Diario de una madre de juncos (II): El calcetín sudado

De dónde narices venía el dichoso ruido que iba a acabar con el sueño de mi bebé y con mi frágil paciencia...

La noche… Ay, la noche… Lienzo estrellado, coronado de diamantes, testigo mudo de aventuras, desvelos, saltos mortales con doble tirabuzón, madres ninja, calcetines voladores, y perros cleptómanos… Ay, la noche… Ay, la madre que trajo a la noche.

Anoche yo me las prometía muy felices, cenamos medianamente tranquilos, cambiamos el pañal únicamente con 10 ó 12 llaves de pressing catch de las que el mismísimo Hulk Hogan se sentiría orgulloso (lo cual es un éxito, normalmente casi tengo que llamar a los de Seprona para que se pongan en la puerta de la habitación con una cerbatana de dardos tranquilizantes para que mi querido retoño-Godzilla pare una miaja quieto y se deje limpiar su santo y níveo culamen…), y después de dejarme una teta seca, soltar un par de tracas y sintonizar radiolé en el otro pezón, parece que mi criaturita se durmió. My god bendito de los dolores, qué gozo, qué alboroto, ¡¡¡niño dormido a las 22.00h!!! 

Pues bien, cuando mamá procedía a dormirse de una buena vez después de todo un día de pelea con Godzzniño, casa y trabajo

Mi querido marinovio hizo su aparición en escena con esa famosa frase de “uuuuufffff estoy molido, no he parado en todo el día” y ante mi mirada atónita, esbozó una tímida sonrisa y procedió a su introducción en el lecho conyugal con una perfectamente ejecutada maniobra de salto con triple tirabuzón, mortal hacia delante y caída en colchón cual hipopótamo en charco de barro, propulsándonos al nene y a mí a una nada desdeñable altura de metro y medio aproximadamente (vale, esta medición puede estar un pelín exagerada… dejémoslo en metro veinte…). 

El junco hueco ya veía venir la tragedia y empezó a calentar en la banda. Mi primer instinto fue asesinarle con la mirada y con una vocalización exagerada y completamente muda decir ¡¡¡EL NIÑO!!! ¡¡MECAGÜENFLSKDJKSDJSL!!, a lo que mi amado marinovio respondió juntando las manos cual japonés agradecido, y con una medio reverencia dijo también en morse LO SIENTOOOOO. 

El junco a estas alturas ya estaba preguntando, «entonces qué, ¿salgo o no salgo?» Y, de momento, decidí sentarle un rato a chupar banquillo y que no corriese la sangre, que el niño parecía que había aguantado la colechostia sin despertarse…ohmmm… soy un junco huecooo…

Con las mismas, traté de zafarme cual Tom Cruise en Misión Imposible del abrazo de pulpo de mi retoñín y girarme para no desencajarme el hombro y proceder a dormir. A los tres minutos exactos de cerrar los ojos e intentar dormir, la paz del dormitorio se vio enturbiada por un ruido zumbante y molesto que amenazaba con despertar al bebé y poner al junco de mal vinagre… JJJJJJJZZZZZZZJZJJZJZJZZZZZZ… El junco salió de debajo de la cama, y con sus ramitas de junco me tocó en un hombro y me dijo…«bonica, ¿ahora sí o qué? No marees que yo también tengo una vida y he quedao”. Respiré hondo y alargué delicadamente la pierna hacia atrás con una fuerza mínima… como para tirar abajo un bulldozer mas o menos, a ver si el roncador nocturno cogía el mensaje.

– Vale, parece que para…

– JJJJJJJZZZZZZZJZJJZJZJZZZZZZ

-AAAAAAAAAAAAARGHHHHHHHHHHHHHHHHHH

Pues no, parece que no lo ha cogido, no… Así que decidí hacer uso de la artillería pesada… Alargué la mano y el junco ya pintado a lo rambo y afilándose las patitas para ser utilizado de lanza, me alcanzó el arma definitiva: EL CALCETÍN USADO. Si señor@s, ese calcetín que te quitas antes de ir a acostar y dejas hecho una pelotilla en el suelo a un lado de la cama, junto con las zapatillas de andar por casa con la cara de Homer Simpson… ¿Ese calcetín que puede ser utilizado en tu contra en un juicio americano? ¡¡Eeese, ese!! 

Con las mismas, y haciendo uso de la facultad de ninja que me fue otorgada al ser madre, y cuyo diploma me dieron el mismo día en el paritorio junto con los 15 puntos en donde no da el sol y mi bebé… Hice un perfecto lanzamiento parabólico de calcetín sudao que fue a caer en toda la cara de marinovio. Qué espectáculo, qué precisión… Si hubiese unas olimpiadas de calcetines sudaos, hubiese batido el récord de puntuación, por descontado; y una ovación del público de pie en sus asientos… Lástima que todo esto quedase en petit comité

Y os preguntaréis… ¿surtió efecto? Pues bueno, marinovio se giró para el otro lado y los ronquidos prosiguieron, con lo que llegué a la inquietante conclusión de que no era él. Me levanté con la misma cara y pose que un pointer inglés oteando el horizonte y olisqueando en lontananza una suculenta liebre y, calcetín sudao en mano, (recordemos que tenemos dos pies y por lo tanto me quedaba un calcetín en la recámara para usar con fines vengativos), me puse a buscar el origen del ruido molesto

El junco me miró con las ramitas arriba como si le estuviera atracando y encogiéndose de hombros me dijo “a mí no me mires maja, yo soy solo tu junco interior, no la pagues conmigo” y proseguí buscando de dónde narices venía el dichoso ruido que iba a acabar con el sueño de mi bebé, con mi frágil paciencia y con otro lanzamiento de calcetín de récord mundial.

A los tres pasos encontré al culpable. ¿Un polstergeist? ¿Un espíritu burlón? ¿Una psicofonía? No señores… Un pastor catalán de 22 kilos exactamente, durmiendo panza arriba plácidamente en su cama de huesitos con algo en la boca. Anonadada me hallaba viendo como de mi adorable bola de pelo salían unos ronquidos que podrían haber sido los de Míster T con sinusitis, y unas braguitas que misteriosamente habían desaparecido del tendedero esa mañana, metidas en la boca hechas una pelota… Por el amor de Lassie muchacho, ¿tú que has cenado?

¿Le lanzaste el calcetín? Os estaréis preguntando… Pues no, obviamente no, porque hay que saber elegir las batallas, así que con las mismas me acerqué a él, le hice una caricia, soltó las braguitas (que fueron directamente a la basura sin pasar por la casilla de salida) y siguió durmiendo con un suspiro… El mismo suspiro que solté yo al dejar de escuchar el ronquido, el mismo suspiro que soltó mi bebé cuando volví a la cama y enganchó la teta, el mismo suspiro que soltó marinovio cuando los calcetines sudados dejaron de planear en torno a su cabeza, y el mismo suspiro que lanzó el junco hueco interior, que por fin sabía que esa noche no iba a trabajar más…

Ay, la noche… Qué sorpresitas nos trae a veces…

 

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27 octubre, 2021

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