La llegada de un nuevo miembro a la familia siempre es motivo de alegría. Pero cuando esa llegada se produce tras un proceso que suele ser largo,
como en el caso de una adopción, pueden surgir
dudas y miedos relacionados con la gestión de la nueva situación.
La Navidad, de hecho, puede convertirse en una prueba de fuego porque tiene
un valor simbólico muy vinculado a lo familiar.
Hay que ser consciente en todo momento de esta realidad y no dejarse llevar por la presión (ni por la euforia de las fiestas).
Los primeros meses con el niño o la niña serán de transición, de acercamiento. La
creación del vínculo entre padres e hijos no aparece en un abrir y cerrar de ojos. Es un proceso largo. Pero la Navidad, precisamente por su carga simbólica, puede ser útil para aprovecharla e ir construyendo
los primeros recuerdos felices de la nueva familia.
Adopción y navidades: Disparidad de expectativas
Desde nuestro punto de vista de adultos, las sensaciones de nuestra primera Navidad con nuestro hijo o hija puede generarnos
unas expectativas que quizás no se cumplan. Es lógico sentirnos eufóricos y felices y con ganas de hacer mil cosas con ellos. Sin embargo, para los niños esos
sentimientos pueden ser distintos.

Pueden sentirse contentos por estar con unos padres que parecen quererlos sin más. Pero lo más probable es que
hayan pasado navidades distintas en años anteriores (
más del 50% de las adopciones nacionales e internacionales que se producen en España son de menores mayores de 4 años). De hecho, se trata de menores que han sufrido
negligencia, abandono o la pérdida o separación de sus padres biológicos.
Además, para ellos el
proceso de adopción tampoco ha sido fácil. Así que, en una época como la Navidad, en la que se supone que todo han de ser risas, felicidad, emoción... Para ellos puede significar aún más que ya no hay vuelta atrás. E, incluso,
es normal que puedan sentirse tristes y desorientados.
Por ello, es importante
dar importancia y validar también esos sentimientos de tristeza, de rabia... En este sentido, los adultos debemos estar
muy atentos a lo que sienten nuestros hijos y ayudarlos a gestionar esos sentimientos. Incluso es una manera sencilla pero amorosa de mostrarles que
estamos a su lado y que siempre lo estaremos, porque somos sus padres.
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Ayudarlos a sentirse seguros
Los primeros dos años del bebé son claves en el
establecimiento del apego. Este influye en el tipo de persona que seremos de adultos. Así que es importante establecer
una vinculación fuerte y sana entre los niños y sus padres durante esos primeros años de vida.
Tal y como nos explica
nuestra psicóloga de La Tribu CSC Mamen Bueno, "el apego (tras una adopción) es cuestión de tiempo y de ir poco a poco. Requiere ayuda, asesoramiento, y aceptar que no se pueden sanar heridas en una época concreta (como la Navidad)".

De hecho, establecer
un apego positivo en estos casos puede requerir "toda la vida". Por eso, su recomendación en este sentido también es
"rebajar las expectativas de sanación". Es un proceso, pues, más de
rutina y confianza.
¿Cómo vivir nuestra primera Navidad con ellos?
Por supuesto,
cada familia ha de construir su propia Navidad y vivirla como desee. Sin embargo, hay algunos aspectos que pueden ayudarnos en la gestión de este momento.
Si es la primera Navidad, es posible que el niño o la niña lleve pocos meses en casa. Si es así,
no deberíamos alterar demasiado las rutinas establecidas desde que llegó para no
desorientarlo. Sí podemos incluir
actividades sencillas en la que podamos transmitirle nuestra emoción, como adornar la casa o hacer algún postre o receta navideña. Pero es mejor
no forzarles, porque los niños
no siempre llevan bien las novedades.

Para evitar que se sientan inseguros también es mejor
limitar las sorpresas e ir
anticipándole qué cosas van a ocurrir: "cenaremos con la familia", "cantaremos", "saldremos a ver luces de Navidad" o "recibirás algunos regalos", etc.
En cuanto a
los regalos, es mejor
controlar su número. Por un lado, es posible que aún esté en el proceso de conocer cuál es su lugar en la casa y cuáles son sus cosas, por lo que añadirles
muchos regalos puede ser contraproducente. Un exceso de regalos también pueden hacerlos sentir mal, incluso culpables. De hecho, pueden interpretar que "están en deuda" con sus nuevos padres.
Seguramente,
el mejor regalo somos nosotros; así que
nuestro cariño y cercanía será mucho más valorado. Como dice
Mamen Bueno, "a veces, menos es más".
Contactos familiares y con amigos
Las fiestas navideñas también suponen
reuniones familiares y con amigos (aunque este año de
pandemia de coronavirus, esas reuniones serán menos numerosas).

En este sentido hay que plantearse
cómo puede afectar a nuestro peque esas visitas o esas reuniones con otras personas. Las
familias con hijos en adopción, por desgracia,
se sienten en muchas ocasiones incomprendidas. Y los menores adoptados no son ajenos a ciertos
prejuicios, como la idea de que están "mimados", o incluso algo tan cruel como que "no son hijos de verdad"
Así que en este caso las reuniones dependerán de cada familia. Para
Mamen Bueno,
"podría ser interesante celebrar la Navidad que padres e hijos sientan que necesiten". De modo, que su recomendación pasa por
no dejarse llevar por "presiones externas"; sino escucharse a una misma y a su familia y
dejar de lado las expectativas que tengan los demás sobre nosotros.
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