Los
mocos y la
tos son unos molestos compañeros de nuestros bebés y niños que suelen aparecer de buenas a primeras en casa sin ser invitados. Y, luego, son tan pesados que aunque los invites amablemente a irse
no quieren hacerlo por las buenas.
En esta época otoñal suelen aparecer insistentemente y cuando una (o uno) lo comenta desesperada, siempre aparece alguien de la familia o del entorno que conoce
un método natural infalible que le ha funcionado "toda la vida".
Hay que partir de la base de que
lo más efectivo es la higiene nasal (hay distintas técnicas) con
suero fisiológico o
agua de mar isotónica (es agua de mar mezclada con agua mineral, aunque tiene el mismo porcentaje de sal que el suero), que realmente sirven para hidratar y ayudar a
deshacer el moco. Una vez dicho esto, veamos algunos de esos remedios "mágicos" y si verdaderamente funcionan.
La cebolla y su supuesta magia contra la tos
Pues aunque nuestras madres se empeñen (la mía la primera)
no hay ninguna evidencia científica de que colocar
una cebolla partida en la habitación, lo más cercana a la cabeza del peque, sirva para
acabar con la tos. No se sabe muy bien de dónde procede la idea de que los vapores que emite pueden tener propiedades relajantes para los bronquios pero, como digo, no se han comprobado.
Lo que sí está demostrado es que el
sulfóxido de tiopropanal, la principal molécula que emite la cebolla al romper sus células,
provoca lágrimas. Desde luego poner una cebolla en la habitación de nuestro bebé es inofensivo (aunque yo no soporto el olor). No ocurre nada si lo haces porque los vapores de la cebolla
no empeoran ni mejoran la situación. Quizás lo único que puede provocar es que tardes más en acudir al médico si es necesario. También podríamos pensar que al hacer llorar puede servir para humedecer poco o mucho la garganta, ayudando a eliminar la sequedad y aliviar la tos. Pero no hay evidencia científica de ello.
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Tampoco aspirar los mocos es una buena idea (incluso puede llegar a ser
contraproducente). Lo que funciona para la
tos productiva (la que se mueve el moco) es
la higiene nasal y, si la mucosidad llega a las vías bajas, acudir al fisio respiratorio para que los quite. La
tos seca es más complicada y habrá que buscar otra alternativa, pero la cebolla no servirá de gran ayuda.
Precaución con la miel de trigo sarraceno
Otro
remedio natural muy recomendado por las abuelas y la sabiduría popular es
la miel. Algunas investigaciones apuntan a que sí calma
la tos nocturna. La más reciente es de 2020;
un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oxford, confirma esta creencia (aunque uno de los autores es apicultor amateur).

Sin embargo, hay que tener mucho ojo con esto. Para empezar porque
NO hay que dar miel a los bebés de menos de 12 meses. Se trata de
uno de los errores más habituales en la alimentación de los pequeños, el usarla como sustitutivo del azúcar. La miel, en general, puede provocar
botulismo.
De hecho, nuestra experta en
fisioterapia respiratoria, Anna Ferran, explica que prefiere no aconsejar miel de trigo sarraceno a los mayores de 12 meses:
"Aunque hay estudios que hablan de que dosis concretas pueden ayudar, no suelo aconsejarla porque da lugar a error, ya que muchas personas tienden a pensar que cualquier tipo de miel es buena para la tos".
Vapores de eucalipto no, gracias
El
eucalipto está en
el top ten de plantas medicinales y se suele relacionar con el alivio de la congestión nasal y los problemas respiratorios en general. Sin embargo,
nunca debe utilizarse en los menores de dos años. De hecho, para los menores de un año
puede ser tóxico, principalmente si su uso es tópico, aunque la inhalación también puede ser peligrosa.

El
vapor de agua, por otro lado,
sí puede ser útil para despejar las vías altas porque puede ayudar a que los mocos se despeguen y se vayan. Sin embargo,
si la infección es de vías bajas (en los pulmones)
hay que tener mucho cuidado, sobre todo si la habitación está caliente y sube mucho la humedad porque pueden tener
dificultad a la hora de respirar.
Otros remedios no tan naturales
Y luego están los medicamentos como
jarabes o bálsamos. Seguro que más de una persona te ha dicho:
"¿por qué no lo llevas al pediatra para que le recete un jarabe?". Pues lo cierto es que
los jarabes no sirven para la tos. Cuando la tos es por los mocos, el jarabe no los moviliza y ni siquiera hidrata.
Y si la tos es seca, un jarabe se puede convertir en algo
peligroso porque puede
inhibir la tos que no deja de ser
un acto reflejo natural. Si el cuerpo no hace ese esfuerzo, podemos estar dejando la puerta abierta a
infecciones importantes.
Tampoco está recomendado el uso de bálsamos ni parches. Los primeros suelen incluir alcanfor y aceite de eucalipto y, por tanto, tienen cierto grado de
toxicidad. En el caso de los parches que se colocan en la ropa, aunque prescinden del alcanfor, sí contienen esencia de eucalipto; de modo que
es mejor descartarlos.
Entonces, ¿cuál es el mejor remedio?
Para
disolver los mocos (y mejorar la tos, en el caso de que acompañe a los primeros)
lo mejor es el agua salada. Vamos,
el suero fisiológico o el agua de mar isotónica.
La higiene nasal es importante y existen varias técnicas. Entre ellas está
las DRR (desobstrucciones rinofaríngeas retrógradas) que son
muy eficaces, y hay estudios que demuestran que
ayudan a prevenir las infecciones. Consiste en poner un poco de suero en la nariz del bebé y cerramos varias veces su boquita durante la inspiración para que se trague los moquitos.
Por otro lado, están las
duchas nasales, que consisten en poner mucho suero en una cavidad de la nariz para que salga por la otra, arrastrando con él los mocos que va encontrando. En este caso es importante poner
especial cuidado en la postura y en la presión a la hora de insertar el suero para prevenir complicaciones.

En los casos de
bronquitis, bronquiolitis o neumonía, lo mejor es acudir al fisioterapeuta respiratorio. Por lo general, se usan
nebulizaciones con agua de mar hipertónica, que tiene incluso más sal, y que ayuda a deshacer el moquito para que sean más fáciles y eficaces los drenajes bronquiales.
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fisioterapeuta respiratoria Anna Ferran,
pediatra Gloria Colli o el
enfermero de Pediatría Armando Bastida.
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