No tengo que perdonarte que no me dieras pecho, mamá (ni tú tampoco)

Por qué es tan importante que los profesionales de la salud sepamos de lactancia (o sepamos que no sabemos)

Sé que lloraste. Sé que lloraste mucho. Lo sé porque te vi. Lo sé porque lo sentí. Lo sé porque más de una de tus lágrimas cayeron sobre mi piel, y las noté resbalar hasta perderse; todas, excepto aquellas que rescatabas con tus dedos, mirándome apenada, sintiéndote culpable por el simple hecho de haberme mojado con tu sufrimiento.

Lloraste antes, y lloraste después. Al principio de dolor, de angustia, de cansancio y de desesperación, como única válvula de escape de un grito que crecía en tu interior pero no te atrevías a dejar salir, y luego de culpabilidad, de sentir que podías haber hecho más, aguantado más y luchado aún más.

Y lloré contigo, porque te necesitaba, y no eras suficiente. Aunque no me soltabas, nunca eras suficiente.

Lo que empezó como amor, calor líquido y caricias, pronto acabó siendo dolor, hambre y desesperación. Incluso sangre, cuando tu piel se quebró en forma de grietas. Nuestros corazones, días atrás sincronizados en una armoniosa melodía celestial, se aceleraban al unísono en un estruendoso ruido lleno de jadeos, tuyos y míos. Yo por no recibir más, tú por no poder más. Yo de hambre, tú de dolor.

Y apareció el rechazo, ese que duele más que un puñal directo al pecho, porque de repente empezaste a desear que me callara, que no llorara más, que dejara de necesitarte. Como la campana de los perros de Pavlov, que los hacía salivar porque sabían que llegaba la carne, mi llanto te hacía saber que llegaba el momento de amamantar, de dar el pecho.

Eso que iba a ser tan bonito, ese dar a tu bebé lo mejor de ti misma, ese sentir que de tus entrañas nace el amor líquido que hace crecer a tu pequeño. Orgullo, fuerza, amor, pasión, naturaleza viva y poderosa. Pero no era eso. Era dolor, estremecimiento, miedo… un cuerpo erizado y asustado cada vez que me oía llorar. Incluso de noche despertabas en una inspiración forzada y profunda, de vuelta a la consciencia, arrancada violentamente del descanso, creyendo haberme oído llorar sin ser cierto.

Las bonitas imágenes que evocaste durante el embarazo no aparecían. Esa madre que habías imaginado cientos de veces no existía. Ni ese bebé.

Se suponía que iba a ser mágico. Se suponía que iba a ser precioso. Se suponía que iba a ser todo un poco más fácil. Se suponía que no ibas a sentirte tan sola. Se suponía…

Y de repente sentiste el dolor del amor, o del desamor. El de darte cuenta de que me cuidabas porque más que enamorada te sentías responsable: “Yo decidí tenerte, yo debo cuidarte; yo decidí ser tu madre, y ahora debo serlo”.

 

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¿Cómo amarme si solo era un bebé llorando? Llorando por encima de mis posibilidades, llorando por encima de las tuyas. Llorando hasta hacerte creer que no se puede llorar más. Llorando sin dormir, y sin dejarte dormir; sin descansar y sin dejarte descansar. Llorando en tus brazos, llorando en tu pecho, haciéndote llorar. Los dos. Llorando los dos.

Sé que agotada, pálida, ojerosa, despeinada y abatida, prácticamente rota, ahí donde nadie es capaz de llegar sin caer en la locura, decidiste ayudarte para ayudarme. ¿Cuántas personas lo intentaron? Ya ni lo recuerdo. Fueron tantas, y tantas las soluciones que no funcionaron, que perdimos la cuenta, tú y yo. Cada idea era una esperanza, y cada día te hundías más y más, al ver que siempre acabábamos igual: tú llorando, yo llorando.

Y un día, ese en el que ya no sabías si era lunes o jueves, si era de día o de noche, si eras madre o solo una parte de mi cuerpo, adherida a mis labios, sudando con cada succión, gritando y jadeando entre las mandíbulas cerradas, sintiendo que la vida ya se te escapaba, decidiste que era el momento de cambiar.

Y lloraste de nuevo. Lloraste antes, y lloraste después. Antes por no poder, ahora por no haber podido. Antes porque apenas comía, ahora porque sí lo hacía.

Y me pediste perdón, pero no debías.

 

 

No me debes nada, pues me diste la vida, y no solo al nacer, me la diste cada día. Cada día… o como te oí decir: “Cada puñetero día”. Con sus horas, sus minutos y segundos, como uña y carne, madre y bebé, piel con piel, aún juntos, como si el cordón siguiera unido.

Pasarán meses hasta que te lo perdones. Quizás pasen años. Quizás no suceda nunca. Pero tampoco deberías, porque yo no te quería por tu leche; yo… simplemente, te quería. Te quería como ahora te quiero, como tú debes quererte, imperfecta, como todos, como siempre.

Ahora nuestros corazones laten de nuevo tranquilos, sosegados y a la vez. Ahora vuelven a hablar de amor. Hablan cuando me abrazas y de nuevo se toca la piel, y me aferro con mis manos al pecho que pudo ser y no fue, mientras mis labios se dirigen hacia ti, en un beso de babas y risas desdentadas.

No me pidas perdón y no te pidas perdón. No fue nuestra culpa. No fue tu culpa.

Yo no supe más, y tú tampoco. Y quien debió saber, no supo, porque ni siquiera fueron capaces de saber que no sabían, aunque te lo hicieron creer.

Ahora queda amor, risas y babas.  Yo no necesito más. Espero que tú tampoco.

Te quiero, mamá. Te quiero mucho.

 

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33 comentarios en "No tengo que perdonarte que no me dieras pecho, mamá (ni tú tampoco)"

  1. Gracias!!
    Que bonito!!!
    Describe perfectamente mi sufrimiento, lo mal que lo pasé (lo pasamos, mi niña y yo), lo culpable que me siento y como estoy aprendiendo a superarlo!!
    Gracias, de verdad!!

  2. Madre mía, Armando, te sigo y te leo pero no había escrito nunca, sin embargo hoy debo darte las gracias por estas palabras tan bonitas en las que me reconozco de principio a fin. Cuántos lloros, cuánto sufrimiento, cuántos sentimientos encontrados…. Esta es una espina que nunca podré quitarme pero sé que hice todo lo que pude y que mi bebé es feliz, alegre y, sobretodo, muy querida por sus padres. Ahora con dieciséis meses ya puedo hablar del tema pero durante mucho tiempo se me saltaban las lágrimas cuando lo recordaba. Por suerte la sonrisa de mi niña puede con todo y ahora estoy sumamente orgullosa de esa personita que nos sorprende cada día. Muchas gracias por todo y sigue haciendo tan bien tu trabajo, eres un grandisimo profesional y una gran persona

  3. Yo a veces sueño con haber podido, no me faltaron ganas y no pudieron o quisieron ayudarme . Es un sentimiento difícil de exolicar. Gracias.

  4. Armando me ha emocionado estás palabras…me pasó con mi primer niño…con la segunda tuve ayuda de mi asociación de lactancia y gracias a ellas las grietas…el dolor se transformó en una bonita historia de lactancia y amor
    Los médicos no tiene que saber de Lactancia ..pero si actualizarse e intentarlo.

    • Muchas gracias Beatriz…
      Sobre los médicos, expertos no tienen que ser, pero sí tienen que saber que no saben, para poder dirigirte al profesional adecuado: la enfermera de pediatría o la matrona (y ellas sí deben saber muy bien cómo ayudar, que a menudo tampoco saben).

  5. Me ha gustado mucho el texto muy sentido y emotivo pero las alusiones a las crisis de lactancia y a la hipoglactia no son realistas. Muchos días dan ganas de tirar la toalla y comprendo a toda madre que decide dar leche artificial. La decisión que tomamos cada madre siempre es la mejor y no hay que arrepentirse por que nadie sintió ni vivió lo que nosotras vivimos en esos momentos.

    • Hola Silvia, no hay alusión a nada en concreto. Cuando una lactancia falla puede ser por muchas cosas, que no tienen por qué ser crisis ni hipogalactia. Y la pena, la mayor pena, es querer y no poder. O querer y no dar con nadie que pueda ayudar. A mí como profesional se me cae el alma cada vez que otro profesional se carga su lactancia con consejos inadecuados 🙁

      Un abrazo!

  6. No he podido evitar llorar con el escrito. Intenté con todo mi esfuerzo que tuviéramos lactancia materna exclusiva, no pudo ser… al mes y medio tuve que admitir que mi hija no estabs ganando peso sólo con mi leche, a ella le faltaba fuerza y a mi me faltaba leche. 9 meses después seguimos con mixta, me he culpado mucho, muchísimo. Y sé que no debo. Gracias por tus palabras

  7. Hola Armando, gracias por el texto. Me siento identificada desde la primera letra a la última. Pasé por eso con Aran (si, tenemos el mismo gusto para los nombres) y ahora con mi preciosa Ainet. He sentido dolor físico por esto, pero el que más duele es el que no se toca. Sobretodo cuando después de todo el dolor, de todas las dudas, de todo el llanto, te dicen «no ha cogido peso». Ese dolor de no ser «suficiente» de no ser lo que se supone que deberías ser, alimento y consuelo… aixxx… siempre, siempre tendré la espinita clavada!! Aunque lo intenté con todas mis fuerzas y por todos los medios. En fin, me perdono a mi misma porque no fue culpa mía.
    Un beso a todas las que hayáis pasado por esto, es una pena, pero no todo el mundo lo entiende.

    • Qué preciosos nombres 😛

      Está claro… la espinita no os la vais a quitar así como así. Pero creo que puede ayudar que los demás os digamos esto: vuestros hijos/as no tienen que perdonaros nada, ni vosotras tampoco 😉

      Un abrazo!

  8. Me sentí tan identificada… Los primeros días, el primer mes, dónde la presión por dar biberón venía de todos lados, excepto de mi hijo o mía. Lloré tanto y me sentí tan herida cuando le di si primer biberón que decidí ir a la Liga de la Leche con mi madre, ahí las asesora le dijeron a ella que a mi hijo no le daría anemia porque yo le dé leche materna, al contrario, que lo protegía.

    Poco a poco todos entendieron que yo no me rendiría y poco a poco le saque las pocas tomas que tenía con el biberón.

    Tienes razón, la culpa no es de tu madre, es del personal de salud, que no la orientó, es de la tribu, que al verla con grietas, en lugar de decir aguanta, debió ver que fallaba. Y así, muchos etc. El problema no es el biberón, el problema es que la lactancia, más allá del alimento, es el cariño, son las defensas extra, es la personalización, es empate empoderarte como mujer y sentir que eres capaz de todo. Ayuda con la depresión post parto también.

    Y no, no creo que alguien sea menos madre por dar bibe, lo que sí creo es que esa siempre debe ser la última opción xq la lactanciamaterna beneficia tanto al bebé como a la Mamá. Como dije, más allá del alimento están las defensas y en nosotras el sentir que somos capaces de todo.

  9. Como he llorado al leerte y recordar.
    Hace apenas 4 meses estaba tomando la que para mi, ha sido la decision mas dificil en mi andadura como madre, dejar la lactancia.
    En mi caso el parto me dejó hecha polvo (apenas me sujetaba en pie y estuve mas de dos meses en silla de ruedas) no podia portear a mi hijo, ni vestirle, ni cambiarle, ni cogerle en brazos ni nada de nada, salvo darle la teta. Cuando vi que si no tomaba medicacion fuerte no iba a mejorar mi salud, decidi empezar a sacarme leche para tirarla por el fregadero y darle biberon, pues los medicos dijeron q si mi hijo tomaba teta, podria hacerse adicto a mi medicacion. Asi pase un par de semanas agotada, ademas de por mi estado, por estar mañana, tarde y noche dandole a la manivela..,y llegó el dia que no pude mas. Y ese dia dejé de sentirme madre, pensaba que cualquier extraña de la calle podria ser la madre de mi hijo. Era incapaz de ver a una mujer dar el pecho sin llorar a mares, incapaz de leer un libro q mencionara la palabra lactancia, fui incapaz de salir de aquel agujero sin ayuda, por lo que pedi ayuda a una coach que me esta ayudando a superarlo. Y ahi andamos, a veces cabreada por sentir la necesidad de tener q dar explicaciones a gente que me ve dandole el bibe a mi peque, cabreada xq en toda esta andadura tambien perdí mi trabajo, mosqueada xq encima q tenemos que darle leche de formula, es super cara y no se permite hacer descuentos, como si alguien q quiere dar teta va a dejar de darla xq haya oferta de 2×1 o similar. La lactancia es lo mejor, esta claro, pero no hay que obsesionarse (esto lo digo 4 meses después, que en aquel momento, yo sí lo estaba jeje)

  10. Nada más que decir. Que sigo sin perdonarme. Que sigo pensando que no hice lo suficiente. Que estuvo en mis manos yb se me escapó. Sólo seis meses y medio de lactancia mixta con él y apenas unas chupaditas y biberón de ella. Pero sí se hubiese podido, pero no fui capaz. Ojalá algún día me lo perdone.

  11. Es terrible sentirse mal por no dar el pecho. Si alguien quiere profundizar sobre este tema en nuestra página tenemos varios testimonios reales de mujeres que han pasado por esto. Queremos ofrecer apoyo a todas ellas.

    Gracias por visibilizar lo que ocurre a tantas madres 🙂

  12. Pues yo me he emocionado porque tarde mucho en «perdonarme». Y la espinita siempre estará pero lo que de verdad me mosquea es que tantas madres pasemos por estas situaciones. No debería ser así.
    Hay mucho trabajo que hacer para primero conseguir lactancias maternas más exitosas y segundo para que no suponga un trauma ni una presión quien no pueda o no quiera hacerlo.
    Gracias

  13. Muy bonitas palabras! La lactancia es muy bonita pero no es nada fácil. Llevo 2 años y 6 meses amamantando a mi hija, pero no fue nada fácil. Hasta las 8 meses he dado pecho con pezoneras. Que puedo decir que el perosonal médico del hospital maternal son muy pocas preparadas en ayudar a una madre que no tiene un buen inicio con la lactancia, no saben ayudar. En mi caso, la matrona de mi centro de salud no ha sabido tampoco corregir el agarre, así que mi hija se acostumbró a las pezoneras porque tardo mucho en currar las heridas. Si el personal médico no puede ayudar, entonces ya casi es un caso perdido porque una madre y primeriza como fui yo no sabe qué hacer. Puedo decir que tengo suerte que el pediatra no recomendó leche de fórmula, porque como estaba asustada, seguro que hacía lo que me decía. Así que mamás, sois la mejores, si habréis amantando o no, no importa, importa que sois las mejores y que queráis a sus hijos.

  14. Uf qué llorera así de repente sin quererlo… Pensaba que lo tenía más que superado y hace tiempo que llegué a la misma conclusión: no hay nada que perdonar… Pero tus palabras me han calado hasta el alma.
    Solo puedo decirte… GRACIAS <3
    Con tu permiso lo comparto, muchas madres necesitan leer esto

  15. Yo creo que nunca me voy a perdonar, soy madre desde hace 9 años y apenas hace 1 supe de la importancia de la lactancia materna. A él solo le di LM los primeros días de su vida aunque no logro recordar cuanto fue. No soporte el dolor de la cesárea,de mi cabeza, la sangre de mis pezones, los llantos, pero sobre todo la ignorancia. Ningún médico público ni privado me asesoro, al contrario me alentaron con la fórmula y hoy no puedo creerlo aún…
    Y hoy que tengo otra bebé tampoco puedo ser exclusiva por hipoplasia mamaria.
    Estoy decepcionada tanto de mi como madre y tan aterrada por mis bebés, por su salud, por su futuro, que no se como voy a superarlo algún día….

  16. Muchísimas gracias !!!!!! No se puede explicar contar y definir mejor la angustia agonía y depresión q se pasa, yo lo pasé fatal pq encima eres juzgada por persona profesionales q te meten en la cabeza q todas las mamás tenemos leche y no es así. Es de la pocas veces q leo un texto de un profesional, comprendiendo y contando a lo q realmente se siente. Gracias de nuevo.

    • Jolín Paula,

      pues qué pena que sea la primera vez… eso quiere decir que los profesionales aún tenemos que aprender mucho sobre este tema, sobre todo para respetar, ayudar y no meter más presión sin sentido.

      Un abrazo fuerte!!

  17. Hola, me ha llegado este precioso texto a través de una amiga que sabe que no hay día que no me sienta culpable por estar dando el biberón a mi bebé. Me pasó igual con la primera: engurjitaciones tremendas debido a la gran subida de leche y conductos galactofogos inmaduros. No he podido superarlas con ninguno de los dos bebés. A día de hoy, y después de alimentar a mi hija con biberón y a mi bebé que ahora tiene 4 meses, me sigo escondiendo para dárselo.
    Socialmente hay mucha presión…
    Muchísimas gracias por tus palabras.

  18. yo hice lactancia materna 28 meses gracias a una matrona que trabajo conmigo sin descanso…tuve parto traumatico me tuvieron que operar durante dos años para reconstruirme todo el suelo pelvico uretra vegiga vagina ano…tuve sangre y postillas en los pezones y tanta leche que hacía mastitis continuadas….pero una matrona al mes de mi hija me dijo una semana mas ten paciencia una semana mas y me enseñó….dar el pecho no es llegar y topar como creemos y es super difícil…y es igual de digno la lactancia materna y la artificial yo tuve suerte done hasta la leche y con mi segunda hija ya supe que hacer…me enseñaron muchas no tienen esa suerte…mil besos a todas y nunca culpabilizar nada…damos vida y eso es lo que nos hace madres dar vida sea cesarea que natural que teta o no…damos vida

  19. Gracias. Gracias por romper una lanza a favor de las madres que lo hemos tenido verdareramente difícil en esos momentos. Y por haberle puesto palabras a ese sentimiento desesperado. Lloré antes, durante, después y ahora. Gracias de nuevo.

  20. Te sigo desde hace un tiempo y es impresionante la manera que tienes de describir los sentimientos por los que toda madre alguna vez pasamos. Soy madre primeriza de un bebé de 8 meses. 8 meses maravillosos pero también duros. Mi ilusión era darle el pecho a mi hijo. Y durante dos meses y medio mi bebe necesito suplementos, nadie me dijo que había alternativas a los biberones, y para mí, cada biberones era como un puñal, me hacía sentir mal por no ser capaz de darle a mi hijo lo suficiente, tenía miedo a que acabará rechazandome el pecho…hasta que un día él decidió que no quería más biberón, que con el pecho tenía suficiente. A eso hay que sumarle el poco aumento de peso, y el agobio de tener un bebé en el percentil 3. Suerte que hay profesionales como tú, y como su pediatra, que además de prestar atención a los peques también nos ayudan a las madres. Un saludo y mi más sincera enhorabuena

  21. Y yo me pregunto…. cómo sin ser madre, sin ser mujer, sin haber vivido en tus propias carnes esa situación, eres capaz de plasmar con palabras todos y cada uno de esos pensamientos y sentimientos tan profundos que tenemos las mamás que pasamos por esta dura experiencia? Sentimientos tan ocultos y tan reales, que sólo al leerlo en tus palabras he sido consciente de que realmente estuvieron ahí y que fueron lo que realemnte sentí en aquel momento. De verdad que me sorprende tu sensibilidad y tu capacidad de empatizar, porque aún hoy hay mujeres, que incluso siendo madres, no comprenden mi dolor por no poder darle el pecho a mi hija. He llorado muchísimo. He llorado desde el primer calostro que me hizo tirar una enfermera en el hospital tras sacarmelo con sacaleches «porque no tenía buen color», hasta la cara de satisfacción y paz que fue capaz de darle a mi hija el primer biberón que le di, y que su madre en mes y medio no había sido capaz de darle. He llorado cada vez que pesaba mi hija y veía que las 24 horas a mi pecho apenas le engordaban unos gramos, que los mil y un intentos con jeringas, relactadores, pezoneras, operaciones de frenillo, estimulaciones con sacaleches… lo unico que conseguian eran separarnos aun mas a mi hija y a mi. He llorado mucho desde entonces, y he vuelto a llorar al leer tus palabras, pero tengo que darte las gracias, porque gracias a ti, el dolor que aún siento dentro, ha salido en forma de lagrimas y se ha hecho un poquito más pequeño. GRACIAS

    • No sé explicarlo… llevo muchos años trabajando con mujeres, rodeándome de mujeres, hablando con ellas y escuchándolas mucho. Supongo que lo demás es un simple ejercicio de ponerme en ese lugar y tratar de comprender…

      Un beso muy fuerte!! Me alegro de haber contribuido un poco a que te sientas mejor 😉

  22. Yo he fracasado con mi segunda hija hace una semana, ya lo hice hace años con su hermano.
    Me siento fatal y sola, creo q no he sabido entender la lactancia ni llevarla acabo.
    TuS palabras parecen salir de mi cabeza, la verdad es que me han hecho llorar un poco más, mis días son tristes ahora q debería sonreír. ..
    Espero q esto pase pronto.

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