Casi todos los bebés pequeñitos llegan a estar
dos o tres días sin defecar. Muchos están 5 ó 7 días sin hacer caca,
algunos 10 ó 15 días y, aunque parezca increíble,
es completamente normal y no hay que preocuparse.
No hay que hacer nada, al final acaban haciendo caca ellos solitos cuando la tenga que hacer. Pero
¿qué hacer cuando el bebé no hace caca más allá de este tiempo o defeca con dificultad y molestias?
Lo que "se ha hecho toda la vida" puede ser contraproducente
Cuando tienes a un bebé por primera vez se abre ante ti todo un mundo de sensaciones, colores, texturas y olores. De pronto te ves observando los aspectos más básicos de un ser humano y llegas a sentirte hasta orgullosa-o de los logros del pequeño-a. Es lo que pasa con
las cacas. Sí, reconozcámoslo, todas-os hemos mirado
las deposiciones de nuestro bebé y hemos sonreído con aprobación o hemos torcido el gesto cuando hemos visto bolitas (signo de
estreñimiento).

Aún hoy en día, felicitamos a la más pequeña de mis hijas cuando hace una "cacota" grande, y es que hace menos de un año que dijimos
adiós a los pañales y, tras siete años, ¡es todo un hito en la evolución de nuestra familia! Pero dejando las bromas de lado, es cierto que cuando
un bebé pequeñito se tira varios días sin hacer caquita o le vemos
ponerse colorado y agitarse molesto, inmediatamente nos salta la alarma (esa que nunca se apaga y siempre está en
stand by dispuesta a encenderse a la más mínima señal).
Y siempre hay alguien cerca que inmediatamente aconseja: "ponle aceite en el culito", "dale con una ramita de perejil", "dale zumo". Y lo cierto es que aunque te recomienden
lo que "se ha hecho toda la vida", en realidad puede ser contraproducente... Hay ciertas cosas, en cambio, que sí se pueden hacer para ayudarle.
Las deposiciones del recién nacido
Los
recién nacidos suelen hacer su
primera deposición en las primeras 24 o 48 horas de vida. Es una caca negra, espesa y pegajosa, llamada
meconio. Los siguientes días expulsa las llamadas
deposiciones de transición, muy líquidas y de un color verde grisáceo.

Después empiezan a hacer las
deposiciones típicas del lactante (semilíquidas, de color amarillo dorado, amarronadas o verdosas), con buen olor y
muy frecuentes (los bebés que toman biberón, en cambio, suelen hacer caquitas más duras). Muchos bebés hacen caca cada vez que maman (aunque algunos hacen menos, solo 4 o 5 al día), y otros hacen más caca entre tomas.
Todo esto es absolutamente normal, pero
si un recién nacido no hace ninguna caca en las primeras 48 horas, o si luego no pasa varias semanas haciendo varias cacas al día, hay que consultar al pediatra. Podría ser normal, pero también podría tratarse de algún problema congénito, como la enfermedad de Hirschsprung (parálisis de un trozo del recto, la parte final del intestino grueso). En este caso, tampoco suelen expulsar gases.
¿Es estreñimiento o los progenitores nos estresamos demasiado?
A lo largo del primer año,
las deposiciones del bebé irán cambiando. Tras nacer y (normalmente) durante las primeras 24-48 horas de vida, expulsará el meconio
, que es la caquita que se ha ido almacenando en su intestino durante el embarazo. A partir de ahí y con la lactancia materna, mixta o artificial,
el color y la textura irá cambiando del negro y pegajoso (el meconio),
a marrón oscuro o verde para finalmente ser principalmente
líquidas, amarillentas y con grumos.

En los
primeros dos o tres días es incluso normal que el bebé lactante no haga caca porque absorbe muy bien el calostro del madre. Luego sus deposiciones comenzarán a ser más regulares. No obstante, hay dos circunstancias llamativas en este periodo:
- El reflejo gastrocólico, que provoca que el recién nacido defeque mientras está comiendo, porque la leche estimula los movimientos intestinales. Este tiende a desaparecer a los tres o cuatro meses, y es posible que la pequeña o el pequeño se lleve varios días sin echar nada. Si cuando lo hace, la consistencia es normal, no hay por qué preocuparse.
- La disquecia del lactante, una circunstancia que a los padres nos puede volver locos: el bebé no sabe hacer caca y tiene que aprender a relajar el esfínter y apretar. Entonces, el peque parece que está sufriendo, que aprieta, se pone colorado y no sale nada. E, inmediatamente, esa alarma en stand by empieza a sonar y nos afanamos en idear formas peregrinas para ayudarle cuando en realidad no lo necesita, ¡está entrenando! No le duele ni le molesta. Si cuando lo consigue, la caquita es normal (líquida y amarilla); de nuevo, no hay que preocuparse.
Casi
todos los bebés llegan a estar dos o tres días sin defecar en algún momento durante sus primeros meses de vida. Muchos están cinco o siete días, algunos 10 o 15 días, y los hay que tardan todavía más. Pero cuando la hacen, es
sin esfuerzo ni dolor.

Eso
no es estreñimiento; es completamente normal, y no hay que hacer nada: no hay que dar al bebé
zumo, ni
agua, ni hierbas, ni laxantes, ni meterle el termómetro por el culito ni el ramito de perejil ni supositorios.
No hay que hacer nada, porque es normal, y ya hará caca él/ella solito/a cuando la tenga que hacer.
Señales de estreñimiento en los bebés
¿Significa esto que los bebés no sufren de estreñimiento? Por desgracia sí que la sufren, sobre todo
los bebés que toman leche artificial, porque la composición de las grasas de esta sí puede provocar
deposiciones más duras, así que si pasan
dos o tres días sin hacer caca y cuando lo hacen esta es
dura, seca y en forma de bolita, sí es un verdadero
estreñimiento.

En estos casos, el bebé suele
mostrarse incómodo, llorar, o regurgitar más de los habitual, e incluso puede
sangrar por pequeñas fisuras en el ano al expulsar la caca. La introducción de la
alimentación complementaria, a partir de los seis meses, también
puede influir en el estreñimiento del pequeño.
Un pequeño que toma leche de fórmula defeca casi todos los días, aunque puede pasar hasta dos días sin hacerlo. En los amamantados depende de la edad.
Los recién nacidos pueden defecar varias veces al día (y si no lo hacen, es posible
que no esté comiendo suficiente). Luego
pueden pasar varios días y hasta una semana sin hacer caca.
¿El termómetro? No, gracias
La primera reacción de muchas personas ante el estreñimiento de un bebé es acudir a la "sabiduría popular". Recuerdo que a mi sobrino mayor (que hoy es un hombre de 22 años), a sus padres (unos auténticos novatos de apenas 2o años) les desesperaba que
el bebé no hiciera caca. Alguien recomendó que le estimularan para que defecara. Y efectivamente, consiguieron que hiciera caca.

Hoy en día, sin embargo,
es una práctica que no se recomienda puesto que puede ser
contraproducente porque se puede
acostumbrar a esa estimulación externa para hacer sus deposiciones. Así que
no hay estimularlo con un termómetro, ni con una ramita de perejil, ni con aceite de oliva.
Tampoco hay que ofrecerles zumos (ni natural ni industrial porque de hecho
no se recomiendan para ningún niño) ni infusiones. Si vemos que el pequeño está realmente estreñido, lo mejor es
consultar con el pediatra porque mientras más tiempo pase, más gorda se hace la pelota y más dificultades tendrá para sacarla de su cuerpo.
Lo que sí podemos hacer
Hay otras soluciones para ayudar al bebé a mejorar su estreñimiento.
En el caso de los bebés que toman leche de fórmula, se le puede cambiar el tipo de leche. Incluso el pediatra puede aconsejar alguna especial que combata el estreñimiento. También hay que
asegurarse de que estamos haciendo bien el biberón, con la cantidad de agua y polvo que nos han recomendando, mezclándolos correctamente y sin colmar el bibi.

En el caso de bebés que ya empiezan con la alimentación complementaria, se puede
fomentar los alimentos que contengan mucha fibra, como por ejemplo las legumbres (lentejas, garbanzos, alubias); los cereales integrales (pan, arroz, avena); verduras (alcachofas, apio, judías verdes, pimientos, puerro); o frutas (albaricoque, aguacate, fresas, kiwis, peras, etc.).
También se ha comprobado que
los masajes infantiles pueden ayudar a los bebés a
mejorar su funcionamiento intestinal. Existen varias técnicas (aquí en
la Tribu CSC contamos con una
fisioterapeuta experta en estos masajes,
Marta Saeta, que os puede orientar. Podéis
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consultar a nuestros/as especialistas). Existen varias técnicas concentradas en el abdomen del bebé (en la zona del intestino grueso) que, moviendo las manos en el sentido de las agujas del reloj, pueden ayudarle en este sentido. Sin contar los múltiples beneficios que tienen los masajes a la hora de
establecer el vínculo entre madre e hijo.
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Uso de medicamentos para el estreñimiento
Si, aun con todo,
el bebé no mejora, lo mejor es
acudir al pediatra porque
el estreñimiento puede ser doloroso y derivar en problemas más importantes (como fisuras anales). El facultativo decidirá el tratamiento (
ya sean supositorios, medicamento vía oral u otros) para que el pequeño pueda
regular su ritmo intestinal y hacer caca no sea un suplicio.
El tratamiento dependerá de la edad del bebé. Lo que sí es importante es
mantener ese tratamiento todo el tiempo que nos indiquen. Hay ocasiones en el que el menor empieza a hacer caca con normalidad y abortamos la administración de medicinas pensando que se ha solucionado. Sin embargo, corremos el riesgo de que no solo no sea así, sino que con el tiempo el problema empeore. Lo que no hay que hacer
NUNCA es
administrarle una lavativa casera. Y, por supuesto,
cualquier medicamento debe estar bajo estricto control médico.