¿Por qué los niños se visten de azul y las niñas de rosa? 

Todo lo que conocemos sobre la distinción de colores y ropajes por género se debe a modas y costumbres cambiantes

Es increíble la forma en la que un trozo de tela o su color puede definirnos o hacer que etiquetemos a las personas. Sin embargo, el uso de prendas y colores está asociado a modas, necesidades históricas y asimilaciones (o malas asimilaciones) culturales. Todo lo que conocemos sobre los colores asociados al género nos ha sido impuesto históricamente por la necesidad, la moda o el marketing… Y puede volver a invertirse en cualquier momento.

Los niños de rosa y las niñas de azul

Aunque en la actualidad asociemos el rosa a las niñas y el azul a los niños, esta distinción que por costumbre hemos asumido como algo de lo más natural, no es más que una convención arbitraria ¡y relativamente reciente!

Lo cierto es que ni los niños han vestido siempre de azul, ni las niñas de rosa. Es más, hasta el siglo XX los niños y niñas usaban de forma indistinta el rosa, el azul y otros colores, tal como explica la directora del Museo del Instituto de la Moda de Nueva York.

 

La primavera de la vida, Hans Zatzka, 1859 – 1945

 

Si nos remontamos al siglo XIX, no encontramos un uso diferenciado de uno u otro color en la ropa de los pequeños, sino que se solía vestir a todos de blanco o incluso de negro (los tintes de color eran caros para la mayoría de bolsillos de la época). En las clases altas, en cambio, sí se solía vestir a los niños y niñas con otros colores… pero no dependiendo de su género. 

De hecho, en EEUU no se usaron los tonos pastel para vestir a los bebés hasta la Primera Guerra Mundial. Así lo refleja la historiadora Jo B. Paoletti en su libro Pink and Blue: Telling the Girls From the Boys in America (Rosa y azul: diferenciando a las niñas de los niños en América).

 

 

No fue hasta el primer tercio del siglo XX cuando muchos fabricantes y vendedores de ropa para niños intentaron establecer diferencias de color con el objetivo de aumentar las ventas, pero no había consenso a la hora de optar por uno u otro. Por ejemplo, la revista Ladies’ Home Journal recomendaba en 1918 el rosa para los niños por ser un color «más decidido y fuerte» y el azul para las niñas, por ser “más delicado y amable”.

La falta de preferencia en aquella época se refleja también en el cuadro con la oferta de colores en grandes almacenes estadounidenses, que publicaba Time en 1927. Como reflejan las cifras, el criterio todavía no estaba claro. Es más, el 60% de los grandes almacenes prefería el rosa para los niños.

 

 

Se hace necesario explicar que por aquel entonces el rosa se asociaba al rojo (el color de la sangre, la fuerza, la pasión, lo terrenal y el vigor). Por el contrario, el azul era el color de la pureza, de la delicadeza, de lo etéreo y lo virginal (por lo que se asociaba a las niñas).

 

Virgen María y Jesús, mosaico del siglo XVIII, Grecia

 

En Europa los tonos pastel también se popularizaron entre los bebés sin distinción de género. El empleo entonces del rosa y el azul era indiscriminado. Y cuando se establecía una norma, tampoco se seguía siempre el mismo criterio. Por ejemplo, los orfelinatos franceses utilizaban el azul para los niños y el rosa para las niñas, pero en Bélgica, Suiza y parte de Alemania era al revés.

 

El Buen Pastor, Murillo, 1660

 

La escritora y científica social Eva Heller explica en su libro Psicología del color, que en Alemania esta distinción no nace hasta los años 20 y no se generaliza hasta los 70. Y no fue sino hasta los años 80 cuando el rosa se impuso definitivamente como un color femenino y el azul como uno masculino. Esta asociación ha calado tan fuertemente en nuestra sociedad que, según Paoletti, en la actualidad hay mucha más diferenciación por sexos que hace décadas.

Cuando los niños llevaban vestido…

La distinción de género que atañe a los ropajes que vestimos en la actualidad no solo afecta a los colores. También el uso de pantalones, faldas y vestidos es una convención sociocultural que no siempre ha sido la misma.

Hasta el siglo XIX todos los bebés llevaban faldones porque eran más prácticos para cambiar los pañales sin tener que desvestir a los pequeños. Aunque hoy en día nos resulte chocante, los niños de la época victoriana solían llevar vestidos hasta los 7 u 8 años. La razón también era de carácter práctico: así les resultaba mucho más fácil aprender a ir al baño solos.

 

Franklin D. Roosevelt en 1884, a la edad de 2 años

 

Los significados y simbolismos asociados a trajes y colores también pueden cambiar en nuestros días, dependiendo de la cultura en la que estemos. El amarillo se asocia al sol (y por tanto a la felicidad y a la nobleza) en Egipto y China, pero es un color maldito para los supersticiosos de las artes escénicas.

El blanco es el color de la mayoría de las novias en EEUU y Europa, pero es un color asociado al luto en los países orientales. Los budistas llevan túnicas a modo de vestido y el traje tradicional escocés viste con faldas a los hombres.

Y, por supuesto, hay modas: el rosa hace su presencia en camisas, polos y corbatas masculinas a finales del siglo XX. Y a lo largo de la historia (y dependiendo del lugar) los hombres han llevado vestidos, faldas, medias, pelucas, maquillaje y tacones. Así que todo lo que hoy conocemos sobre el rosa y el azul, las faldas y los pantalones podría volver a cambiar en épocas futuras.

 


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