Los más peques consideran
la escuela infantil y el colegio un lugar seguro donde juegan, crecen y aprenden. Sin embargo, la expulsión en el colegio es cada vez más habitual y cada año hay más niños y niñas de 3 y 4 años amonestados o expulsados de las aulas.
Cada año se expulsan a 17.000 niños y niñas de entre 3 y 4 años en Estados Unidos
En Estados Unidos se estima que cada año
se amonesta a unos 50.000 niños de entre 3 y 4 años de las escuelas públicas y privadas, mientras que otros
17.000 son expulsados, según
The National Survey of Children’s Health. Es decir, cada día, se expulsa de media a unos 250 niños y niñas en edad preescolar del aula.
Pero,
¿qué se considera "portarse mal" en un niño de 3 o 4 años? A esta edad, es relativamente habitual que los peques
no sigan las instrucciones de los adultos, tiren cosas y no quieran recogerlas, que no siempre hablen de forma "amable" e incluso
griten. Y esta situación puede llevar al resto de los niños a imitarlos o a no sentirse seguros. ¿Pero es esto suficiente razón para amonestar e incluso expulsar a un niños e 3 o 4 años? ¿O entra dentro de la normalidad este tipo de comportamiento a esta edad?
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De hecho, muchas veces los propios educadores sostienen que no creen que haya mala intención en este tipo de actos y que
lo relacionan más bien a "no poder controlarse". Y al preguntar directamente a los peques por qué lo hacen, no son capaces de dar una respuesta. Simplemente, parece que son incapaces de tomar las decisiones "correctas" a pesar de saber cuáles son las reglas o incentivar el buen comportamiento en casa. Y es que
conocer las diferentes emociones desde muy temprano, puede ayudar a los peques a saber
gestionarlas y transitarlas.
Alternativas a la expulsión de los peques del colegio
Así, diferentes estudios sugieren que
hay otras formas mejores de ayudar a estos peques en lugar del castigo y la expulsión. Y sobre todo,
recuerdan la importancia de investigar (y abordar en caso de ser necesario)
los problemas subyacentes para reducir las expulsiones y evitar el daño permanente que suelen causar en esta edad.

Lo cierto es que
los niños y niñas no se "portan mal" por elección propia y, de hecho, la ira, el miedo o su forma de manifestar la frustración están muy relacionadas con su incapacidad para poder explicar cómo se sienten. Por ello, la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) recomienda a los educadores
ofrecer apoyo en lugar de juzgar y castigar a los niños que se portan mal. Según explica:
"Los niños en edad preescolar necesitan un entorno de aprendizaje seguro y estable, relaciones enriquecedoras con los maestros y los cuidadores y derivaciones a servicios y apoyos de salud mental cuando sea apropiado.
Los profesionales de la educación preescolar y del cuidado infantil también necesitan apoyo para hacer lo mejor que puedan por los niños a su cargo. (...) También necesitan capacitación en desarrollo infantil, formas prácticas de enseñarles a los niños habilidades de regulación socioemocional y asesoramiento en salud mental para ellos mismos a fin de prevenir el agotamiento".
Así, consideran que las suspensiones y las expulsiones en edad preescolar hacen "más mal que bien". Por ello, apuestan por
reunir a los profesores y educadores de preescolar e infantil con los pediatras, progenitores y cuidadores para crear un entorno más comprensivo y solidario para los niños y niñas pequeñas. Además, recomiendan que los pediatras y especialistas en salud infantil trabajen juntos a nivel comunitario y nacional para eliminar los sesgos implícitos en los entornos preescolares y de cuidado infantil.

Según explica la AAP,
"al unirnos para apoyar a los niños pequeños, sus años preescolares pueden ser una época de sólido crecimiento y aprendizaje que los prepara para una vida de buena salud y bienestar socioemocional".
¿Y cuándo hay un comportamiento realmente agresivo?
Es cierto que, en ocasiones, sí
puede observarse un comportamiento realmente agresivo en los peques. Así, son especialmente vulnerables los niños que viven
con adversidades y traumas, lo que provoca que también tengan un mayor riesgo de ser expulsados. Las razones son diversas:
abuso físico, sexual o emocional; críticas o negligencia; hambre o inestabilidad en la vivienda;
violencia presenciada en el hogar o en la comunidad; racismo, intolerancia o rechazo;
acoso; muerte de un progenitor;
divorcio o encarcelamiento, entre otros.
Ante estas situaciones, es importante
tener toda la información posible sobre el episodio:
qué sucedió antes, durante y después. Para ello, se puede contar con un profesional que observe el día a día del peque en la misma escuela infantil y su comportamiento y empezar a trabajar en el origen de la causa para poner fin a este tipo de comportamientos.
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