El maltrato provoca alteraciones neurobiológicas en las etapas tempranas del desarrollo del cerebro de los menores que lo sufren. Es la principal conclusión de una
investigación del Instituto de Biomedicina de la Universidad de Barcelona. Y mientras más tiempo estén expuestos, mayor será el impacto del maltrato en el cerebro infantil.
Cualquier tipo de violencia contra un niño tiene consecuencias. Los gritos, la amenazas y, por supuesto, pegar a un niño o una niña no solo afecta a su desarrollo emocional, también a
su cerebro en desarrollo. Hay
varios estudios científicos que demuestran el impacto del maltrato en el cerebro infantil.
Y, encima,
estas técnicas coercitivas no sirven para nada. Gritar constantemente a un niño suele provocar exactamente lo contrario a lo que pretendemos,
empeoran los problemas de conducta. Lo explica
Silvia Guijarro, maestra y experta en Disciplina Positiva.

Ahora,
investigadores de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, del Instituto de Biomedicina de UB y del CIBER de Salud Mental (
Cibersam), han publicado un artículo en la revista
Psychological Medicine que corrobora
la existencia de alteraciones neurobiológicas en etapas tempranas del desarrollo en menores de edad expuestos a maltrato (leve o grave). La buena noticia es que
si se revierte la situación precozmente, hay solución.
Alteraciones cerebrales que afectan a la regulación del estrés
El estudio está liderado por
Laia Marqués, bajo la supervisión de
la catedrática Lourdes Fañanás, y, a diferencia de otros estudios, incluye no solo
las consecuencias del maltrato infantil sino que analiza si
la frecuencia de la exposición al maltrato es una variable a tener en cuenta. Y sí, lo es.
Aquellos menores maltratados durante más tiempo
desarrollan mayores alteraciones cerebrales. Y esto,
independientemente de la severidad del maltrato. Es decir, existe impacto en el cerebro infantil por muy leve que sea el tipo de maltrato que sufra el niño o niña.

Según explica
Laia Marques en el comunicado de prensa de Cibersam:
“Aquellos niños, niñas y adolescentes que han sufrido maltrato infantil por parte de adultos muestran alteraciones -ya en edades tempranas- en el eje Hipotálamo Hipofisario Adrenal (HHA), uno de los principales mecanismos biológicos de regulación del estrés. Además, se ha observado una relación dosis-efecto de manera que aquellos niños y niñas que han sufrido experiencias de maltrato más graves muestran mayores alteraciones en el funcionamiento de este eje”.
Hay que tener en cuenta que ese impacto del maltrato en el cerebro del niño puede provocar
problemas emocionales que deriven en una psicopatía en la edad adulta. Este estudio, no obstante, no se centra en el desarrollo de trastornos mentales en los niños que sufren maltrato. Se centra más bien en conocer cómo afecta al funcionamiento del cerebro infantil. Y si
las consecuencias a largo plazo se pueden evitar si se detecta precozmente.
Más ansiedad y mayores niveles de cortisol por la noche
Las investigadoras del Cibersam subrayan que
los estudios del impacto del maltrato en el cerebro infantil son escasos. Se suelen centrar, además, en los casos más graves,
"con niños y niñas atendidos por el servicio de protección al menor". Sin embargo, los mecanismos neurobiológicos están en gran medida "sin resolver". Las autoras explican que:
"Los niños, niñas y adolescentes con historia de maltrato expresan mayores niveles de ansiedad y muestran una hiperactivación en el funcionamiento basal diurno del eje HHA con unos niveles elevados de cortisol por la noche”.
Al cortisol se le suele conocer como la
hormona del estrés. Se produce en las glándulas suprarrenales (en la parte superior del riñón) y actúa como un neurotransmisor en el cerebro. Se produce especialmente
cuando estamos antes situaciones difíciles o de gran tensión.
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Cuando hay niveles muy altos de cortisol se produce la
hipercotisolemia, que es un factor de riesgo. Según las autoras,
“podría suponer una hiperactivación del estado de vigilancia en estos infantes y adolescentes, provocando disfunciones en el ciclo de sueño-vigilia, entre otros efectos”.
En el estudio participaron
187 niños y niñas de entre 7 y 17 años. Algunos con trastornos mentales, y expuestos o no a maltrato infantil. A todos se les sometió al
Trier Social Stress Test (TSST-C),
una prueba de estrés agudo que permite explorar la reactividad del eje HHA frente situaciones de estrés psicosocial.
Mientras los participantes sin historial de maltrato (con y sin psicopatología) reaccionaban con normalidad, es decir, con un aumento de cortisol ante una situación de estrés; los menores víctimas de maltrato "
mostraron un eje HHA aplanado e hiporeactivo, frente al factor estresor”.
El impacto del maltrato en el cerebro infantil se puede revertir si se neutraliza precozmente
Que el eje Hipotálamo Hipofisario Adrenal no respondiera como debía,
no significa que estos niños y niñas maltratados no tuvieran niveles de ansiedad elevados. Sí que los mostraban, pero no en el momento adecuado. Lo que pone de relieve el estudio es que existe
una "clara disociación" entre su
percepción subjetiva del estrés y la respuesta biológica.
Las implicaciones son importantes porque
puede llevar a estos menores a no saber reaccionar correctamente ante situaciones estresantes o de peligro. Las alteraciones neurobiológicas
puede llevarlos a quedarse paralizados, por ejemplo; a no ser capaces de superar situaciones de su entorno. Esto es para las autoras un "factor de riesgo" que les puede llevar a desarrollar
trastornos de la conducta o incluso distintas psicopatologías.
La buena noticia, no obstante, es que
la detección precoz y el tratamiento adecuado (además de acabar con el maltrato infantil, evidentemente)
puede revertir esas alteraciones cerebrales, sobre todo si esto ocurre antes de la pubertad. Es decir, la intervención temprana cuando el niño o la niña aún está en pleno desarrollo neurológico, cognitivo y social puede "normalizar" la función del eje HHA.

Por ello, las autoras creen que
es importante que se tenga en cuenta el historial de maltrato de los menores y buscar "alternativas terapéuticas" para ayudarles a
manejar mejor el estrés.
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