En ocasiones, puede que hablar con los peques sea todo un reto convirtiéndose en una experiencia frustrante al creer que no nos hacen caso. Sin embargo, no siempre es por desobediencia.
En los primeros años su cerebro está en desarrollo, lo que afecta a su capacidad de atención, distrayéndose con facilidad. Por ello,
es clave fomentar la escucha activa con los niños y niñas.
¿Qué es la escucha activa?
Es probable que hayas visto a muchos adultos agachados para hablar con sus peques o que tú mismo lo hagas. Y aunque pueda parecer algo novedoso, lo cierto es que
el método de crianza de escucha activa es originario de 1957. Se basaba a su vez en el Modelo de Psicología Humanista Counselling de dos psicólogos estadounidenses:
Carl Rogers y
Richard E. Farson.

La escucha activa parte de la idea de que
los niños y niñas no entienden el mundo de los adultos hasta aproximadamente los 12 años. Por ello, somos nosotros quienes
debemos ponernos a su altura y tratar de entender el suyo. Así, la escucha activa consiste en centrarse en el mensaje que quieres transmitir al peque y tratar de comprender sus emociones, analizar y entender su punto de vista y responder de forma adecuada. Por tanto, conlleva un
esfuerzo físico y mental para captar y entender el mensaje y en ella influye la comunicación verbal, el lenguaje corporal y el tono de voz.
Practicar la escucha activa con los niños y niñas tiene importantes beneficios para ellos. Así,
mejora su autoestima, mejora la relación de los progenitores con sus hijos, crea un ambiente de confianza y fortalece el vínculo entre los miembros de la familia. Además, permite conocer más a fondo a los peques y les enseña a interactuar mejor con los demás, entre otros.
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¿Cómo fomentar la escucha activa con tu peque?
Para
fomentar la escucha activa con los peques y conseguir que nos escuchen, podemos seguir una serie de recomendaciones sencillas. Entre ellas, se encuentran:
- Ponte a su altura. El contacto visual es clave para conseguir una buena comunicación, así que agáchate y ponte a su altura. También puedes llamar su atención tocando su brazo o cogiendo su mano.
- Llámalo por su nombre. Es probable que llames a tu peque con palabras cariñosas con frecuencia. Pero si quieres llamar su atención, llámalo por su nombre.
- Adapta el lenguaje a su edad. No es lo mismo hablar con un peque de 4 años que con uno de 10, así que debes elegir las palabras que sepas que va a entender sin que haya lugar a la confusión. Y si son muy peques, es fundamental hacer frases cortas para asegurarnos de que las entienden.
- Haz preguntas. Así conseguirás que el cerebro se active para contestarte, lo que indica que te prestará atención. Por ejemplo, en vez de decirle “recoge los juguetes”, puedes preguntarle “¿Qué hacemos con los juguetes cuando terminamos de usarlos?”. Él se sentirá orgulloso de la respuesta, pero además te servirá para saber que te está entendiendo. En este último caso, se puede completar la conversación con preguntas directas como “¿Entiendes lo que te digo?” o “¿Me estás escuchando?”.
- Elige el momento. Es fundamental asegurarte de que tu hijo te está escuchando antes de empezar a hablar.
- Conecta con él antes de empezar. Ponte en su lugar y valida sus emociones. Con palabras, con muestras de cariño, un abrazo…
- Usa un lenguaje positivo. Trata de sustituir los “no” constantes para que no acabe normalizándolos. Así, puedes sustituir el “no cojas la manzana sin lavarte las manos” por “lávate las manos antes de coger la manzana”. Además, los mensajes positivos ayudan a reforzar su conducta, potencian su autoestima y les hacen sentir más seguros.
- Elimina distracciones. Si quieres que tu hijo o hija te escuche, es fundamental que quites o bajes el volumen de la tele o cualquier otro dispositivo que pueda distraerlo.
- Mantén la calma y evita los gritos. Si quieres que tu peque escuche y entienda el mensaje, no le grites. Así solo conseguirás asustarlo y alejarlo de ti. Es mejor usar un tono tranquilo y calmado. Tampoco lo llames a gritos desde otra habitación para captar su atención. Lo ideal es que te acerques para hablar al lugar en el que se encuentra. Y si no estás preparado para hablar desde la calma con tu peque, es mejor que lo dejes para otro momento.
- Utiliza gestos. La comunicación no verbal forma una parte fundamental en el mensaje que queremos transmitir, además de ayudar a comprender mejor el mensaje.
- Paciencia. Hay peques que atienden a la primera y otros más inquietos a los que les cuesta un poco más prestar atención. Pero no dejes de insistir porque tarde o temprano, debería acabar escuchando lo que le dices.

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