Un
estudio ha relacionado la
presencia de un tipo de anticuerpos con enfermedades del embarazo como la tensión alta o un
bajo crecimiento fetal.
Los investigadores han hallado que
los autoanticuerpos (proteínas de la sangre desarrolladas por el sistema inmunitario que actúan directamente en contra de uno o más antígenos de la propia persona) que causan trombosis y otros trastornos durante el embarazo también
influyen en enfermedades peligrosas durante el embarazo.
En concreto, se trata del
anticuerpo anti-β2-glicoproteína I/HLA-DR el que se ha vinculado a resultados obstétricos adversos. La investigación, publicada en la
Revista Internacional de Ciencias Moleculares, podría ayudar también a despejar algunas dudas sobre las
pérdidas recurrentes de embarazos y la infertilidad, así como contribuir al desarrollo de fármacos para tratar estas afecciones.
¿Cómo influyen los problemas de tensión en el embarazo?
Los
trastornos hipertensivos durante la gestación son una de las enfermedades en el embarazo que afectan al bebé y a la madre. Implican
presión arterial alta, que puede dañar órganos vitales como el cerebro, el hígado y los riñones,
además de poner en riesgo la vida de la madre y el feto.

Además,
pueden provocar un crecimiento fetal restringido, lo que provoca
bebés de bajo peso al nacer. En muchos casos, los trastornos hipertensivos pueden hacer necesario realizar
cesáreas de urgencia para salvar la vida de la madre y el bebé.
En Japón, país del estudio, apenas se conoce nada sobre los mecanismos subyacentes a los trastornos hipertensivos en el embarazo y, como resultado, no hay tratamientos eficaces. De ahí que los investigadores
Tanimura Kenji, del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Kobe; el profesor
Yamada Hideto, director del Centro para la pérdida recurrente del embarazo del Hospital Teine Keijinkai; y el profesor
Arase Hisashi de la Universidad de Osaka, Instituto de Enfermedades Microbianas, pusieran en marcha la investigación, que concluyó en 2015.
Sus conclusiones fueron que unos autoanticuerpos concretos causaban el
síndrome de anticuerpos antifosfolípidos, que puede desencadenar
infartos cerebrales, trombosis, abortos espontáneos y trastornos de tensión.
¿Qué son los autoanticuerpos?
Se trata de
un tipo de anticuerpos desarrollados por el propio sistema inmunitario que son dirigidos erróneamente contra órganos o tejidos del propio organismo.

Así pues, muchas
enfermedades autoinmunes se deben a la sobreproducción de estos anticuerpos, como el
lupus eritematoso sistémico o la artritis reumatoide. En las enfermedades autoinmunes el sistema inmunitario toma ciertas partes del cuerpo (como las articulaciones o la piel) como algo extraño y libera proteínas, llamadas autoanticuerpos, que
atacan las células sanas. Algunas enfermedades autoinmunes afectan a un solo órgano concreto (la diabetes tipo 1, por ejemplo, daña el páncreas).
Tras continuar con la investigación, en 2020 descubrieron que
una cuarta parte de las mujeres que participaron en el estudio (227 en total) que padecían pérdidas recurrentes de embarazos dieron positivo en estos autoanticuerpos, lo que llevó a los autores a relacionar ambos hechos.
Pérdidas recurrentes de embarazo, trastornos de la tensión e infertilidad
Cuando las investigaciones fueron más allá, un estudio multicéntrico en el que participaron el Hospital Teine Keijinkai, la Universidad de Yamanashi y la Universidad de Kobe; encontró que
los autoanticuerpos también están asociados con la infertilidad, la infertilidad asociada a la endometriosis y los fallos repetidos de implantación.
Los resultados mostraron que un
16,9% de las mujeres con pérdida recurrente del embarazo, un
17,4% con trastornos hipertensivos del embarazo pasados o presentes, un
15,3% con antecedentes o restricción actual del crecimiento fetal, un 11,3% con parto prematuro pasado o presente y un 5,5% que experimentaron un parto normal
dieron positivo en autoanticuerpos.

El estudio tuvo en cuenta también otros factores que influyen en trastornos de la tensión durante el embarazo como
la edad de la mujer, el índice de masa corporal o el tabaco.
La investigación, que continúa abierta, pretende desarrollar fármacos que impidan la producción de estos autoanticuerpos o que bloqueen su acción, lo que llevaría a contar con un tratamiento para la pérdida recurrente de embarazo, la infertilidad, los trastornos hipertensivos durante la gestación y la restricción del crecimiento fetal.
Además, dado que se sospecha que autoanticuerpos similares estén presentes en enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide, dicho tratamiento podría provocar
un "progreso revolucionario" en el campo de la inmunología, según los investigadores.
Complicaciones del embarazo y el parto
¿Cuáles son los trastornos del embarazo? ¿Cómo saber si mi embarazo tiene problemas?
¿Cuáles son los factores de riesgo durante el embarazo? ¿Cuáles son las semanas de más riesgo en el embarazo? ¿Cuáles son las complicaciones obstétricas? Estas son solo algunas de las preguntas que solemos hacernos al quedarnos embarazadas y plantearnos los posibles riesgos del embarazo.
En realidad,
las complicaciones en el embarazo no suelen ser frecuentes. Eso sí, es importante conocerlas para saber cómo actuar en caso de ser necesario y pedir ayuda profesional. En la
Tribu CSC puedes consultar online a nuestro
equipo de expertos. Entre ellos, se encuentra la
matrona Sara Caamaño.
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Entre las
complicaciones o problemas en el primer trimestre del embarazo más habituales se encuentran el
aborto espontáneo y el
embarazo ectópico. En estas primeras semanas puede aparecer también un sangrado que suele ser el
sangrado de implantación y que no reviste ninguna gravedad.
Y ¿qué trastorno es común en el segundo trimestre del embarazo? El más habitual es la diabetes gestacional, además de la
presión arterial alta (preeclampsia y eclampsia) y la
placenta previa.
Por último,
en el tercer trimestre se pueden producir sangrados o desprendimiento de la placenta, además de la presencia
polihidramnios y oligohidramnios (mucho o poco líquido amniótico, respectivamente). El último caso puede provocar anomalías en el feto, crecimiento retardado o incluso muerte fetal. Y los tres casos pueden desembocar en
partos prematuros.