Diario de una madre de juncos (III): Noches de terror

La noche es oscura y alberga horrores...

Madres y padres del mundo, desde este espacio de expansión quisiera ponerme seria por un momento y hacer una petición formal y directa, desde lo más profundo de mi juncal interior:

En serio, el que tenga mi muñequito de vudú, que haga el favor de meterlo en un cajón oscurito y taparlo aunque sea con el trapo del polvo para que esta pobre madre insomne y su junco hueco interior puedan dormir de una buena vez, aunque sean 10 minutillos de na… Y oye, ya que estamos, si eso… que le saque un poquitillo de relleno de la barriga y lo ponga en la teta derecha, que esto de tener un melón y una manzana asada colgando queda un poco raro, y tal…

Pues bien, continuando con el monográfico de las NOCHES DEL TERROR (léase con voz espeluznante), una noche más, mi querido Godzzniño decidió que “baby, hoy no vamo a dormir”, y decidió empezar la fiesta en torno a las 21h… Allá que fui con el uniforme nocturno preparado (pantalón de pijama de Harry Potter y camiseta con dos agujeros por teta, porque una es apañada y antes muerta que sencilla, pero no da el presupuesto tampoco para 40 pijamas maternales, y total, se me va a salir una teta igual…), y todo el arsenal de recursos-duerme-niño al alcance: nanas, paseítos, porteo, baño, inundación del aseo y pasillo ante la atónita mirada de padre y perros, masajito, dobles saltos mortales para el cambio de pañal, pressing catch para poner el pijama, y mamá, cama y hasta perro pringados de pomada protege panderos…

Nuestro trabajito nos costó que por fin retoñín decidiese cerrar los párpados y relajarse. ¡Parecía que de nuevo podíamos celebrar una victoria y dormir por todo lo alto! (O por todo lo bajo, que tenemos la cama pegada al suelo para que no se nos escamoche el niño si decide hacer salto base en el fragor de la batalla…)

Yo no sé si fue por la pelea cuerpo a cuerpo para conseguir que se durmiese o que realmente hacía un calor de mil demonios, pero en ese momento creí que era buena idea dejar una ventana abierta y que nos entrase el fresquito nocturno un rato (aclarar que aquí de 20 grados no ha bajado aún la temperatura, no os vayáis a pensar que tengo al niño durmiendo en un iglú, que me veo a los de servicios sociales descolgándose por la fachada a lo SWAT en media hora…).

Pues bien, allá que procedimos al descanso nocturno en cuanto hubimos repasado todas las redes sociales, tribu y grupos de WhatsApp de los cuales apenas podemos estar nunca al día.

Todo parecía en total calma y orden, marinovio roncaba, Junco roncaba, perro roncaba, bebé se fusionaba con mi costado derecho desencajándome el hombro… Todo correcto, procedemos a cerrar el ojo. Cuando apenas llevaba… ¿media hora? dormida, comenzó a sonar un aleteo frenético en la habitación y algo empezó a golpear las paredes como loco… Al levantarme sobresaltada lo único que atiné a decir a voz en grito fue ¡¡¡EL NIÑO, LOS PERROS, SACALOS, SACALOOOOOOS!!!

Marinovio al borde del ictus se levantó como pudo, se comió la puerta del armario, tiró la lamparilla de la mesilla y cogió al niño en volandas y salió de allí al grito de ¡¿¡¿¡¿PERO QUÉ PASAAAAAA?!?!?!?, y el junco, hace unos minutos dormido, afilaba sus patitas y pintaba su esponjosa cara de junco pacífico con pinturas de guerra, dispuesto a asesinar al intruso que amenazaba con matarnos a todos (esta estimación podría estar exagerada) mientras se pegaba castaña tras castaña contra las paredes de la habitación aún a oscuras.

Cuando conseguí atinar a dar la luz de la habitación, encontré un ser sin identificar, de color oscuro y de aproximadamente medio metro de grande (vale, de nuevo puede que esta estimación sea exagerada, pero tranquilamente unos 15 cm sí que mediría) dándose castañazos entre dos paredes que formaban esquina y la tele… Lo primero que pensé fue que era Batman, que había venido a buscarme, pero luego recordé que la última versión de Batman la hacía el cansino de Crepúsculo y que yo era más de Superman, y se me pasó la fugaz alegría momentánea… Así que dicho eso… Seguramente fuera un murciélago sin más, que despistado se habría colado por nuestra ventana… O venía a chuparnos la sangre a todos, como en crepúsculo…

Como pude, descalza y con una teta fuera, hice acopio de valor, y con una camiseta en una mano y arma arrojadiza (el mando de la tele) en la otra, me acerqué con el junco hueco dándome empujoncitos para que me enfrentase a mi destino y diese caza al dragón como la heroína que soy, mientras marinovio ponía a salvo a mi criatura, que sería el que sin duda, después de esto tendría que vengar mi muerte… preguntando ¿¿pero qué ha pasaaaaaaaaaaaaooo?? Desde detrás de la puerta.

A medida que me iba acercando a la zona donde el intruso estaba montando su fuerte, las piernas me temblaban, el junco se tapaba los ojitos con sus ramitas de junco pegado a mi pierna y el esfínter se me encogía… pero tenía que sacar a loquequieraquefueseesacosarara de casa… o cerrar la habitación y prenderle fuego, pero en ese caso no nos devolverían la fianza del alquiler, así que tocaba arriesgar la vida, no había otra.

Con el mando a distancia atiné a mover un poco la tele y el bicho enloqueció, saliendo de la esquina y provocando la estampida en la habitación, Junco y servidora comenzamos a correr en círculos dando gritos, para quitarnos de la trayectoria del monstruo predador que quería matarnos sin piedad. Agotado, ese ser del averno decidió caer al lado de la cama, oportunidad que sin dudar, Junco y yo decidimos aprovechar para darle caza en un alarde de valentía sin precedentes o de acojone máximo, no sabría decir.

Fuimos deslizándonos por lo alto de la cama como los soldados en mitad de la selva vietnamita, silenciosos y mortíferos, teta fuera, mando en la mano y camiseta en la otra, armados y peligrosos… poco a poco asomamos la nariz por el borde de la cama y ahí estaba nuestra némesis, el monstruo final del videojuego, el doctor maligno que te espera en su silla giratoria gato en mano…

Y os estaréis preguntando “bueno, ¿¿y qué narices era??” ¿Un pájaro? ¿Un murciélago? ¿Un Boeing 747? ¿Batman o el de Crepúsculo? Pues NO… era ni más ni menos que una extraña, peluda, gigante y espeluznante POLILLA de lo menos 15 cm. Una aberración de la naturaleza que jamás había tenido el susto de conocer. Como en esta casa somos animalistas y la pobrecita es un animalito del Señor, pues nada, decidimos que camiseta por todo lo alto sería el método de captura en lugar de escobazo sin piedad, porque una es guerrera y heroína, pero también tiene su patatita

Así que una vez con la camiseta por encima y estando inmovilizada, la polilla comenzó a soltar unos chirridos espeluznantes que sin duda clamaban venganza contra nosotros, de manera que el Junco y yo procedimos a liberar por la ventana al aterrorizado bicho, ante la atónita mirada de marinovio y niño vengador que, escuchando el batiburrillo de gritos, golpes y demás batalla habían decidido abrir la puerta y contemplar el espectáculo atónitos, aplaudiendo cuando por fin, la vieron salir por la ventana y esta quedó cerrada hasta nuevo aviso o la instalación de una mosquitera a prueba de elefantes voladores.

Al final, la polilla hizo turismo, marinovio y bebé tuvieron espectáculo nocturno, y el Junco y yo salvamos a la humanidad de una terrible bestia sedienta de sangre (bueno, igual ahora también puedo estar exagerando un poco… pero dejadme, la noche es oscura y alberga horrores…).

PD: Ninguna polilla o ser humano resultó herido en la realización y escritura de este artículo.

 

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28 mayo, 2022

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