Por qué muchas parejas se separan al tener hijos

El cansancio, las responsabilidades, la falta de compromiso, el distanciamiento emocional... Un bebé cambia la vida de la pareja y no todas están preparadas para ello

Armando BastidaArmando Bastida12 min de lectura
Por qué muchas parejas se separan al tener hijos
¿Recuerdas esa frase de las bodas que dice "Hasta que la muerte os separe"? Pues bien, cada vez se cumple menos. Y ya no solo porque cada vez menos parejas pasan por el altar, sino también porque en la actualidad muchas parejas se separan porque tenemos todos más claro que, en muchos casos, es mejor para todos romper la relación que seguir adelante con problemas enquistados. Esto sucede en muchos casos cuando llegan los peques, cuando se tienen hijos, y es algo que siempre me había suscitado curiosidad porque, ¿cómo puede ser que inicies un proyecto de vida en pareja, que decidáis los dos ampliar la familia, y que cuando llegan los niños, la pareja se acabe rompiendo? Pues bien, siendo padre empecé a comprender el porqué. Porque, ¿sabéis cómo influye el nacimiento de un hijo en la pareja?

¿Cómo cambia la vida de pareja con un bebé?: Tener un bebé pone a prueba a la pareja

Tener un bebé provoca un giro brutal en la vida de ambos, de la mamá gestante sobre todo, pero también del papá o de la mamá no gestante (se espera mucho de ambos, pero casi nadie se dirige a la pareja de la madre gestante a la hora de hablar de cómo educar, criar y acompañar).     Es un cambio, el de traer al mundo a una criatura, al que la madre que ha dado a luz se adapta sí o sí (con mejor o peor resultado, pero que lo hace por amor y responsabilidad, pues se sabe la cuidadora principal), y al que la pareja se adapta también con mayor o menor éxito, sabiéndose secundaria en los cuidados, y en algunos casos, por desgracia, creyéndose libre de esa responsabilidad (estos casos explotan enseguida, porque no hay nada peor que tener en casa a una pareja que considera que cuidar del bebé es algo que solo le pertoca a la mujer que lo ha dado a luz).

Problemas de pareja después de tener un hijo: Llega el cansancio...

Lo más complicado llega después del parto, cuando el bebé ya está en casa y las dinámicas del hogar se modifican por completo. Las rutinas que llevaba cada miembro de la pareja se desbarajustan; algunas cosas quedan en un segundo o tercer plano, porque hay cosas más importantes que hacer; las cosas que hacía el uno, ahora lo tiene que hacer el otro; y hay días en que madre y bebé apenas se levantan del sofá o de la cama y todo lo demás queda para el otro integrante de la pareja.   Lo difícil no es el parto, sino todo lo que viene después. Adquiere herramientas para afrontar, física y emocionalmente, todos los cambios del postparto con el Seminario Online "Luces y Sombras en el posparto"   Y mientras dura el permiso de paternidad aún, pero se acaba (antes de lo necesario y deseable, por más que vayamos ganando poco a poco en este aspecto), y la madre gestante se queda un poco más sola con su peque, pero la casa sigue ahí esperando... y los platos, y la ropa sucia, y la ropa mojada, y la ropa seca, que espera a ser doblada, y la comida ausente, esa que debería estar en los armarios y en la nevera pero sigue en el supermercado, y las bolsas de basura que nadie baja, y los lavabos, y las pelusas que empiezan a rodar como en el viejo oeste, y la cama que hay que cambiar porque el bebé ha echado leche y "te he dejado en el lavabo un body llenico de caca para que lo frotes", y "cuando acabes cógeme al peque, porfa, por dignidad, que me dé una ducha rápida, que he intentado ducharme tres veces y me ha podido la pena de verlo llorar como si le hubieran arrancado un brazo". Que un brazo no... pero sí a su madre, y para un bebé, a menudo, es peor que perder un brazo.     Y lo sostienes en brazos, y decides aprovechar que lo tienes tranquilo para hacer cosas y le puede el miedo y la falta de confianza, y oyes desde el lavabo: "¡No hagas cosas con el bebé que le puedes dar algún golpe, o se te puede caer!". Y tú ahí, con el bebé en brazos, haciendo nada... o sintiendo que no haces nada, porque ves platos sucios, ropa sucia, otra por doblar. "¡Que no le hago daño ni se me va a caer! Confía en mí, por favor... me lo pongo en la izquierda y voy haciendo con la derecha". Y ella que NO. Que en cuanto salga de la ducha se lo das y ya te pones a hacerlo todo (y sí, pero oye, esa falta de confianza DUELE). Y entonces llega la noche y esa invitación a dormirlo tú en algún despertar, que no eres quien le da pecho: "Venga, lo intento". Pero no. Bebé quiere su teti. Así que ella se da por vencida finalmente, con un "¡Que está llorando!" al que respondes "¡Lo sé! ¿Qué hago?"... al que ella acaba respondiendo con un "Anda, ¡¡dámelo!!".   Descubre los sentimientos, pensamientos y vivencias que suceden cuando somos padres, en el Seminario Online "Lo que los hombres sentimos al ser padres"   Y esto en el mejor de los casos... Hay veces en que la pareja insiste en que es lo correcto, en que llora tanto porque ella lo ha acostumbrado al pecho, lo ha mimado demasiado y ahora tiene que solucionarlo así: "Déjamelo... no lo atiendas tan rápido. Mira lo que estás consiguiendo. También es mi bebé  y yo digo que le tengo que dejar llorar para que aprenda".

Y ella también vuelve al trabajo asalariado

Que resulta que tenemos una natalidad bajísima y que nuestro país envejece a marchas forzadas. Pero no acaban de dar a la maternidad, a la paternidad, el valor que tienen. Así que con 16 semanas, un bebé totalmente dependiente, que aún es "de teta" (porque la recomendación de la OMS es que los bebés sean amamantados en exclusiva hasta los seis meses de vida), se queda sin padres, sin madres (y da igual que no tome teta... se queda sin ellos igualmente). Y que lo cuiden las abuelas o abuelos, o que hagan uso de lo que llaman "propuestas del estado para la conciliación familiar y laboral", que no es otra cosa que llevar al bebé a una escuela infantil (que ahí lo que concilias es el trabajo, pero no la familia).     Y entonces bebé se niega a comer, que está esperando a mamá, que "me saqué leche pero la rechaza", que le sabe rara, o que no quiere coger el biberón, ni la jeringa, ni el vasito, ni el bibe-cuchara, ni nada que no sea el pecho de su madre porque dice "¡¿Pero qué hacéis?! ¡Que venga mi madre! ¿No veis que soy un bebé?". Y en vez de dar un golpe en la mesa en el congreso y alargar el permiso de maternidad y sancionar a todas aquellas empresas que perjudican a las mujeres por el hecho de ser madres, se inventan eso del permiso igual para los dos miembros de la pareja para que haya igualdad. ¡Pero es que no somos iguales! Pero vamos a lo que comento, que me voy por las ramas. Los sueldos son una miseria, el trabajo es precario, tener una vivienda de propiedad ya no es un derecho, sino un lujo, así que te vas de alquiler, pagando más que si tuvieras una hipoteca (que no te dan porque no tienes para dar una entrada). Los dos miembros de la familia tienen que trabajar, y los dos tienen que sacar adelante la casa y al bebé.   Conciliación familiar: Teletrabajo con hijos   Ambos comparten un agotamiento por el día que se ve perjudicado por la noche, cuando el bebé dice eso de "¿y qué esperabais? Yo soy un bebé. Los bebés nos despertamos por la noche. Igual es que como sociedad os lo habéis montado muy mal, si resulta que necesitáis dormir toda la noche y os tenéis que levantar pronto para ir a trabajar siendo madres y padres recientes". Y así, los dos llegando a casa por la tarde, ya sin pilas, uno exige más al otro. Y si no es la pareja, es el bebé, el niño, la niña o en plural.  Y llegas al punto de comparar, en una extraña e insana competición, a ver cuál de los dos está más cansado o tiene más motivos para estarlo: "Yo he hecho la comida y he limpiado la cocina", "Pues yo he lavado la ropa, la he recogido y ahora la iba a planchar", "Pues yo he estado con el niño 2 horas", "Pues yo me he despertado esta noche más que tú", "Pues yo...".

Relación de pareja cuando llegan los hijos: Y ya apenas habláis...

Porque hay tantas cosas por hacer, entre cuidar, trabajar y tratar de que la casa no se os caiga encima, que cuando por fin tenéis un rato para hablar de algo, resulta que lo aprovecháis para deciros lo que queda por hacer, lo que hay que comprar, lo que falta. Incluso tenéis conversaciones escritas vía WhatsApp para no despertar al nene.     Y así van pasando los días, y te das cuenta de que al llegar a la noche, al hacer balance del día, resulta que ese día has triunfado porque has sobrevivido. Y nada más. Porque ahora ya solo aspiras a eso: a sobrevivir como persona y familia, y ver que tu peque está bien, que eso es lo más importante. Y tu pareja te repite con sus quejas: que es muy así o muy asá, que no le deja hacer nada, que llora demasiado, que le das demasiados mimos, cariño y  todo eso que se supone que un bebé necesita, porque aún no se ha enterado de que los niños son así de... necesitados de cariño. Y se lo dices, ¡claro que se lo dices! Que igual lo que esperaba es que le dedicara un poco de su tiempo, ¡que también es hijo suyo! Y se inicia una nueva discusión sobre lo que has hecho, lo que hiciste, el comportamiento del peque y el que tendría si hubieras hecho o dejado de hacer vete tú a saber qué.     Y ese momento antes de dormir, cuando sería un momento ideal para revitalizar la relación de pareja hablando, abrazándoos, besándoos... se convierte en reproches, o "Mira, ahora no tengo ganas de discutir, déjalo"... en silencio. Y te abstraes en el móvil para ir viendo las novedades de las redes sociales y lo felices que parecen los demás... hasta que te dices que entre ver la vida de los demás y dormir, prefieres lo segundo.

Por eso muchas parejas se separan

Así que muchas parejas se rompen por eso, porque faltan conversaciones de pareja, y confianza para decirse las cosas y buscar soluciones juntos, en equipo. Porque donde debería haber un poco más de dedicación, hay reproches. Porque pasan los días y parece que son todos iguales... Porque los dos se dan cuenta de que las responsabilidades, en general, les han robado la vida a los dos. Y estáis cansados, mucho, y tu peque te pide que le hagas caso y juegues con él (o ella), y quieres, pero no te apetece, porque necesitas un rato de soledad y silencio: "Si ahora mismo pudiera irme ni que fuera un par de horas...".     Pero no, porque tu pareja opina igual, que también necesita tiempo, pero no puede ser, y esto les genera otra discusión, otra más. "¡Cómo nos han vendido la moto!", sienten... y se miran a los ojos y tratan de ver a la persona de la que se enamoraron, y a menudo ya no la ven. Y que esperaba más de ella, de su pareja, que no esperaba que fuera a tratar a su bebé de esa manera, que pensaba que sería una persona más cariñosa, y parece que todo lo que hace empieza a molestar, porque cuando el amor se diluye, parece que todo lo que hacía y le perdonabas, ahora te parece molesto.

Paciencia, humor y amor

Es lo que hace falta en este momento. No digo que nuestros padres lo tuvieran fácil. Ni nuestros abuelos. Cada época es única y tiene y tuvo sus dificultades, y la actual no es menos compleja. El trabajo de ambos, las responsabilidades, la educación (y sobre esto sí ha habido evolución, pues ahora sabemos que los niños necesitan tiempo, cariño, respeto y que seamos sus mejores ejemplos), el cansancio acumulado, la falta de tiempo y el giro que da la vida en ese momento pone nuestra paciencia en jaque, y ambos tienen que poner de su parte con dedicación, un extra de esa paciencia, mucho humor y sobre todo mucho amor.     Que entre todo ello salga un ratito de haceros reír. El uno del otro, reíros de vosotros mismos, de la situación, de la vida... Que de entre la monotonía agotadora aparezca un ratito de caricias, de masaje, de complicidad (ya no digo mantener relaciones sexuales... que si se tercia y puede ser, perfecto, pero es mejor que no sea ese el único modo de acercarse. O lo que sea que permita mantener una chispita latente, esperando a que lleguen esos momentos en los que empecéis a dormir un poco más, vuestra bebé sea ya una niña o un niño con cierta autonomía, recobréis un poco de tiempo y energía y podáis un buen día avivar ese fuego, ni que sea a ratitos aislados, para volver a ser, ni que sea un poco, esa pareja que un día decidió juntar sus caminos en un proyecto de vida que os atañe a ambos, para lo malo, pero sobre todo para lo bueno. Si necesitas ayuda, en la Tribu CSC cuentas con un equipo de expertos/as en salud materno-infantil y crianza respetuosa que pueden ayudarte a resolverlas. Además, podéis descargar gratis la app de Criar con Sentido Común tanto para plataformas Apple como para plataformas Android, y tenéis una semana gratis para probar todas las ventajas de la membresía a la Tribu, realizar todos los cursos online disponibles y consultar a nuestros/as especialistas.