Los inicios de la alimentación complementaria y el rechazo a la comida
Suele ser normal que, en un primer momento, los bebés rechacen la comida. Aunque en muchas ocasiones esto provoca gran angustia en los padres, entra dentro de la normalidad. La alimentación supone un aprendizaje y es un proceso de adaptación y evolución. Por eso, en este momento hablamos de alimentación complementaria: la leche sigue siendo la base principal de la dieta y el resto de alimentos la complementan, de forma que sus necesidades nutricionales están cubiertas. Así, hay bebés que muestran mucho interés por la comida y otros que prefieren seguir tomando solo leche. De hecho, algunos bebés apenas comen nada más allá de la leche cumplidos los seis meses y no tiene por qué ser un motivo de preocupación en un primer momento. Si vemos al niño feliz y contento, lo normal es que esté bien. Ante la negativa a comer otro tipo de comida, debemos ofrecer diferentes alimentos al bebé y no desistir a la primera. Es decir, si vemos que un alimento concreto no le gusta, no debemos eliminarlo de su dieta. Muy al contrario, debemos seguir presentándolo, ya que en ocasiones es necesario probarlo varias veces hasta que nos guste. Además, podemos apostar por diferentes presentaciones, comer en familia y evitar distracciones como las pantallas.
Eso sí, en ningún caso debemos forzar al pequeño a seguir comiendo. De hecho, los niños tienen la capacidad de autorregularse y dejan de comer cuando están saciados. Si les obligamos a seguir comiendo, estaremos alterando esa facultad innata, lo que puede llegar a provocar obesidad a medio o largo plazo. Sin embargo, si la situación persiste, debemos consultar al pediatra.
La anemia y la necesidad de suplementar con hierro al bebé
Cada bebé lleva su propio ritmo. Sin embargo, si el pequeño insiste en su negativa a comer alimentos y sigue basando su dieta solo en la leche, existe riesgo de anemia. Los bebés nacen con reservas suficientes de hierro para cubrir sus necesidades durante los seis primeros meses. Justo el tiempo que está indicada la lactancia exclusiva. Este periodo se puede alargar un poco más gracias al pinzamiento tardío del cordón o lo que es lo mismo, cortarlo cuando deja de latir a los dos o tres minutos. Con esta práctica, toda la sangre del cordón vuelve al bebé antes de cortarlo, hierro incluido. Sin embargo, pasados los seis meses, el bebé tiene que ir probando nuevos alimentos ya que es la única forma de conseguir el hierro que necesita.
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Por ello, si la situación continúa llegados a los nueve meses, el pediatra puede recomendar hacer una analítica para comprobar los niveles de hierro en el bebé. En caso de que se confirme que no haya hierro suficiente y se diagnostique anemia, recomendará suplementar con hierro para revertir la situación.
En caso de no querer realizar una analítica al bebé, se puede recetar el suplemento de hierro de forma preventiva. Así lo recomienda el Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría que asegura que se puede ofrecer hasta que el bebé coma mejor o, al menos, ingiera los 30 gramos de proteína (especialmente carne, aves, pescado o huevos) recomendada a esta edad.
Suplementación infantil: La importancia del hierro en el desarrollo del bebé
La anemia está provocada por el déficit de hierro: la sangre del bebé tiene menos glóbulos rojos de lo normal y son estos los que transportan el oxígeno por todo el cuerpo. Así, cuando un bebé tiene anemia, su cuerpo no recibe el suficiente oxígeno, lo que provoca que esté cansado y con menos energía. Pero no son las únicas consecuencias:- Los niños con anemia suelen tener las defensas bajas, por lo que son más propensos a contraer más enfermedades infecciosas.
- Retraso psicomotor con problemas para empezar a andar, retrasándose más allá de los 18 meses.
- Menos capacidad de socialización.
Otros suplementos para el bebé: vitamina D y calcio
Además de suplementar con hierro al bebé, también son habituales otros suplementos como la vitamina D o el calcio. Aunque no es común en todas las consultas de pediatría, es habitual que se recete vitamina D durante el primer año de vida del bebé. Aunque en España no estamos falta de luz solar, la exposición a la luz ha ido cada vez más en descenso. La explicación es sencilla: pasamos menos tiempo en la calle. El déficit de vitamina D puede provocar raquitismo. Ante la carencia de vitamina D, no se pueden controlar correctamente los niveles de calcio y de fósforo y la única solución que encuentra el cuerpo es "robársela" a los huesos, quedando débiles y blandos. Es la consecuencia más grave, pero no la única. Así, la falta de vitamina D está asociada también a un mayor riesgo de caries y de la afectación del desarrollo, enfermedades pulmonares, enfermedades cardiovasculares y un peor control de la glucosa. El calcio también es fundamental para prevenir el raquitismo, sin embargo, no es necesario suplementar. Los lácteos son una de las principales fuentes de calcio, por lo que, en principio no habría de qué preocuparse. En el caso de los bebés menores de seis meses, necesitan unos 200 mg de calcio diarios, que suben hasta los 260 mg para aquellos con edades comprendidas de seis a once meses.
A partir de los 11 meses, sus necesidades de calcio son las siguientes:
- Entre el primer y el tercer año, necesitan 700 mg de calcio al día.
- De los cuatro a los ocho años, requieren 1.000 mg de calcio diarios.
- Desde los nueve a los 18 años, precisan 1.300 mg de calcio al día.
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