Por qué no utilicé el método Montessori con mis hijos

Las bases de la pedagogía Montessori, a grandes rasgos

Es posible que al leer el título os sintáis ligeramente confundidos. ¿Pero este hombre no es el que lleva unos días invitándonos al seminario de la Guía Montessori Miriam Escacena? ¿No dice en su Facebook que todos deberíamos vivir en una casa Montessorizada? ¿Y ahora resulta que él no utilizó el método en su casa?

Pues… sí. Así es. En mi casa no hicimos nada de esto. Ni en casa ni fuera de ella. Ni mis hijo han tenido apenas materiales Montessori, ni han ido a escuelas donde sigan este sistema educativo, ni nosotros lo hemos desarrollado en casa creando ambientes específicos para ayudarles en su desarrollo.

Por qué no utilicé el método Montessori con mis hijos

¿Por qué? Pues porque en casa no teníamos ni puñetera idea de quién era María Montessori, ni sabíamos de qué hablaba hasta que nuestros hijos ya fueron relativamente mayores.

Sabíamos que era algo así como un método educativo, que había materiales específicos, juguetes de madera, pero no profundizamos como para saber más, y sin saber, no puedes hacer cambios en tu casa ni en tu vida.

Así que ahora que mis hijos tienen 11, 8 y 5 años solo puedo decir que me da pena. Me da pena haber descubierto tarde un método educativo que no solo me gusta mucho, sino que me parece muy idóneo para los niños.

Nacemos para ser libres… y Montessori lo tenía claro

Y es que María Montessori dedicó su vida a crear un sistema pensado en los niños, que tenía toda la intención de acabar siendo una filosofía de vida. Un modo de vida basado en la libertad de los niños de crecer en base a sus propios intereses, y de hacerse poco a poco a sí mismos, y de ese modo, ser cada vez más autónomos e independientes.

Así es como Montessori hablaba del concepto de libertad sobre el que tanto énfasis hizo:

En educación de la primera infancia el concepto biológico de libertad debe entenderse como una condición que favorece el desarrollo de la personalidad, tanto desde un punto de vista fisiológico como psíquico; e incluye la libre evolución de la conciencia. Por ello el educador, inspirándose en un profundo culto a la vida, debiera respetar el desenvolvimiento de la vida de la infancia observándola con un hondo interés humano.

Es decir, que exhortaba a los educadores de la época (principios del siglo pasado, o sea, hace más de cien años), a ver a los niños con otros ojos; con ojos de curiosidad, de respeto, de amor… a aprender de cada uno de los niños para descubrir sus potencialidades, y sobre tus intereses y necesidades, y a partir de ahí guiarles adecuadamente.

Es más, imaginad la importancia que daba a la observación por parte de los educadores, y a la libertad por parte de los niños, que sugería que eso de frenar a los niños, lo del “estate quieto” que tanto abunda, se evitara siempre que fuera posible:

La única acción eficaz en esa época será la que tiende a ayudar al completo desarrollo de la vida, por eso es preferible evitar rigurosamente el detener los movimientos espontáneos y renunciar a nuestra costumbre de obligar a los niños a realizar actos por imposición de la propia voluntad; a menos que se trate de actos inútiles y perjudiciales.

Para Montessori, la libertad era un sinónimo de espontaneidad, y la consideraba condición necesaria para que el niño descubriera y conquistara el ambiente a su alrededor, posibilitando así su desarrollo. Dicho de otro modo, defendía la libertad como medio para la formación de la autodisciplina y de su propia independencia.

Esa libertad, ojo, debía estar limitada por el interés colectivo, porque como suele decirse habitualmente: no es lo mismo libertad que libertinaje. Y a los niños, según decía, no se les debía permitir aquello que pudiera ofender o perjudicar a los demás, ni nada que pudiera ser indecoroso o grosero.

Una libertad que los educadores podían conducir para que ayudara a los niños a ser independientes a través de ambientes estimulantes y naturales, donde pudieran construirse a sí mismos.

No hay mejor persona que la que se siente en la obligación de ser mejor persona

En términos educativos, somos muchos los que intentamos huir de los castigos y los premios para evitar que las razones del comportamiento de los niños sean externas: yo no quiero que mis hijos tengan un comportamiento adecuado para que así les dé un premio, ni para evitar así un castigo; yo quiero que mis hijos sean personas de bien, respetuosas y humildes, porque ellos consideren que deben ser así.

Montessori lo tenía tan claro que ya en 1909 dijo que:

El hombre que obra por sí mismo concentra sus fuerzas sobre sus propios actos, se conquista a sí mismo, multiplica su poder y se perfecciona. Por ello es preciso hacer de las generaciones futuras hombres potentes, es decir, independientes y libres.

Pero nuestros padres fueron las generaciones futuras, y eso no sucedió; nosotros fuimos también una generación futura, y eso tampoco sucedió; y nuestros hijos es otra generación futura, y tampoco está sucediendo, o al menos no de una manera global. Los niños siguen siendo educados en sus casas y en las escuelas, en el año 2017, como si hubieran nacido en los años 70 u 80 (por no ir mucho más atrás en realidad, si consideramos que Montessori ya venía creando un sistema educativo más acorde a las necesidad de los niños, y mucho más válido a la hora de dar herramientas de vida a los pequeños).

Seguimos viendo a niños en escuelas infantiles que “perdona mamá, pero tu hijo me desmonta las dinámicas de la clase” porque quieren correr, jugar y saltar cuando las educadoras tratan de hacer actividades dirigidas. Seguimos viendo clases de infantil llenas de sillas, como si lo más natural para los niños de tres años, plenos de energía y curiosidad, fuera sentarse a escuchar. Sí, claro, un ratito sí, ¡pero el resto del tiempo necesitan aprender por sí mismos!

Por eso Montessori decía que los educadores debían ser pasivos, observadores sobre todo:

En nuestro sistema el educador debe ser más un pasivo que un activo, y su paciencia debe estar compuesta de ansiosa curiosidad científica y de absoluto respeto por el fenómeno que quiere observar. La humanidad que se manifiesta ya con todos sus esplendores intelectuales en la tierna infancia, debe ser respetada con religiosa veneración.

Por eso, aunque no lo hice con mis hijos…

Por eso después de que entrara en el equipo de Criar con Sentido Común la pediatra Gloria Colli, y después de que entrara la médica e IBCLC Carmen Vega, quise que entrara Miriam Escacena, guía Montessori; porque yo quería que lo que a mí me había pasado no le pasara a más gente. Porque a mí me habría gustado poder acercar a mis hijos el método que Montessori ideó para los niños, y no pude hacerlo.

Y no creo que lo haya hecho mal, ni mucho menos. Pero eso no quita que esté profundamente convencido de que los niños de hoy en día, o mejor dicho, los padres, deben conocer el sistema Montessori.

Como mínimo, conocerlo, y a partir de ahí valorar hasta qué punto pueden o quieren seguirlo, adaptarlo a sus juegos, a sus casas y a sus vidas. Y por eso este domingo Miriam os ofrecerá el primer webinar sobre este tema, en concreto hablando de los materiales y el modo de convertir una casa pensada para personas grandes, en una casa Montessori, pensada también para los pequeños. Una en la que nuestros hijos tengan libertad para aprender a ser.

¿De qué seminario estoy hablando?

El seminario al que os podéis apuntar para ver cómo Montessorizar la casa, impartido por Miriam Escacena este mismo domingo:

La inversión inicial, para aquellas personas que no formen parte de la comunidad CSC es de 9,95 euros, y lo podréis ver tanto en directo como en cualquier momento, en diferido. Si formáis parte de la comunidad, en cambio, lo podréis ver sin coste añadido.

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1 comentarios en "Por qué no utilicé el método Montessori con mis hijos"

  1. Buenas noches,
    Tengo 4 hijos de 12, 9, 5 y 3 años, entiendo que va más dirigido a familias con bebés, no?
    Gracias ☺

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