Las autolesiones, las ideas de suicidios, la depresión y los trastornos de alimentación en niños y adolescentes han alcanzado cifras récord durante 2020, el año de
la pandemia de la Covid-19. Es la principal conclusión del
informe anual de la Fundación ANAR que se ha presentado esta semana.
El estudio divide sus datos en cuatro periodos: el confinamiento, las primeras salidas, la nueva normalidad y el inicio del curso escolar. Y en todos los periodos
han aumentado las consultas a esta fundación; una organización sin ánimo de lucro y que se dedica a la promoción y defensa de los niños y adolescentes en situación de riesgo y desamparo. Durante 2020 recibieron
166.433 peticiones de ayuda de toda España; 11.761 de ellas eran casos graves.
La pandemia ha dejado una huella psicológica en los menores
El aumento de las consultas y peticiones de ayuda demuestran que el coronavirus ha hecho mella en los niños y los jóvenes, que se han visto desbordado por esta situación y que han traducido esa ansiedad en
autolesiones, ideas e incluso
intentos de suicidio, trastorno alimenticios y de comportamiento, baja autoestima y
depresión.
Y todos ellos se han ido produciendo en los cuatro periodos estudiados, si bien con la vuelta al curso comenzaron a registrarse, además, un
uso descontrolado de las nuevas tecnologías,
mal manejo de la ira y agresividad. Y también aumentaron las consultas para
sobrellevar el duelo.
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"Hemos detectado mucha frustración, producto de la indefensión y la desesperación vivida por los más jóvenes", explica
Diana Díaz, directora del teléfono ANAR (900 20 20 10). Y esto explica el "enorme" aumento de consultas que hemos recibido durante el año pasado y que recoge el
informe anual de la Fundación ANAR.
Autolesiones, trastornos de alimentación y, en general, mucha frustración
Durante el año 2020 han aumentado las
secuelas psicológicas por el coronavirus. Según el informe anual de ANAR,
durante el confinamiento se dispararon un 244,1% las ideas de suicidio; un
280% la ansiedad; un
212% la depresión y la tristeza. Además, los adolescentes comenzaron a expresar esas sensaciones en forma de
autolesiones, que aumentaron un 241%. Y se producían en el mismo hogar, con la familia cerca. Pero esta permanecía ajena al daño físico con el que hijos, hermanos, sobrinos, nietos intentaban escapar del
daño emocional.

El informe recoge el
testimonio de varios adolescentes, entre ellos, este de una persona de 16 años:
“He tenido dos intentos de suicidio, además de autolesionarme… Creo que la situación de la cuarentena me está viniendo grande. Llevo un par de días que siento que el mundo se me viene encima…”
Con las primeras salidas a la calle, se mantuvieron esas autolesiones, los
sentimientos de tristeza y depresión; pero sobre todo
aumentaron en un 826% las consultas por conductas compensatorias, básicamente por
trastornos alimenticios. La
baja autoestima y las ideas e intentos de suicidio siguieron ahí, también durante lo que se llamó nueva normalidad.

Lo llamativo es que, pese a que los niños y menores recuperaban poco a poco su día a día,
las secuelas psicológicas se mantuvieron (y se mantienen actualmente). De hecho, la "huella emocional" se mantuvo cuando se recuperaron las clases. A las
autolesiones (+246%), la
depresión y los
trastornos de conducta, se sumaron
problemas ante los límites, un
uso descontrolado de las tecnologías y
más agresividad.
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Aumento de casos graves, sobre todo de violencia física
Además de
los problemas psicológicos derivados de la Covid-19 y el estado de incertidumbre generalizado, los menores también
han sido víctimas de más situaciones de violencia grave, según el informe anual de la Fundación ANAR.
“Durante el Estado de Alarma, la Fundación ANAR fue declarada operadora de Servicios Esenciales. Logramos el reto: ayudarles en el momento más difícil, cuando estaban aislados y nadie más podía hacerlo, recibiendo 166.433 peticiones de ayuda de toda España. Conseguimos atender 11.761 casos graves”, explica Benjamín Ballesteros, director de Programas de esta organización.

Esa gravedad se refleja en
el elevado número de intervenciones de emergencia con un total de
2.277 durante 2020. Es decir, una media de
6 al día. Se incrementaron los casos de urgencia alta un 39,1% con respecto a 2019; y un 55,6% los de máxima gravedad. Y el confinamiento y el aislamiento sirvió para que
los casos de violencia se cronificaran. Dentro de
los episodios de violencia, creció el considerado más grave: el
maltrato físico, que pasó de un 13% al 15,8%.
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Más nuevas tecnologías, más delitos contra niños y adolescentes
El informe anual de la Fundación Anar también recoge un
aumento preocupante de los problemas asociados a las tecnologías. Estos pasaron del 23,2% de las consultas al 29,9%. De hecho,
1 de cada 3 casos abordados desde el teléfono o el chat ANAR (y el resto de canales) fueron problemas relacionados con esto último. Las principales consultas estuvieron relacionadas con el
grooming (acoso y abuso sexual en internet) y pornografía y prostitución infantil.

Durante el confinamiento, la vida social se trasladó a internet y eso provocó que lo casos de
ciberacoso aumentaran un 264,4%. Con las primeras salidas crecieron
los casos de grooming (+466,1%) y el sexting (envío de mensajes sexuales, eróticos o pornográficos) creció un 182,8% durante la nueva normalidad (tras descender con las primeras salidas).
Otras situaciones que han provocado
un aumento de los problemas asociados a la tecnología también tiene que ver con
trastornos de la alimentación, autolesiones, ideaciones e intentos de suicidio y otros problemas psicológicos.
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La Fundación ANAR pide un plan de acción
El
informe anual de la Fundación ANAR recoge una serie de
recomendaciones sociales y jurídicas para actuar por la gravedad de estas tendencias. El director de programas,
Benjamín Ballesteros, tiene claro que:
“La pandemia ha generado un ‘cóctel molotov’ en los hogares que explica el incremento de los problemas graves en niños, niñas y adolescentes: el confinamiento del núcleo familiar en un espacio pequeño, la presión en las familias por el trabajo (bien por el sobreesfuerzo del teletrabajo, o por incertidumbre o problemas económicos) o la ausencia de otros lugares protectores como el colegio o el médico. Además, el miedo por la pandemia y el duelo por seres queridos, entre otros muchos factores. Desde el principio de la pandemia alertamos de que todo esto estaba ocurriendo y ahora vemos las consecuencias”

Por ello, entre las propuestas de esta fundación está la de un
Plan de Acción o Contingencia, que cuente con el
consenso de todas las administraciones e instituciones necesarias para que se aplique en situaciones futuras similares. También plantea
otras medidas:
- Una estrategia para la erradicación de la violencia sobre la infancia y adolescencia.
- Incorporar un mayor número de profesionales en el área de salud mental.
- La declaración como servicios esenciales los diferentes recursos destinados a la prevención, detección, protección y asistencia de los niños, niñas y adolescente frente a la violencia.
- La agilización en la creación de los Juzgados especializados en infancia y familia. Es algo que prevé la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y Adolescencia a la violencia.
En
la Tribu CSC puedes encontrar
apoyo profesional y de otras familias que apuestan por la
crianza respetuosa.