El
pensamiento mágico ayuda a los niños a comprender el mundo que les rodea desde su percepción, pero algunos modelos educativos, como la pedagogía Montessori, desaconsejan fomentar este tipo de creencias en la primera etapa del desarrollo (de cero a seis años), objetando que podría causar interferencias en el aprendizaje, según la edad del pequeño.
Vamos tratar de entender
qué es el pensamiento mágico para la psicología y antropología, el
pensamiento mágico en niños y la
diferencia entre imaginación y fantasía. Porque aunque en ocasiones a estas dos últimas las separa una delgada línea, no son lo mismo.
Qué es el pensamiento mágico
Cuando
elaboramos una idea, un pensamiento o una creencia acerca de algo, nos basamos en diferentes aspectos como
la experiencia, la observación y el conocimiento previo adquirido. Nos guiamos por la razón, por lo que nuestros sentidos perciben y por el procesamiento intelectual de esa información que percibimos a través de los sentidos. Este mecanismo es lo que se conoce como
pensamiento lógico, y conlleva un
razonamiento preciso, justificado y evidente.

Ya desde la antigua Grecia, con Aristóteles como máximo exponente, se empiezan a utilizar
pruebas empíricas,
experimentos con los que evidenciar casi cualquier cosa. Obviamente no todo se puede comprobar o demostrar empíricamente, pero es un elemento esencial en
pensamiento científico contemporáneo.
Se entiende por
pensamiento lógico el pensamiento "correcto", que
se ajusta a lo real ya que procede de la propia elaboración del individuo, gracias a la relación que va creando con los objetos. Los puzles, los acertijos o las
matemáticas son un claro ejemplo del
pensamiento lógico.

En el lado opuesto, encontramos al
pensamiento mágico. Esta manera de llegar a conclusiones se basa en supuestos no justificados, formando
opiniones sin fundamentación empírica. Estos pensamientos tienden a relacionarse con lo sobrenatural y no siguen un patrón racional.
A menudo están influenciados por otras personas y se basan en
percepciones psíquicas subjetivas. Por ejemplo, como pensamiento mágico, tenemos los actos relacionados con
la superstición, la religión y algunas costumbres culturales como los
Reyes Magos.
Aunque pueda parecer una actitud poco útil o carente de razón, lo cierto es que al
pensamiento mágico se le atribuyen grandes avances en la sociedad, ya que
tiene una función adaptativa en muchas circunstancias. De hecho, muchos expertos consideran que el ser humano no hubiese evolucionado sin el pensamiento mágico.
Las etapas de desarrollo cognitivo
El psicólogo e investigador
Jean Piaget, dividió el
desarrollo cognitivo en cuatro etapas, en las cuales podemos asociar unas capacidades u otras; y unos juegos u otros.
- Sensoriomotor (entre los cero y los dos años).
- Preoperacional (de los dos a los siete años).
- Operaciones concretas (de siete a 12).
- Operaciones formales (desde los 12 hasta la etapa adulta).
En la
etapa preoperacional cobran especial relevancia todas las
experiencias sensitivas adquiridas por los peques en la etapa anterior, ya que de ahí van a obtener el significado de muchas palabras, pues todavía
no entienden conceptos abstractos.

Pero esta ausencia de pensamiento abstracto, en algunas ocasiones va a precisar de nuestra ayuda para
racionalizar algunas de sus vivencias. Y es que podrían creer que no hay nada imposible (como volar) o que pueden
modificar la realidad con su pensamiento de forma voluntaria o involuntaria (esto puede generar mucha confusión, por ejemplo en todo lo relacionado con
la muerte).
De esta incapacidad de razonar y
la tendencia a fantasear y al pensamiento mágico, vienen también todos los
miedos característicos de esta etapa: a los monstruos, a la oscuridad, etc. Algunos de los ejemplos del
pensamiento mágico en niños serían las hadas, los fantasmas, los
Reyes Magos, los amigos imaginarios, las fábulas en las que se personifican animales... En definitiva, todo el
mundo de fantasía.

Durante la siguiente etapa, la de las operaciones concretas,
comienzan a usar la lógica y de este modo llegan a conclusiones más cercanas a la realidad. Es entonces cuando, con la
aparición del pensamiento abstracto, la pedagogía Montessori podría aceptar incluir el pensamiento mágico y la fantasía, antes no.
Pensamiento mágico en Montessori: fantasía e imaginación
La pedagogía Montessori tiende a
diferenciar fantasía de imaginación, y es que realmente no son lo mismo aunque a veces puedan confundirse. ¿La principal diferencia? Que
la imaginación transforma una realidad conocida y
la fantasía crea una realidad autónoma. Tienen en común que las dos se basan en la memoria visual y que
nos servimos de ambas para percibir el mundo.
El enfoque Montessori apunta a que
la imaginación es algo innato, que no hace falta alentar y que se va desarrollando sola. De hecho la imaginación, al partir de la realidad conocida, ayuda a
despertar la mente y a crear. Sin embargo,
la fantasía podría dificultar el aprendizaje, ya que invita al niño o a la niña a alejarse de la concentración en objetos reales y a dispersarse,
centrándose en un mundo irreal, de ensueño.

Como la mente de
los niños y las niñas no está preparada para el pensamiento abstracto, y por lo tanto
no pueden diferenciar fantasía de realidad, desde la pedagogía Montessori se prefiere
evitar la fantasía en la etapa de cero a seis años. Así los peques se centran en esta primera etapa del crecimiento en
conocer el mundo real para poder adaptarse a él y lograr un
análisis crítico de la realidad, desarrollando entonces
la inteligencia. De otra manera, podrían integrar la fantasía en su realidad, creando así confusión e inadaptación.
Vida práctica para fomentar la autonomía e inteligencia
En Montessori todo gira en torno al contacto de los niños y las niñas con la realidad, con el mundo que les rodea, con
la vida práctica. Por eso tiene sentido que bajo este enfoque (que otras pedagogías, como
Waldorf, no comparten)
se deje a un lado la fantasía, hasta haber integrado la vida cotidiana.
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Y es que será gracias al
contacto con la realidad que los niños logren
conquistar su autonomía. Para eso nos propone numerosas actividades con las que hacer partícipes a los peques de su vida diaria. Por ejemplo,
diseñar su habitación de forma que el peque pueda entrar y salir de la cama sin ayuda, encontrar y alcanzar su ropa, ver con facilidad y elegir qué juguete desea utilizar...
También aboga por dejar que
manipulen herramientas y objetos reales, siempre con una enseñanza previa y bajo supervisión; e incluso nos ofrece pautas para
preparar ambientes cotidianos, como
la cocina, para fomentar
un entorno seguro donde los peques puedan desarrollar sus habilidades.

¿Se puede desarrollar la creatividad con tanta vida práctica? ¡Por supuesto! De hecho,
la creatividad está más relacionada con la imaginación, ya que
permite crear nuevas ideas, pero partiendo de conceptos conocidos. Y podemos ofrecerles actividades, como las
manualidades, que la estimulan sin necesidad de usar la fantasía o pensamiento mágico.
Si tienes más dudas sobre cualquier aspecto relacionado con la salud o la crianza de tus peques, en
la Tribu CSC cuentas con un
equipo de expertos/as en salud infantil y crianza respetuosa que puede ayudarte.
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