S.O.S. ¡Mi peque me pega! ¿Qué hago?

La inmadurez emocional y la ausencia de límites o de jerarquía, son dos de las causas de las conductas agresivas de los más pequeños

Tania Losada8 min de lectura
S.O.S. ¡Mi peque me pega! ¿Qué hago?

Muchos niños pequeños agreden física o verbalmente a sus padres cuando se enfadan y, generalmente, no ocurre porque la familia esté desestructurada, sean víctimas de abusos, tengan como referente a un adulto autoritario o no tengan "modales". La agresividad infantil tampoco está únicamente asociada a algún trastorno o relacionada con el nivel cultural o el poder adquisitivo de su entorno familiar. Entonces, si puede suceder en cualquier familia, ¿por qué pegan o insultan los niños a sus progenitores?

¿Por qué algunos niños pegan a sus padres?

Todos hemos visto en alguna ocasión a un niño o niña que, en medio de una gran rabieta, intenta empujar o golpear a sus padres, o incluso les insulta. Son situaciones chocantes y delicadas, en las que muchos padres se quedan petrificados mientras otros reaccionan con violencia (dando un cachete, gritando o castigando al niño severamente), pero a todos les preocupa por qué sus hijos tienen esas reacciones agresivas.

Detrás de este problema suele haber un cúmulo de factores. En los niños más pequeños es frecuente que la causa sea la falta de gestión emocional. La personalidad y el temperamento del niño son otro factor clave en las muestras de  agresividad infantil. También la ausencia de normas y límites (respetuosos, pero claros) en la educación.

La educación excesivamente permisiva, la jerarquía de igual a igual con los padres, los temperamentos fuertes y con baja tolerancia a la frustración, la impulsividad y la falta de empatía característica de la infancia, son aspectos que influyen en el comportamiento agresivo de los niños pequeños.

La edad es otro punto muy importante a tener en cuenta. Al hablar de agresividad infantil lo primero que tenemos que tener en cuenta es qué edad tiene el niño o la niña. No es lo mismo que un niño de 15 meses pegue a quien le quite un juguete, a que un niño de 6 años empuje a su madre cuando se sienta frustrado, o que uno de 16 años agreda a su hermano cuando se enfade y discutan.En el caso de los adolescentes, la problemática es más compleja. En esta entrada, vamos a centrarnos en cómo corregir la agresividad infantil en los más peques de la casa.Agresividad infantil hasta los 3 o 4 años

Los niños de 2 o 3 años muestran a menudo conductas egoístas y agresivas. El ejemplo más común es el típico berrinche en el que patalean, empujan, golpean, tiran objetos y hasta dan patadas, empujones o mordiscos a las personas que les cuidan. Incluso, a veces, llegan a golpearse a sí mismos. Todas estas son reacciones normales ante la frustración (a esa edad).

Es decir: son conductas previsibles por su edad y momento madurativo. Es habitual que, al no conseguir lo que quieren, los niños pequeños se frustren, se enfaden y ejerzan violencia. En realidad, no tienen verdadera intención de dañar. Es, simplemente, su respuesta emocional de ira explosiva contra la persona que no les permite conseguir lo que desean.En esta edad los niños se encuentran en una fase puramente egocéntrica, en la que no se ha desarrollado la gestión emocional y, por tanto, carecen de estrategias de afrontamiento emocional para lidiar con los conflictos o las sensaciones negativas que a veces les embargan.Violencia infantil a partir de los 5 o 6 años 

En ocasiones los niños "mayores" agreden porque sienten que es la única manera de conseguir ser escuchados. Creen que si mantienen una actitud serena ante la negativa, no serán atendidos o no conseguirán lo que desean. La explosión de ira en cambio, centra sobre ellos la atención. Atención que a lo mejor no estaban consiguiendo de otra manera.

Observa cómo es tu propia conducta justo antes de la conducta agresiva de tu hija para saber si hay algo que tú puedas estar haciendo para favorecer su estallido. Analiza si cuando tu hijo o hija está tranquilo reclama tu atención o ayuda, no le escuchas con atención, no atiendes sus necesidades porque estás ocupada en otra cosa o no te muestras empático y disponible.Es habitual que si los niños quieren algo y no se sienten escuchados, suban el tono de voz o pasen a pedirlo de otra manera menos adecuada. En este caso, los adultos tendemos a atenderles casi de inmediato (cuando vemos su explosión emocional), aunque sea para regañarles.

Los niños prefieren ese tipo de atención negativa hacia su persona, que sentirse ignorados. Si los niños aprenden que pedir las cosas de manera violenta les ayuda a conseguirlas, estamos reforzando su conducta negativa sin darnos cuenta. Así aprenden que la violencia es una forma válida de satisfacer deseos.Por supuesto, no todas las peticiones que realizan los niños deben ser consentidas. En muchas ocasiones no será posible o adecuado darles lo que piden. En cambio, prestarles atención y centrar en ellos nuestro interés sí que es importante, aunque se enfaden y tengan que aprender a manejar su frustración.

Es necesario hablar con los niños para hacerles reflexionar sobre las conductas que nos dañan centrando el foco de atención en lo que sentimos con su proceder, no en el niño. Por ejemplo: diciéndoles que nos ponemos muy tristes cuando nos gritan. Así hablamos de nuestra emoción tras su conducta, pero no etiquetamos al niño (no le llamamos "abusón", ni maleducado, etc., que es algo mucho más dañino: a nadie le gusta que le etiqueten).También es importante orientarles para conseguir las cosas que quieren de otra forma, por ejemplo: enseñándoles a expresar su punto de vista y negociar, teniendo en cuenta no solo sus propias necesidades; sino también a los demás y sus opiniones. Así, poco a poco, conseguiremos evitar muchos de los episodios de agresividad infantil.Cuida cómo reaccionas, porque eres su ejemplo

Lo primero y más importante: darles ejemplo. Si nosotros mismos tenemos tendencia a perder los papeles con facilidad, enfadarnos o gritar, es más que probable que ellos hagan lo mismo cuando se enfaden. Nosotros somos su referencia y, desde pequeños, copian sus conductas de las nuestras.

Al hablar de "pegar a los niños" nadie se da por aludido ya que es una práctica que, aunque cada vez  más está en desuso, está tan normalizada que incluso quienes lo hacen son capaces de relativizar y justificarse con frases como “es solo un azote…”. Sin embargo, igual que pensamos sobre un azote o un cachete a una persona adulta, estamos hablando de abuso infantil, de maltrato y de ir en contra de los derechos humanos. Ayuda a tus hijos/as a interiorizar las normas y rutinas necesarias para que tengan un orden, y a establecer límites respetuosos sin gritos ni castigos, de forma que ellos y ellas los entiendan y respeten con el Curso Online "Límites con respeto"

Nunca, bajo ningún concepto, es justificable. Y así lo ratifican numerosas sentencias de tribunales en nuestro país. Si no conoces alternativas para relacionarte con tus hijos desde el respeto cuando te pones nervioso o nerviosa, pide ayuda y aprende herramientas de Disciplina Positiva.

¿Y qué hago en ese momento?

Lo mejor que en ese momento es que te apartes de la situación, no para evadirte, sino para abordarla bien y en el momento adecuado, cuando los ánimos del niño (y los propios) estén más calmados. Puedes decir algo así como: "No me gusta que me griten/peguen, así que me voy a ir y cuando te calmes puedes venir a buscarme y seguimos hablando".

Ahora tienes que cumplir de verdad con tus palabras y demostrarle al niño que, cuando se calme, estás dispuesta a prestarle atención. De esta manera estará recibiendo dos mensajes importantes para su desarrollo: uno, que sus necesidades y sentimientos son importantes para nosotros; y dos, que también lo son los nuestros y que si alguien no nos trata bien, sabemos poner límites. Es importante que estemos disponibles para continuar resolviendo el conflicto cuando el niño se serene, ya que así le enseñaremos cómo nos gusta que nos traten y de qué forma es más probable que le prestemos atención. El mensaje es claro: “Te quiero, entiendo que puedas enfadarte, pero no me gusta ni consiento que me traten así y prefiero apartarme si sucede”.

Así no solo le estamos enseñando cómo debe relacionarse de forma respetuosa con los demás, sino cómo reaccionar en caso de que sean otros quienes no le traten de forma respetuosa a él. Las conductas agresivas no son adecuadas ni deseables.

No podemos entrar en una discusión con los peques. Como adultos, debemos ser capaces de reconducir la situación sin contagiarnos por su estado emocional, actuando como pacificadores de sus emociones y desempeñando la autoridad que como padres nos corresponde ejercer, siempre de forma respetuosa.Aunque las hagan nuestros hijos y les queramos mucho, no debemos consentirlas ni reaccionar frente a ellas con más agresividad: los límites son importantes para todos. Los estudios revelan que los niños que desarrollan conductas agresivas a edad temprana, tienen tendencia a continuar este comportamiento cuando son mayores. Así que cuanto antes lo frenemos, mejor.

Por supuesto, hace falta tener paciencia y ser constantes ya que, aunque cumplamos al pie de la letra nuestro papel, un niño habituado a estallar violentamente (o ante determinados estímulos, como apagar la televisión), no cambiará su actitud de la noche a la mañana.

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