Guía de alimentación complementaria 2025

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Guía de alimentación complementaria 2025

La primera infancia es la etapa en la que se inicia la adquisición de los hábitos alimentarios, que se establecerán como definitivos entre los dos y tres años de vida, y que serán difíciles de modificar.

Por tanto, es fundamental que desde los primeros momentos de la alimentación complementaria se adquieran unos buenos hábitos que proporcionen una buena educación alimentaria, lo cual redundará en un mejor estado nutricional, con efectos beneficiosos para la salud en general, para toda la vida.

No en vano, la alimentación infantil durante los primeros años de vida es de vital importancia debido a que constituye un factor crucial para el desarrollo físico, cognitivo y emocional de los niños y niñas.

 

 

Algunas razones clave por las que la alimentación en la infancia temprana es tan importante son:

  1. Crecimiento y desarrollo: Durante los primeros años de vida, los niños experimentan un rápido crecimiento y desarrollo. Una alimentación adecuada proporciona los nutrientes esenciales para el desarrollo óptimo de huesos, músculos, órganos y sistema nervioso.
  2. Fortalecimiento del sistema inmunológico: La respuesta inmunológica del ser humano se desarrolla principalmente durante los tres primeros años de vida. Durante este tiempo, se debe promover su desarrollo y fortalecimiento a través de una dieta adecuada, un buen descanso y el refuerzo de su sistema neuro-emocional. Así, una nutrición adecuada es fundamental para fortalecer el sistema inmunológico de los niños y niñas, lo que ayuda a protegerlos de enfermedades y promueve una mejor salud tanto a corto como a largo plazo.
  3. Desarrollo cognitivo y habilidades mentales: Nutrientes específicos (como los ácidos grasos omega-3, el hierro, la vitaminas B12, las proteínas, etc.), son especialmente importantes para el desarrollo del cerebro y las habilidades cognitivas. Una alimentación balanceada durante la infancia temprana puede contribuir significativamente al desarrollo cognitivo y al rendimiento académico en el futuro.
  4. Establecimiento de hábitos alimenticios saludables: Los primeros años de vida son primordiales para establecer hábitos alimenticios saludables que pueden durar toda la vida. Exponer a los niños y niñas a una variedad de alimentos saludables y nutritivos desde una edad temprana, así como evitar las calorías vacías (aquellas que proporcionan poco o ningún valor nutricional) en la alimentación infantil, además de ayudar a prevenir la aversión a ciertos alimentos, promueve una dieta equilibrada en el futuro.
  5. Prevención de problemas de salud a largo plazo: Una alimentación inadecuada durante la infancia temprana puede aumentar el riesgo de desarrollar problemas de salud a largo plazo como obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y deficiencias nutricionales. Por otra parte, una alimentación saludable puede ayudar a prevenir estas enfermedades y promover un crecimiento y desarrollo óptimos.
  6. Desarrollo de hábitos sociales y emocionales: Comer en familia y compartir comidas puede ser una oportunidad para desarrollar habilidades sociales y emocionales en los niños, como la comunicación, el compañerismo y el sentido de pertenencia. Asimismo, la evidencia científica nos indica que una dieta rica en alimentos ultraprocesados tiene un impacto negativo en el estado de ánimo. Diversos estudios han encontrado vínculos entre la comida basura, los productos procesados y la depresión.

En resumen, la alimentación infantil durante los primeros años de vida es esencial para el crecimiento, desarrollo y bienestar general de la infancia, así como para establecer hábitos alimenticios saludables, cuyo impacto positivo permanecerá a lo largo de toda la vida.

Esta es una guía general que puedes seguir, pero siempre es recomendable consultar con un/a dietista-nutricionista para adaptar la dieta a las necesidades específicas de tu hijo o tu hija.

 

Índice de esta guía de alimentación

    1. 1. Lactancia Materna - Fórmula de inicio (0-6 meses) 1.1. Lactancia Materna 1.2. Fórmula de inicio 1.3. Lactancia mixta 1.4. ¿Tengo que ofrecer agua a mi bebé?
    2. 2. Introducción de Sólidos (6-12 meses) 2.1. ¿Cómo sé si mi bebé está preparado para la introducción de sólidos? 2.2. Cómo ir introduciendo los alimentos 2.3. ¿Hay alimentos “prohibidos”? 2.4. Nutrientes esenciales 2.5. ¿Y si mi bebé rechaza sabores o texturas? 2.6. ¿Y qué pasa con las alergias? 2.7. Cómo cocinar los alimentos
    3. 3. Alimentación complementaria con triturados 3.1. Inicio gradual 3.2. Algunas recetas 3.3. ¿Hasta cuándo con purés?: La transición de triturados a sólidos
    4. 4. Introducción a la alimentación sólida con BLW 4.1. ¿Qué es el BLW, qué propósito tiene y en qué beneficia a mi bebé? 4.2. Cuándo y cómo empezar con el BLW 4.3. Alimentos adecuados para BLW y cómo prepararlos 4.4. Alimentos desaconsejados y supervisión adulta 4.5. Proceso de alimentación: Supervisa pero no interfieras 4.6. Horarios flexibles 4.7. Incentivar la independencia: ¡Con la comida sí se juega! 4.8. Me da miedo que mi bebé se atragante: Cómo prevenir atragantamientos y asfixia 4.9. Algunas recetas para BLW
    5. 5. Método Mixto: triturados y sólidos
    6. 6. Errores que cometemos (sin querer) cuando damos de comer a los bebés
    7. 7. Alimentación y emociones: Por qué no debes usar la comida como premio ni como castigo
    8. 8. La leche a partir del año
    9. 9. S.O.S. ¡Mi niño/a no come! 9.1. Forzar a comer es contraproducente 9.2. ¿De verdad no come nada? 9.3. ¿Y si ya debería estar comiendo pero solo quiere teta o bibi? 9.4. Lactancia materna y vuelta al trabajo: Qué hacer cuando el bebé no come nada hasta que mamá vuelve
    10. 10. ¿Y si mi peque come demasiado?
    11. 11. Cuándo acudir a un nutricionista infantil
 

Durante los primeros 6 meses de vida, todos los bebés deben ser alimentados de forma exclusiva con leche materna o de rmula, sin combinación con más líquidos o alimentos.

En concreto, la leche materna es la mejor opción si esta es posible. Proporciona nutrientes esenciales y ayuda a desarrollar el sistema inmunológico del bebé. Es por ello que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos internacionales señalan la leche humana como el mejor alimento posible para el bebé. Lo que significa que esta solo debe ser sustituida por la leche de fórmula cuando amamantar no sea posible para la madre.

La OMS y UNICEF publicaron en 2022 un estudio (“How the marketing of formula milk influences our decisions on infant feeding) en el que demostraron cómo las empresas utilizaban un marketing agresivo para conseguir que las madres opten por la lactancia artificial al menoscabar la confianza de las mujeres embarazadas y de las madres recientes en su capacidad de amamantar.

Por ello, si quieres prepararte adecuadamente para dar el pecho a tu bebé, tienes dudas, o surgen complicaciones durante la lactancia, lo mejor es dirigirte a un/a consultor/a de lactancia materna, IBCLC, que es la figura experta profesional que sabrá asesorarte de forma individualizada y ayudarte a resolver todos tus interrogantes, ofrecerte las mejores recomendaciones y superar cualquier obstáculo.

Asimismo, los grupos locales de apoyo a la lactancia materna también son especialmente útiles en todos los casos.

 

El bebé debe ser alimentado con leche materna hasta los 6 meses de edad de forma exclusiva.

Asimismo, la leche materna seguirá siendo el alimento fundamental del bebé hasta los 12 meses, aunque a partir de los 6 se combinará con otros alimentos complementarios.

Su composición, única e inimitable en laboratorio, aporta al bebé toda la hidratación, nutrientes y factores protectores necesarios para su crecimiento y desarrollo saludable.

Además, la leche materna es el único alimento del mundo “inteligentey personalizado, ya que es capaz de adaptar su composición a las necesidades individuales de cada bebé para darle todo lo que necesita en cada etapa de su desarrollo.

Asimismo, también es capaz de cambiar su composición a lo largo de cada toma, según el momento del día e incluso en función de si el bebé está enfermo. ¡Sí, así es! Existe evidencia científica de que cuando el bebé succiona se produce un flujo de leche retrógrado que hace que la saliva llegue a los conductos mamarios y, si está enfermo, la leche cambie para adaptarse a sus necesidades.

Así pues, la leche de fórmula ha de ser considerada solo como la mejor alternativa cuando dar el pecho al bebé no es posible, o no se desea hacerlo.

El establecimiento de la lactancia en los primeros días de vida del bebé: Lactancia materna a oferta

Durante las primeras semanas de vida del bebé, hasta el establecimiento de la lactancia, la leche materna se ofrece a oferta para asegurar al menos 12 tomas al día.

Así, las tomas frecuentes estimulan la prolactina y aseguran la producción de leche de la madre, así como la necesaria ganancia de peso del bebé y el establecimiento del hábito de succión.

Los bebés dormidos en sus cunas (en lugar de siendo porteados por mamá) y el chupete, son los motivos más frecuentes que pueden hacer que la ingesta de leche materna sea insuficiente y, por tanto, el bebé no se esté alimentando correctamente.

Para lograr un establecimiento de la lactancia exitoso, se debe posibilitar el contacto piel con piel y el agarre del bebé al pecho de su madre desde el mismo momento de su nacimiento. La recomendación es iniciar la lactancia de manera temprana, en las dos primeras horas de vida del bebé.

Esto es así debido a que los niños y niñas nacen en un estado de alerta y activación que suele durar unas dos horas y hay que aprovechar esta predisposición con la que llegan al mundo para conectar con su mamá y con la teta. Esto fomentará el agarre correcto y la producción de leche.

Además, de esta forma, el bebé aprovecha todas las ventajas del calostro, el llamado “oro líquidopor su característico color amarillento y por todos sus beneficios para los recién nacidos. Se trata de la primera leche que segrega la madre hasta la subida de la leche materna, unas 48-72 horas más tarde.

Además de una gran proporción de agua para hidratar al bebé, el calostro tiene minerales, oligoelementos, hidratos, aminoácidos, proteínas, vitaminas liposolubles, grasas, lactosa y vitaminas hidrosolubles. Es decir, su composición obedece a todas las necesidades del recién nacido en su etapa de adaptación al mundo exterior.

De hecho, se dice que el calostro tiene un sabor parecido al líquido amniótico, su color es amarillento normalmente y se presenta en una densidad alta, aunque se produce en un volumen reducido (de 3 a 20 ml por toma). El bebé no precisa más, y es que su estómago es muy pequeño.

El contenido en grasas y lactosa es bajo, adaptándose así a las necesidades calóricas del recién nacido y facilitando la digestión, ya que el estómago del bebé va a trabajar por primera vez. De esta forma, el bebé no se puede “empachar” ni “hay que dejar descansar” al estómago, pero sí necesita tomas frecuentes debido, precisamente, a su alta digestibilidad.

Si nos detenemos a precisar su composición, encontramos entre las vitaminas un gran porcentaje de betacarotenos, que tienen un efecto antioxidante en las células. Además, los minerales estimulan el crecimiento correcto del corazón, cerebro y sistema nervioso central.

Entre las proteínas del calostro hayamos numerosos factores de crecimiento, que ayudan a la regeneración y crecimiento celular, y son esenciales en la creación de huesos, cartílagos, músculos y nervios.

También es destacable la función de la motilina, un polipéptido con efecto laxante. Es importante que el bebé elimine el meconio, esa caca negra y pegajosa que hacen al poco de nacer y así evitar la ictericia. Por eso, cuando el recién nacido tiene la bilirrubina demasiado alta, hay que insistir en que se esté alimentando bien con leche, y huir de la errónea indicación de darle agua. Gracias al calostro le será más fácil evacuar y mantener idóneos los niveles de bilirrubina.

Además de todo lo mencionado anteriormente, el calostro es considerado como “la primera vacuna” del bebé, ya que su papel contra las infecciones es quizás su principal superpoder.

Y es que la primera función del calostro es la protección y después la alimentación. Está demostrado que, en gran medida, minimiza la gravedad de las infecciones y provee al organismo de las defensas necesarias para “luchar” contra ellas.

De hecho, el 97% de las proteínas del calostro son Inmunoglobulina A, anticuerpos como los linfocitos que protegen contra infecciones, pero también contra posibles alergias, escudando las paredes del intestino y el aparato respiratorio, y transmitiendo la información inmunológica de madre a hijo.

Hasta los 6 meses de vida… ¡y más allá!: Lactancia materna a demanda

Posteriormente, y una vez que la lactancia materna esté establecida, el pecho se dará siempre a demanda. Esto quiere decir que no se esperará una hora ni dos para ofrecer el pecho al bebé, sino que este podrá amamantar sin horarios y cada vez que lo reclame.

A partir de ese momento, la duración de la lactancia materna será la deseada por el binomio mamá y bebé, teniendo la lactancia prolongada o de larga duración muchísimos beneficios a largo plazo, y permanentes hasta la edad adulta, para los niños y niñas.

 

Si la lactancia materna no es posible, lo recomendable de 0 a 6 meses es utilizar fórmulas infantiles de inicio. En estos casos, se recomienda la alternancia entre varias marcas para que así el bebé pueda beneficiarse de las ventajas adicionales que ofrece cada uno de los fabricantes en su fórmula.

Es de señalar que el biberón, como la teta, se dan a oferta las primeras semanas de vida del bebé, y después siempre a demanda. Es decir, nada de ofrecer al bebé el biberón cada dos o tres horas como tradicionalmente se recomendaba a las familias, sino que debe ofrecerse al bebé cada vez que este lo reclame.

La recomendación de los expertos es que tanto biberón como tetina sean lo más parecidos al pecho, para lo cual debe tenerse en cuenta, sobre todo, la propia anatomía oral del bebé.

En este sentido, aunque muchos fabricantes y marcas compiten por posicionar sus productos como los más fisiológicos, lo cierto es que hay muy poca evidencia científica publicada al respecto como para poder asegurar al 100% que hay un biberón o tetina mejor que otro. La experiencia de las profesionales de la lactancia parece concluir, hoy por hoy, que la ideal es una tetina de flujo lento, ofreciendo el biberón en horizontal, con el bebé prácticamente sentado, para que coma por succión y no por gravedad.

Es importante hacer hincapié en la preparación de los biberones. Hay que extremar la higiene (tanto de utensilios, biberón y tetina, como de manos) y calentar el agua por encima de los 70 grados para lograr neutralizar cualquier patógeno de la leche.

El agua ha de estar a esa temperatura cuando entra en contacto con el polvo, y después enfriar hasta lograr una temperatura adecuada para su consumo, o bien guardar el biberón preparado en la nevera, donde puede permanecer hasta 24 horas (hablamos de un biberón que el bebé aún no ha chupado, y preparado con el agua a más de 70 grados). Si el bebé no se lo toma entero, el máximo de tiempo que se puede guardar la fórmula son dos horas.

 

La lactancia mixta es aquella en la que se combina la leche materna con la artificial. Es una modalidad de alimentación infantil a la que se puede llegar por obligación (por ejemplo, porque el bebé no gana el peso suficiente) o por convicción (porque es el modelo que se adapta a nuestras necesidades o ritmo de vida).

En algunas ocasiones se pauta un suplemento de fórmula sin averiguar el motivo de la falta de ganancia de peso. Y este parche puede poner en riesgo la lactancia materna exclusiva de forma precoz.

Los principales motivos por los que un bebé no gana peso con lactancia materna exclusiva son que el peque tiene alguna dificultad para sacar leche, un agarre inadecuado, que se ha producido una bajada de producción de leche por parte de la madre o que el bebé está enfermo. En todos estos casos, la ayuda de un/a IBCLC puede ser muy útil, e incluso salvar la lactancia.

Uno de los grandes problemas de la lactancia mixta es la posibilidad de la confusión pezón-tetina. Esto puede llevar al bebé a cambiar su forma de mamar, lo que puede influir en las tomas de pecho. Para evitarlo, hay que buscar una tetina de flujo lento (tetina tipo 1), evitando, además, las que tienen multiposición y alimentar al ritmo del bebé.

También podemos explorar la posibilidad de dar la fórmula con un relactador, para proteger la lactancia, fomentar la producción de leche materna y hacer que la retirada de suplementos pueda ser más fácil.

En otras ocasiones, se recomienda combinar secuencias entre pecho y biberón, tratando de no repetir siempre la secuencia de biberón tras el pecho porque se puede crear un reflejo condicionado: el bebé aprenderá que tras la teta hay un segundo plato, que no tiene que ser necesariamente mejor, pero como sabe que lo hay, cada vez mamará menos. Es mejor ir alternando, de modo que a veces haya biberón y teta, otras teta, otras biberón y teta, otras biberón...

En muchas ocasiones, en el caso de las madres que hayan optado por la lactancia mixta por obligación, hay que prestar especial atención a las emociones maternas. A veces, la madre que practica lactancia mixta porque se ha visto obligada a ello lo vive como un duelo o como una especie de fracaso.

Esos sentimientos encontrados son habituales cuando se llega a la lactancia mixta por falta de apoyo o por no haber recibido la información adecuada. Y no es fácil lidiar con esa sensación, sobre todo en nuestra sociedad, donde todo se tiende a idealizar.

Las consultoras de lactancia, sin embargo, animan a ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío. Lo importante es que el bebé sigue recibiendo leche materna, en la medida en la que se pueda, porque cualquier cantidad de leche materna, por poco que sea, merece la pena. En lugar de un fracaso, ¡es otra forma de tener éxito!

Y así es, en realidad: es otra manera de conseguir salvar la lactancia materna, de seguir luchando y tomando las mejores decisiones posibles para el bienestar de nuestro bebé.

 

Ni agua ni infusiones ni zumos. Nada que no sea leche materna o de fórmula.

Como siempre que hablamos de hidratación pensamos en agua, es muy habitual que surjan dudas cuando hablamos de bebés pequeñitos, que se alimentan solo de leche. ¿Hay que darles también agua?

Pues no. Tanto en el caso de la leche materna como en el del biberón, el componente principal de la leche para bebés, sea humana o de fórmula, es el agua.

Dándoles agua entre tomas estamos ofreciéndoles mayor cantidad de la que necesitan e hinchando el pequeño estómago de los bebés, afectando a su apetito, al ocupar el espacio que debería estar libre para recibir la siguiente toma de leche, con los nutrientes esenciales que son necesarios para su desarrollo.

En el caso de la leche humana, un elemento vivo y cambiante que tiene más de 200 componentes, el 88% de la leche materna es agua que, unida a sus componentes nutritivos, es la mejor opción para hidratar al bebé.

En el caso de la leche de fórmula, también tiene un alto porcentaje de agua (¡los biberones se preparan con agua!), por lo que sirve también para este fin, puesto que la proporción establecida para su correcta preparación ya está pensada para que sea alimento e hidratación al mismo tiempo.

Eso sí, hay que seguir al pie de la letra las instrucciones de preparación de los fabricantes para que la proporción sea la adecuada, ya que un exceso de agua conllevará una menor ingesta de nutrientes y un exceso de leche en polvo puede provocar deshidratación en el lactante.

También es importante recordar que ambos, biberón y teta, se ofrecen a demanda, por lo que será el peque quien indique cuándo necesita alimentarse y/o hidratarse.

De hecho, como los bebés se autorregulan, en verano aumentan la demanda de teta o de biberón, por lo que se debe cubrir la mayor demanda del bebé en esta época del año.

Para calmar la sed el bebé hará tomas cortas y más frecuentes. Tanto con pecho como con biberón.

Recuerda: las recomendaciones oficiales a día de hoy, tanto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como de la Asociación Española de Pediatría (AEP), son las de dar lactancia exclusiva (con pecho o biberón) durante los primeros 6 meses de vida.

 

La ablactación es la introducción de alimentos diferentes a la leche, ya sea materna o de fórmula, en la alimentación del bebé. Es decir, se trata de la llegada de la alimentación complementaria a la dieta de nuestros peques.

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia exclusiva hasta los 6 meses y, a partir de ese momento, comenzar a introducir sólidos en la alimentación del bebé. Pero, ¿por qué entonces? Por dos razones fundamentales:

  • Porque el bebé ya está evolutivamente preparado para ingerir otros alimentos.
  • Porque a partir del medio año de vida necesita otros nutrientes para seguir desarrollándose y creciendo de forma saludable.

Los bebés nacen con reservas de hierro suficientes para los primeros 6-12 meses, y aprender a comer es un proceso que requiere de varias semanas o meses. No tendría mucho sentido esperar a que desarrolle carencias para ofrecerle los alimentos, así que lo recomendable es empezar cuando está preparado, para que vaya ensayando.

Eso sí, en ningún caso hay que ofrecer alimentos antes de esa edad. Ni agua, ni zumos, ni infusiones, ni cereales o fruta, a pesar de que, lamentablemente, aún hoy hay pediatras (desactualizados) que lo siguen recomendando.

Asimismo, en el caso de los bebés amamantados, iniciar la ablactación no tiene por qué conllevar el destete. La leche, materna o de fórmula, seguirá siendo la base de la alimentación de los bebés hasta el primer año y, de hecho, será parte fundamental de su dieta hasta los tres años.

Por ello, al inicio de la alimentación complementaria debemos ofrecer antes siempre el pecho o el biberón y posteriormente los alimentos.

Aunque a muchas familias les preocupa que durante el primer año de vida su bebé no coma demasiado, como su propio nombre indica, la alimentación en este momento de su vida es complementaria. Es decir, los alimentos son un complemento en la alimentación del bebé.

La leche sigue siendo su alimento principal. En el caso de los bebés alimentados con biberón, se puede optar por pasar a la leche de continuación o continuar con la fórmula de inicio, ya que actualmente no hay demasiadas diferencias entre una y otra.

El objetivo de la alimentación complementaria es, en realidad, crear un hábito dietético saludable e ir acostumbrando al bebé a los distintos sabores y texturas para que, al cumplir el primer año, sea uno más en el día a día de las comidas familiares.

 

Cuando los bebés cumplen su primer medio año de vida y una serie de requisitos, podemos comenzar la introducción de nuevos alimentos. Pero, ¿cuáles son estos requisitos?:

  • El bebé se mantiene sentado con apoyo.
  • Ha perdido el reflejo de extrusión (expulsar con la lengua el alimento que se le introduce en la boca).
  • Muestra interés por la comida.
  • Tiene una buena coordinación ojo-mano-boca.

Normalmente, la mayoría de los bebés alcanzan estos hitos alrededor de los 6 meses y es el momento de empezar la ablactación.

Los riesgos de la introducción precoz de la alimentación complementaria son:

  • A corto plazo:
    • Posibilidad de atragantamiento.
    • Aumento de gastroenteritis agudas e infecciones del tracto respiratorio superior.
    • Interferencia con la biodisponibilidad de hierro y zinc de la leche materna, en el caso de los lactantes amamantados.
    • Sustitución de tomas de leche por otros alimentos menos nutritivos.
  • A largo plazo:
    • Mayor riesgo de obesidad.
    • Mayor riesgo de eccema ató
    • Mayor riesgo de diabetes mellitus tipo 1.
    • Mayor tasa de destete precoz, con los riesgos añadidos que esto conlleva.

Igualmente, no se debe retrasar más allá del séptimo mes de vida la introducción de nuevos alimentos en la dieta del bebé, ya que esto también puede aumentar el riesgo de problemas nutricionales, como:

 

Es probable que te suenen las (viejas) pautas de introducción de alimentos. Y es que, aunque hasta hace poco se seguía recomendando la introducción de alimentos escalonada para evitar la aparición de alergias, la evidencia científica ha demostrado que hacerlo así no solo no reduce el riesgo de padecerlas, sino que incluso podría incrementarlas.

En cambio, lo que sí hay que tener en cuenta es la conocida regla de los tres días: se recomienda ofrecer un alimento nuevo cada día, y repetir ese alimento en días posteriores (no tiene por qué ser en días consecutivos) de manera que, cuando lo haya ingerido en tres días diferentes sin síntomas, podemos considerar que le sienta bien.

Así, podremos detectar una posible reacción alérgica en caso de que esta se produzca. También hay que prestar algo más de atención a los alimentos potencialmente alergénicos, como es el caso del huevo, la leche, algunas frutas como el kiwi o el melocotón… cuya introducción debe realizarse de forma más escalonada en caso de que alguno de los dos progenitores tenga alergias alimentarias.

Así, podemos ofrecer a nuestro bebé plátano, y al día siguiente calabacín, sin necesidad de haber introducido todas las frutas al completo antes de introducir las verduras, por ejemplo.

Además, no hay que ser muy exigente con los horarios al principio. Las personas adultas ya estamos acostumbradas a ciertos rituales socioculturales, pero los bebés solo comen cuando tienen hambre.

Tampoco hay cantidades exactas. Aunque muchos pediatras sigan recomendando tablas con cantidades expresadas en gramos o proporciones (como cucharadas o tazas), lo idóneo es que sea el bebé quien decida cuándo quiere comer.

Piensa además que la capacidad gástrica a estas edades es muy limitada, por lo que un lactante o una niña de corta edad no puede consumir mucha cantidad de alimento durante una sola comida.

Asimismo, lo ideal es que nuestro bebé se una poco a poco al ritual de la comida familiar: que coma a la vez y lo mismo que el resto de la familia. Por ello, podemos adaptar en la medida de lo posible nuestros horarios a los de ellos por un tiempo, hasta que los más peques se vayan acostumbrando.

En cuanto al tipo de alimentos, podemos ofrecer lo que queramos cuando nuestro bebé tenga hambre, el único requisito es que sea saludable. Eso sí, los nuevos alimentos es mejor ofrecerlos durante el día para que, en caso de tener una reacción alérgica, podamos estar atentos para detectarla y actuar con rapidez para que se le pueda atender en urgencias.

Así, por ejemplo, podríamos empezar a ofrecer por la mañana o por la tarde, siempre después de la leche (interesa que pueda explorar la comida que no conoce sin hambre, ya que si tiene hambre, aparecerá enseguida la frustración). ¿Cuál? Como decíamos, podemos ofrecer cualquier fruta desde que nuestro peque inicia la ablactación, también la fruta con “pelo”.

Si optamos por el BLW (Baby-Led Weaning o alimentación dirigida por el bebé), lo ideal es ofrecer fruta blandita y que sea fácil de gestionar como el plátano o la pera. Las más duras (como la manzana o los melocotones) podemos ofrecérsela asada o rallada.

A medida que vaya probando nuevos alimentos, el desayuno o la merienda podrían completarse con bebida de avena sin azúcar o una rebanada de pan integral con aguacate o tomate rallado, además de la fruta, para hacer el plato más completo.

¿Y a la hora de la comida? Con los peques, menos es más. Por ello, lo mejor es no complicarse en la cocina y ofrecer los alimentos a los bebés sin mucha preparación para mantener su esencia y no camuflar sabores.

Un buen ejemplo de ello es cocinar las verduras y el pescado o la carne al vapor con un poco de aceite de oliva virgen extra. Eso sí, es importante cumplir las recomendaciones en cuanto a la cantidad de proteína animal, porque los riñones y el hígado del bebé son aún inmaduros para tolerar más cantidad, además de estar relacionado con unos mayores índices de obesidad infantil.

 

 

Las últimas recomendaciones al respecto nos dicen que los bebés deben consumir, por día, y hasta que cumplan los 3 años:

  • 30-35 gramos de carne (preferentemente blanca)
  • O bien, 30-35 gramos de pescado blanco o azul sin espinas
  • O bien, un huevo mediano o pequeño
  • O bien, en caso de ofrecer legumbres ese día, 30 gramos en crudo, que equivalen a unos 60-70 gramos en cocido.

Para empezar el proceso de ablactación, podemos apostar, por ejemplo, por los tomates, los pepinos, el calabacín, la calabaza, la pasta integral muy cocida, las legumbres, la patata cocida y machacada con el tenedor o los bastoncitos de boniato asado.

Asimismo, apuesta por “cereales reales” en la alimentación de tu bebé, como el arroz blanco (se recomienda empezar por el blanco, para pasar al integral a los 3 años, ya que el blanco contiene menos arsénico, una sustancia potencialmente cancerígena) o la avena, en lugar de por las papillas preparadas que se venden en supermercados y farmacias, que pueden estar muy azucaradas, que apenas tienen que masticar y que hacen que después rechacen los sabores reales de los alimentos.

Si lo prefieres, puedes ofrecer los alimentos en cremas y purés, aunque, como decimos, es más recomendable favorecer la masticación desde el principio. También puedes apostar por un método de alimentación mixto, en el que el Baby-led Weaning se combine con los triturados. Los bebés alimentados con el BLW también pueden tomar cremas. ¡Ser flexibles abrirá todo un mundo de texturas y posibilidades a vuestro bebé!

 

A partir de los seis meses podemos ofrecer a nuestro bebé prácticamente todos los alimentos, con algunas excepciones:

  • Verduras de hoja verde

Por su alto contenido en nitratos pueden provocar el Síndrome del Bebé Azul, una situación clínica grave que tiene lugar cuando la hemoglobina de los hematíes es oxidada a metahemoglobina, originando la aparición de una coloración gris-azulada en la piel.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y la Asociación Española de Pediatría (AEPED) recomiendan que los menores de tres años no consuman borrajas, mientras que las espinacas y las acelgas quedan restringidas durante el primer año de vida preferiblemente, o que al menos no se superen los 35 gramos de consumo al día hasta los 12 meses.

  • Pescados de grandes dimensiones

Por su alto contenido en mercurio, la AESAN desaconseja el consumo de atún rojo, emperador, pez espada, lucio y tiburón a menores de 10 años, madres lactantes y embarazadas.

Aunque han existido discrepancias sobre cuándo introducir el salmón en la dieta de los más peques, las últimas consideraciones establecen que puede ser a los seis meses, por no haber justificaciones en contra para retrasarlo, ya que se trata de un pescado azul de bajo contenido en mercurio y en grasas saturadas, y rico en cambio en ácidos grasos Omega 3, que poseen múltiples beneficios para los peques.

  • Frutos secos enteros

Por el alto riesgo de atragantamientos y asfixia, se recomienda ofrecer los frutos secos molidos a las niñas y los niños hasta los 5 años. ¡Son un alimento rico en nutrientes y no hay motivo para retrasar su consumo!

Los frutos secos grasos (almendras, piñones, avellanas, nueces…) aportan mucha energía (más de la mitad de su peso son grasas insaturadas) y además son ricos en proteínas, ácido fólico y otras vitaminas del grupo B (muy importantes para el desarrollo neurológico). Asimismo, son ricos en minerales como el fósforo, el hierro y el potasio.

  • La miel

La miel puede contener la bacteria que produce el botulismo infantil, por lo que se desaconseja ofrecer miel a peques menores de 12 meses.

En cambio, la miel es segura para las personas de un año de edad o más, así que cuando tu bebé haya cumplido un año de vida, ya podrá probarla, aunque como su composición es mayormente azúcar, se aconseja no hacer un uso habitual de la miel.

¡En ese momento, su sistema digestivo estará lo suficientemente desarrollado para procesar las bacterias de la miel sin que le provoquen enfermedades!

  • El azúcar

El azúcar es muy perjudicial para la salud y su consumo excesivo puede causar complicaciones graves, por lo que se recomienda que los bebés y niños pequeños solo consuman el azúcar presente en los alimentos de forma natural (como en el caso de las frutas).

Por ello, se desaconseja ofrecer azúcar al bebé antes de los 2 años y, pasada esa edad, limitar su consumo lo máximo posible, ya que es del todo innecesario.

El consumo excesivo de azúcar puede causar muchos problemas a nuestra salud a corto y largo plazo como adicción, sobrepeso u obesidad, diabetes tipo 2, menor absorción de calcio y magnesio, aumento de triglicéridos en sangre, carencia del complejo de vitamina B, mayor riesgo de enfermedades vasculares, caries dental, destrucción de la flora intestinal, aumento de la agresividad y el nerviosismo (especialmente en niños con TDAH), sistema inmunológico más débil, mayor riesgo de padecer cáncer y más probabilidad de sufrir Alzheimer.

Por lo tanto, debemos evitar el consumo de azúcar en la dieta de todos, pero especialmente en la de nuestros bebés.

  • La sal

Los riñones del bebé son inmaduros y no están preparados para procesar la sal. Un consumo elevado se asocia con hipertensión, deshidratación y aumento del colesterol. El bebé no conoce el sabor salado, por lo que no lo necesita.

A partir del primer año de vida, se puede empezar a ofrecer sal yodada en pequeñas cantidades. Esta aporta los niveles de yodo que el ser humano necesita. También lo reciben de algunos pescados, de los lácteos, y en el caso de las mujeres lactantes, a través de la leche materna (se recomienda que las mujeres que amamantan tomen un suplemento de yodo diario, para poder tener yodo suficiente para su tiroides y la de su peque).

Así, entre otras cosas, la glándula tiroides puede producir las hormonas en la cantidad necesaria para el correcto funcionamiento de multitud de órganos y sistemas de nuestro cuerpo.

  • El sushi

La edad ideal para que un niño o una niña coma pescado crudo sin poner en riesgo su salud es a partir de los 12 años, ya que su sistema inmunológico ya está lo suficientemente desarrollado y su cuerpo ha alcanzado cierta madurez y tolerancia ante alérgenos u otras sustancias que podrían poner en riesgo su salud.

A partir de esta edad, se puede empezar a comer atún, salmón y róbalo crudo, aunque la recomendación es que se vaya probando poco a poco. Es decir, puede probar una pequeña porción y observar si es tolerante antes de ofrecerle más cantidad o distintas variedades.

Recuerda también que ya no se recomienda meter cereales en el biberón de la noche con el objetivo de que duerma más y tenga menos despertares nocturnos, ya que hay evidencia que demuestra que esto no tiene ningún beneficio para el bebé (no duerme más ni mejor), no tiene ninguna ventaja nutricional que lo justifique y sí muchas contraindicaciones (como el riesgo de adicción al azúcar, el rechazo de los cereales “reales”, las caries, el sobrepeso y la obesidad).

Asimismo, los bebés que toman leche materna no necesitan comer yogures ni beber leche de vaca. Quitar leche materna para dar un lácteo de peor calidad y menos adaptado no tiene mucho sentido, ¿verdad?

Es más, sustituir la leche materna por leche de vaca conlleva ciertas desventajas. La evidencia científica nos demuestra que la leche materna que alimenta a los bebés “grandes”, aunque a veces incluso se califica de “aguachirri” por parte de algunas personas y profesionales, aporta más energía que la leche de vaca.

En realidad, la leche materna no pierde nutrientes NUNCA. Por lo tanto, quitarle la leche materna, el alimento más nutritivo que un niño o niña puede recibir, además de un grandísimo aporte de células inmunitarias, para darle un yogur o un vaso de leche de vaca, no sería lo ideal.

Aun así, si al peque le apeteciera, o si se le quisiera ofrecer, puede consumir leche de vaca a partir del año de vida.

Los bebés alimentados con leche de fórmula, del mismo modo, pueden empezar a beber leche de vaca entera a partir del año.

 

Al introducir alimentos sólidos en la dieta del bebé, es importante hacerlo no solo de manera gradual sino ofreciendo una variedad de alimentos nutritivos para garantizar que el bebé recibe todos los nutrientes necesarios para un crecimiento y desarrollo saludables.

Así, durante este período, es crucial proporcionar alimentos sólidos que sean saludables y adecuados para el desarrollo del bebé. Aquí hay algunos valores nutricionales importantes a considerar durante la alimentación complementaria:

  • Hierro: es esencial para el desarrollo del cerebro y la formación de glóbulos rojos. Durante los primeros meses de vida, las reservas de hierro del bebé pueden comenzar a agotarse, lo que hace importante incluir alimentos ricos en hierro, como carne, huevo, pescado, legumbres y cereales reales integrales en la dieta del bebé.
  • Proteínas: son fundamentales para el crecimiento y desarrollo muscular del bebé. Las fuentes de proteínas adecuadas para la alimentación complementaria incluyen carne magra, pollo, pescado, huevos, productos lácteos, tofu y legumbres.
  • Grasas saludables: son una fuente importante de energía y ácidos grasos esenciales para el desarrollo cerebral y la salud del sistema nervioso. Se pueden incluir grasas saludables en la dieta del bebé a través de alimentos como el aguacate, el aceite de oliva, el pescado graso (como el salmón), los frutos secos y el yogur entero (¡y sin azúcar!).
  • Calcio: es esencial para la formación de huesos y dientes fuertes. Las fuentes de calcio adecuadas para la alimentación complementaria incluyen leche materna o fórmula infantil, yogur, queso, tofu (hecho con calcio) y brócoli.
  • Vitaminas y minerales: además de hierro y calcio, es importante asegurarse de que el bebé reciba una variedad de vitaminas y minerales en su dieta, incluidas las vitaminas A, C, D, E, así como zinc y ácido fólico. Estas vitaminas y minerales se encuentran en una variedad de alimentos, como frutas, verduras, productos lácteos, carne y pescado.
 

Cada peque es diferente e introducir nuevos alimentos más allá de la leche (que es lo único que conocen hasta ese momento) puede ser muy diferente de uno a otro.

Así, habrá quien esté deseando probar sabores y texturas nuevas y quien las rechace. Pero esto no significa que dejemos de ofrecer.

En algunos casos, es necesario presentar el mismo alimento más de 10-15 veces para que el peque o la peque se anime a probarlo.

Eso sí, nunca hay que forzar y debemos evitar las distracciones como el móvil o la televisión. Además de fomentar hábitos poco saludables y aumentar el riesgo de atragantamiento, los estudios científicos señalan que comer frente a una pantalla puede causar problemas nutricionales.

Por ejemplo, un informe elaborado por el Grupo de Evaluación de Determinantes de Salud y Políticas Sanitarias de UIC Barcelona, incide en que comer con la tele puesta o con la vista fija en la tablet o el smartphone distrae nuestra atención de las señales de saciedad de nuestro organismo y, por tanto, esto hace que los niños y niñas consuman más alimentos, lo que aumenta el sobrepeso y disminuye la salud en general.

En cambio, si los adultos comemos los mismos alimentos, cocinados de la misma forma, y fomentamos el vínculo familiar y el diálogo durante las comidas, ayudamos a que los peques se familiaricen y adquieran buenos hábitos alimentarios.

Así lo constata un análisis de más de 20 años de estudio de la Universidad de Harvard, que concluye que comer y cenar regularmente en familia y sin pantallas comporta increíbles beneficios para la salud física y mental de niños y adolescentes.

Si a pesar de seguir todas las recomendaciones tu peque rechaza un alimento o un grupo de alimentos, no te preocupes ni te angusties y no dejes de ponerlo en la mesa cocinado y presentado de formas distintas. Los niños y niñas terminan probando cosas por curiosidad, imitación o por la fuerza de la costumbre. ¡Dar ejemplo es importante!

Además, para gustos hay colores y ningún alimento es totalmente imprescindible (aunque a veces, por razones sobre todo culturales, nos lo parezca).

 

Hasta hace unos años, se realizaba una introducción de alimentos sólidos en la dieta del bebé de forma muy gradual, escalonada y prolongada en el tiempo, porque se pensaba que los alimentos que se consideran más alergénicos se debían introducir lo más tarde posible y de forma paulatina para, así, prevenir alergias.

No obstante, la evidencia científica reunida a día de hoy nos dice todo lo contrario: retrasar los alimentos alergénicos aumenta el riesgo para los bebés.

Dicho de otro modo: la introducción de alimentos potencialmente alergénicos durante el primer año de vida puede reducir el riesgo de desarrollar alergias alimentarias.

Por ello, las entidades de referencia como la AAP, la EAACI, la ESPGHAN, y  la EFSA reconocen que NO hay evidencias que justifiquen posponer la introducción de los alimentos reconocidos como alérgenos comunes con el objetivo de prevenir alergias.

Ahora sabemos que determinados alimentos como el huevo y el cacahuete deben ser introducidos lo antes posible, ya que se ha comprobado que introducir estos alimentos en los primeros meses de alimentación complementaria podría prevenir la aparición de reacciones alérgicas a los mismos.

Cómo identificar una reacción alérgica y cómo actuar

En las alergias, el organismo reacciona de forma anómala, desproporcionada, ante el contacto con una sustancia en principio inofensiva, como un alimento, en el caso de las alergias alimentarias.

Y reacciona activando el sistema inmune de forma peculiar. Según sea ese tipo de reacción, las alergias alimentarias se pueden clasificar en dos tipos:

  1. Alergias alimentarias IgE mediadas

Las alergias alimentarias mediadas por IgE son las más conocidas. En ellas el contacto con el alimento responsable produce liberación de histamina y aparecen las típicas ronchas o habones de la urticaria, se hinchan los párpados y los labios, los bronquios se cierran como en las crisis asmáticas, con pitos y dificultad respiratoria.

En ocasiones se producen síntomas digestivos como vómitos o dolor abdominal. Si se afectan varios órganos se produce la temida reacción anafiláctica, que puede llegar a ser mortal.

Ante este tipo de reacciones hay que acudir inmediatamente a urgencias.

En las alergias alimentarias mediadas por IgE los síntomas generalmente son inmediatos y las pruebas cutáneas o la determinación de IgE en sangre terminan por aclarar la causa.

  1. Alergias alimentarias IgE no mediadas

En las alergias alimentarias no mediadas por IgE la reacción anómala se debe a células del sistema inmune y generalmente son reacciones más tardías, que suelen afectar al aparato digestivo.

Los alimentos más frecuentemente implicados son la leche y el huevo. La alergia a proteína de leche de vaca no mediada por IgE (APLV no mediada) es lo que antiguamente se conocía como intolerancia a proteínas de leche de vaca (que no se debe confundir con la intolerancia a la lactosa), suele afectar al sistema digestivo y tiene dos formas principales.

Colitis alérgica

La forma más frecuente de alergias alimentarias, es también la más leve. Se denomina colitis alérgica (o proctocolitis alérgica) porque la inflamación afecta a la parte final del intestino, el colon.

El caso típico es un bebé pequeñito, de entre 2 días y pocos meses de edad (nunca más de 6 meses) que se encuentra perfectamente, come bien, crece bien, pero empieza a hacer caquitas blandas, con moco y sangre.

El diagnóstico de este tipo de alergias alimentarias es relativamente fácil cuando pasan los días y la diarrea persiste, lo que nos hace pensar que no es una gastroenteritis infecciosa, y sobre todo cuando el bebé toma leche de fórmula.

Puede ser un poco más complicado detectarla cuando toma lactancia materna, pero también sabemos que más de la mitad de estos cuadros de alergias alimentarias se producen en niños alimentados al pecho.

Las proteínas de la leche de vaca que toma la madre pasan a la leche materna produciendo este tipo de alergias alimentarias.

La buena noticia es que una vez que sustituimos la leche por una fórmula especial para niños alérgicos o eliminamos la fuente proteína de la leche de vaca de la dieta de la madre, el cuadro suele remitir en tres o cuatro días.

Otros alimentos, como soja, pescado o huevo pueden producir también una colitis alérgica, pero casi siempre asociada a una alergia a proteínas de leche de vaca. Estos tipos de alergias alimentarias son transitorias y remiten alrededor del año de vida.

Enterocolitis alérgica

La otra forma de alergias alimentarias no mediada por IgE se denomina enterocolitis alérgica, afecta a una porción más larga del intestino grueso y suele producir un cuadro más grave.

La causa más frecuente es también la leche de vaca, pero, al contrario de la forma leve, no se observa en niños que toman leche materna.

De hecho, la lactancia materna es un factor protector para el desarrollo de enterocolitis por proteínas alimentarias. Además de la leche de vaca, otros alimentos pueden producir este tipo de alergias alimentarias, principalmente soja, huevo, legumbres o pescado.

La enterocolitis alérgica a proteína de leche de vaca suele resolverse en torno al año de vida y en el caso de otros alimentos hacia los dos o tres años.

Si se comprueba que el niño está sensibilizado a la leche de vaca a través de la leche materna se deben excluir la leche y los lácteos de la dieta materna (así como otros alimentos en cuya composición haya proteína de la leche de vaca). Con esto se soluciona el problema en unos pocos días.

Pero si el bebé no toma leche materna y tiene menos de un año debe tomar una leche adaptada especial, conocida como fórmula hidrolizada, elaborada con proteínas que provienen de la leche de vaca pero lo suficientemente modificadas como para que no produzca reacción, o bien fórmulas a base de proteínas de soja o arroz.

A partir del año, podría seguir con este tipo de fórmula, pero a veces, por su elevado precio o porque el niño la rechaza, hay que buscar otras opciones: se puede optar por una bebida vegetal a base de soja (enriquecida con calcio) o, como ya puede comer prácticamente de todo, procurar que tome otros alimentos ricos en calcio para cubrir sus necesidades sin tener que recurrir a los lácteos.

En caso de reacción alérgica leve, los antihistamínicos indicados por su pediatra pueden ayudar a reducir los síntomas si se toman después de la exposición por accidente al alimento que causa la alergia. Sin embargo, los antihistamínicos no sirven para tratar una reacción alérgica grave.

En estos casos, es posible que se precise la administración de una inyección de epinefrina de inmediato. Es recomendable que las familias de peques con alergias lleven siempre consigo un autoinyector de epinefrina. Este dispositivo combina una jeringa y una aguja oculta que inyecta una única dosis del medicamento cuando se lo presiona contra el muslo.

Cómo detectar y tratar la enfermedad celíaca en niños

La enfermedad celíaca es una afección crónica que afecta al intestino delgado. Cuando una persona con enfermedad celíaca consume o se expone al gluten (una proteína que se encuentra en los alimentos que contienen centeno, cebada y trigo), su cuerpo destruye las vellosidades intestinales, que son proyecciones pequeñas en forma de dedos presentes en el intestino delgado que absorben los nutrientes de los alimentos.

El daño en las vellosidades ocasiona que el cuerpo no pueda absorber debidamente los nutrientes de los alimentos y esto puede provocar síntomas gastrointestinales, malabsorción de nutrientes y, potencialmente, insuficiente aumento de peso.

Es decir, la persona estará desnutrida sin importar cuánto coma. Cuando les ocurre a los niños y niñas pequeños, esto puede afectar a su crecimiento y desarrollo.

Por suerte, una vez que el peque deja de comer gluten, las vellosidades sanan y pueden absorber los nutrientes con normalidad.

Los niños con familiares directos celíacos (como progenitores o hermanos) tienen más probabilidad de desarrollar la enfermedad celíaca.

Los síntomas de la enfermedad celíaca varían ampliamente dependiendo de la edad.

  • Los niños y niñas muy pequeños podrían tener un crecimiento insuficiente, lo que comienza en el momento en el que empiezan a comer cualquier alimento sólido que pudiera contener gluten, cerca de los seis meses de edad. Otros síntomas clásicos en los niños de esta edad son la diarrea y flatulencia (gases).
  • Los niños más grandes y los adolescentes podrían tener otros síntomas, tales como dolor abdominal, vómitos y estreñimiento. Los síntomas no gastrointestinales incluyen crecimiento retardado durante la pubertad (baja estatura), sarpullidos en la piel, anemia por deficiencia de hierro que no mejora con suplementos, pruebas de función hepática elevadas y problemas óseos (osteoporosis).

Pero también algunos menores, en particular aquellos en grupos de alto riesgo, no mostrarán ningún síntoma y típicamente se descubre que son celíacos mediante un análisis de sangre.

Si sospechas que tu peque tiene celiaquía, acude a su médico para que realice las pruebas pertinentes para diagnosticar la enfermedad.

El único tratamiento disponible para la enfermedad celíaca es una dieta estricta sin gluten de por vida. En estos casos es importante evitar la contaminación cruzada; incluso las migas que contengan gluten pueden provocar síntomas e inflamación intestinal.

Además, puede que haya gluten en algunos medicamentos y artículos no alimentarios como el champú y el maquillaje, pero estos no suelen ser nocivos salvo que se consuman.

Hablar con un dietista-nutricionista con conocimiento en la materia puede ayudar a padres e hijos a hacer los cambios necesarios para llevar un estilo de vida sin gluten. Sin tratamiento, los niños con enfermedad celíaca podrían desarrollar anemia, osteoporosis y otras complicaciones.

Es importante destacar aquí que solo porque un alimento tenga una etiqueta que lo declare "libre de gluten" no significa necesariamente que sea saludable. Por lo tanto, es fundamental saber elegir bien los productos y acostumbrarse a leer las etiquetas.

  • Evitar los alimentos procesados aunque sean sin gluten. Estos no están fortificados con vitaminas (por ejemplo, tal vez les falte vitamina B y hierro). Además, es frecuente que tengan demasiada grasa y azúcar y pocas proteínas.
  • Elige alimentos naturalmente sin gluten y saludables. Entre estos se incluyen frutas, verduras, carne y pescado, y una gran variedad de granos entre los que se incluyen amaranto, mijo y quinoa.
  • Algunos niños con enfermedad celíaca pueden requerir tomar un multivitamínico adicional a diario.

Los padres de las niñas y los niños a quienes se les diagnostica la enfermedad celíaca deben hablar con el colegio para alertar de la afección de su hijo/a, informar de qué comidas son seguras y qué hacer en caso de exposición accidental al gluten.

Especial atención se debe prestar a los niños y niñas celíacos en los almuerzos escolares del recreo, para que ningún compañero o compañera les proporcione ningún alimento o producto que lo contenga.

Asimismo, en el comedor escolar las escuelas están obligadas por ley a ofrecer opciones para niños celíacos si sus necesidades están respaldadas por una declaración firmada por un médico licenciado.

La orden del médico puede solicitar que se compren determinados productos para el niño o la niña. Las escuelas no podrán cobrar a los alumnos con necesidades dietéticas especiales certificadas más dinero de lo que cobran a los demás niños y niñas por las comidas o los refrigerios del programa escolar.

Dicho de otro modo: los peques que reciben almuerzos gratuitos no deben pagar nada por sus comidas y aquellos que paguen el precio completo no pagarán más por los alimentos especiales que la escuela deba comprar.

Asimismo, las indicaciones del médico pueden incluir que las niñas y niños más pequeños con enfermedad celíaca no tengan acceso a pegamento ni otros artículos de manualidades que contengan gluten y que pudieran probar o ponerse en la boca en una clase de manualidades, por ejemplo.

En el caso de niños más grandes, podría significar no participar en excursiones a sitios donde pudieran estar en contacto con gluten, como un recorrido por una fábrica de pan o de dulces de navidad.

 

Lo ideal, tanto en niños como en adultos, es llevar una dieta saludable con productos naturales cocinados de la forma más sencilla posible y sin salsas.

La indicación es que se consuman alimentos nutritivos cocidos, al vapor, a la plancha, asados al horno, etc.

Por ejemplo, frutas crudas (la fruta siempre es mejor entera, ya que en la actualidad se desaconseja el consumo de zumos, aunque sean naturales, por la pérdida de nutrientes y el aumento de consumo de azúcares); pescados y carnes magras a la plancha o al horno; y legumbres, cereales, pasta, verduras y hortalizas cocidas o al vapor.

Ten en cuenta que el pescado es un ingrediente delicado. Unos minutos de más en su tiempo de cocción puede estropear su sabor, su textura o incluso sus propiedades nutritivas.

De forma general, para pescados gruesos, el tiempo de cocción por 500 gramos de producto es de unos 8 minutos. Para filetes de peces más finos, el tiempo estimado serán 5 minutos por cada 500 gramos.

Hemos de tener en cuenta que, para evitar toxiinfecciones, el pescado debe estar bien cocinado por todas sus partes, y debemos congelarlo antes de consumirlo si lo vamos a tomar crudo.

También debemos retirar las espinas y escamas, para prevenir atragantamientos, ya que pueden ser peligrosas.

El aceite más recomendable es el AOVE (aceite de oliva virgen extra), que incorporaremos, siempre que sea posible, en crudo. Por ejemplo, echando un “chorrito” en una crema de calabacín, una patata cocida o un humus de garbanzos.

Por otra parte, se aconseja no cocinar con alcohol en el caso de niños y mujeres embarazadas, ya que pediatras y dietistas-nutricionistas advierten, apoyados en la evidencia científica, que el alcohol con el que cocinamos no se evapora nunca al 100%. Lo que sí se sabe es que, cuanto más tiempo se cocina, más alcohol se evapora:

  • Añadido a un líquido hirviendo (como caldos, salsas o sopas): permanece el 85% del alcohol.
  • Flambeado (como en los postres): 75%.
  • Horneado de 25 minutos (pollo): 45%.
  • Horneado de 1 hora (pulpo): 25%.
  • Horneado de 2 horas (asado): 10%.

Si tenemos en cuenta el tiempo de cocinado, los resultados serían los siguientes:

  • Tras 30 minutos de cocción, queda un 40% de alcohol.
  • Tras 1 hora de cocción, un 30%.
  • Tras 1 hora y media de cocción, 20%.
  • Tras 2 horas de cocción, un 10%.
  • Tras 2 horas y media de cocción, un 5 %.
 

Teniendo en cuenta todas las recomendaciones anteriores, veamos cómo puedes introducir los sólidos triturados en la alimentación de tu bebé:

 

Comienza con purés, cremas o papillas de un solo ingrediente, como puré de manzana o plátano. Introduce un nuevo alimento cada día para detectar posibles alergias. Introduce el nuevo alimento siempre de día (en el desayuno o el almuerzo, por ejemplo).

Como hemos visto, es importante que continúes priorizando el pecho o la leche de formula, y no te preocupes si al principio tu bebé no come demasiado. Como ya hemos explicado, los alimentos sólidos en esta etapa son complementarios.

 

Aquí tienes recetas sencillas que puedes cocinar en cantidad y congelar.

Puré de patata o batata con calabacín, puerro o zanahoria

Elige patata o batata (boniato), este sería nuestro ingrediente base, el que dará textura y espesor a nuestra crema. Puedes ir combinando el segundo ingrediente, a elegir entre calabacín, puerro o zanahoria (esta última mejor combinar con la patata).

Necesitas aceite de oliva virgen extra, una patata o boniato mediano y un calabacín, o una patata o boniato grande y un trozo puerro, o 250 gr aprox. de boniato o patata y 500 gr aprox. de zanahorias.

Lavas, pelas y troceas las verduras y las añades a una olla de agua hirviendo a temperatura máxima durante 5 minutos. Después, bajas la temperatura y dejas que todo cueza unos 15-20 minutos más, o hasta que compruebes con un tenedor que esté todo tierno.

Una vez hecho esto, pones las verduras en un plato con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Con un tenedor chafas y haces un puré. Si queda un poco espeso añade unas cucharadas de agua de cocción. Es mejor utilizar el tenedor que la batidora, para conseguir textura más grumosa y no tan ligera. Si usas batidora evita que queda prácticamente líquido.

Puré de calabaza con leche

​​Las verduras y hortalizas aportan vitaminas, minerales, calcio y fibra a la dieta del bebé. La fibra es muy útil para combatir el estreñimiento, algo que es frecuente en este grupo de edad.

Para esta receta necesitas una taza de calabaza cocida, 1/4 taza de leche materna o fórmula infantil y aceite de oliva.

Tritura la calabaza con el tenedor o batidora, añade la leche materna o leche de fórmula y un poco de aceite de oliva virgen extra. Mezcla bien con la cuchara hasta obtener un puré con textura suave.

Puré de verduras y ave

Esta receta está pensada para que el bebé reciba todas las vitaminas y proteínas, y todos los nutrientes que aportan las patatas, la zanahoria o el puerro. Puedes elegir pollo, pavo, gallina… e ir alternando entre aves para ofrecer más variedad a tu peque.

Necesitarás dos patatas, un calabacín, un puerro, dos zanahorias, una pechuga de pollo/pavo y aceite de oliva virgen extra. Si quieres, puedes ir también alternando verduras y utilizando, por ejemplo, brócoli o judías verdes en lugar de calabacín, puerro o zanahoria.

Lavas, pelas y troceas las verduras (como las zanahorias tardan más en cocer, puedes hacer los trozos más pequeños para facilitar la cocción) . Trocea también la pechuga de pollo.

Echa todos los ingredientes en una olla con la cantidad justa de agua para que se cubran los alimentos y se pueda cocer. Cuando empiece a hervir añade todo, tapa y deja cocer unos 20-30 min aproximadamente hasta que esté cocido. También puedes usar la olla a presión.

Retiras del fuego, sacas las verduras y el pollo y los pasas por la batidora con un poco de caldo, que puedes ir añadiendo poco a poco hasta lograr la textura deseada. Evita que quede muy ligera.

Puré de pescado blanco con verduras

El pescado es un alimento imprescindible en la dieta de los peques, ya que les aporta vitaminas y nutrientes imprescindibles para el crecimiento.

Este puré suave de pescado blanco con verduras contiene todo lo necesario para ser plato sano y equilibrado para tu bebé. Puedes hacerlo con merluza, pescadilla, lubina, dorada, lenguado, etc.

Necesitas 200 gr de pescado blanco (sin espinas), dos patatas, un calabacín, una zanahoria, un puerro, un tomate, aceite de oliva virgen extra y perejil (opcional).

Lavas, pelas y troceas las verduras para que sea más fácil cocerlas (la zanahoria, que es más dura, en trozos un poco más pequeños). Desmenuzas el pescado y reservas.

En una cazuela grande calientas agua a fuego medio y echas las verduras. Las rehogas durante unos minutos, añades agua hasta que cubra las verduras y subes el fuego.

Cuando hierva, dejas cocer durante 15-20 min aproximadamente o hasta que las verduras se reblandezcan. Cuando estén “casi” blandas, añades el pescado desmenuzado y cueces cinco o seis minutos más.

Después, sacas todos los ingredientes de la olla y chafas con un tenedor hasta obtener un puré, si necesitas que quede más ligero añade un poco de caldo del guiso. Si utilizas la batidora hazlo de la misma manera, y evita que quede una crema muy líquida, pues diluyes los nutrientes.

Añade, si quieres, un poquito de perejil bien picado, y ¡a comer!

Puré de garbanzos

Las legumbres, en este caso los garbanzos, contienen mucha fibra y son muy importantes en la dieta infantil. Además, acompañados de verduras y pechuga de pollo lo convierten en un puré para bebés muy completo.

Puedes preparar en casa un cocido muy ligero en la olla rápida, con garbanzos cocidos, pechuga de pollo, judías verdes, zanahorias, puerro y patata, ¡del que podréis comer toda la familia!

También puedes realizar modificaciones en esta receta para ofrecer, por ejemplo, judías blancas a vuestro bebé en lugar de garbanzos, o calabaza en lugar de zanahoria.

Tan solo necesitas separar del resto un puñado de garbanzos, una zanahoria, una patata, unas judías verdes, un trocito de pechuga de pollo y caldo del cocido que, eso sí, prepararás sin sal (que puede añadirse cada cual a su plato individualmente después) para que pueda comerlo también el bebé).

Pones todos los ingredientes en un recipiente los chafas con el tenedor, hasta conseguir la textura deseada (que tenga que masticarla un poco). En cuanto a la carne, al estar blandita, la puedes cortar con las tijeras en virutas. Antes de servir, añade un chorrito de aceite de oliva virgen extra. ¡Y buen provecho!

 

Hacia los 9-12 meses de edad, el bebé ya debe comer sólidos en forma de trozos. Habitualmente, los bebés van dejando de ingerir solo purés de forma progresiva, pero esto depende del niño, de su maduración, etc.

Por lo general, entre los 18 meses y los 2 años, todos los niños y niñas ya comen igual que los mayores. Aunque muchas familias caen en la tentación de alargar el máximo tiempo posible esta etapa, sobre todo por comodidad, y porque ven que sus peques comen menos si no es en forma de purés, en realidad esto se desaconseja. También dependerá de la escuela infantil, ya que algunas promueven la alimentación sin purés desde antes que otras.

Cómo hacer la transición de triturados a sólidos

Dar un modelo adecuado en familia es clave. Es muy frecuente dar de comer al bebé antes de que lo hagamos los adultos, en su trona y apartado del momento de comida familiar, además de ofrecerle una comida diferente.

Es mucho más adecuado que comamos todos juntos (aunque al principio del aprendizaje de la alimentación esto sea incómodo para nosotros o poco funcional a veces) y, a ser posible, los mismos alimentos. Si nuestro bebé nos ve comer con placer lo que tenemos en el plato, disfrutando de ello, hay muchas posibilidades de que quiera probar y también lo disfrute.

Recordemos también la importancia de ofrecer sin forzar, sin regañar, castigar o chantajear. Es la base para una relación con la comida sana. Y sí, es difícil no hacerlo cuando nuestro pequeño cierra la boca y se niega a comer, no obstante, a comer se aprende.

Comer es un acto social, de compartir tiempo de calidad, que debería ser ante todo placentero, y no un castigo ni algo estresante para el peque ni para nosotros, su familia.

Qué hacer cuando al bebé le cuesta

A veces nos encontramos con que nuestro peque no gestiona bien los sólidos. Muy a menudo, suele estar relacionado con una presentación tardía de los alimentos sólidos.

Y es que puede suceder que, si hemos empezado la alimentación complementaria exclusivamente con triturados, nuestro peque rechace los alimentos sólidos. Quizá tolere algunas texturas como el pan, tortitas, galletas o similar, pero que no haya manera de que se acerque a las frutas y verduras, y los guisos de toda la vida, con su caldo, patatas o legumbres y trocitos de carne. ¿Por qué pasa esto? ¿Qué podemos hacer para que coma? ¿Cómo hacemos la transición de triturados a sólidos?

¡Qué no cunda el pánico! Un truco que suele funcionar para estos bebés sensibles, es empezar a presentarles texturas más secas y crujientes y dejar las húmedas y pastosas para el final.

Las texturas mixtas como los guisos son las más difíciles de introducir (aquellas en las que hay caldo, carne o pescado, legumbres…), porque requieren de más habilidad para gestionar esa diversidad. Por esto, mejor el caldo por un lado y los sólidos por otro.

La mala gestión de sólidos por parte del bebé suele estar muy relacionada con la falta de experiencias orales adecuadas y con una presentación de los alimentos sólidos tardía.

En el desarrollo existen determinados periodos críticos en los que está indicado proporcionar a nuestros pequeños los estímulos adecuados para que su desarrollo sea óptimo.

En el caso de la alimentación, la introducción de sólidos debería hacerse idealmente en torno a los 6 o 7 meses, cuando tienen suficiente control de tronco, interés por los alimentos, capacidad para coger las cosas con sus manos y llevarlas a la boca, un sistema digestivo más maduro y el reflejo de extrusión ha desaparecido. Es justo en esta etapa o periodo temporal en el que suelen coincidir todas estas variables, semana arriba o semana abajo.

Muchas veces, por desconocimiento o miedo, la alimentación complementaria suele iniciarse solo con cremas o triturados y esto se prolonga durante mucho tiempo, de manera que cuando intentamos ofrecer sólidos a nuestro bebé, este sufre arcadas, tose o llega a vomitar. Obviamente, nosotros nos asustamos y volvemos a esperar otro periodo de tiempo sin volver a ofrecer, porque pensamos que quizá no está preparado todavía.

Pero, lejos de ayudarle, lo que estamos haciendo es que el bebé se vuelva más sensible a texturas y sabores, además de perder oportunidades de aprendizaje de los movimientos que necesitan realizar sus labios, mejillas, lengua y mandíbulas para gestionar el alimento dentro de la boca. Por tanto, la primera estrategia para evitar que nuestro pequeño rechace las texturas es introducirlas precozmente.

Pero, ¿cómo? En primer lugar, no se recomienda mezclar texturas (purés con tropezones) porque a los bebés les cuesta gestionar estas diferencias. Si nos da miedo y hemos decidido comenzar la alimentación complementaria con triturados, lo ideal sería complementar los purés con la presentación de alimentos con otras texturas que sabemos seguro que no le van a provocar atragantamientos, como verduras muy hervidas (patata, calabacín, calabaza) o algunos cereales como el arroz o la quinoa, por ejemplo.

Si aun así nuestro bebé es tremendamente sensible y por más que le ofrezcamos los alimentos los rechaza, quizá haya que empezar por ajustar un poco la demanda a sus habilidades y capacidades, y empezar por ofrecer alimentos solo para que los toque y juegue con ellos: que se manche, los manipule, los huela, los conozca y disfrute de este juego.

En ocasiones será necesario que hagamos esto con un solo alimento, varias veces, antes de introducir uno nuevo. Esto le va a ayudar a familiarizarse con los alimentos y es mucho más probable que así se anime a probarlos.

¡También vamos a meterle en la cocina! No hay mejor espacio que ese, en el que manipulamos y preparamos los alimentos, para que pueda explorar.

Otras causas también pueden explicar que el bebé rechace los sólidos:

  • Causas físicas. Si nuestro bebé tiene un frenillo que le impide mover bien la lengua, un tono muscular en la zona de la cara y boca algo bajito o elevado, si suele respirar por la boca, con lo que los labios permanecen entreabiertos casi siempre, si además tiene amígdalas hipertróficas o vegetaciones, es más que probable que le cueste comer bien.
  • Hipersensiblidad táctil oral. En el plano sensorial, nuestro peque puede ser extremadamente sensible, tanto que con tan solo ver u oler determinados alimentos, le provoquen rechazo o arcadas. ¡Así es imposible que quieran metérselos en la boca!

Seguramente nuestro peque con una alta sensibilidad a los estímulos de tipo táctil, rechace también tocar muchas texturas, mancharse las manos, o explorar con juegos y materiales más sucios como las masas, barro, jugar con la comida, hasta tal punto que se retire, se muestre abrumado, ansioso o llore.

En estos dos casos, es recomendable consultar con su pediatra las mejores opciones para el desarrollo de nuestro peque.

 

Aunque a muchos papás y mamás les da miedo pasar de la leche a los sólidos, porque temen que su bebé se atragante, se ha demostrado que la alimentación guiada por el bebé tiene muchas ventajas y beneficios, y no se ha comprobado que haya más casos de atragantamiento en bebés alimentados con el método Baby-Led Weaning (BLW).

Siempre, eso sí, que se sigan ciertas pautas de seguridad, se ofrezcan los alimentos más adecuados, y se sepa cómo cocinarlos y cortarlos para ofrecérselos al bebé de la forma adecuada, por lo que en estos casos lo recomendable es consultar a un/a dietista-nutricionista con formación en la materia.

 

El BLW (Baby-Led Weaning o alimentación complementaria dirigida por el bebé) es un método de introducción de la alimentación complementaria que consiste en que el propio lactante, a partir de los 6 meses de vida y en función de su desarrollo neurológico, se lleva a la boca alimentos enteros, adaptados al bebé, utilizando sus manos, en lugar de recibirlos triturados y con cuchara.

Es un enfoque que permite que el bebé participe activamente en la alimentación desde el principio, ya que se le deja comer por sí solo y decidir qué, cuánto y a qué ritmo quiere comer.

Si decidimos optar por este método de introducción a la alimentación complementaria (BLW) no hará falta que preparemos triturados (las típicas papillas para bebés), porque será nuestro bebé quien poco a poco irá accediendo a los alimentos que habitualmente se comen en casa, los alimentos que come el resto de la familia.

Como uno de los temores habituales de las familias a la hora de optar o no por este tipo de alimentación es que temen que el bebé coma mucho menos que con los clásicos purés, es importante recalcar que uno de los objetivos de la introducción de la alimentación complementaria es acercar a nuestro bebé a los nuevos alimentos; a las texturas, colores, olores y sabores de lo que será de ahí en adelante su alimentación.

Además, también es importante recordar que entre los 6 y los 12 meses de vida al conjunto de estos alimentos se le denomina “alimentación complementaria” porque va a complementar a la leche materna (o artificial). Esto quiere decir que hasta el año de vida la leche deberá seguir siendo la fuente de alimento principal del bebé, también con BLW.

Teniendo esto claro, el BLW es un método de alimentación que favorece desde el principio la integración de alimentos sólidos al desarrollo del bebé, tal y como después deberá seguir tomándolos el resto de su vida.

Es decir, facilita la integración del bebé en la dieta familiar y, además, nos ahorramos el paso de triturados a sólidos y reducimos la probabilidad de rechazo del bebé a ciertos alimentos en un periodo posterior.

El BLW también promueve una alimentación complementaria que permita prevenir factores de riesgo para alergias, obesidad, desnutrición, hipertensión arterial y síndrome metabólico, entre otras.

Si utilizamos el método BLW para introducir los nuevos alimentos, el bebé come siempre con sus padres, a la vez que ellos, sentado en su misma mesa (bien en la trona o bien en los brazos de papá o mamá).

Así, otra de sus ventajas es la facilidad de introducir en el bebé hábitos de alimentación saludables desde edades más tempranas, favorecer su desarrollo psicosocial y la interrelación correcta entre padres e hijos.

Aunque muchas veces se alude al BLW como una nueva moda, las pautas para la alimentación infantil se “inventó” en los años 20 del siglo pasado. Hasta entonces no existía categoría alguna llamada “alimentación infantil”. La población menor de 3 o 4 años, una vez destetada, comía comida. Nada especial, lo mismo que comía la población adulta con algunas adaptaciones lógicas que dictaba el sentido común: una textura adaptada y, sobre todo, porciones o alimentos que no pudieran provocar atragantamientos.

En ausencia de las modernas batidoras de las que todos disponemos hoy en día, sin la posibilidad de comprar potitos en la farmacia y sin las modernas tronas para dar de comer a los bebés que tenemos hoy, ¿cómo se alimentaba a los bebes? Lo más frecuente era que la madre se sentara a comer en la mesa, con su bebé en brazos.

Cuando este tenía suficiente autonomía, desarrollo y poder de coordinación era capaz de alargar el brazo y agarrar la comida que mamá tenía en su plato. ¡Si mamá lo come, yo también quiero!

Y eso mismo es lo que hacen ahora los bebés alimentados con BLW. Al principio, el bebé rechupetea, escupe, tira al suelo el trozo… está interaccionando con un nuevo alimento, con un nuevo sabor y una nueva textura, y con el tiempo y con la práctica cada vez va cayendo más cantidad de alimento en la boca, y cada vez va tragando una mayor cantidad. Este es el proceso natural del ser humano de introducirse en la alimentación complementaria.

Todo lo demás, la alimentación de bebé tal y como ahora la conocemos sí es un invento reciente.

En relación a las cantidades, los niños deben alimentarse a demanda y cada niño tiene unos requerimientos diferentes: habrá niños que coman menos y otros que coman más, en base a sus necesidades y preferencias, así que los progenitores debemos encargarnos de la calidad de los alimentos que ofrecemos a nuestros hijos e hijas, y ellos/as se encargarán de la cantidad.

Precisamente, una de las ventajas del BLW es que es un método que respeta las señales de hambre y saciedad del bebé. El bebé deja de comer cuando no quiere más. Sin embargo, con las papillas y triturados es más fácil forzar al bebé a tomar alguna cucharada de más, haciendo que este ignore sus señales innatas de saciedad, y fomentando así que coma más de lo que necesita, aumentando las posibilidades de sobrepeso y obesidad en el futuro.

En el método BLW los alimentos se ofrecen por separado y con diferentes texturas. Con las papillas y triturados todas las preparaciones se presentan con la misma textura y con una mezcla de sabores donde es difícil identificar el sabor individual de cada ingrediente. Por tanto, si el objetivo de la alimentación complementaria es acostumbrar al bebé a nuevos sabores y texturas, tendría más sentido utilizar el método BLW.

Por otro lado, se ha comprobado que los peques que no incorporan en su alimentación alimentos sólidos antes de los 9 meses tienen después un mayor rechazo a introducirlos y a comer frutas y verduras por separado.

Y se ha visto también que los peques que empiezan con sólidos grumosos después de la edad de 9 meses comen menos de muchos de los grupos alimenticios a los 7 años, incluidas las 10 categorías de frutas y verduras, que los que reciben alimentos semi-sólidos entre los 6 y 9 meses.

Asimismo, mediante el BLW se estimula el desarrollo de la psicomotricidad del bebé, favoreciendo la coordinación ojo-mano-boca y el control de la prensión manual (para evitar estrujar los alimentos), de la motricidad fina (hacer la pinza) y la masticación.

Además, este método favorece la promoción de la lactancia materna. Cuando ofrecemos triturados es fácil dar más cantidad de la que el bebé necesita comer y que, por lo tanto, haga menos tomas de pecho. Sin embargo, con el método BLW es imposible forzar al bebé a comer más de lo que necesita porque él mismo se autorregula.

Por último, el momento de la comida suele ser más distendido y placentero para toda la familia cuando se utiliza este método.

 

El momento de comenzar a practicar BLW con nuestro bebé es también alrededor de los 6 meses, cuando el bebé puede sentarse erguido, muestra interés en los alimentos, ha perdido el reflejo de extrusión (que hace que cuando se introduce algo sólido en su boca la lengua lo expulse hacia fuera, como mecanismo de seguridad) y tiene desarrollada la coordinación ojo-mano-boca (es capaz de mirar un alimento y posteriormente alargar el brazo para cogerlo con la mano y llevárselo a la boca).

Puedes sentar al bebé en tu regazo y dejar que él mismo coja los alimentos con la manita, pero para comenzar con el BLW puede resultarte útil una trona con una bandeja amplia y limpia donde poder presentarle los alimentos sin necesidad de usar plato (que puede acabar volcado y en el suelo), así como un babi o babero impermeable amplio.

En el BLW el bebé coge directamente con las manitas los alimentos, por lo que no necesitarás cubiertos en una primera etapa, pero puede resultarte muy práctico usar un hule para cubrir la superficie de suelo justo debajo de su trona, ya que es frecuente al principio ver a los peques jugar mucho con la comida antes de llevársela a la boca. Esto forma parte del proceso de familiarización con los nuevos alimentos. ¡Están explorando nuevas texturas, aromas, sabores y colores!

En cuanto a la herramienta para administrar agua al bebé, se desaconsejan los biberones y elementos con tetina. Se opta, en cambio, por vasos pequeños lo más parecidos a los de los adultos que ellos puedan coger con sus manos y empiecen a practicar. Encontramos también vasitos de aprendizaje con asas grandes o vasos antiderrame 360º.

 

Los alimentos deben ofrecerse de forma que sean fáciles de agarrar, por ejemplo, a modo de bastoncitos y en un punto de cocción que no se deshaga en la mano al agarrarlo, pero que sí pueda deshacerse con la encía.

Para probar su textura puedes intentar chafarlo con tus dedos: si el alimento se deshace, sabrás que el bebé será capaz de aplastarlos y machacarlos con las encías o empujando con su lengua contra el paladar. Los huevos, mariscos y pescados deberán estar bien cocinados y sin espinas.

En cuanto a su forma y tamaño, debemos ofrecer los alimentos en trozos grandes y fáciles de agarrar o en cortes longitudinales. Esto permite que el bebé los manipule fácilmente con las manos.

Los frutos secos, las aceitunas, las uvas y los tomates cherry no deben ofrecerse nunca enteros hasta los 5 años. En este sentido, se recomienda que se ofrezcan los primeros triturados y el resto cortados en cuartos.

Las frutas y hortalizas se deben ofrecer asadas, cocidas o bien crudas, por su textura suave. A excepción de los alimentos naturalmente blandos, como el plátano, que pueden ofrecerse enteros o pochados con el tenedor.

En líneas generales es mejor optar por alimentos blandos que se deshagan fácilmente en la boca, como el aguacate, el plátano, la manzana asada, las zanahorias y patatas cocidas, el brócoli cocido, etc.

Asimismo, debemos procurar introducir variedad de alimentos, incluyendo proteínas, granos enteros, frutas y verduras…

 

Si optamos por practicar BLW con nuestro bebé, al igual que con los triturados, debemos evitar ciertos alimentos:

  • Carnes procesadas (como salchichas, embutidos, etc). Son ricas en sal y aumentan el riesgo de cáncer colorrectal.
  • Pescados azules de gran tamaño. Ya hemos explicado que la European Food Safety Authority (EFSA) recomienda evitar el consumo de pez espada, tiburón, lucio y atún rojo en niños pequeños debido a su elevada cantidad de mercurio.
  • Cabezas de gambas, de langostinos, de cigalas y el cuerpo de crustáceos como el cangrejo, nécora, buey o similares. Se recomienda limitar también en menores de 3 años debido a los niveles de cadmio.
  • Espinaca, cardos, acelgas y borrajas. La EFSA recomienda evitarlas en lactantes hasta los 12 meses por el alto contenido en nitritos.
  • Algas, ya que pueden contener altas cantidades de yodo.
  • Carne de caza con munición de plomo.
  • Miel, hasta los 12 meses, por riesgo de padecer botulismo.
  • Azúcar.
  • Sal.

Pero además, por riesgo de atragantamiento se deben evitar:

  • Salchichas. Este es una carne procesada, por tanto por su naturaleza ya deberíamos evitarla, pero además resulta que la salchicha es de las primeras causas de atragantamiento infantil.
  • Manzana y zanahoria cruda. Pueden asarse en el horno o microondas durante unos minutos para modificar su textura y hacer que disminuya el peligro de atragantamiento.
  • Frutos secos enteros. Aunque pueden darse desde los primeros meses en cremas o triturados.
  • Aceitunas, uvas, cerezas o frutos rojos enteros. En caso de ofrecer alguno de estos alimentos, debemos servirlos cortados por la mitad o en cuartos.
  • Caramelos o alimentos duros que no se deshagan fácilmente.
  • Evitar meter la comida en la boca del bebé. Puede que introduzcamos la comida más adentro de lo que el bebé es capaz de gestionar.

Asimismo, es preciso la supervisión constante. Cuando el bebé se alimente, una persona adulta siempre ha de estar presente para vigilar el proceso y comprobar que gestiona bien los alimentos o si, por ejemplo, necesita ayuda porque quiere beber agua y ha tirado el vaso al suelo.

 

El método BLW tiene la ventaja de fomentar la autonomía del bebé, por lo que:

  • Deja que el bebé maneje la comida: Permítele explorar la textura, forma y aroma de los alimentos con sus manos. ¡¿Quién dijo que no se podía jugar con la comida?!
  • Supervisión: Mantén siempre supervisión durante las comidas para prevenir riesgos de asfixia.
  • Permite que coma a su propio ritmo: Deja que el bebé decida la cantidad y velocidad de la alimentación.
  • Interfiere solo si es necesario: porque el bebé necesite tu ayuda para gestionar un alimento o alcanzar un vaso.

 

Las rutinas y hábitos a los que las personas adultas estamos acostumbradas son en realidad aprendizajes socioculturales, por lo que es normal que al principio al bebé le cueste adaptarse a ellas.

Lo más fácil, siempre que se pueda, es adaptar un poco nuestros horarios a sus necesidades adelantando un poco, por ejemplo, la hora de la comida y de la cena. Así, poco a poco, veréis que vuestro peque va integrando horarios y rutinas familiares en pocos meses.

Mientras tanto, sigue las señales del bebé y ofrece alimentos cuando el bebé esté alerta y dispuesto a comer. No fuerces la alimentación ni ofrezcas alimentos cuando el peque está cansado, irritado o necesita un cambio de pañal.

 

Al principio, en el proceso de introducción de alimentos sólidos, es muy frecuente que los peques aplasten, amasen, lancen y tiren la comida. ¡No han tenido nunca hasta ahora la oportunidad de explorar los alimentos con sus propias manos!

No caigas en la tentación de corregirle, regañarle o meterle tú los alimentos en la boca. Es una etapa que dura poco y para que el niño o la niña desarrollen confianza en sí mismos y una relación positiva con la comida, es aconsejable dejarles descubrir y explorar texturas, sabores y olores por su cuenta.

Respecto al uso de utensilios, a medida que el bebé perfecciona sus habilidades motoras finas, puedes introducir utensilios de comida apropiados para su edad.

Cuando introduzcas los cubiertos, igualmente, es recomendable animar la autoalimentación: incentiva que el bebé lleve la comida a su boca y desarrolle la coordinación mano-boca.

Y recuerda: cada bebé es diferente, y algunos pueden necesitar más tiempo que otros para adaptarse a la alimentación complementaria. Si al bebé le cuesta y tienes dudas sobre si está recibiendo los nutrientes necesarios, es aconsejable consultar a su pediatra para valorar la posibilidad de suplementar, y a un/a dietista-nutricionista para equilibrar su dieta.

 

La preocupación por el atragantamiento es un temor lógico y generalizado en las familias, pero no se correlaciona con un riesgo real. Los estudios que analizan el riesgo de atragantamiento comparando alimentos en trozos con las clásicas papillas o purés no encuentran diferencias.

No obstante, es importante tener en cuenta una serie de precauciones para minimizar los riesgos:

En cuanto al bebé:

  • Tiene que poder mantenerse sentado y estable.
  • Ha de haber perdido el reflejo de extrusión.
  • Debe tener interés por la comida y saber rechazarla cuando ya esté

En cuanto a los alimentos ofrecidos con Baby-Led Weaning, además de todo lo comentado:

  • No darle trozos más pequeños que su propio puño, para evitar que pueda metérselos en la boca enteros (le podemos dar en cambio, por ejemplo, una patata asada entera, más grande que su puño cerrado, que puede ir royendo con las encías).
  • Es importante estar pendientes del niño o la niña mientras come y evitar que coma jugando, corriendo, riendo o distraído/a.

Cuando el bebé está aprendiendo a comer puede tener dificultad para tragar algún trozo. Primero moverá el alimento en la boca para molerlo con la lengua y las encías, y cuando lo haya conseguido intentará tragarlo. Si el trozo es muy grande se desencadenará un reflejo de náusea, empujando el alimento hacia adelante para poder volver a triturarlo o escupirlo.

Esas arcadas son muy frecuentes al principio, porque este reflejo está más activo y se desencadena más adelante en la boca (aunque las madres y padres pensamos que cuando tiene náuseas el alimento está en la garganta, lo más probable es que no haya llegado ahí todavía).

Con el tiempo el bebé irá ganando en habilidad para moler el alimento, a la vez que el reflejo se irá desencadenando cada vez más atrás en la boca, con lo que estas arcadas irán disminuyendo en frecuencia.

El atragantamiento sucede cuando el alimento pasa a las vías respiratorias, dificultando la entrada de aire. Esto produce tos, que es el mecanismo más efectivo para expulsar el cuerpo extraño.

Pero si la obstrucción es total y el bebé no puede toser, el aire no puede entrar y se produce la asfixia.

Esta es una situación de extrema gravedad que requiere maniobras de desobstrucción enérgicas e inmediatas para despejar las vías respiratorias y que el niño pueda volver a respirar.

Conocer las maniobras de desobstrucción de la vía aérea es fundamental en cualquier circunstancia, pero más si tenemos niños pequeños y sobre todo si nos decidimos a practicar el Baby-Led Weaning.

El riesgo de que suceda una asfixia es bajo, pero es importante tener los conocimientos porque puede suceder en cualquier momento, y no siempre con comida.

 

Al comienzo del BLW lo ideal es presentar al peque o a la peque los alimentos de la forma más natural y sencilla posible: asados o cocidos, por ejemplo, y en porciones y cortes adecuados para prevenir el atragantamiento (por ejemplo, en forma de “palitos” o pochados con un tenedor).

En una segunda etapa, podéis poner en práctica recetas sencillas para introducir a vuestro bebé en el método BLW de forma segura. Aquí tenéis varias ideas:

Tortitas de avena

Se trata de uno de los cereales más completos por su alto valor nutricional. Es fuente de vitaminas y minerales, pero también contiene hidratos de carbono y proteínas.

Para esta receta necesitaréis 4 cucharadas de copos de avena, 2 cucharaditas de aceites de oliva virgen extra, el zumo de media naranja (o un trocito de fruta de temporada), 3 o 4 cucharadas de bebida de avena sin azúcar y canela.

Se colocan todos los ingredientes en un bol y se mezclan bien, asegurándonos de que queda triturado. Luego, echamos una pequeña cantidad en una sartén con aceite de oliva virgen extra y dejamos que se haga por ambas partes.

De manera opcional, podemos acompañar las tortitas con alguna fruta o compota sin azúcar para untar.

Crepes de trigo integral

Es otra forma de que los peques coman cereales. En este caso, además de avena, utilizaremos trigo integral (se aconseja que los cereales que se ofrezcan sean integrales, porque tienen más fibra. Además, pueden ser con o sin gluten).

Ingredientes: 1 huevo; 4 cucharadas de harina de trigo integral; 8 cucharadas de leche de avena sin azúcar; canela y medio plátano pequeño.

Preparación: igual que las tortitas de avena. Lo ideal es aplicarle fuego medio-alto para que cuaje sin quemarse (ojo al darle la vuelta).

Bolitas de arroz integral y verdura

Aunque el grano de arroz es pequeñito, a los peques hay que ofrecérselo más bien pasadito, de modo que el arroz se queda como una pasta. Para esta receta se pueden alternar distintas verduras (dependiendo de las que ya se les hayan ido ofreciendo). En este caso solo agregaremos calabacín.

Así que sólo necesitamos 1 o 2 puñados de arroz blanco y un calabacín.

Lavamos el arroz y lo cocemos hasta que quede muy blandito. También cocinamos el calabacín (cocido o al vapor) y lo uniremos al arroz, mezclándolo con las manos. Haremos bolitas manualmente para que no se deshagan.

Lo mejor de esta receta es que podemos introducir muchas variantes. Y es que cuando los peques sean algo mayores y hayan probado más variedad de verduras, ¡se pueden aumentar los ingredientes!

Podemos, por ejemplo: hacer las bolitas con guisantes, zanahoria, cebolla y aceite de oliva virgen extra. O calabacín, coliflor y zanahoria. ¡Seguro que se te ocurren nuevas combinaciones para tu hijo o hija!

En estos casos hay que rehogar la verdura (ojo con la zanahoria que debe estar cocinada, porque cruda aumenta el riesgo de atragantamiento) con aceite de oliva virgen extra, y luego mezclar con el arroz para hacer las bolitas compactas.

Hamburguesas saludables

En la introducción de la alimentación complementaria hay que priorizar alimentos ricos en hierro, y la carne es una de sus fuentes principales.

Prácticamente, se puede ofrecer cualquier carne. Lo que deberíamos evitar es comprar la carne ya picada y envasada, porque se le suelen añadir aditivos (como la sal) que no son recomendables para ellos. Y una forma fácil de introducir carne es ¡en hamburguesas!

Para ello, podemos utilizar carnes blancas como el pollo o el pavo. Podemos picarlas en casa o en la carnicería (con nuestra supervisión). Para hacerlas más jugosas, podemos añadir calabaza cocida a la carne picada. Al igual que ocurre con el arroz, podemos alternar la carne picada con otras verduras al vapor o cocidas, como calabacín, puerro…

Luego, solo tenemos que aplastar las bolitas y hacerlas en la sartén con aceite de oliva virgen extra. Para los más pequeños, finas y bien hechas para evitar el riesgo de intoxicación por ingerir carne cruda.

Salsa boloñesa casera

Es una forma saludable de ingerir carne y, además, ¡es una compañera ideal para la pasta!

Necesitaremos 250 gramos de carne de ternera, pollo o pavo picada; tomate natural triturado (para evitar condimentos no deseados, mejor triturar el tomate natural en casa); pimienta negra molida; orégano; y aceite de oliva.

Si queremos quitar acidez al tomate, podemos echar zanahoria (previamente cocinada, nunca cruda). También podemos añadir una hojita de laurel para añadir más aroma.

Echamos la carne en una olla con el aceite de oliva virgen extra caliente y removemos a fuego medio hasta que esté dorada y hecha. Después añadimos el tomate triturado, la pimienta y el orégano. Cocemos a fuego lento hasta que se espese ¡y listo para acompañar!

Croquetas de pescado

Contrariamente a lo que a menudo se suele pensar, el pescado sí se le puede introducir a nuestros peques desde el inicio con recetas BLW, tomando ciertas precauciones: por ejemplo, hay que evitar el pescado crudo y los pescados azules de gran tamaño por su alta concentración de mercurio.

Además, hay que tener especial cuidado con las espinas. Incluso cuando nos venden pescado congelado “sin espinas ni piel” es posible que alguna ande camuflada y nos dé un susto.

El pescado se puede ofrecer hervido, a la plancha, asado… y acompañado de alguna verdura. Si el peque ya tiene destreza para hacer la pinza, se entretendrá cogiéndolo desmenuzado. Otra forma de introducir el pescado es en croquetas, aunque en estos casos el bebé debe ya tener cierta destreza para masticar.

Eso sí, para hacer la bechamel no hay que usar leche (esta no se introduce hasta el año). Como alternativa, podemos usar el agua con el que hayamos cocido el pescado o las verduras.

Para esta receta necesitamos un poquito de cebolla, aceite de oliva virgen extra, agua, pescado blanco, pimienta y nuez moscada (adaptando las cantidades a vuestra receta habitual de croquetas, según la cantidad de unidades que se tenga por costumbre hacer en cada casa).

La masa es fácil de preparar: se echa cebolla cortada muy fina en aceite de oliva hasta que se dore y luego se le añaden 3 o 4 cucharadas de harina de trigo, el caldo de hervir el pescado y se mueve hasta que no queden grumos (para ello podéis usar una varilla, aunque un cucharón de madera también sirve).

Luego, se echa el pescado desmenuzado, una pizca de pimienta y otra de nuez moscada. Se remueve con paciencia hasta que sea una pasta y luego se pasa la masa por huevo y pan rallado y se mete en el horno en forma de croquetas, ¡una alternativa más saludable que freírlas!

Pan integral casero sin sal

A los bebés no hay que darles sal. Por eso es muy difícil que cualquier pan de panadería sea adecuado para ellos. Por ello una opción interesante (y divertida) es hacer pan en casa.

Podemos adaptar la receta básica del pan (compuesta por harina, agua, levadura o masa madre y sal) a nuestras recetas BLW para que el peque desayune o meriende un pan casero mucho más saludable.

Si tenemos un robot de cocina, será más fácil hacer la masa. Esta receta, no obstante, es a mano.

Necesitamos 350ml de agua tibia, 1/3 de levadura fresca de panadería (en supermercados la encuentras), 500g de harina integral y aceite de oliva virgen extra.

En un bol añade el agua y la levadura, mezcla bien para que se disuelva. Ve añadiendo poco a poco la harina y un chorrito de aceite de oliva. Mézclalo y amásalo bien en la encimera para que ligue y luego fermente mejor. Haz una bolita y métela en el bol tapando con un paño una hora. Luego vuelve a amasar y haz bolitas. Tapa de nuevo y deja reposar unos 30 min.

En un horno precalentado a 180º, mete las bolitas en la bandeja sobre un papel especial de horno y en 15 min tendrás los bollitos. Atención que no se quemen y a disfrutar.

Humus, pasta de legumbres y bizcocho saludable

Cuece la legumbre que elijas (garbanzos, habichuelas y lentejas son las más comunes) y tritúralas añadiéndole un “extra”, como cebollita asada en el horno, que sumará “su sabroso sabor” al de las legumbres.

Después, añade aceite de oliva virgen extra y alguna especie “si ya las hemos introducido en la dieta del bebé”. Se le puede añadir también frutos secos triturados, como pistachos o almendras. Por último, podemos poner un poco de zumo de limón y agua (opcional, si ha quedado muy espeso).

Pero también podemos optar por ofrecer las legumbres en forma de pasta, que ya se pueden encontrar en cualquier supermercado. Por ejemplo, espirales de lenteja roja.

También puede estar bien darle a probar las habichuelas o judías azuki, que son muy fáciles de digerir, rápidas de cocinar y muy sabrosas. No en vano, los japoneses las consideran el elixir de la vida. Además, se pueden utilizar para platos salados y para dulces.

De hecho, podéis hacer brownies o bizcocho de garbanzos. Es decir, con los mismos ingredientes que cualquier bizcocho, pero sustituyendo la harina por un bote de garbanzos cocidos.

 

El BLW mixto no es más que la combinación de la alimentación guiada por el bebé (BLW) con los purés y triturados. Aunque para muchas familias lo ideal sería seguir un BLW “puro”, lo cierto es que no siempre es posible por no estar siempre con el pequeño a las horas de las comidas o, simplemente, por falta de tiempo.

Así, el BLW mixto es la mejor opción para muchas familias que tienen que dejar a su bebé con otros cuidadores, como los abuelos, o en la escuela infantil. De esta forma, en lugar de renunciar por completo al BLW, podemos optar por un BLW mixto en el que le podemos ofrecer a nuestro bebé tanto alimentos a trozos como purés.

Partiendo de la base de que el BLW combinado no existe oficialmente como tal, lo importante es comer, y esta opción nos permite combinar texturas.

Le podemos ofrecer a nuestro hijo o a nuestra hija triturados en un momento del día y sólidos en otro, o bien combinar ambos en el mismo momento del día.

Aprender a gestionar dos texturas diferentes (sólidos y triturados) no es más difícil para el bebé, pero sí tenemos que tener en cuenta que debemos comenzar al mismo tiempo. Además, hay que ofrecer los alimentos sólidos antes de los 9 meses, ya que hasta ese momento los pequeños tienen más capacidad para gestionar los sólidos, pero pierden ese reflejo natural si no se los ofrecemos.

Las familias que optan por el BLW mixto no realizan el BLW propiamente dicho, pero eso no impide que esta elección comparta las mismas ventajas para el bebé que el método puro. Entre ellas destacan:

  • Desarrollo de la motricidad: el pequeño intentará coger los alimentos con la mano y después con los cubiertos.
  • El bebé es capaz de diferenciar texturas y sabores de los alimentos de forma individual.
  • Buen desarrollo de los músculos de la mandíbula, los dientes e incluso el habla.
  • En el momento de la comida o cena, toda la familia se sienta a la mesa y el peque se siente parte de ella (el sentido de pertenencia es fundamental para el desarrollo).

El principal inconveniente del BLW mixto es que muchos padres piensan que puede alargarse en el tiempo, cuando no debería ir más allá de los 12 meses. La idea es que de los 6 a los 12 meses enseñemos al niño la técnica de comer sólidos y triturados para despertar su interés por la comida y que sea más independiente.

Pero lo aconsejable es que poco a poco se decante por los sólidos, aunque esto siempre dependerá de cada niño y de la insistencia de los progenitores.

Además, si obligamos a comer a nuestro bebé sin respetar sus señales de saciedad, corremos el riesgo de que coma más de lo que necesita y aumenta el riesgo de posible sobrepeso u obesidad infantil.

¿El BLW mixto genera confusión en el bebé?

Aunque hay quien piensa que sí, la realidad es que no. El bebé gestiona tanto los trozos como la comida triturada o chafada con la tos y las arcadas, por lo que no debe suponer una preocupación añadida.

 

Es muy frecuente que a la hora de alimentar al bebé cometamos errores casi sin darnos cuenta. A veces simplemente es “mala costumbre”, y otras puro desconocimiento. Pero, tranquilos, ¡solo hay que cambiar el chip!

   

A continuación os desvelamos qué errores en la alimentación infantil son más frecuentes.

  1. Dar agua al bebé lactante. De 0 a 6 meses los lactantes no necesitan ningún líquido más allá de la leche (materna o de fórmula).
  2. Retirarle la teta para que coma más. A partir de los 6 meses, con la introducción de los primeros alimentos, a veces caemos en el error de pensar que estos son más importantes que la leche materna. Pero no debemos destetar para que el bebé coma más. Hasta los 12 meses la lactancia aporta más del 50% de los nutrientes que necesita.
  3. Patatas sí, pero no fritas. La patata y la zanahoria son las primeras hortalizas que se suelen introducir en la alimentación infantil. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la patata no es una verdura, sino un tubérculo, y que hay que cocinarla de forma saludable y no abusar de las patatas fritas. Es más saludable consumirlas cocidas o asadas.
  4. Vigilamos el consumo de azúcar… pero no de sal. Hoy en día la mayoría de personas son conscientes de lo perjudicial que es dar azúcar a los niños. Sin embargo, a la sal se le presta menos atención. No hay que añadir sal a las comidas de los niños. No la necesitan. Nunca eches sal a la cocción de los alimentos que le vayas a ofrecer. Estos ya tienen los nutrientes que necesitan y el sistema renal de los bebés no es maduro para procesar tanto sodio.
  5. Endulzar con miel como sustituto del azúcar. La miel puede contener unas esporas que a los menores de un año les puede provocar botulismo. Y no es más saludable que el azúcar.
  6. Batidos, zumos y refrescos… Son muy socorridos, pero contienen poco valor nutritivo y mucho azúcar. Un batido, por ejemplo, puede contener el equivalente a 3 sobres de azúcar. Lo mismo sucede con los refrescos y zumos (incluso los naturales). La fruta de temporada, en cambio, es nutritiva, no engorda ni sienta mal de noche, admite multitud de preparaciones diferentes y hay gran variedad de sabores y texturas.

La mejor forma de comer fruta es a bocados (nada de redecillas, ni chupetes de silicona, etc.). En el BLW podemos ofrecerla entera, cortada en gajos, en palitos, con o sin piel, a cuartos o mitades, asada o cruda (si es blandita)…

  1. El pan de molde también es bollería industrial. La bollería industrial contiene mucha grasa poco saludable y grandes cantidades de azúcar. Todos lo sabemos y por eso restringimos mucho estos productos en la dieta de nuestros hijos. Pero no tenemos tan claro, en cambio, que esto es algo que también le ocurre al pan de molde, que incluye grasas añadidas que no tiene el pan del día. Además, son productos blandos que se adhieren a los dientes provocando caries. Tampoco incitan a masticar con fuerza, que es básico para el desarrollo de los músculos de la cara y la fortaleza de dientes y encías. Una alternativa más saludable para no cometer errores en la alimentación infantil, es el pan del día o pan casero (y si están hechos con harinas integrales, tanto mejor).
  2. Ofrecer cereales en el biberón o azucarados en el desayuno. Junto a las verduras y la fruta, los cereales son básicos en la alimentación infantil. Pero a veces confundimos estos últimos con los procesados, que además, curiosamente, están dirigidos a la población infantil y, al igual que pasa con los batidos y zumos industriales, suelen venir en envases muy llamativos. Pero esos cereales con azúcar, miel, chocolate… tienen muchas calorías y no aportan nutrientes esenciales. La alternativa clásica es un buen vaso de leche y una tostada con aceite de oliva. Recordemos, además, que añadir cereales al biberón no está recomendado por el aumento de calorías y el riesgo añadido de caries.
  3. Abusar de los lácteos. Es una de las guerras nutricionales del momento: ¿Lácteos sí o no? ¿Resultan imprescindibles en la alimentación de nuestros peques? Pues ni necesarios, ni tampoco insanos. La leche tiene mucho calcio, pero no tiene tanto hierro, que también es clave para el organismo. No hay alimentos imprescindibles. Los que son necesarios e insustituibles son los nutrientes, y estos los podemos obtener de diferentes fuentes. De hecho, podemos obtener de la col, la coliflor, el brócoli, tofu o las almendras el mismo calcio que de la leche. El único alimento imprescindible es la leche materna o de fórmula en los lactantes, y el único nutriente que debe suplementarse es la vitamina B12 en veganos y vegetarianos. Tomar lácteos no es insano siempre que no se abuse de ellos. Lo que no hay que hacer es dar a los peques dos yogures si no quieren cenar. Abusar de productos lácteos y derivados puede desplazar la ingesta de otros nutrientes necesarios y provocar estreñimiento y dolor abdominal.
  4. Rutina familiar… ¡y nada de pantallas en la hora de la comida! Las rutinas son fundamentales para los más pequeños, así que procurad tener horarios más o menos estables. No les obliguéis a comer si no queréis que la hora de la comida se convierta en una pesadilla y rehuya el momento. Simplemente, dejad que se adapte a la rutina a su ritmo. Tampoco le ofrezcáis grandes cantidades, mejor platitos pequeños y que repita si quiere más. Huid de la televisión o cualquier dispositivo para distraerle, porque no será consciente de lo que come y le puede traer problemas en adelante. Intenta que toda la familia coma a la vez. Eso le hará saber que es un ritual importante y compartido.

Por último, cuando vayas al supermercado, mucho ojo con los productos infantiles (contienen, a menudo, más cantidad de sal y azúcar que los alimentos no específicos).

 

A veces, sin darnos cuenta, utilizamos los alimentos sanos como amenaza o castigo: “Si te portas mal, hoy meriendas fruta” o “Si no te comes las verduras, las tendrás para la cena”. Esto, en realidad, es un sinsentido: ¿Cómo vas a castigar a tu hija o a tu hijo con un alimento saludable? Si al peque le agrada, se sentirá confuso; y si no le gusta, solo vamos a conseguir que desarrolle una mayor aversión a la verdura.

Nuestro objetivo es que cuando ya no estén bajo nuestro control sigan comiendo comida saludable, y este tipo de actitudes solo provocan manías, rechazos y fobias a los alimentos, al ir además acompañadas de momentos de sufrimiento, de pulso y de obligación.

Otro error que suele ir asociado al primero es el de retirar alimentos poco saludables como castigo: “Como te has portado mal o no te has comido la verdura, te has quedado sin postre”, “Ya no te compro los caramelos”, “Ya no comerás tarta”, “Íbamos al burguer, pero ya no vamos” o “Pues nosotros tomaremos hamburguesas con refresco y tú una ensalada y agua”.

Con este tipo de frases el mensaje que les enviamos es que los postres, caramelos, pasteles, bollería y comida rápida o ultraprocesada son un premio, es decir, algo positivo que se puede ganar, merecer o conseguir, según sea su comportamiento. Si los peques son “buenos”, podrán comerlos. Si no son “buenos”, entonces no.

Así estamos creando una asociación positiva hacia alimentos poco saludables que deberían consumirse solo muy ocasionalmente: “Los niños buenos pueden comer comida malsana, los niños malos se tienen que conformar con comida saludable”.

Sucede lo mismo cuando ofrecemos alimentos insanos como recompensa: “Como te has portado muy bien, te doy una piruleta”, “Como has hecho un buen examen nos vamos al burguer”, “Como has sido bueno y me has hecho caso, te doy postre”, “¡Si te lo comes todo te doy tarta de chocolate!”.

Educar con premios o con castigos es peligroso y poco recomendable, porque deriva el objetivo de los actos y comportamientos de los peques hacia la posibilidad de recibir un premio o un castigo. Ambos eventos son motivaciones externas y los niños y niñas no interiorizan principios ni valores ni hábitos saludables.

Mientras estemos ahí para premiar o castigar, el método puede llegar a funcionar. Pero, ¿qué pasa el día en que ya no los premiamos ni les castigamos?

Nadie le dice a un niño o a una niña “como no te comas las natillas esta noche no te doy brócoli” o “como has recogido tu habitación tendrás fruta de postre”, porque nadie premia a los demás por hacer lo que tienen que hacer. Pero sí premiamos con lo “prohibido” y lo poco saludable, cuando en realidad perjudicamos con ello la salud de nuestros hijos e hijas.

Por todo ello, lo lógico, y saludable, es que la comida no esté relacionada de ninguna manera ni con los premios ni con los castigos.

Nuestro papel como padres es el de enseñarles a distinguir la comida saludable de la no saludable, y ser consecuentes con lo que queremos que aprendan a la hora de hacer la compra y a la hora de alimentarnos en casa.

Es decir, dar ejemplo.

Si queremos que coman sano, tenemos que comprar sano y comer sano. Lo ideal es no tener en casa bollería industrial, procesados, dulces ni nada de lo no queremos que coman, porque no comprándolo está claro que no podrán comerlo. ¡Y tampoco vale esconderlo! Los peques son inteligentes y esto a la larga no funciona de nada.

Lo ideal es no comprarlos, explicarles por qué no se compran, y restringir su consumo a momentos puntuales y/o fuera de casa. Y en los momentos en los que, de vez en cuando, se consumen esos productos, tenemos que tener todos claro que no son un premio, sino que los hemos comprado porque en un momento muy puntual y porque apetece, y porque, aunque no sea saludable, un consumo ocasional no es comparable a un consumo habitual.

 

A partir del año de edad, los peques ya deben comer lo mismo que nosotros y haber probado los mismos alimentos (con las ya conocidas excepciones: el azúcar y la sal, el alcohol en la cocina, los pescados de grandes dimensiones, los frutos secos enteros, el sushi…).

En este momento se nos plantea el gran dilema de los lácteos. Los bebés amamantados con leche materna pueden seguir siendo amamantados o, como segunda mejor opción, recibir leche de vaca entera si ven a los adultos y piden (también es válida la de cabra, pero su fuerte olor y sabor hace que muchos peques la rechacen). En estos casos es preferible que opten por yogur natural sin azúcar o algún trozo de queso, aprovechando que son alimentos fermentados.

Pero, ¿qué pasa con los bebés alimentados con leche de fórmula? Pues resulta que, para ellos y ellas, la leche entera de vaca también es la mejor opción.

De hecho, recientemente, la Academia Americana de Pediatría (AAP) alerta de que las leches de crecimiento no están reguladas, que son innecesarias y peores que la de vaca.

Es más, los pediatras de la AAP han advertido en su informe (Older Infant-Young Child Formulas) de que las leches de crecimiento "no sólo no son tan buenas como la leche de vaca y una dieta equilibrada, sino que son peores" y solicitan que no estén vinculadas a fórmulas infantiles reguladas ni se vendan junto a fórmulas.

Estas leches contienen, a menudo, azúcar y sal añadidos. Además, los fabricantes hacen afirmaciones no comprobadas de que las bebidas estimulan el cerebro o el sistema inmunológico de los niños, según incide el comité de nutrición de la AAP, que califica como “cuestionables” las prácticas de marketing empleadas por los fabricantes para comercializar sus fórmulas (algo que ya había denunciado la OMS anteriormente en su informe How the marketing of formula milk influences our decisions on infant feeding).

 

Entre los 6 y los 12 meses la dieta lógica y habitual de un bebé es la que se basa en leche a demanda del bebé, complementando su dieta con alimentos saludables y variados que se le van ofreciendo poco a poco para que conozca las texturas, colores, sabores, olores, y los vaya comiendo cada vez en mayor cantidad, sin forzar ni prohibir, sino respetando las sensaciones del bebé de hambre y saciedad.

No obstante, cuando el bebé empieza a comer otros alimentos diferentes a la leche, el objetivo es que, poco a poco, se pueda ir diversificando su dieta, ya que es necesario asegurar el aporte de los nutrientes que la lactancia aporta en poca cantidad (aunque de manera muy biodisponible) a partir de esta edad. Y es que el bebé mayor de 6 meses comienza a necesitar, sobre todo, hierro.

La leche materna tiene poco hierro, pero se absorbe muy bien, así que la cantidad que aporta es suficiente para los bebés de entre 6 y 12 meses, según sean las reservas de hierro de cada bebé. A partir de este momento lo aconsejable es que el bebé obtenga el hierro, junto con otros nutrientes, de la alimentación complementaria, cada vez en mayores cantidades.

No obstante, es posible que a medida que se les ofrecen nuevos alimentos, algunos bebés los rechacen. Si es así, se puede esperar una o dos semanas y volver a intentarlo. Con frecuencia, es necesario presentar hasta 10 veces un mismo alimento a un bebé “quisquilloso” con la comida (las texturas o los sabores) antes de que lo acepte.

La clave está en tener paciencia y tener claro que no hay alimentos imprescindibles, ya que si no se obtiene un nutriente concreto de un alimento en particular, siempre podrá obtenerlo de otro alimento. Y, en el caso de que al bebé le cueste comer, se pueda valorar hasta cuándo esperar para suplementar con hierro o hacer analítica y valorar posibles carencias.

La suplementación a veces es necesaria para prevenir el riesgo de padecer anemia si el bebé se niega a comer. ¿Y cuáles son los síntomas de anemia en bebés? Falta de apetito, trastornos del sueño, debilidad, cansancio, problemas en el desarrollo (un bebé con anemia puede, por ejemplo, comenzar a caminar más tarde)…

Todos estos problemas crean un círculo vicioso aún peor: la falta de apetito hace que el bebé coma menos de lo que necesita, y eso a su vez hace que tenga más anemia.

En estos casos suplementar es siempre más eficaz y saludable que forzar a comer.

 

Ante todo y en cualquier caso, nunca hay que obligar a comer a los bebés y niños pequeños (en realidad, a nadie). De esta forma solo conseguiremos que establezcan una relación negativa con la comida, y puede fomentar la aparición de trastornos alimentarios más adelante.

Sabemos bien que el binomio niños y comida puede convertirse en toda una auténtica pesadilla para algunas familias. Pero las investigaciones revelan que algunas de las estrategias más comúnmente utilizadas a la hora de comer por los progenitores de niñas y niños “quisquillosos” con la comida podrían, sin darse cuenta, convertir a sus hijos en aún más quisquillosos.

Por ejemplo, en el estudio Mothers' descriptions of their feeding strategies in response to fussy eating with children of different levels of trait fussiness, del Instituto de Actividad Física y Nutrición de la Universidad de Deakin, se pone de relieve que los métodos coercitivos perjudican la capacidad de los niños y las niñas para regular su propio apetito y establecer hábitos alimenticios saludables.

Es decir, presionar, chantajear, amenazar y engañar consiguen el efecto contrario: los niños comen aún menos y peor.

Los investigadores han descubierto que los padres con niños muy quisquillosos a menudo (de forma instintiva, y con la mejor de las intenciones) usan la presión y la persuasión para alentar a sus hijos/as a comer, cuando la realidad es que estas estrategias son menos efectivas para desarrollar hábitos y comportamientos alimentarios saludables.

Sí, puede ser muy frustrante cuando los peques se niegan a comer o rechazan ciertos alimentos y empezamos a preocuparnos de que el niño o la niña tenga hambre o no esté recibiendo la nutrición adecuada, pero las estrategias a evitar (por poder reforzar inadvertidamente la irritabilidad, promover la autorregulación del apetito deficiente o una ingesta dietética deficiente) son:

   
  • Tratar de persuadir a los niños, diciéndoles que solo tienen que comer cierta cantidad, por ejemplo: 5 bocados de su comida.
  • Amenazarles con que eso es lo que hay y si no se lo comen, se irán a la cama con hambre.
  • Chantajearles diciéndoles que si se lo comen todo pueden tomar postre o hacer una actividad que le guste.
  • Castigarles si no comen lo que les decimos que tienen que comer.
  • Deconstruir las comidas, sirviendo sus ingredientes por separado (la pasta y la salsa, por ejemplo).
  • Esconder verduras en las comidas para “engañar” a los niños y niñas con el objetivo de que ingieran alimentos más saludables.
  • Camuflar el sabor de algunos alimentos, con salsas o cremas como el ketchup, por ejemplo.

Todas estas estrategias pueden mejorar la ingesta dietética a corto plazo, pero no educa en una dieta saludable ni enseña a los niños y niñas a aceptar una variedad de alimentos a largo plazo.

   

En cambio, algunas estrategias positivas que sí fomentan hábitos alimenticios saludables son:

  • Hacer que los niños participen de la compra de alimentos saludables.
  • Involucrarles en la preparación de las comidas.
  • No obligar a comer.
  • Dejarles decidir cuándo están llenos y no forzarles a acabar el plato.
  • Servir ciertos alimentos repetidamente para animar a sus hijos a probar diversidad de ingredientes que en principio creen que no les van a gustar.
  • Proporcionar opciones: a la hora de las comidas, en la mesa familiar debe haber siempre alimentos que sabemos que les gustarán, combinados con otras cosas que queremos exponerles.
  • Compartir mesa con ellos y darles ejemplo de alimentación saludable y equilibrada.

También es muy frecuente que a un niño o niña “quisquilloso” con la comida le guste un alimento cocinado de una determinada forma, y rechace cualquier otra presentación de dicho alimento. Por ejemplo, puede comer el huevo duro, pero no en tortilla. Esto es normal y dependerá de los gustos de cada cual. Paciencia, ¡con el tiempo todo llega!

 

Es muy frecuente que cuando los bebés comienzan a ingerir sólidos a los adultos nos dé la impresión de que apenas comen, especialmente si practicamos BLW.

El estómago de los bebés es, en realidad, muy pequeño, y es normal que se sacien pronto. Por dar una referencia, digamos que las familias pueden estar tranquilas si su bebé, además de la leche, se come un par de albondiguitas al día, media hamburguesa casera, medio filete de pollo, de pescado o un huevo… O, lo que es lo mismo, si llega a las cantidades que se indican en las guías de alimentación complementaria:

  • 30-35 gramos de carne en un día.
  • O bien 30-35 gramos de pescado blanco o azul en un día.
  • O bien un huevo pequeño en un día.

Si el bebé llega a eso, si se come esa cantidad de carne o de pescado o el huevo pequeño, combinado con un poquito de otros alimentos como verduras, frutas, legumbres, pan… Entonces se considera que el aporte de hierro es correcto.

Si en cambio apenas come nada más que leche materna o de fórmula, o come otros nutrientes pero un día sí y cinco no, y da la sensación de que pasará tiempo hasta que la situación cambie, se puede suplementar con hierro para prevenir una anemia que más adelante podría dar problemas (porque cada vez será mayor si la situación no cambia). Y si se sospecha que esa anemia ya existe, su pediatra indicará hacer una analítica para tomar las acciones oportunas en base a los datos que arroje la prueba.

 

Mientras que muchas parejas cuentan que sus hijos de 10 meses han aceptado muy bien la comida y están comiendo muchos alimentos diferentes, varias veces al día, hay muchos bebés de 10 meses que casi no comen nada.

No son pocas las familias que cuentan que, con suerte “algún día” consiguen que coma algo, de algún alimento concreto (un trocito de fruta, dos macarrones, algún garbancito…), y son bebés que a simple vista parecen sanos, felices y bien cuidados.

Es decir, no siempre un bebé “mayor” que solo toma leche (materna o de fórmula) a demanda y algún alimento más, va a tener un estado de salud crítico. Pero también puede ser que aunque aparentemente esté bien, tarde poco en desarrollar una anemia.

¿Qué hacer cuando el bebé solo quiere pecho o bibi? Retirar el biberón o destetar a un bebé que solo toma leche y no ingiere ningún otro tipo de nutriente está actualmente desaconsejado. La opción más recomendada es suplementar al bebé. Pero depende de cuáles sean las reservas de hierro del bebé.

Si el bebé tiene riesgo de anemia (porque nació pequeño o prematuro y el cordón se cortó relativamente rápido), puede ser necesario suplementar con hierro desde los 6 meses, (tal y como durante varios años ha recomendado el Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría), o no tardar mucho si en cosa de pocas semanas apenas come nada.

Si en cambio el bebé tiene poco riesgo, se puede esperar hasta los 8-9 meses, para dejarle margen a que conozca los alimentos y aprenda a comerlos. Si para entonces el bebé va comiendo algo, y cada vez más, puede no ser necesario hacer nada.

En cualquier caso, si tenemos dudas, lo más recomendable es recurrir a un/a dietista-nutricionista infantil que nos ayude de manera personalizada, y mantener a su pediatra al día del estado y avances de nuestro bebé.

 

Este es un problema común en las familias con bebés amamantados. Por cambio de hábitos o por apego a la figura materna, muchos de estos peques se niegan a comer en ausencia de su madre.

Mientras que el permiso de maternidad para mujeres no cubra los 6 meses de lactancia materna exclusiva que recomienda la OMS, la incorporación al trabajo seguirá dando muchos quebraderos de cabeza a no pocas familias. Sobre todo, porque muchos peques amamantados se niegan a comer hasta que no vuelve su madre.

De hecho, aunque el permiso de maternidad fuera de 6 meses seguiría siendo corto, porque es entonces cuando los bebés comienzan a probar nuevos alimentos, y durante las primeras semanas tienden a seguir tomando mucha leche y comiendo pocos sólidos.

Cuando el permiso maternal se acaba y el bebé aún es pequeñito, son muchos los peques que se quedan al cuidado de la pareja, de los abuelos o de otras personas, y acaban incluso negándose a comer. Es decir, cuando mamá se va a trabajar, el bebé no come hasta que vuelve.

Suele pasar en torno a los 4 meses de vida del bebé, que es cuando la mamá que amamanta empieza a trabajar de nuevo y, evidentemente, no puede seguir amamantándole. Al ser aún muy chiquitín, sigue necesitando leche materna y sigue esperando recibirla del mismo modo que siempre.

En estos casos, puede ayudar ir acostumbrando al bebé, unas semanas antes de la incorporación de la madre al trabajo, a la presencia y los brazos de quien será su cuidador, y se puede intentar ofrecer la alimentación de otras formas:

  • Leche materna extraída de su madre.
  • Leche de fórmula.
  • La opción menos recomendable: darle alimentos en papilla o puré que, a pesar de recomendarse a partir de los 6 meses, se podrían adelantar, precisamente, para que coma algo en esas horas.

Hay bebés que se amoldan a la nueva situación y más o menos van comiendo algo (o bastante) y hay otros que no se adaptan tan bien y se niegan a comer nada que no sea el pecho de mamá.

Entonces es recomendable probar todas las alternativas posibles:

  • Con jeringa.
  • Con un vasito de aprendizaje.
  • Con biberón.
  • Con una cucharita.

A veces funciona… y a veces no. Depende de cada bebé. Y esta es una situación que preocupa mucho a sus madres, aunque la mayoría de mamás no pueden evitar que suceda, porque necesitan trabajar para subsistir, y no depende de ellas ni vale de nada crear cargos de conciencia injustificados.

Así que conseguir que el bebé coma y que la mamá esté tranquila suelen ir de la mano.

Para tranquilizar a las mamás, hemos de destacar que, aunque pueden pasar muchas horas, y los bebés siguen negándose a comer, y esperan hasta que viene mamá si hace falta, es entonces cuando recuperan el tiempo perdido, tiempo de alimento y de cariño.

Y no pasa nada. No pasa nada si el bebé no come durante esas horas. Al fin y al cabo, hay bebés que son capaces de dormirse y despertarse después de 8 o 9 horas de sueño sin comer, y nadie se lleva las manos a la cabeza.

Estos bebés están haciendo eso, precisamente: no comer durante muchas horas, y el resto de las horas del día y/o noche “recuperan”, haciendo todas las tomas de pecho que necesitan.

En otros casos es simplemente una cuestión de falta de costumbre y hay que tener paciencia hasta que el bebé, poco a poco, integre todos los cambios y los nuevos hábitos: el bebé amamantado desde que nació, no sabe que ese biberón, esa cuchara o ese vasito pueden ayudarle a calmar su hambre y su sed, y como además no sabe cómo utilizarlos, se niega a que le pongan eso en la boca, porque lo que necesita es el pecho de mamá, que es el único alimento que conoce y la única forma de tomarlo que sabe que existe.

Lo que es importante es no forzar nunca al bebé. No es recomendable obligar a comer al bebé, ya que estaríamos sentando las bases de una mala relación con la comida que a corto, medio y largo plazo, y sería totalmente contraproducente.

Ante todo, paciencia. Esta es una nueva etapa y, como todas: al final pasa. Todos los bebés, de repente, un buen día empiezan a abrir la boca como si nada. Y comen.

 

Estamos habituados a hablar de niños y niñas que comen poco y a preocuparnos por ellos, pero ¿qué pasa cuando un niño come demasiado? Hay peques que parece que no se sacian nunca e incluso tienen ansiedad por la comida. ¿A qué se debe y qué podemos hacer por ellos?

Aunque esta es una situación que suele preocupar menos a las familias, en la actualidad, la obesidad infantil es un problema mundial. Según Save The Children, más del 30% de menores de entre 4 y 12 años tienen sobrepeso u obesidad, y la última investigación de la Iniciativa de Vigilancia de la Obesidad Infantil (COSI, por sus siglas en inglés) indica que nuestro país es el tercer país europeo con mayor prevalencia de sobrepeso y el cuarto en obesidad: la obesidad infantil se ha duplicado en España en los últimos 20 años.

El 95% de los menores que tiene sobrepeso es porque come más calorías de las que gasta. Es decir, estilos de vida sedentarios y una mala alimentación influyen negativamente en la salud de nuestros hijos e hijas.

“Mi hijo come mucho y no engorda”

Muchas familias no ven un problema en que su hijo coma lo mismo o más que un adulto, y es cierto que esto no es un problema cuando el estado de salud del niño o la niña es bueno.

De igual modo que hay niños que comen poco y están perfectos de peso y salud, también hay peques que comen mucho y también están bien.

Cuando un niño siempre tiene hambre no tiene por qué pasar nada necesariamente. Hay peques que queman las calorías que ingieren porque son muy movidos, practican mucho deporte o tienen un nivel alto de actividad física.

O pueden ser niños o niñas con una constitución delgada y atlética y/o con un metabolismo basal lo suficientemente elevado como para ingerir gran cantidad de calorías sin engordar.

Pero si existe un problema de ansiedad por la comida, sobrepeso, obesidad, diabetes, colesterol… tenemos que hacernos cargo del problema. Tenemos que empezar a mirar todo lo que se está haciendo mal para enderezarlo y tratar de evitar posibles problemas de salud. Es decir, tenemos que averiguar por qué un niño parece que no se sacia.

Para ello, su pediatra, su enfermero/a y una/ dietista-nutricionista infantil serán clave a la hora de estudiar lo que hacemos en casa, y cómo podemos mejorar.

 

Un dietista-nutricionista es un profesional de la salud con titulación universitaria cuyo objetivo es educar a nivel nutricional y tratar patologías a través de la dietoterapia.

Se trata de una figura especializada en la salud a través de la nutrición que resulta muy útil para guiar a las familias acerca de cómo debe ser la alimentación desde el momento en el que se empieza a comer algo diferente a la leche materna o de fórmula para ser capaces de llevar una alimentación saludable, sabiendo qué alimentos y en qué cantidades consumir, y cómo cocinarlos.

Es especialmente útil en el caso de familias que optan por el BLW, ya que suelen tener muchas más dudas a la hora de introducir, presentar y cocinar los alimentos para sus peques. En estos casos lo mejor es optar por un/a dietista-nutricionista especializado en este área.

Muchas veces pensamos que nuestros hijos comen de forma saludable, y la verdad es que en todas las familias se cometen muchos errores y se consumen alimentos que creemos que son saludables pero que no lo son.

En la actualidad, vivimos en una sociedad en la que cada vez hay más alimentos ultraprocesados (aproximadamente, un 80% de los productos que encontramos hoy en día en el supermercado no existían hace 100 años), ricos en azúcares, sal, grasas saturadas y grasas trans. Y donde la publicidad de la industria alimentaria tiene un potente efecto sobre nuestras creencias, debido a las muchas veces engañosas estrategias de marketing y la publicidad, que nos hacen pensar que algunos alimentos son sanos, cuando en realidad no lo son.

Al problema de la deficiente legislación de la publicidad se suma la falta de educación nutricional, y todo esto hace que seamos mucho más influenciables por los mensajes que nos llegan y que no siempre son certeros.

Muchos padres son reacios a llevar a su hija o hijo a un nutricionista, bajo la falsa creencia de que este le pondrá una dieta muy estricta, con la que el peque va a sufrir muchísimo. Esta creencia es totalmente errónea.

Un nutricionista infantil analiza los hábitos de alimentación, las costumbres alimentarias y la actividad física, para identificar los errores que se están cometiendo y enseñar al niño y a la familia a comer de forma saludable.

Asimismo, transmitirá a la familia al completo la importancia de aprender a comer sano en familia, ya que de nada servirá una intervención específica sobre uno de sus miembros, si después los hábitos que hay en casa siguen siendo erróneos. Los hábitos alimentarios se aprenden en familia y desde muy pequeños, ya que son un espejo de lo que se ve en casa.

Por todo ello, lo ideal sería acudir cuando los peques comienzan con la alimentación complementaria, porque así el/la especialista puede comenzar a instaurar hábitos y nosotros a implementarlos, que siempre es más fácil que tener que corregirlos en el futuro. Así, los niños y niñas que acostumbran a tomar alimentos muy dulces o salados, luego tienen mayor tendencia a rechazar otros alimentos naturales, no tan dulces ni tan salados.

Además, cambiar un hábito de adultos cuesta mucho más trabajo que cambiarlo en los niños, y no solo eso: la mala alimentación es como un veneno lento que va actuando sobre la salud de nuestro hijos, hasta que un día sus efectos se vuelven visibles.

Pero hay otro momento clave: cuando los padres ven que su hijo o hija está ganando o perdiendo peso de manera más rápida de la que debería o de lo habitual. Especialmente el sobrepeso es indicativo de un mal hábito alimentario que hay que corregir y no hay que esperar más a que den el estirón.

La obesidad es una enfermedad y hay que tratarla. Porque además conlleva muchas complicaciones de salud (diabetes tipo 2, hipercolesterolemia, enfermedad cardíaca, algunos tipos de cáncer, etc.). A un peque con diabetes o celiaquía ni nos plantearíamos darle un dulce, y no nos daría pena que no pudiera tomarlo porque, en tanto el azúcar es innecesario, la buena salud y el bienestar general son imprescindibles.

Acudir a un nutricionista pronto es mucho mejor para que nos guíe a la hora de empezar a alimentarlo y a instaurar hábitos que perdurarán durante toda su vida, también de adultos. Si nos va asesorando un nutricionista, tendremos garantizada una correcta alimentación para nuestros hijos e hijas. Y eso es un regalo para toda la vida.