Cómo detectar la alergia al polen en los niños y prevenir sus síntomas

Aunque no es habitual, cada vez más niños presentan síntomas alérgicos a partir de los 3 años de edad.

La alergia al polen es propia de la primavera pero puede presentarse durante todo el año. Muchos árboles y plantas, cuando florecen, sueltan granos microscópicos de polen que se pueden desplazar kilómetros de distancia por acción del viento. Cada planta tiene una época específica para la floración, aunque la mayoría se producen en primavera.

Alergia al polen en bebés y niños

Para tener síntomas relacionados con la alergia al polen es necesario estar previamente sensibilizado. Y para sensibilizarse hay que exponerse en varias ocasiones al polen, para que el cuerpo reconozca ese polen como una sustancia extraña y peligrosa. Posteriormente se pueden desarrollar los síntomas y la verdadera alergia.

Cuando la persona sensibilizada se vuelve a exponer al polen, su sistema inmune, que ha aprendido que esa sustancia es perjudicial, produce histamina y otras sustancias, y se presentan los síntomas: estornudos, lagrimeo, moco nasal líquido, picores o broncoespasmo.

Dado que es necesario estar expuesto a los pólenes durante un tiempo mínimo antes de desarrollar síntomas, no es posible tener una alergia al polen durante los primeros años de vida.

O al menos no era lo habitual hasta hace unos años, porque actualmente estamos viendo niños que se sensibilizan muy pronto y empiezan con síntomas de alergia al polen a los 3 ó 4 años de edad.

Causas y síntomas de la alergia al polen

No se sabe muy bien por qué hay cada vez más niños con alergia al polen pero podría estar relacionado con un aumento de la predisposicion alérgica asociado a factores externos.

Entre estos factores estarían el cambio climático, que hace que la polinización dure más tiempo por el aumento de la temperatura ambiente y la contaminación procedente de la combustión del gasoil.

La alergia al polen puede producir rinitis, que es lo más frecuente, pero también conjuntivitis o asma. La rinitis alérgica puede estar presente entre un 8 y un 40% de la población infantil y las causas más habituales son el polen del olivo y las gramíneas.

Los síntomas más característicos son los picores nasales, oculares, de la garganta, del paladar, lagrimeo, estornudos, secreción nasal acuosa, obstrucción nasal, tos y síntomas de asma como sibilancias o ruidos respiratorios.

En el conjunto de España la causa más frecuente de alergia al polen son las gramíneas, en Andalucía el olivo; y la salsola en algunas zonas más secas del área mediterránea.

Cada polen predomina en una zona geográfica y durante una época específica del año aunque la mayoría se manifiestan en primavera.

Afortunadamente para la mayoría de los pólenes que producen alergia existen vacunas específicas, inmunoterapia que administrada por vía subcutánea o sublingual puede conducir a la curación de la alergia y evitar que con el tiempo se desarrollen nuevas sensibilizaciones.

Cómo combatir sus efectos

En casos de alergia al polen hay que saber que los días de viento, secos y soleados son los días en los que hay más polen ambiental.

Por contra los niveles están más bajos los días de lluvia o con más humedad. Para evitar los síntomas es posible tomar algunas precauciones.

Es útil seguir la evolución de los niveles del polen a través de alguna web o servicio de información telefónica que puedes consultar en tu servicio de salud.

Aunque los pólenes se desplazan por el viento a kilómetros de distancia, es importante evitar acudir a zonas donde la planta responsable esté más concentrada. No es buena idea ir a Jaén en plena floración del olivo, por ejemplo.

Para ventilar la casa es preferible hacerlo durante las primeras horas del día y evitar abrir las ventanas durante la noche. En el coche es mejor viajar con las ventanillas cerradas y si dispone de filtro antipolen es conveniente tenerlo en perfecto estado antes de la época de la polinización. También hay que evitar desplazarse en moto o bicicleta, y para salir a la calle es conveniente utilizar gafas de sol, incluso mascarillas con filtro antipolen, aunque pueden resultar muy incómodas para un niño.

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Si a tu hijo le pica la nariz, estornuda y no deja de lagrimear cuando llega la primavera, probablemente se trate de una alergia.

Las pruebas cutáneas nos pueden ayudar a conocer la causa y poner el tratamiento más adecuado para mejorar los síntomas y evitar la progresión de la enfermedad.

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