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Los supositorios en niños: todo lo que hay que saber

Los supositorios son una buena alternativa cuando no hay manera de que se tomen el jarabe

Son muchos los padres y madre que piensan que los supositorios son más rápidos, más efectivos y sobre todo más fáciles de usar cuando toca darle la medicación a un bebé o a un niño pequeño que se resiste a los jarabes. Pero, ¿son en realidad tan rápidos y efectivos?

La posibilidad de administrar medicamentos por vía rectal se conoce y utiliza desde la antigüedad, pero los supositorios, esos remedios en forma de pequeños torpedos, son bastante más recientes. De  hecho, el primer supositorio de paracetamol se comercializó en Francia en 1981.

Los supositorios actuales consisten en un medicamento disuelto en una sustancia sólida a temperatura ambiente con la forma adecuada para su administración por vía rectal. También se pueden administrar por esta vía líquidos o soluciones viscosas a través de un pequeño aplicador.

Esta vía se puede usar para tratar trastornos locales (como las hemorroides), para aliviar el estreñimiento o para administrar un medicamento que tenga efecto en todo el organismo, como alternativa a la vía oral. Este último aspecto es el más valorado cuando decidimos usarlos en niños.

Y es que algunos niños se toman los medicamentos como si fueran caramelos, pero la gran mayoría cierra la boca y hace gala de todos sus recursos para negarse a tomar los jarabes.

También son útiles si hay dificultad para tragar, si el niño está con vómitos o en ciertas emergencias, como las convulsiones. En estos casos, recurrir a los supositorios podría estar justificado, teniendo en cuenta algunos aspectos que ahora menciono.

No todos los medicamentos tienen versión supositorio

Uno de los grandes inconvenientes de esta vía es que no hay ningún supositorio que nos permita administrar un tratamiento antibiótico, por ejemplo. Disponemos de analgésicos, antitérmicos y antiinflamatorios en varias dosis y de todos los tamaños para adaptarse a las distintas edades.

 

 

Hay algunos anestésicos que se usan para relajar al niño antes de una cirugía o cuando necesitamos que esté muy quieto para una prueba. También hay tratamientos para las convulsiones, muy útiles en situaciones de urgencia. Y, por supuesto, supositorios o microenemas de glicerina y otros laxantes suaves para tratar el estreñimiento ocasional.

No siempre son más rápidos o más efectivos

Obviamente, si usamos un supositorio de glicerina para el estreñimiento, el efecto será más rápido que si administramos un jarabe o unos sobres. Pero si lo que buscamos es un efecto general, para la fiebre o el dolor por ejemplo, la rapidez de la acción del supositorio va  a depender de varios factores.

El supositorio se coloca en el recto desde donde se absorbe para pasar a la sangre. La cantidad de medicamento que pasa a la sangre dependerá de la cantidad de heces que haya en el recto, del tiempo que el niño es capaz de retener el supositorio, si hay diarrea, la profundidad de la inserción (algunos medicamentos se absorben mejor, curiosamente, cuanto más superficial se colocan), etc.

 

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El efecto también será variable según el tipo de presentación. Un supositorio (sólido) necesita disolverse para hacer efecto mientras que una cánula con un medicamento en forma líquida se absorbe inmediatamente.

Es importante también el tiempo que el medicamento está en contacto con las paredes del recto. Una vez que se coloca el supositorio, el cuerpo tiende a expulsarlo. Cuanto más tiempo es capaz el niño de retener el supositorio, mayor es la absorción del medicamento.

¿Cómo poner un supositorio?

Si se trata de un bebé, retiramos el pañal, acostamos al niño sobre su espalda, levantamos ambas piernas sobre el abdomen para visualizar el ano e introducimos el supositorio por la parte puntiaguda hasta que supere completamente el esfínter anal.

Finalmente sujetamos las nalgas del bebé durante al menos 10 minutos para evitar que lo expulse (puede ser útil sostenerlo en brazos mientras tanto).

Es posible que hayas oído que los supositorios se colocan por el lado plano, para ayudar a retenerlo mejor. Esto viene de un antiguo estudio que sigue circulando por ahí, pero que no se ha vuelto a comprobar nunca más. Actualmente se recomienda seguir las indicaciones de los fabricantes que indican colocarlo por el extremo redondeado, lo que resulta más cómodo y sencillo.

Si se trata de un niño mayor, es importante explicarle lo que vamos a hacer para que no se asuste y pueda colaborar. Para conseguir que se relaje la postura más adecuada es de lado, con las piernas flexionadas sobre el abdomen. Una vez colocado el supositorio debemos recordarle que intente retener el supositorio el mayor tiempo posible y si es necesario, ayudamos  apretando las nalgas entre sí.

 

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