Un estudio finlandés concluye que
aumentar la dosis de vitamina D en los bebés y niños de menos de 2 años tiene beneficios para su salud mental futura.
La investigación muestra que una mayor cantidad de vitamina D reduce el riesgo de sufrir
síntomas psiquiátricos en edad escolar (entre los 6 y los 8 años). Vitamina D y salud mental, pues, se correlacionan.
El estudio, desarrollado en Helsinki, se centra en analizar
cómo afecta a niños de entre 6 y 8 años haber tenido falta de vitamina D cuando eran bebés.
La vitamina D en la infancia
La
vitamina D es un mineral esencial para el desarrollo y crecimiento de los huesos y cumple diversas funciones en el organismo. Por eso, se suele recomendar la
suplementación con vitamina D durante el primer año de vida del bebé. ¿Por qué? Pues porque, aunque
el sol es la principal fuente principal de vitamina D, en nuestra vida actual cada vez pasamos menos tiempo en el exterior.
Armando Bastida, enfermero pediátrico y CEO de de Criar con Sentido Común, explica que
"esto hace que muchas mujeres lleguen al embarazo con carencias de vitamina D, y que sean muchos los bebés que nacen ya con niveles bajos, acrecentándose la carencia tras el nacimiento por no recibir un aporte suficiente de luz solar (y eso que tampoco hace falta que sea el sol directo, sino la luz del día)".

Según los investigadores de
este estudio realizado en Finlandia y publicado en
JAMA Network Open, se estima que
el déficit de vitamina D afecta a más de la mitad de la población mundial de todas las edades. Los autores proceden de la Universidad de Tampere, el Hospital Universitario de Helsinki, la Universidad de Helsinki y el Instituto Nacional de Salud y Bienestar.
La
pediatra de CSC
Gloria Colli añade que
la vitamina D es necesaria para "múltiples procesos metabólicos durante toda la vida".
¿Y qué tiene que ver el déficit de vitamina D con la depresión? Pues
la vitamina D y la salud mental están vinculadas. Según nuestra experta, la falta de este mineral "se ha relacionado incluso con
la depresión, sobre todo en el trastorno afectivo estacional".
¿Qué pasa si mi hijo 0 hija tiene déficit de vitamina D?
Según múltiples
estudios,
la falta de vitamina D en niños y niñas puede provocar ciertos problemas de salud.
Por ejemplo,
existe mayor riesgo de raquitismo. Esta enfermedad se caracteriza por el ablandamiento de los huesos del cráneo, arqueamiento de las piernas, deformidades en costillas y en otros huesos, baja talla, debilidad muscular y riesgo de padecer retraso psicomotor. A veces se produce por carencia de colecalciferol (vitamina D3), que ayuda al cuerpo a usar el calcio y el fósforo para fortificar los huesos y los dientes.

También puede provocar
dolor de huesos y espalda. O afectar a
la salud bucodental de los niños y niñas porque aumenta el
riesgo de caries. Las cicatrices se curan de manera más lenta y también puede producir
fatiga y cansancio.
Por último, puede generar
retrasos en el crecimiento y en el desarrollo. Los
estudios asocian el
déficit de vitamina D en el embarazo a un riesgo mayor de que el bebé tenga futuras
dificultades en el desarrollo del lenguaje.
¿Qué hace la vitamina D en el sistema nervioso?
Aunque la vitamina D se relaciona principalmente con los huesos, también desempeña un
papel importante en el neurodesarrollo. Según
este artículo de la Fundación Iberoamericana de Nutrición,
la vitamina D participa en la neuroplasticidad del cerebro. Es decir,
el proceso de aprendizaje neurobiológico. Gracias a él, el cerebro puede recuperarse, reestructurarse y adaptarse a nuevas situaciones.

"Los receptores y enzimas metabolizadoras de la vitamina D están presentes en varias áreas del cerebro humano y estudios experimentales
han relacionado la deficiencia de vitamina D con un desarrollo anormal del cerebro", explican los autores finlandeses en su estudio. Entre esos múltiples procesos se incluye el funcionamiento cognitivo.
¿Qué trastornos ocasiona la falta de vitamina D en la infancia?
Estudios previos a este publicado en Finlandia sugieren que unos niveles más bajos de vitamina D en la infancia tienen relación con
trastornos como el del espectro autista (TEA),
el de hiperactividad (TDAH) y el
déficit de atención.
Esta conexión puede producirse incluso
durante la gestación, ya que el feto necesita vitamina D.
La falta de esta sustancia "se ha asociado con resultados neuroconductuales y de salud mental desfavorables en la descendencia". Eso incluye, dicen los autores, además de TEA o TDAH, una
afectividad negativa en la infancia y depresión.

Por otro lado, un déficit de vitamina D en la infancia también se ha relacionado con "mayores niveles de
síntomas depresivos y problemas de internalización y externalización más adelante en la niñez".
La infancia es un periodo con una "mayor demanda" de
habilidades de autorregulación, que son importantes para mitigar los problemas de internalización y externalización. Es un etapa en la que la
corteza prefrontal aún está en desarrollo.
Menos depresión, ansiedad y retraimiento en los niños que recibieron el triple de vitamina D3
Para realizar su investigación, los investigadores finlandeses partieron de un ensayo clínico previo llamado
"Intervención con vitamina D en bebés" (VIDI). Este investiga cómo la
intervención temprana con vitamina D3 afecta al crecimiento y desarrollo de los niños.
Los menores (un total de 546) fueron distribuidos en dos grupos aleatorios. Unos recibieron la dosis estándar diaria de 10 microgramos (400 UI) y otros el triple, 30 microgramos (1.200 UI). Recibieron esta suplementación
desde las 2 semanas de vida hasta los 2 años.

Posteriormente, se realizó
un seguimiento a todos los niños y niñas hasta que tenían
entre 6 y 8 años. En la última fase,
los padres de 346 niños evaluaron los síntomas psiquiátricos de sus hijos mediante un cuestionario.
Los resultados mostraron que
la suplementación diaria de vitamina D3 por encima de la dosis estándar
reducía el riesgo de internalizar problemas en la edad escolar. El 11,8% de los menores con suplementación estándar desarrollaron este problema. Frente a ellos, solo le ocurrió al 5,6% de los que recibieron más dosis.
Es decir, que estos niños que habían recibido
una dosis más alta de vitamina D3 tenían beneficios en su cerebro. Se mostraban menos deprimidos, ansiosos o retraídos que los que habían recibido una dosis estándar.
Más vitamina D para evitar problemas de salud mental en niños y niñas
Samuel Sandboge, investigador postdoctoral en la Universidad de Tampere, explica en
la web de esta universidad:
"Nuestros resultados sugieren que una dosis más alta de suplementos de vitamina D3 durante los primeros años de vida puede reducir el riesgo de internalizar síntomas psiquiátricos en la edad preescolar tardía y en la edad escolar temprana".

No obstante, los autores creen que se necesita más investigación para confirmarlo. Hay que tener en cuenta que
los resultados se basan en un cuestionario de los progenitores y que la mayoría de niños y niñas
eran de ascendencia nórdica "y tenían buenos niveles de vitamina D”, subraya Sandboge.
¿Cómo puedo aumentar la presencia de vitamina D en mi bebé?
Al margen de la
suplementación con vitamina D y pasar tiempo en el exterior para
recibirla del sol, existen otras vías para que tu bebé reciba vitamina D. Por ejemplo,
a través de la nutrición. Ciertos alimentos, como
el pescado azul, contribuyen en la aportación de vitamina D. También es un micronutriente que se puede encontrar en
las yemas de huevos y los productos lácteos.
Si crees que tu peque tiene déficit de vitamina D o tienes dudas sobre ello puedes consultar online a través de
la Tribu CSC con nuestra pediatra Gloria Colli y con la
dietista-nutricionista Rebeca Pastor. La suplementación con vitamina D debe hacerse
siempre bajo supervisión médica.
La ingesta diaria recomendada (IDR) de vitamina D suele estar entre 400 y 800 UI. Más concretamente, el IOM
recomienda 600 para la población de entre 1 y 70 años y 800 UI/día para la población de 71 o más años, y con un nivel máximo de ingesta diaria de 4.000 UI para mantener
niveles de 25(OH) vitamina D superiores a 20 ng/ml, que sería lo necesario para la salud en general de la población.