Lejos de la perfección, los padres y madres nos equivocamos constantemente.
¿Qué es una “paternidad suficientemente buena”?
El
sentimiento de culpa va casi implícito cuando te conviertes en padre o madre. La mayoría de las veces,
nos autoexigimos hacerlo todo bien y
que todo salga perfecto. Tanto, que nos lleva a no disfrutar de la crianza de los peques, a pensar que nada es suficiente. A no estar nunca relajados del todo porque siempre hay algo que escapa de nuestro control. Y todo ello conlleva sensación de culpa y, sobre todo, estrés.
Pero, ¿qué necesitan los los niños y niñas realmente de sus padres y madres? ¿Qué le queda a los progenitores si no disfrutan de la crianza de sus hijos?
¿Qué pasaría si los progenitores se centraran únicamente en ser suficientemente buenos en lugar de perfectos?
¿Qué es una "paternidad suficientemente buena"?
La
teoría de la "paternidad suficientemente buena" fue desarrollada por el pediatra y psicoanalista británico Donald Winnicott en la década de 1950. Y encontró que
los peques se benefician de las madres y padres que les "fallan" de alguna manera.
Por supuesto, esto
no significa que los progenitores descuiden la atención a sus hijos o hijas y no respondan a sus necesidades físicas y emocionales. Los peques requieren un lugar seguro, pero también sentirse
amados de forma incondicional y tener
sentido de pertenencia.

Sin embargo, una "paternidad suficientemente buena" reconoce que
el fracaso de los padres y madres no es más que una parte inevitable de la vida. Es imposible estar disponible y responder inmediatamente a todas y cada una de las necesidades de los hijos. Por ello,
la tristeza, la rabia, el enfado o la frustración son emociones tan válidas como la alegría y los peques deben aprender a transitar cada una de ellas.
A la hora de desarrollar su teoría de la "paternidad suficientemente buena", Winnicott tiene también en cuenta la edad de los peques.
En el caso de los bebés, sí es necesario responder a su llanto de forma inmediata. De hecho, es la única forma que tienen de comunicar que tiene hambre, sueño, el tienen el pañal sucio o que está aburrido. Por ello, es fundamental
atender a un bebé cuando llora.
Sin embargo, según Winnicott
a medida que crecen no es necesario responder con esta inmediatez. Así, el pediatra y psicoanalista asegura que los progenitores pueden
permitirles desarrollar cierta tolerancia ante la incertidumbre o que las cosas no salgan como ellos querían. Aunque esto no implica dejar de preocuparse o responder a sus necesidades básicas. Al fin y al cabo, no es más que
ayudar a los peques a desarrollar cierta resiliencia ya que la vida no siempre transcurre como deseamos y esperamos.
¿Cómo es una "paternidad suficientemente buena" en el día a día?
Una paternidad suficientemente buena se centra en
sintonizar y responder a las emociones y necesidades de los peques. Y estas
van cambiando con la edad. De hecho, un padre o madre suficientemente bueno es consciente de que debe responder de forma inmediata a un bebé cuando llora. Sin embargo, si su hijo o hija es
adolescente, sabe que necesita darle su espacio, haciéndole saber que estará siempre que lo necesite.

Además, es clave
validar sus emociones. Enseñarle a identificar cada una de ellas y a gestionarlas, sin impedirles que se sientan tristes o enojados. Ser un p(m)adre suficientemente bueno también conlleva
aceptarlos tal y como son, sin intentar cambiarlos. Los peques necesitan el amor incondicional de sus figuras de referencia para desarrollar su
autoestima, por lo que es clave amarlos y
que se sientan amados.
Pero todo esto
no implica no poner límites respetuosos. Hacerlo y respetarlos en ambas direcciones también ayuda a nuestros hijos e hijas a aprender sobre los límites saludables en cualquier tipo de relación.
Y, por supuesto, hay que tener siempre presente que
los padres y madres perfectos no existen. Como personas, también cometemos errores y nos equivocaremos constantemente. Al fin y al cabo, la maternidad y la paternidad es un
proceso de aprendizaje en el que vamos mejorando poco a poco. Así, es probable que alguna vez, acabemos gritando o perdiendo los papeles. Y cuando nos equivocamos, lo mejor es siempre
disculparse con los peques.
Hay que tener claro que
no podemos cuidar si antes no nos cuidamos a nosotros mismos y no estamos al 100%. Por ello, respirar, dedicarse tiempo a uno mismo para poder seguir disfrutando de las cosas de siempre sin descuidar nuestra faceta de padre o madre, supone muchas veces una inyección de energía clave para seguir adelante.
Y, por supuesto,
pedir ayuda siempre que se necesite. A la pareja (si la hay), a la familia, a amigos o a los profesionales si es necesario. Al fin y al cabo
solo se trata de ser un buen padre o madre, no de ser perfectos.
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