«El nacimiento de Surya» por Javi Cañete

El relato de un parto escrito por un papá

Cuando sonó el teléfono y vi que era ella, sabiendo que ella no me llama nunca mientras trabajo si no es importante (pero hacía tres días que salimos de cuentas), supe que no era para preguntarme que tal el día…

Pasé todo el embarazo preparándome, informándome, mentalizándome y buscando cualquier imprevisto, problema o duda que pudiera surgir, pero cuando llegó ese momento, el corazón se saltó un latido y la cabeza se quedó en blanco, y solo pude responder la llamada diciendo… “¡Dime cariño!, ¿Está todo bien!?”. Ella contestó “Sí, pero tengo contracciones cada media hora”, ahí supe que el juego había empezado y mi cabeza descubrió dudas que en nueve meses, aunque pareciera imposible, no se habían planteado.

Empieza el meneo…, ¿estamos listos? ¿está todo bien?, a ver como lo lleva ella… Tranquilo, ¡poco a poco!, hemos hecho los deberes y lo tenemos todo preparado, ahora que salga todo bien y listo.

Elegimos con toda la antelación un parto natural en casa, para que fuera atendido por cuatro maravillosas matronas, así que las llamamos y pusimos en alerta, era pronto pero tenían que saber en qué punto estábamos en cada momento. Las contracciones seguían al mismo ritmo hasta que yo salí de trabajar tres horas después y llegué a casa, como si Surya lo hubiera notado, en ese momento empezaron a ser mas frecuentes. Isa sufría con cada una y yo sufría cada vez que ella lo hacía, no sabía que hacer aparte de calmarla y estar con ella en todo momento: sé que puede sonar a típico tópico pero si hubiera podido librarla y pasarlo yo por ella…

Por momentos intentaba darse de cabezazos contra la pared, decía que no podía más y que se estaba muriendo, incluso en algunos momentos de dolor agudo pidió que llamara a alguien que «la rajara y se lo sacara». Entendí por lo que pasaba aunque no podía imaginarlo y por eso no me asusté, se suponía que ya sabía que todo esto iba a pasar, y se suponía que estaba preparado, pero cuando lo pasas es diferente.

Con cariño, con calma y paciencia conseguimos pasar la tarde con contracciones cada vez más frecuentes y fuertes hasta las nueve de la noche, cuando ya eran cada cinco minutos y ella no podía más, yo ya no era suficiente y lo entendí; necesitaba de las matronas, ellas saben qué hacer, tienen mucha experiencia y podían calmarla y hacer que todo fuera rodado mucho mejor que yo, así que no me pareció mal, al revés, casi agradecí un poco de refuerzo, todo por que ella estuviera lo mejor posible, así que las llamé y en nada de tiempo se presentó la primera de ellas.

Sabía como iba todo y que no era urgente, por eso vino tranquila y nos calmó a nosotros también. Fueron pasando las horas y fueron llegando el resto de matronas, que nos decían lo que iba a pasar y cómo antes de que sucediera, lo cual nos tranquilizó. Estaba claro que lo tenían todo dominado, tomaban constantes a madre e hija cada poco tiempo, controlaban el tiempo entre contracciones al tiempo que iban preparando cosas, infusiones para después del parto, algo de fruta para intentar que comiera algo, la hablaban para calmarla y a mi también… nos cuidaban mucho, pero ella no podía ni comer. Lo que comió lo vomitó y a pesar de que no se encontraba a gusto en ninguna parte (lógico) estaba mejor y más tranquila. Fueron probando la silla de partos, suspensiones, la cama o el sofá, pero no funcionaba, al final la bañera resultó la mejor opción y fue donde más calmada y mejor estuvo hasta que llegó casi el momento definitivo.

Llegado un punto nos recomendaron salir de la bañera porque calma y relaja, pero en exceso podría parar el parto hasta la noche siguiente, (ya era de día) así que Isa eligió la cama como lugar para el alumbramiento. Nos ubicamos intentando dejar el espacio necesario para que ella se sintiera a gusto y así comenzó la fase final. En este punto ya estábamos las cuatro matronas, mi cuñada, Isa y yo. Dos de las matronas se quedaron en la puerta del cuarto por dejar espacio mientras las otras dos iban guiándonos. Mi cuñada y yo intentamos apaciguar los dolores de las contracciones que eran casi seguidas una de otra.

De pronto apareció algo negro que asomaba en una de las contracciones y las matronas cambiaron de cara, se iluminaron y sonrieron diciendo que ya estábamos ahí. Se sucedieron las contracciones y la cabeza, con una mata de pelo impresionante, se asomaba y escondía en cada una de ellas. Se nos hacía interminable, aunque realmente al verle la cara pareció mas llevadero que todo lo anterior; creo que puede ser por la ilusión o por ver que ya faltaba poco, pero parecía que tuviera más fuerzas entonces que una o dos horas antes. De pronto una de las matronas nos dijo que en la siguiente contracción Surya saldría. Lo cierto es que lo dijo un par de veces y a la tercera se cumplió. No se cómo, en unas décimas de segundo giró la cabeza mientras tiraba y ella salió acompañada por las manos de la matrona que la puso inmediatamente encima de Isa.

Estaba muy roja y llena de marcas y arrugas y la cabeza apepinada, pero en ese momento me rompí y me puse a llorar como nunca antes y como dudo que vuelva a pasar después. Fue lo más hermoso que había visto jamás. Fue largo, fue duro, fue impactante y alucinante, e Isa lloraba tanto como yo o más. Se la veía feliz como nunca la había visto antes, pero era solo la culminación del embarazo; lo realmente importante empezaba ahí: el embarazo, siguiendo unas cuantas pautas, se lleva relativamente fácil porque el cuerpo de la madre sabe qué hacer, cómo y cuando, después todo dependía de nosotros.

Ahora, después de un tiempo y viendo las cosas con perspectiva puedo decir, que habiéndolo hablado muchas veces entre los dos, ambos coincidimos en que el parto es lo que menos nos preocuparía si hubiera una próxima vez, dentro de todo lo que hemos pasado quizá podríamos decir que fue lo mas fácil, a toro pasado claro… y a pesar de las complicaciones que haya podido haber en la lactancia, que no han sido pocas ni sencillas, y de las crisis de crecimiento y sueño, etc. es lo mejor que hemos podido hacer en toda nuestra vida.


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