Algunos de los
reflejos primitivos del bebé humano son la prensión palmar,
la succión y el
reflejo de sobresalto o reflejo de Moro.
Todos los seres humanos nacemos con unos
reflejos innnatos del Sistema Nervioso Central que ayudan a desarrollarnos. La ausencia de estos reflejos pueden tener graves consecuencias, por eso los y las pediatras comprueban en el recién nacido y durante los primeros meses, que estos reflejos estén correctamente activos. Más adelante se integrarán y desaparecerán, siendo esto un indicativo del
correcto desarrollo.
Qué es el Reflejo de Moro
Un reflejo es una
respuesta involuntaria frente a un estímulo. El organismo reacciona sin que podamos controlarlo ni favorecerlo, como por ejemplo cuando se contrae el músculo cuádriceps femoral tras golpear el tendón rotuliano. Todos estos
reflejos tienen una importante misión, sobre todo aquellos que
aparecen durante la gestación, ya que
permitirán al recién nacido sobrevivir fuera de la barriga de su mamá.

El
reflejo de Moro (que se llama así por Ernst Moro, un pediatra austríaco que lo describió por primera vez) en concreto tiene mucho que ver con
el cambio de gravedad del espacio en el que se encuentra el bebé: pasa de "flotar" en el líquido amniótico a sentir el peso de su cuerpo y la atracción de la fuerza de la gravedad una vez que nace.
Y,
¿cuándo aparece y desaparece el Reflejo de Moro? Empieza a desarrollarse dentro del útero, en torno a las 12 semanas de gestación. A las 30 semanas debería estar completamente establecido, por eso los bebés que nacen de forma
prematura pueden no tenerlo.
Entre los cuatro y seis meses de vida ya debería haberse integrado y desaparecer.
Cómo se evalúa el Reflejo de Moro o de sobresalto
Es una de las
primeras pruebas que le harán al recién nacido, tanto al poco de nacer como en las siguientes
visitas de control del pediatra. Se coloca al bebé boca arriba sobre una superficie blanda y se
levanta levemente la cabeza, perdiendo así el apoyo, para
dejarlo caer súbitamente (se vuelve a sostener antes de que golpee con la superficie).

Se observa entonces cómo, de manera simétrica, hay una
abducción de los brazos de manera automática, los aleja hacia atrás del cuerpo, con
las palmas arriba y los pulgares flexionados. Además su mirada indicará
sobresalto y la respuesta puede estar acompañada de
llanto. Después se relaja, junta los brazos de nuevo y cierra los puños.
Esta
repuesta automática a la falta de apoyo del cuerpo está presente en muchas circunstancias del día a día del bebé. Un cambio de posición (al dejarlo en la cuna), una caída (si lo elevamos al aire para jugar), si algo o alguien le roza repentinamente, e incluso ante cambios bruscos de iluminación o ante los ruidos.

Y
¿qué significa que un bebé no tenga el Reflejo de Moro? Si el bebé no ha nacido antes de las 30 semanas de gestación y la ausencia de este reflejo primitivo en ambos lados del cuerpo, puede implicar que exista
daño cerebral o en la médula espinal. Si falta solamente en uno de los lados, es posible
que una clavícula esté fracturada (y estaría indicada una radiografía) o que haya una
lesión en el plexo braquial (un grupo de nervios alrededor del hombro).
¿Cómo quitar el Reflejo de Moro?
Esta respuesta involuntaria a la estimulación es por pura supervivencia, es una
reacción defensiva a situaciones que podrían considerarse de peligro: ruidos, cambios bruscos de posición... El cuerpo
busca apoyo y parece como si, instintivamente,
tratara de sujetarse a algo que le ofrezca protección. Ese es uno de los motivos por el que se calman y se sienten tan tranquilos los bebés
en brazos, arrullados o recogiditos en
el portabebés.

Al ser un reflejo primitivo, simplemente con un adecuado desarrollo neurológico del bebé,
debe ir madurando hasta que se integre. Las conexiones cerebrales se van fortaleciendo durante los primeros meses de vida logrando así los
reflejos posturales: patrones de respuesta más madura. Gracias a estos reflejos
el bebé conseguirá ir controlando su cuerpo en cuanto a la coordinación, el equilibrio, la
motricidad fina, el
desarrollo motor y otras habilidades como la lectura y la escritura.
Así que no podemos hacer más (aunque en realidad es mucho) que
acompañar al bebé favoreciendo un correcto crecimiento que le lleve a pasar por todas las
fases del desarrollo. Por eso es tan importante responder a todas las necesidades del bebé, el
movimiento libre,
no tratar de adelantar los hitos, respetar los ritmos naturales en cada individuo y buscar el
equilibrio adecuado en la estimulación.
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El reflejo de sobresalto persiste a los seis meses
Este reflejo
debe inhibirse entre los cuatro y los cinco meses de edad, pero ¿qué pasa si continúa activo después? Puede ocurrir que
una experiencia traumática en el parto retenga algunos de los reflejos primitivos.
También puede influir en esto alguna caída, infecciones crónicas de oído o un traumatismo craneoencefálico. Igualmente incide
la falta de estimulación (como pasar mucho tiempo en el carro,
boca arriba, o
sin posibilidad de moverse libremente para desarrollar el arrastre y
el gateo) e incluso
el estrés sufrido por un apego inseguro.
Esta falta de integración del reflejo hará que una parte del cerebro no esté lo suficientemente desarrollada,
pudiendo provocar hipersensibilidad en muchas partes del cuerpo, ya que
se sentirá en modo de supervivencia continuamente. Así le será mucho más difícil concentrarse en ir aprendiendo lo necesario en cada etapa del desarrollo.

Otros de los efectos puede ser la inseguridad, los cambios de humor, reacciones exageradas, problemas motores y de propiocepción, mareos, falta de equilibrio y coordinación... Durando estas secuelas hasta la edad adulta, pudiendo provocar el
síndrome de fatiga crónica.
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