del nacimiento, en el sentido de que sería fantástico poder prepararnos emocionalmente para su llegada. Tener a alguien que nos diga que la crianza es un camino fascinante, pero que no es fácil y que el sueño, la incertidumbre, la culpa o las expectativas irreales pueden pasarnos factura y poder contar con una buena batería de herramientas para capear el temporal cuando las situaciones del día a día nos superan solucionaría muchos de los problemas cotidianos.

La crianza es un camino fascinante, pero no es fácil y el sueño, la incertidumbre, la culpa o las expectativas irreales pueden pasarnos factura

Una vez que el bebé ha nacido y puesto que, desde el nacimiento, los bebés muestran emociones y reaccionan al entorno, por ejemplo llorando cuando tienen hambre o están incómodos o calmándose cuando les mecemos, los padres debemos ser sensibles a esas primeras expresiones emocionales para poder dar respuesta.

Los padres debemos ser sensibles a esas primeras expresiones emocionales de los bebés para poder dar respuesta

P: ¿Hasta qué punto nuestro comportamiento le afecta a un bebé?

R: Cuando hablamos de cómo piensan, sienten y se comportan las personas debemos ser conscientes de que estos tres aspectos están íntimamente ligados al entorno. Pensemos en cómo nos afecta cómo nos hablan o cómo se comportan con nosotros. Sería absurdo pensar que a los bebés no les afecta.

El abandono grave en la primera etapa de la vida afecta a la integridad estructural del cerebro

De hecho, existen numerosos estudios que corroboran que el abandono grave en la primera etapa de la vida afecta a la integridad estructural del cerebro mientras que la intervención temprana puede promover su recuperación. Es cierto que la mayoría de los estudios están basados en casos extremos, pero nos permiten extrapolar el hecho de que, cuando un bebé crece en un entorno del que recibe protección, amor y atención, se desarrolla de manera más saludable a nivel cognitivo y psicológico.

Cuando un bebé crece en un entorno del que recibe protección, amor y atención, se desarrolla de manera más saludable a nivel cognitivo y psicológico

Además, somos el resultado de nuestra genética y nuestro entorno. Los padres y las madres no solo transmitimos nuestra genética sino también nuestro ejemplo, nuestra forma de pensar, de hacer y de sentir; y los peques absorben todo aquello que les ofrecemos. Para bien y para mal.

Los padres y las madres no solo transmitimos nuestra genética sino también nuestro ejemplo, nuestra forma de pensar, de hacer y de sentir

P: ¿Crees que los adultos descuidamos esa faceta? Entiendo que es clave no descuidarla para promover el autocuidado emocional a los niños.

R: A menudo los adultos descuidamos esa faceta incluso sin tener hijos. Y cuando tenemos hijos, de repente, nos encontramos con una situación nueva que nos deja poco tiempo para gestionar desde la calma.

Cuando tenemos hijos, de repente, nos encontramos con una situación nueva que nos deja poco tiempo para gestionar desde la calma

P: Recientemente, en un auto judicial, se desechaba el acoso a la cuidadora de dos bebés porque, entre otras cosas, los niños eran tan pequeños que no se daban cuenta de nada: ¿eso es así?

R: Habría que preguntar a qué se refieren con que “no se dan cuenta”. Una cuestión es si lo van a recordar y otra muy diferente si les ha afectado una situación de maltrato.

Los bebés no van a recordar los hechos puesto que la memoria autobiográfica depende en gran medida del contexto social y del lenguaje. Pero esto no quiere decir que el acoso no les haya afectado. Una situación de acoso o maltrato puede provocar en los bebés y en los niños estrés, retraso a nivel cognitivo, dificultades para establecer un apego seguro, alteraciones comportamentales, etc.

Una situación de acoso o maltrato puede provocar en los bebés y en los niños estrés, retraso a nivel cognitivo, dificultades para establecer un apego seguro, alteraciones comportamentales, etc.

Es cierto que habría que analizar la situación en profundidad (edad de los bebés y características personales, cómo ha sido el acoso, durante cuánto tiempo…) para poder prever las consecuencias. Y también es cierto que, con el acompañamiento y las herramientas adecuadas, el cerebro humano es tan potente que hace que seamos capaces de revertir situaciones dramáticas y salir adelante.

Con el acompañamiento y las herramientas adecuadas, el cerebro humano es tan potente que hace que seamos capaces de revertir situaciones dramáticas y salir adelante

De cualquier manera, incluso aunque no se dieran cuenta o no tuvieran secuelas, no hay nada que pueda justificar o hacer que pasemos por alto el acoso o el maltrato a un menor.

Incluso aunque no se dieran cuenta o no tuvieran secuelas, no hay nada que pueda justificar o hacer que pasemos por alto el acoso o el maltrato a un menor

P: A menudo mandamos mensajes contradictorios a los niños sobre sus emociones: «No llores, no pasa nada, cállate…» ¿Qué huella deja en ellos el no valorar suficientemente sus emociones?

R: Al principio los bebés dependen absolutamente para todo de nosotros y somos nosotros los que vamos regulando desde fuera sus emociones. Y, a veces, no lo hacemos demasiado bien.

Los bebés dependen absolutamente para todo de nosotros y somos nosotros los que vamos regulando desde fuera sus emociones. Y, a veces, no lo hacemos demasiado bien

Fíjate que los tres ejemplos que das (no llores, no pasa nada, cállate) son mensajes que con casi toda probabilidad hemos recibido la mayoría de nosotros. Es difícil cambiar el “siempre se ha hecho así”.

«No llores, no pasa nada, cállate» son mensajes que con casi toda probabilidad hemos recibido la mayoría de nosotros. Es difícil cambiar el “siempre se ha hecho así”

Pero si decimos “no llores”, el niño interpretará que llorar no está bien puesto que no hay que hacerlo. Sin embargo, la realidad es que estoy llorando, así que debo estar haciendo algo mal. Fijaos la contradicción que pueden percibir en un momento por algo que, además, no se puede controlar. ¡Por algo decimos «se me saltan las lágrimas»! Si decimos “no pasa nada” o “cállate” pueden interpretar que sus cosas o sus emociones no son importantes.

Si decimos “no pasa nada” o “cállate” pueden interpretar que sus cosas o sus emociones no son importantes

Siempre digo que el primer paso para saber gestionar las emociones de nuestros hijos es la observación. Los niños son emocionalmente transparentes porque aún no tienen herramientas como los adultos como para, por ejemplo, reprimir el llanto. El niño está enfadado o triste y llora. Eso nos aporta información muy valiosa si observamos qué ha motivado ese estado. De manera que podremos anticiparnos y ofrecerles respuestas.

El primer paso para saber gestionar las emociones de nuestros hijos es la observación. Los niños son emocionalmente transparentes

No se trata de evitarles las emociones desagradables. A menudo cedemos en cosas para que no lloren, pero eso no les evitará sentir enfado o tristeza en otras ocasiones. Se trata de que sepan qué hacer con el enfado o con la tristeza. Y eso lo pueden aprender con nosotros si les acompañamos adecuadamente.

No se trata de evitarles las emociones desagradables. Se trata de que sepan qué hacer con el enfado o con la tristeza

P: ¿Qué es el autocuidado emocional en niños?

R: El autocuidado es todo aquello que hacemos de manera consciente para garantizar nuestro bienestar. Para algunos de nosotros será ir a clases de yoga o al cine. Para otros leer un buen libro, tomar un café con amigos o dar un paseo.

El «auto-cuidado» de los más chiquitines depende de nosotros

En el caso de los más chiquitines, el prefijo auto no es real, es decir, su cuidado depende de nosotros. Sin embargo, desde el momento en el que los niños son capaces de expresarse a través del lenguaje y son más conscientes de sus vivencias, pueden empezar a crear sus rutinas o experiencias de autocuidado.

P: ¿Cómo se trabaja el autocuidado emocional en niños?

R: En primer lugar, dando ejemplo. Por ejemplo, vamos a ponernos en uno de esos días en los que nos encontramos desbordados. Si somos conscientes de que el vaso está a punto de llenarse y necesitamos parar antes de estallar, podemos decirles «voy a salir a dar un paseo porque estoy cansada y necesito que me dé el aire”.

Lo ideal sería que los adultos tuviéramos unas rutinas de autocuidado para que los momentos de saturación aparezcan lo menos posible. Es decir, otorgar importancia a diario a las cosas que nos hacen bien

Lo ideal sería que los adultos tuviéramos unas rutinas de autocuidado para que los momentos de saturación aparezcan lo menos posible. Es decir, otorgar importancia a diario a las cosas que nos hacen bien.

Por ejemplo, a mí me hace empezar el día de buen humor tomar café con un grupo de amigas después de dejar a los niños en el colegio. Esto forma parte de mi rutina de autocuidado y procuro que sea prioritario. Si algún día no puede ser, lo asumo y lo acepto, pero intento que sea una rutina.

En la mayoría de los casos el problema de los adultos es que las actividades de autocuidado no las consideramos importantes o imprescindibles

En la mayoría de los casos el problema de los adultos es que las actividades de autocuidado no las consideramos importantes o imprescindibles. Solo nos damos cuenta de lo necesarias que son cuando ya estamos saturados.

P: ¿Nos puedes aconsejar actividades con ellos que estén encaminadas a que aprendan a autocuidarse emocionalmente?

R: Debemos empezar por hablar sobre las emociones para que puedan identificarlas, reconocerlas, ponerles nombre y gestionarlas. Además, es importante que comprendamos y respetemos sus emociones. Para esto es fundamental conocer cuál es su desarrollo. Es la única forma de saber cómo debemos actuar a cada edad.

Debemos empezar por hablar sobre las emociones para que puedan identificarlas, reconocerlas, ponerles nombre y gestionarlas. Además, es importante que comprendamos y respetemos sus emociones

Personalmente no me gusta demasiado el término validar. Prefiero hablar de acompañamiento y de respeto. Una vez que conocen al menos las emociones básicas podemos poner ejemplos de cuándo nos suceden y qué podemos hacer para gestionarlas adecuadamente.

También podemos hacer una lista de las “cosas que me hacen bien”. Al principio les costará encontrar algo que vaya más allá de satisfacer un deseo inmediato como comer un helado o comprar algo en el quiosco. Es ahí donde entramos nosotros a aportar ideas como escuchar música, hablar con papá o mamá, leer un cuento, jugar un rato al fútbol, ir al parque o pintar pueden ser buenas opciones.

Procuraremos que, cada día, podamos disfrutar de una de esas actividades de autocuidado de forma consciente

Una vez que tenemos hecha la lista, procuraremos que, cada día, podamos disfrutar de una de esas actividades de forma consciente: “ahora vamos a ir un ratito al parque porque nos gusta, nos pone de buen humor y hace que el día sea mejor”.

En resumen, estas actividades podrán ir destinadas tanto a gestionar una emoción (por ejemplo, “me estoy enfadando así que me voy un rato a escuchar una canción que me gusta para calmarme”) como a establecer unas rutinas diarias de autocuidado que puedan mejorar nuestro estado general.

P: ¿Y cómo sabremos que funciona ese autocuidado emocional en niños? ¿Que los peques están aprendiendo a valorar sus propias emociones y cuidarse?

R: Este es un viaje de largo recorrido. No existen las varitas mágicas ni las recetas magistrales para el autocuidado emocional en niños. Algunos días pensarás que no funciona porque tu peque se ha cogido una rabieta por algo que a ti te parece una tontería. Pero es que todos tenemos malos días. Y no pasa nada. Cuando mis hijos se enfadan y aparece la ira siempre les digo: «la buena noticia es que el cerebro no puede estar eternamente enfadado, así que pasará». Y, efectivamente, pasa. Otra cuestión es que se nos haga eterno.

Es un viaje de largo recorrido. No existen las varitas mágicas ni las recetas magistrales para el autocuidado emocional en niños. Debemos estar atentos a las señales en positivo

Debemos estar atentos a las señales en positivo, es decir, observar si algunos días van pidiendo su actividad de autocuidado, si disminuyen las rabietas en favor de otras formas de gestión como pedir ayuda, alejarse un poco para tranquilizarse, etc. Al final se trata de que la balanza se vaya inclinando hacia el lado positivo y que, al cabo del día, el recuento vaya a favor.

P: Con la pandemia han aumentado los niveles de ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental en niños y adolescentes. ¿Cómo podemos ayudar a un niño o una niña que presenta señales de que le está ocurriendo eso?

R: En el momento que detectamos sintomatología ansiosa o depresiva es imprescindible consultar con un profesional de la misma manera que consultamos si les duele la tripa o si tienen fiebre.

En el momento que detectamos sintomatología ansiosa o depresiva es imprescindible consultar con un profesional, de la misma manera que consultamos si les duele la tripa o si tienen fiebre

De nuevo, es fundamental la observación. Cualquier cambio en su forma de decir, sentir o actuar debemos tenerlo en cuenta. Algunos de estos cambios pueden ser que estén más irritables, más callados, que se muestren tristes, que tengan problemas para dormir o para comer cuando antes no los tenían o que manifiesten algún tipo de malestar.

Es fundamental la observación. Cualquier cambio en su forma de decir, sentir o actuar debemos tenerlo en cuenta

En esos casos es importante que un profesional pueda valorar si hay algún problema que deba ser tratado a través de pautas de actuación para los padres o con intervención directa con el propio niño.

 

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