La pandemia del coronavirus ha impactado a todos los niveles en nuestro día a día. No solo a simple vista (como llevar una mascarilla o mantener la distancia) sino también en
pilares básicos como la familia, la sanidad o la educación. En todos ellos nos ha puesto a prueba. En el caso de la educación, durante varios meses de este 2020
la enseñanza se ha desplazado de las clases presenciales al ámbito virtual. Pero,
¿es positiva la enseñanza online? ¿funciona con todos los peques y a todas las edades?
Clases online forzosas por la pandemia
Para empezar, la
enseñanza online se ha implantado
de forma forzosa y repentina. Ninguna familia ha tenido la opción de elegir. De pronto en marzo se cortaron las clases, dejando a
10 millones de alumnas y alumnos en sus casas para "parar la curva" y evitar que el coronavirus se expandiera sin control (cosa que, desafortunadamente, pasó). Y, claro,
no es lo mismo adentrarte en el mundo de la educación online por elección (como ocurre en los cursos a distancia cuando eres adulto), que hacerlo porque no hay otra opción.
Para los padres ha sido una odisea.
Para los profesores, más todavía. Es una profesión que admiro profundamente. Con el coronavirus, más aún. Imagino que para los padres que tienen hijos mayores, algunas de
las plataformas digitales ya les eran conocidas. En mi caso, con una hija en primero de Primaria y otra en Infantil de 4 años, todo ha sido nuevo y distinto.

Funcionó durante algunas semanas porque, afortunadamente,
tanto mi pareja como yo hemos teletrabajado y nos hemos ido alternando las tareas educativas.
Pero a medida que fue pasando el tiempo, el interés y la capacidad de atención fue disminuyendo.
Recuerdo que
el primer Zoom con los compañeros de clase fue
muy emocionante para mi hija mayor. Pero en los siguientes,
el interés inicial dio paso al aburrimiento y a la poca atención cuando no era ella la que hablaba. Y con la de 4 años, exáctamente igual. ¿Qué hubiera pasado si en vez de charlar hubiera sido una clase más tradicional?
Ventajas de la educación online
Aún con todo, sí le veo ventajas a la educación online (aunque tal vez dependa un poco de la edad de los menores). Por ejemplo, el uso de programas, aplicaciones o la búsqueda en internet les permite
el desarrollo en competencias digitales (a mí mis hijas me empiezan a dar mil vueltas en
el uso de la tecnología).
Además,
usar la tablet o el ordenador les divierte, de modo que se dan la mano dos conceptos importantes:
aprendizaje y diversión. Y, reconozcámolos,
hay elementos muy interesantes a su mano: desde vídeos en
youtube a museos virtuales por los que pasear con la imaginación.
Te enseñamos cuándo y cómo introducir las pantallas a los peques para que no caigan en un mal uso o abuso, cuáles son sus beneficios y perjuicios, y cómo abordar una adicción con el Seminario Online "Uso responsable de las pantallas"
La
educación online, por otro lado, puede permitirnos
cierta flexibilidad horaria, que puede hacer que administren mejor el tiempo y tener más tiempo libre lo que fomenta su creatividad. Por otro lado,
les puede ayudar en autonomía al ser ellos los que tengan que
asumir la responsabilidad de realizar sus tareas.
Desventajas de la educación online
Desde mi punto de vista tiene
desventajas. Para empezar
el valor social, emocional y el propio lugar físico del aprendizaje del colegio no puede ser sustituido totalmente por la educación online (al menos en la situación actual).
A día de hoy, las administraciones educativas y muchos organismos internacionales avalan que
la escuela es muy beneficiosa no solo para la adquisición de conocimientos sino también para la socialización y para el proceso de maduración de los menores.
La
desmotivación también puede aparecer en un contexto en el que la enseñanza no es presencial y
las distracciones pueden multiplicarse, tanto a nivel virtual (muchas aplicaciones y herramientas que toquetear) y fuera, en una habitación rodeada de juguetes. Tal vez, en este sentido, tener
un espacio adecuado para la enseñanza online puede ahorrarnos más de un disgusto.

La
educación online en exclusiva también puede
reducir las relaciones entre iguales y la colaboración. En las escuelas se suele
trabajar "en grupo". Es cierto que las tareas se pueden mandar online para que se haga con otros compañeros, pero
la falta de contacto puede dificultar la ejecución de aquellas.
¿Y qué ocurre con los niños con
necesidades especiales? ¿Es posible atenderlos correctamente? ¿Es posible ayudarlos a superar esas
barreras? Lo planteo como preguntas porque a esto tendrían que contestar los expertos en esta materia. Para mí, sin embargo, la desventaja más importante
es la brecha digital.
Cómo expandir la enseñanza online cuando no se tienen los recursos
El coronavirus también ha demostrado que
no todos los alumnos han podido seguir las clases online. Muchos tienen
falta de recursos y otros se pueden encontrar la dificultad de vivir en
zonas donde no llega internet o este llega a cuentagotas.
Según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre equipamiento y uso de tecnologías de información en los hogares españoles, el 80% de la población tiene un ordenador en casa (incluidos tablets, netbooks, portátiles o de mesa) pero aún hay un
8% de hogares españoles que no tienen acceso a internet (encuesta publicada en noviembre con datos del año pasado).

Y si se observa
el nivel de ingresos, el porcentaje baja aún más: el 58,1% de las familias con ingresos mensuales de menos de 900 euros netos al mes cuentan con ordenador. Es del 76,7% para aquellas que ganan menos de 1.600 euros netos mensuales.
Durante el confinamiento hemos visto muchas noticias (yo misma he elaborado algunas para la radio) sobre colegios o municipios donde sus miembros y/ciudadanos han hecho un esfuerzo para
ofrecer recursos materiales a las familias a las que les era imposible tener internet para sus hijos (incluso alguna campaña de ceder wifi a los vecinos).

De hecho, uno de los argumentos esgrimidos para la vuelta a las clases presenciales ha sido que
acudir a la escuela permite el acceso a la educación de forma gratuita e igualitaria. Además, no todos los adultos nos manejamos bien en internet y es difícil ayudar a nuestros hijos cuando ni siquiera sabemos adjuntar un archivo o descargar un fichero. Tener
competencias digitales también es necesario para que los padres podamos ayudarles.
¿Está España preparada para una educación online?
El Congreso de los Diputados acaba de aprobar
una nueva ley educativa en España, la octava ley desde que se implantó la democracia en nuestro país. Uno de los objetivos, según se recoge en la web del Ministerio de Educación,
es fomentar la educación digital.
Uno de los aspectos positivos que ha tenido la pandemia es, curiosamente, que
hemos tenido que adaptarnos a esa realidad. Hemos tenido que
aprender a marchas forzadas cómo funciona Classroom, cómo se hace un Zoom o qué recursos educativos y aplicaciones pueden ayudar a nuestros hijos en su aprendizaje.

En este sentido,
una mezcla de educación presencial y refuerzo online puede ser la clave. Las crisis suelen ser el
punto de partida de un nuevo ciclo y en la educación existen muchas carencias, por desgracia; así que podríamos utilizarlo como
una oportunidad. Tal vez el coronavirus también
nos ayude en repensar nuestro sistema educativo para que este
no se base únicamente en estudiar y sacar buenas notas para conseguir un trabajo.
Por otro lado, ha de servir para que nosotros, los padres,
seamos conscientes del futuro que se les plantea a nuestros hijos. Un mundo de
acceso ilimitado a datos e información, que también necesita atención para
establecer límites en el uso de las pantallas y otros medios digitales.
Sobre esto último tenemos un seminario en
la Tribu, donde además podéis intercambiar vuestra experiencia con otras familias y recurrir a los profesionales que forman parte de nuestra familia.