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Convulsión febril: la impotencia de pensar que se le va la vida

Aunque el episodio asusta muchísimo, es una condición benigna

Quizás hayas oído hablar de ello, o quizás te haya pasado y lo recuerdes con angustia. Es uno de los episodios más duros en la vida de una madre y un padre, porque la convulsión febril es relativamente frecuente y, aunque no es grave, pues se considera un proceso benigno, se tiene la sensación de que a tu hijo se le está yendo la vida, y peor, que no eres capaz de hacer nada por salvarle.

Qué es una convulsión febril

Las convulsiones febriles son una serie de movimientos anormales acompañados de pérdida de consciencia, que se producen característicamente cuando el niño está con fiebre (de ahí lo de convulsión y lo de febril).

Es una situación muy angustiante, pero es muy importante tratar de mantener la calma para mirar la hora y poder así calcular la duración de la crisis, y pedir ayuda para acudir a urgencias.

Lo primero que se produce es la pérdida de consciencia. El niño desconecta bruscamente del entorno, no responde a estímulos y tenemos la desagradable sensación de que no es él o ella.

En ese momento puede caerse si no está tumbado o apoyado. La mirada está fija, como perdida y aparecen los típicos movimientos de convulsión. Son movimientos bruscos de brazos y piernas, mucho más amplios que los típicos temblores de la fiebre, como si estuviera dando patadas.

Los labios se pueden poner morados porque la respiración es muy lenta e irregular y puede babear porque no pueden tragar la saliva.

Cuando la crisis cede después de unos minutos, el niño puede quedarse dormido o encontrarse muy cansado (se conoce como estado postcrítico).

Las convulsiones febriles no son graves

A pesar de lo impresionante que pueda resultar, de lo horrible que es ver a tu hija/o inconsciente y agitada/o, es una situación que no reviste gravedad. Suele durar unos minutos y cede espontáneamente sin secuelas.

Sabiendo un poco más sobre ellas podremos sobrellevar mejor la situación si tenemos la mala suerte de presenciar una, y por eso hoy os hablamos de ellas.

 

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Es importante saber que las convulsiones febriles se producen típicamente en niños entre 9 meses y 5 años. Siempre se acompañan de fiebre, aunque muchas veces la convulsión se produce en la primera subida, antes de que nos hayamos dado cuenta de que le ha subido la temperatura, y solo notamos la fiebre cuando tocamos al niño que está convulsionando.

Si no hay fiebre durante la convulsión o ésta no aparece inmediatamente después, no se considera una convulsión febril y precisa un estudio diferente.

¿Cuánto dura una convulsión febril?

Las convulsiones febriles típicas pueden durar segundos, pero pueden llegar a durar también de 10 a 15 minutos, siendo necesario a veces administrar tratamiento para que cesen antes (ver a tu hijo en esa situación durante 10-15 minutos… ¡los minutos se hacen horas!).

Por eso, aunque no revisten gravedad, es conveniente acudir a urgencias para una adecuada valoración médica y por si es necesario administrar algún tratamiento. Lo normal es que cuando lleguemos a urgencias la convulsión ya haya cedido y el médico examine al niño buscando el origen de la fiebre.

Lo más frecuente es que ese origen sea una enfermedad vírica y que no precise ningún tratamiento especial, pero a veces es necesario hacer algunas pruebas complementarias para descartar infecciones más graves.

Si se trata de la primera crisis probablemente se quedará en observación durante 12 ó 24 horas. Durante estas primeras horas hay más riesgo de que se produzca una nueva convulsión, aunque no es habitual que se repitan en el mismo proceso febril.

El riesgo de volver a tener convulsión febril

Un niño que ha tenido una crisis febril, un niño tiene un 30-50% de probabilidades de volver a tener una convulsión la próxima vez que tenga fiebre, normalmente dentro de las primeras 24 horas.

Los niños que tienen convulsiones febriles de repetición pueden tener antecedentes familiares. Quizás el padre o la madre las sufrieron durante su infancia. Aparte de esto, no hay ningún parámetro que nos indique si un niño que ha tenido su primera convulsión febril volverá a convulsionar o no.

Esto puede generar mucho miedo a la fiebre en la familia. Es importante recordar que son convulsiones benignas, que no dejan secuelas, que no se asocian con epilepsia en etapas posteriores de la vida y que acabarán desapareciendo cuando el niño tenga 5 o 6 años.

Muchas veces el pediatra recetará una medicación para administrar en casa en caso de nueva convulsión. Es un relajante que hace que desaparezca la crisis y el niño se duerma. Pero solo se debe administrar cuando esté convulsionando, no porque haya subido la fiebre.

En un niño con antecedentes de convulsiones febriles, la fiebre se debe tratar con un antitérmico con los mismos criterios que aplicaríamos en un niño sin antecedentes: que la fiebre sea superior a 38ºC y que además produzca malestar.

¿Qué podemos hacer como padres?

Aunque los padres querríamos actuar para detener la convulsión en el acto, no hay mucho que hacer más allá de prevenir que se haga daño. Lo habitual es que se recomiende lo siguiente:

  • No sujetar al niño ni tratar de detener sus movimientos: no son movimientos voluntarios, así que resistirnos puede hacer que se haga daño.
  • No dejarlo solo.
  • Apartarlo de cualquier sitio en el que pueda hacerse daño, o retirar de su entorno los objetos o muebles con los que se pueda golpear.
  • Evitar que la ropa que lleva le apriete de algún modo.
  • Ponerlo de lado, sobre todo si ha vomitado
  • No introducir el dedo ni ningún objeto para intentar abrir su mandíbula: podría mordernos o podríamos hacerle daño. Poniéndolo de lado ya evitamos que la lengua tape la vía aérea y pueda respirar (si está boca arriba se produce una obstrucción, aunque la gente suele decir que “se traga lengua”, que ni es en realidad lo que sucede).
  • Acudir a urgencias.

En ningún caso (y en estos niños menos aún) se debe intentar acelerar el proceso desnudando demasiado al niño o bañándolo en agua fría. Un descenso muy brusco de la temperatura también puede desencadenar la convulsión.

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4 comentarios en "Convulsión febril: la impotencia de pensar que se le va la vida"

  1. Hace tres semanas nuestro niño de 2 años y medio sufrió porprimera vez una convulsión. Te quieres morir!!, todavia nos dura el susto en el cuerpo. En urgencias nos digeron q el pediatra en el hospital al q nos derivaron nos daría cita para el neurólogo pero no fue así. Debería verlo el neurólogo o no?, ya nos ha quedao la duda.
    Otra cosa la cual nos ha tenido una semana bastante preocupados es q a raiz de la convulsión el niño empezó a quejarse de lo q parecía una especie de dolor de muelas, es decir, de repente le daba una punzada en la zona del lado derecho de la cara que le duraba hasta 1 minuto. Despues de acudir hasta a dos odontopediatras y vonfirmarnos q los dientes estaban sanos nos fuimos a urgencias y nos digeron que podria ser una posible neuralgia.
    El dolor desapareció a la semana y acto seguido el ojito del mismo lado lo ha tenido muy rojo tambien durante algo mas de una semana.
    Os parece q tenga algo que ver con la convulsión?, está relacionado?

    Un saludo y muchísimas graciaa por tan magnificos post.

    • Hola, Mónica. Las convulsiones febriles típicas no precisan valoración por neurólogo, pero si hay sospecha de otros síntomas neurológicos sí sería prudente que lo vieran, aunque lo más probables es que ese dolor de muelas o el ojo rojo no tengan ninguna relación.

  2. Hola Gloria. Tengo una bebé de 21 meses que convulsiona con sus fiebres desde los 11. Nos vamos acostumbrando un poco a llevar la convulsión cada vez y actuar con calma. No hay fiebre que perdone convulsión en su caso.
    No obstante, hay un tema que me afecta a mi en lo personal.
    De las veces que ha convulsionado, algunas pega un grito tan fuerte justo antes que lo tengo grabado. Casi que es lo que más me duele! Dos veces le ha pasado de empezar convulsionar mientras mamaba. En ambas ocasiones yo he sentido una especie de corriente bajando de la teta a los pies! Me pregunto si el grito puede ser porque le duele la “descarga” o lo que yo llamo “descarga”.
    Sobre ello me gustaría saber de otros casos que te hayan contado otros padres.
    Finalmente, comentarte que ya se nos ha dicho que son convulsiones febriles típicas y no hace falta hacer encefalograma. Siendo recurrentes en cada episodio febril, tu lo plantearías? Con la osteopata hemos visto que la niña tiene mucha presión en una zona de la cabeza.

    Muchas gravias ppr dedicarle tiempo a este blog y este post

    • Hola, Lina. Esos gritos forman parte de la convulsión, es un movimiento involuntario y no tiene ningún significado especial. Si son convulsiones típicas no es necesario hacer EEG, pero eso es una valoración que tiene que hacer el neurólogo en cualquier caso.

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